La razón de nuestro trabajo

Especial para Contrahegemonía.

 

“Lo que está muriendo se niega a morir y todavía no termina de morir y lo que está naciendo tampoco

ha terminado de nacer.”

A. Gramsci

Contexto mundial

La humanidad está inmersa en el ciclo autodestructivo de la lógica capitalista, la misma que empuja a la inmensa mayoría de la población a la pobreza, la exclusión económica y territorial. Este patrón social, que impone la superexplotación y la destrucción de los medios naturales, con el único fin de la acumulación y reproducción del capital en manos de los sectores más concentrados, parece haber ocupado toda la superficie del planeta, reproduciendo a escala los esquemas de dominación en cada lugar, adaptándose a las culturas y a las relaciones de poder.
La magnitud del daño que impone el capitalismo en la humanidad hoy es cada vez más claro y las limitaciones de su capacidad de reproducción más evidentes, todo parece indicar que el colapso del sistema es casi inevitable, y que probablemente va a desencadenar un nuevo orden social, económico y político a lo largo y a lo ancho del planeta. Esto nos coloca en la gran responsabilidad de luchar para imponer un nuevo orden que revierta de fondo el daño que impone el sistema actual.
Una gran evidencia de la agonía del sistema es que ya no hay lugar para la mayoría de las personas. Muchxs ni siquiera tienen espacio en el sector que cede el plusvalor de su trabajo para ser apropiado por los dueños del capital, la tecnología y los medios productivos. Millones de personas, sobre todo lxs niñxs, las mujeres y lxs ancianxs de los sectores más empobrecidxs y precarizadxs sobramos en este sistema y representamos a los ojos del poder concentrado una carga innecesaria.
En este marco quienes luchamos por un mundo mejor debemos hacernos cargo de edificar un horizonte superador para la humanidad a partir de la lucha y la construcción de poder popular, para ello tenemos que enfrentar y derrotar el embate de los sectores fascistas, religiosos y conservadores, que están surgiendo con fuerza. Así podremos evitar que la crisis estructural del capitalismo derive en el sistema de dominación y explotación que proponen estos últimos, caracterizado por la tiranía, la discriminación, la opresión de lxs más débiles, la dominación y destrucción del medio ambiente, la pérdida de derechos y libertades, la criminalización de las disidencias y el asesinato de quienes cuestionan al régimen.

En Argentina

La política del gobierno de nuestro país se concentra en reducir el apoyo estatal para la población que identifican como “innecesaria”, quitándoles los elementos básicos para la supervivencia, destruyendo estructuralmente el acceso universal a la educación, la salud, la vivienda y el trabajo, avanzando en políticas de exclusión y en la destrucción de las infancias pobres, a través del fomento del paco, el abandono infantil, la punibilidad de la infancia, el gatillo fácil, la represión y el asesinato, solo por estar en condición de pobreza. El Estado está desahuciando a los sectores populares con diferentes definiciones políticas, como por ejemplo la destrucción de todas las áreas y programas de los organismos del Estado orientados a la inclusión productiva y sustentable, la agricultura familiar y campesina, entre otras. Mientras tanto la presencia del Estado aumenta a través de las fuerzas represivas. Controlando e intentando destruir cualquier iniciativa de organización territorial, al tiempo que criminalizan la infancia y la vida del pobre, tanto en las ciudades y las villas, como en el campo. Esto es aprovechado por la campaña de propaganda del gobierno, y de los medios de comunicación al servicio de los capitales concentrados, para estigmatizar la pobreza y justificar el avance con políticas represivas, construyendo un escenario adecuado para el genocidio de las clases populares en nombre de la seguridad.
Mientras tanto las políticas económicas, como herramienta para buscar el ingreso de dinero a la economía local, parecen orientarse a asegurar al capital internacional el acceso a mano de obra barata y la explotación indiscriminada de los bienes naturales, dando la posibilidad de la contaminación y la destrucción de las condiciones medioambientales de las “zonas de sacrificio”, territorios donde prima la apropiación del “recurso” en detrimento del interés y el bienestar local.
La toma de deuda con los organismos de crédito sirvió para fortalecer a los representantes del capital en el país y trasnacionales, compensando con ganancias extraordinarias el desbalance de las cuentas públicas en el camino hacia el ajuste, un ajuste que es orientado sólo hacia los sectores populares (aumento de la canasta de alimentos muy por encima de la inflación, aumento de las tarifas de servicios básicos y transporte, reducción del salario medio, despidos, etc.).
Las obligaciones que tomó el Estado con el FMI, que a todas luces son incumplibles a mediano plazo, son también una estrategia de limitación a la posibilidad de la aplicación de políticas públicas que no tengan la aprobación de los dueños del capital a través de los órganos de crédito internacional. En esta línea, se anula toda posibilidad de una salida progresiva vía conciliación de clases, sin que esto represente una entrega incondicional de nuestros bienes naturales al extractivismo (fracking, litio, soja, megamineria, glaciares, etc) y la superexplotación de lxs trabajadorxs.
Más allá del color de gobierno que asuma, mientras este no se rebele contra el poder dominante, poco es lo que podrá hacer para cambiar el control del capital concentrado sobre nuestra economía.

