La sangrienta e implacable guerra en Siria

Escrita y publicada originalmente por Tricontinental Instituto de Investigación Social.

Siria comienza el octavo año de una guerra sangrienta e implacable. El número de muertos es catastrófico. Después de alcanzar 200.000 fallecidos, las Naciones Unidas dejaron de contar. Se estima que, de una población de 23 millones de habitantes, alrededor de medio millón falleció por la guerra. El conteo oficial de muertos no es confiable. Las cifras no indican claramente cuántas víctimas eran combatientes y cuántas eran civiles. No dicen cuántos fueron asesinados por el gobierno y sus aliados y cuántos fueron asesinados por los diversos grupos rebeldes.

La mitad de la población de Siria está desplazada, la mayoría de ellos dentro del país. Turquía, Líbano y Jordania, países vecinos, acogen a la mayoría de los refugiados que pudieron huir. Las ciudades principales, como Alepo y Homs, han sido devastadas por la violencia. El hambre acecha esta tierra. Tanto como el analfabetismo y las enfermedades. Esto es aún más trágico porque Siria, con todos sus problemas, no tenía una población afligida por la lista de padecimientos sociales que enfrentan muchos estados anteriormente colonizados. El descenso al infierno fue rápido.

Un espejo de intereses rivales

Las conversaciones de paz en Ginebra (Suiza) y en Astana (Kazajstán) parece que nunca van a avanzar. Los sirios a menudo están ausentes de estas discusiones. Los países poderosos intentan, sin éxito, determinar el futuro de Siria. Sus desacuerdos son muy graves y su influencia sobre los combatientes no es tan clara como habían imaginado. Esta no es una guerra por nada. Es una guerra para controlar Asia Occidental, una guerra que respalda la definición de Siria del periodista Patrick Seale en 1965: “el espejo de intereses rivales”. El propio bienestar de Siria ha sido sacrificado por un juego de poder regional. De esto se trata la guerra. No es por nada, sino por el poder regional. Ninguno de los que quieren dominar la región está dispuesto a poner los intereses del pueblo sirio por delante. Hay demasiado en juego. Los sirios son sacrificados por varias agendas globales y regionales.

Ejércitos de todo tipo caminan libremente por el país. Hoy es claro que el gobierno sirio, apoyado por Irán, Rusia y el movimiento político libanés Hezbolá, controlan la mayor parte del país. Lo que parecía inevitable, que el gobierno de Bashar al-Assad cayera, parece cada vez más imposible. La intervención de las fuerzas rusas en Siria, en septiembre de 2015, impidió el bombardeo occidental de Damasco.

Un período de derramamiento de sangre

Ha pasado mucho tiempo desde las manifestaciones en marzo de 2011 que fueron reprimidas por el gobierno sirio. La vieja dinámica de la “Primavera de Damasco” de 2005 se extinguió rápidamente. Era improbable que la oposición siria pudiera derrocar al gobierno. La intervención externa de Occidente, los países árabes del Golfo y Turquía meses después del levantamiento, transformó la lucha política interna en una guerra regional entre «representantes de» las diversas partes. No fue una sorpresa que, luego de un año de conflicto, las fuerzas políticas extremistas, incluyendo aquellas inspiradas por Al Qaeda, hubieran conseguido dominar las fuerzas militares de oposición. La democracia estaba fuera del juego. Este iba a ser un periodo prolongado de derramamiento de sangre.

Después de la intervención rusa, uno tras otro de los patrocinadores de estas fuerzas extremistas comenzó a encontrar bloqueado el camino a seguir. No mucho después del comienzo de esta guerra, los remanentes de Al Qaeda en Irak, esto es, el Estado Islámico de Irak, ingresó a Siria y expandió sus ambiciones para convertirse en el Estado Islámico de Irak y Al Sham (ISIS por su nombre en inglés, Islamic State of Iraq and al-Sham). Los combatientes de este grupo sectario y extremista azotaron el norte de Siria. Amenazaron con atravesar Asia occidental, rompiendo fronteras y conquistando territorio rápidamente. El surgimiento de ISIS le permitió a Occidente volver a centrar su atención en la guerra contra ISIS y le permitió al gobierno sirio definir a los rebeldes como terroristas.

El periodista turco Vecih Cüzdan le dijo a Tricontinental que el ingreso de Rusia en el conflicto en septiembre de 2015 trajo el «poder que cambió el curso de la guerra». Debió haber sido evidente entonces para Occidente y los países árabes del Golfo que la guerra había acabado y que debían instar a sus representantes a solicitar la paz. Pero no lo hicieron. La continuación de la guerra, sin victoria posible para los rebeldes, solo ha contribuido con el número de muertos y con la destrucción de este gran país.