El (des)empleo

La concepción del acceso al empleo, se define históricamente, como medio de supervivencia, a través de la entrega alienada de nuestra fuerza de trabajo a un empresario/ patrón/ empresa/ Estado, a cambio del mejor salario que podamos negociar, esta es la base en la que el capital se apoya para sostener el modelo de explotación hacia la clase trabajadora.
Pero el sistema de empleo también es otro aspecto de la actual crisis estructural del capitalismo; por una lado la necesidad de trabajo es mucho mayor que la oferta, y por otro el desarrollo de tecnología se orienta a generar mayor capacidad de acumulación de capital y menor necesidad de mano de obra, aunque más capacitada y especializada. Esto genera tanto la necesidad de trabajadorxs con niveles altos de capacitación para el trabajo en las nuevas tecnologías como la dificultad de acceder a un salario adecuado a partir de la gran oferta de mano de obra para las tareas menos especializadas. Con respecto a este último aspecto las condiciones para la organización y la negociación de mejores salarios son cada vez más complejas debido a la gran cantidad de trabajo informal, en negro, fuera de convenio y terciarizado. A esto se suma que, durante años, las centrales sindicales fueron cooptadas y adecuadas para que formen parte de la máquina de picar carne, balanceándose como estructuras institucionales que aseguran la erosión constante y paulatina de los derechos laborales, a cambio de beneficios privados, y funcionan como una barrera política y legal a la organización democrática y genuina de la clase trabajadora.
Con respecto a la formación, la menor necesidad de mano de obra, la complejización de las tareas productivas y el uso y adecuación a nuevas tecnologías, hace que la demanda de trabajadorxs sea poca pero con un nivel de especificidad al que la sociedad no puede responder. De esta manera el capital visibiliza frente al Estado que el acceso universal a la educación no está cumpliendo con el rol de abastecer el mercado laboral con gente disciplinada y capacitada para su necesidad, además de capacitar a millones de personas que en el fondo son “innecesarias”: el gasto que realiza el Estado en su formación es a los ojos del empresariado simplemente un derroche. A esto se le suma que “la mano de obra” empleada por el capital, en la mayoría de los casos, no recibe en las escuelas ni en las universidades el nivel de capacitación que estas requieren, por lo que las empresas deben invertir tiempo y recursos, de todas formas, para contar con personal preparado para las tareas.
En esta línea el gobierno comenzó a quitar presupuesto y a destruir la educación pública, mientras transfiere a las empresas la responsabilidad de la preparación de lxs trabajadorxs, esto se ve en el aumento de la precarización de lxs docentes y los programas de formación, el abandono del mantenimiento de los edificios y el cierre sistemático de escuelas, entre otras cosas. Todo esto en el marco de una poderosa lucha del sector docente en defensa de la educación pública, que retrasa y en ocasiones revierte la intención del gobierno de quitar el acceso a la educación a los sectores que no son “útiles” a los intereses del capital.

Emprendedurismo

No toda la población desocupada y subocupada “es inútil” al sistema, por el contrario, hay un número que asegura un colchón de “sobre-oferta de trabajo”, que sostiene el salario promedio bajo y que limita la capacidad de negociación lxs trabajadorxs más precarizadxs por miedo a ser fácilmente reemplazadxs.
Para evitar la identificación colectiva y la lucha por trabajo genuino de quienes forman parte de este grupo social, se crea el concepto de emprendedor, una suerte de trabajadxr autogestivx e individualista lanzado a su propia suerte, bajo la falaz imagen de su similitud con el empresario.
Emprendedorx y empresarix son palabras que casi podrían confundirse pero en el sistema son antónimos, ya que el/la empresarix usa el capital para extraer el jugo de la fuerza de trabajo de quienes no tienen acceso a medios propios, y el/la emprendedorx no tiene más que una idea y su fuerza de trabajo, para intentar sobrevivir en la marginalidad.
El/la emprendedorx justifica su éxito y sobre todo su fracaso, hipnotizado por el discurso de la “meritocracia” en un espacio mínimo que el mercado de capital deja para el afortunado 5% de los emprendimientos que logra subsistir, o para aquellos que en realidad son jóvenes burguesxs que usan el capital de la herencia, el apadrinamiento de otras empresas o los contactos de clase para alimentar el mito de la relación entre el éxito emprendedor y el mérito personal conocido como “meritocracia”.
Dentro de este grupo también podemos identificar las nuevas estrategias, para ocultar la condición de trabajadorx, que utilizan las plataformas como los delibery y los Uber en las grandes ciudades, o los casos de quienes tienen que desarrollar alguna actividad extra luego de su jornada laboral para compensar un salario precario e insuficiente.

Tecnologías y desarrollo tecnológico de quién para qué

Las tecnologías no son ni ajenas a la sociedad donde se desarrollan, ni mucho menos son neutrales frente a los intereses que condicionan su desarrollo, acceso y distribución.
Es un error pensar que los desarrollos tecnológicos industriales modernos están desplazando y reemplazando a la clase trabajadora de la producción industrial y destruyendo el medio ambiente por una “cuestión natural”. Es la burguesía que está desarrollando tecnologías para ello. No son tecnologías que “aparecieron” y determinan el rumbo del desarrollo productivo, son tecnologías que se desarrollan se piensan y se implementan, reproduciendo la misma lógica de quienes financian su creación.
Ahora surge la pregunta, ¿si estas tecnologías están esencialmente ligadas a la lógica de opresión y dominación del capital sobre la clase trabajadora, deberían ser desechadas de plano y desarrollar nuevas tecnologías que las reemplacen y que sean desarrolladas desde su origen para otro fin transformador que se adecue a la concepción de sociedad que queremos construir?
A mi entender lo que se debe hacer es resignificar las tecnologías, por un lado, y desarrollar nuevas tecnologías que surjan desde la participación colectiva de la identificación de las problemáticas que buscan resolver por otro. Entendiendo las problemáticas como situaciones frente a las que vamos a construir un cambio que mejore las condiciones de vida de los actores afectados, pudiendo significar un avance o una mejora de algo que funciona, por lo que deberíamos quitarle el tinte negativo a la palabra “problemática” y entenderla como un desafío en la mejora de la construcción de una sociedad justa y en sintonía con la naturaleza.
Las tecnologías Artefactuales, los procesos y las formas de organización, que son la plataforma para la reproducción del capital, no deben ser descartadas de plano, sino desarmadas estudiadas y resignificadas, cambiando su esencia junto con la conciencia de nuestra sociedad para lograr objetivos sociales y productivos que se adecuen a la construcción de un mundo mejor.
Sería un error pensar que las mismas tecnologías con otra idea de uso pueden cumplir un rol diferente, tienen que ser resignificadas desde su esencia, pero sin estigmatizar el conocimiento, aunque seguramente habrá tecnologías que deberemos discontinuar, como las que sustentan la minería contaminante, el fracking, el monocultivo desertificante o las formas alienantes de la organización del trabajo.
El nuevo orden social reclama nuevas tecnologías y humanxs nuevxs, pero estas surgirán de la sociedad actual.