Mientras tanto, los poderes regionales han comenzado a retacear Siria. Los israelíes han formado un ejército proxy para construir una zona de amortiguación alrededor de los Altos del Golán que ocupan ilegalmente. En el norte, la parte siria del pueblo kurdo, una nacionalidad que se extiende por Turquía, Irak e Irán, formó un enclave llamado Rojava o Kurdistán occidental. Turquía, que se ha opuesto a cualquier indicación de un estado kurdo, intervino para evitar que los kurdos sirios formaran su propio estado. El movimiento político libanés Hezbolá ha construido un muro de protección a lo largo de la frontera sirio-libanesa. Irán ha ayudado a Siria a abrir la carretera que va desde Irán a través de Irak y Siria hasta Beirut. Esta será una arteria crucial para reabastecer a Hezbolá. Estados Unidos ha establecido una presencia en el este y noreste ricos en petróleo, con bases que han comenzado a tener un aire de permanencia.

¿Qué hacer con este conflicto? Los detalles son desconcertantes. Es difícil concordar sobre los orígenes del conflicto. Es difícil incluso ponerse de acuerdo sobre las palabras a utilizar para definir a los rebeldes y a los muertos. Es difícil comprender la aparente imposibilidad del fin de la guerra, el derramamiento de sangre que se ha vuelto lugar común.

Fin del juego

El gobierno sirio ha tomado las ciudades y pueblos a lo largo de su flanco occidental, desde Dara’a hasta Alepo. Una franja pequeña resta aún en Idlib, donde diversos extremistas y otros rebeldes se han congregado. El gobierno sirio ve a la ciudad de Idlib como el lugar de la batalla final por el control de Siria. Incluso el gobierno turco, que alguna vez apoyó a estos rebeldes, se ha lavado las manos. Turquía ha decidido que es mucho más importante extinguir los sueños kurdos de autonomía a lo largo de sus fronteras que derrocar a Assad. Esto significa que los rebeldes ya no tienen acceso a una frontera turca abierta ni tampoco al dinero y apoyo de los países árabes del Golfo. Sus benefactores políticos, sea la Hermandad Musulmana Siria (con base en Estambul) o la familia real saudí, han abandonado el campo. Los rebeldes se negarán a rendirse y el gobierno no hallará ninguna vía para un acuerdo político con ellos. La batalla de Idlib será tan letal como el resto de esta guerra brutal.

Circulan rumores de que las potencias occidentales, Arabia Saudita e Israel están ansiosas por un ataque militar contra Damasco para debilitar la capacidad de negociación del gobierno de Assad. Se cree que una victoria para el gobierno de Assad sería una victoria para Irán, Rusia y Hezbolá. Occidente, principalmente Estados Unidos, así como Arabia Saudita e Israel no tolerarán una victoria como esa. Israel considera objetable que Siria esté ahora más cercana a Irán y que Hezbolá ahora pueda rearmarse por carretera a través de Irak y Siria. Esto también es objetable para Arabia Saudita y Occidente. Les habría gustado ver a Irán derrotado en la región. Pero sus cálculos han fallado.

Una victoria para Assad, en otras palabras, sería vista como una derrota de Occidente, los sauditas e Israel. Si este es realmente el caso, dado que Siria está profundamente debilitada por el costo humano y físico de esta guerra, es irrelevante. Si se usaron armas químicas en esta guerra, es algo que, de nuevo, se deja de lado, ya que las acusaciones de su uso se han considerado justificación suficiente para el bombardeo occidental de activos militares del gobierno sirio (como en el ataque con misiles a la base de Shayrat en 2017). La presencia de tropas rusas, sin embargo, ha impedido un asalto a gran escala contra el gobierno de Assad. Esta es la primera vez, desde la caída de la URSS, que los rusos han intervenido para impedir una intervención militar occidental.

Occidente ha encontrado difícil desde hace tiempo establecer aliados en el terreno para su guerra de cambio de régimen en Siria. El hecho de que tantos de los grupos rebeldes parecían estar afiliados a Al Qaeda hizo imposible respaldarlos abiertamente. El Ejército Sirio Libre, un grupo harapiento de desertores y otros, no estaba en condiciones de enfrentarse al ejército sirio por sí solo. Cuando ISIS surgió como una amenaza en el norte de Siria, EE. UU. recurrió a los kurdos sirios en busca de ayuda. Una combinación del poder aéreo de los EE. UU. y el coraje de los kurdos sirios sobre el terreno derrotó a ISIS. Pero luego, cuando lo ganado por los kurdos sirios molestó a los turcos, Estados Unidos no hizo nada para evitar una intervención turca. Dice mucho acerca de la complejidad del campo de batalla el que los kurdos sirios fueran sacrificados. También dice mucho acerca de los Estados Unidos, que pueden traicionar tan fácilmente a sus aliados.

Es fácil comenzar una guerra. Es difícil terminarla.

 

Para entender la guerra en esta etapa, Tricontinental conversó con el economista sirio Omar Dahi. Él ha estado involucrado estrechamente con el proyecto sirio de la Comisión Económica y Social de Naciones Unidas para Asia Occidental y es un observador cercano del tumulto en su tierra natal. Las fotografías en este dossier son de Damasco y de Alepo. Fueron tomadas por un fotógrafo que desea permanecer anónimo.

Tricontinental: ¿Cuál es el estado actual de la guerra?

Dahi: La intervención rusa en Siria en septiembre de 2015 marcó el fin, no solo de la idea del derrocamiento militar del gobierno sirio, sino también del uso de presión militar para forzar al gobierno a la mesa de negociaciones. La oposición también señalaría la decisión de Obama de no atacar al régimen luego de los ataques de Ghoutta en agosto de 2013. Desde ese momento, Rusia comenzó un mortífero conflicto de desgaste que lentamente ha agotado las fuerzas del gobierno junto con las de sus aliados dado que se extendía por tres frentes (norte, este y sur). Rusia continuó ayudando al gobierno a alcanzar una serie de victorias militares contra las fuerzas antigubernamentales en todo el país, la más importante de las cuales fue volver a tomar el este de Alepo. Los civiles sirios pagaron un costo insoportablemente alto. Infraestructura crítica, como instalaciones médicas, fueron atacadas repetidamente.

En la misma línea, hubo un dilema en el proceso político. Hubo un punto muerto en el proceso de Ginebra auspiciado por la ONU debido en gran parte a la falta de claridad sobre la guerra. Además, las partes necesarias para negociar un acuerdo, en particular las que representaban a los combatientes en el terreno, no estaban presentes. Con ese fin, Rusia patrocinó el Proceso de Astaná, que no solo incluiría a países como Irán, excluidos de Ginebra, sino también a combatientes y milicias opositores al gobierno, traídos a la mesa por Turquía. La presencia de Estados Unidos aquí fue mínima. Desafortunadamente, para incluir a Turquía, el proceso de Astaná excluyó a los partidos independientes kurdos o liderados por los kurdos, como el Partido de la Unión Democrática (PYD) y las Fuerzas Democráticas Sirias.

El Proceso de Astana logró provocar ceses al fuego en diferentes partes del país y finalmente condujo a las llamadas cuatro «zonas de distensión» en Idlib, Homs, Ghouta y a lo largo de la frontera jordana. Estas «zonas de distensión» se establecieron como lugares donde se impondría el cese al fuego. Esas zonas eran los lugares que aún tenían importantes fuerzas antigubernamentales presentes. Durante este proceso, grupos inspirados por Al Qaeda, como ISIS y Jabhat al-Nusra (o Hayat Tahrir al-Sham, como se renombró a sí mismo) fueron excluidos.

Mientras que Rusia ha sido militarmente exitosa, políticamente no lo ha sido tanto. El mejor escenario habría sido que el gobierno y sus aliados llegaran al proceso de paz de Ginebra con ventaja, y luego negociaran un acuerdo político desde esa posición de fuerza. Esto habría requerido que el gobierno ofreciera a la oposición política compromisos serios y significativos. Podría haber conducido a una nueva etapa en Siria. A raíz de la batalla por Alepo en 2016 se perdió una oportunidad. El deseo del gobierno sirio de lograr una victoria completa tiene la culpa en gran medida. Parece que Rusia quería que este sea el curso de acción. Pero no sucedió. Cada negociación posterior parecía un absurdo, incluido el «Diálogo Nacional Sirio» en Sochi en enero de 2018.

Esta ha sido la historia del conflicto. Cada vez que un lado está dominando, presiona por una victoria completa en lugar de buscar un compromiso. Jugar la batalla geopolítica y negociar con los poderes externos no puede sustituir un compromiso histórico con su propia población. Tarde o temprano el gobierno se quedará sin tratos para hacer con los poderes externos cuando los que debería estar haciendo son con su propia población.

Ahora estamos observando el fin de las «zonas de distensión» con ataques en Ghouta e Idlib en los últimos meses. Las violaciones las han cometido todos los lados. Esto ha coincidido más o menos con el fracaso de la solución política diseñada por Rusia. ¿Por qué está sucediendo esto?

Por su parte, es posible que los enemigos regionales de Siria no hayan alcanzado sus objetivos, pero no tienen ningún apuro por darle una victoria completa al gobierno.