Entonces ¿que deben ser el trabajo y les trabajadorxs?

Si lo pensamos dentro de la lógica del capitalismo el escenario es tan hostil que parece no tener salida. Pero la salida es posible y debe ser una alternativa por fuera del sistema, que lo desconozca y lo reemplace en su totalidad.
Urge reconstruir la razón de nuestro trabajo, para que el poder transformador de nuestra creatividad y esfuerzo físico esté puesto al servicio de la inclusión y la reproducción ampliada de la vida. Debemos construir un mundo que no solo asegure la superpervivencia, sino que asegure vivir bien y en las mejores condiciones socio-tecnológicas que podamos alcanzar para incluir a toda la humanidad con sus contextos naturales en un proceso sustentable, colectivo y ecológico, con libertad, soberanía y democracia en nuestros pueblos.
Esto sin dudas requiere mucho trabajo, preparación, dedicación y tiempo. Para esta tarea no podemos darnos el lujo de dejar a nadie afuera en ningún lugar del mundo. Esta transformación nos requiere a todxs, en esta construcción colectiva no sobra nadie y no existen tierras de sacrificio; pero tampoco puede haber lugar para la rapiña, el saqueo y robo de nuestros bienes naturales, ni para la superexplotación; no hay lugar para el capitalismo como tampoco para el patriarcado.
Es necesario que dejemos de entender el trabajo como una forma de “ganarse la vida” como si le debiéramos por orden divino la cesión alienada de nuestra fuerza de trabajo al capital. Tenemos que comenzar a entender que nuestra capacidad transformadora, como rasgo distintivo de la humanidad, debe estar al servicio de la mejora de nuestras condiciones de vida pero desde un enfoque colectivo, lo que nos hace trabajar para vivir y no vivir (y en ello morir) para trabajar.
Si hacemos el ensayo de intentar pensarnos aislados de la sociedad, sería claro lo imposible de sostener la lógica de vida que llevamos. Imaginense la complejidad de fabricar solxs con los conocimientos propios un mísero encendedor, una taza de cerámica o cualquier elemento que usamos y descartamos cotidianamente, y ni hablar del acceso a la información, la energía, el transporte, etc. Es obvio que es imposible sostener nuestra condición sin nuestra participación dentro de un entorno social donde los actores cumplimos roles en mutua dependencia con el resto de los humanos de nuestra sociedad.
Durante siglos el capitalismo impuso en las sociedades, sin escatimar el uso de la violencia y la manipulación mediática, la idea de que era posible la salida individual a través del mérito personal. Hoy es claro a todas luces que esta concepción es una creación ficticia para atomizar las sociedades en individuos, como herramienta para evitar la organización de las bases y así someter a las mayorías populares. Esta idea de sociedad de individuos aislados, que no tiene ningún sustento en la realidad, debe ser revertida con organización colectiva y creación de poder popular.
Este cambio revolucionario debe nacer de la autodeterminación de los pueblos, rescatando y cuestionando nuestros saberes, desde abajo con la lucha y el empoderamiento popular. Debe ser feminista y construido con profundo respeto y cuidado de la naturaleza de la que formamos parte.

David Caram, militante del Frente Popular Dario Santillan – Corriente Nacional, delegado ATE – INTI Tucuman

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