La principal preocupación, por supuesto, es cómo los Estados Unidos se han posicionado y atrincherado en Siria. Tomaron el pretexto de ISIS para consolidar su control sobre el territorio, particularmente en las zonas ricas en petróleo. A Estados Unidos le falta un final del juego claro en Siria, pero está construyendo una presencia a más largo plazo a través de bases militares. Utiliza los remanentes de ISIS como pretexto para hacer retroceder a Irán y a Hezbolá, así como para presionar a Damasco. La acumulación a más largo plazo son políticas públicas lideradas por los militares de EE. UU. que no están atadas a ningún gobierno específico; comenzaron tardíamente en el de Obama y han continuado en el de Trump.

La consolidación de la presencia militar de EE. UU. en Siria hizo que el gobierno sirio solidificara su control sobre otras partes de Siria, incluidas aquellas previamente marcadas para la desescalada. El poderío aéreo de los Estados Unidos les dio a los kurdos la posibilidad de aumentar su territorio, lo que empujó a los kurdos sirios a una confrontación con Turquía. Mientras más presione Estados Unidos por territorio y poder en Siria, más caos se genera.

El pueblo sirio está exhausto. Los poderes regionales deberían pelear sus batallas en otro lado. A lo largo de los últimos años, el encuadre del conflicto en términos estrechos (desde todos lados), como si cada acción fuera pro-Assad o anti-Assad, ha servido como distracción sobre como el estado sirio, sus instituciones, su entorno y su capacidad para sostener una población están siendo destruidos.

Tricontinental: ¿Cree que hay alguna esperanza de reconciliación entre las partes? Si es así, ¿cuáles son las partes que deberían estar en la mesa para una reconciliación?

Dahi: La reconciliación es un proceso a más largo plazo. Si lo que quiere decir es un acuerdo político, incluso la posibilidad de comenzar ese proceso parece improbable en este momento. Un acuerdo político debe ser dirigido por Siria y ofrecer una negociación verdadera e histórica entre el gobierno y los principales sectores de la oposición política y militar, incluida la oposición ahora desplazada o “externa”. Por supuesto, este proceso también debe incluir a los partidos políticos kurdos sirios o dirigidos por los kurdos. Sin embargo, cada escalada, cada bala, bomba o mortero arrojados contra otro sirio es un paso más hacia la destrucción de Siria.

Dentro de Siria existe hoy, y así ha sido desde 2011, un amplio espectro de opiniones. Están aquellos leales que se oponen al bombardeo salvaje de Ghouta y la humillación de su población. Por otro lado, hay opositores que han criticado los crímenes cometidos en nombre de la revolución. Ellos saben muy bien por qué muchos grupos de oposición han perdido credibilidad, ya que aceptaron rápidamente la influencia y las agendas de las fuerzas externas. Muchas de esas mismas personas también perdieron seres queridos durante el conflicto. La mayoría no siente que ningún lado los representa verdaderamente. Sin embargo, están demasiado asustados o demasiado resignados para hablar. No los entrevistan en televisión. No publican en redes sociales. Son estas voces las que pueden liderar el proceso de reconciliación y el reconocimiento del terrible legado de la guerra algún día. Por ahora están en silencio, o más exactamente han sido silenciados.

Para aquellos en el exterior que desean mirar y comprometerse con Siria de una manera positiva que realmente coloque en el centro a los sirios, a todos los sirios, hay un argumento importante que se debe colocar aquí. Reduzcan la exageración retórica. El debate sobre Siria parece reflejar la batalla militar que tiene lugar allí, una especie de guerra en la que algunos activistas, periodistas y académicos se ven a sí mismos como soldados de infantería de los diferentes bandos combatientes. Necesitamos un tipo de compromiso crítico diferente y más generoso, que no replique la guerra misma.

Tricontinental: ¿Qué ha sucedido con las agrupaciones de la Hermandad Musulmana ahora que Qatar, Arabia Saudita y Turquía parecen haber perdido interés en la guerra en Siria?

Dahi: La sección siria de la Hermandad Musulmana fue empoderada por Turquía y Qatar en 2011. Tuvo sede principalmente en Estambul (Turquía). La Hermandad no es únicamente una organización política. Para ser relevante en la guerra siria, patrocinó varias unidades militares, incluidos los llamados Escudos de la Revolución alrededor de Idlib. Ninguna de estas fue decisiva sobre el terreno y la mayoría de sus miembros han desertado a formaciones más radicales.

Cuando el golpe contra la sección egipcia de la Hermandad Musulmana se llevó a cabo en 2013, la Hermandad vio declinar su suerte en toda la región. Arabia Saudita, en su lucha contra Qatar, ha intentado dejar a un lado a la Hermandad Musulmana e impulsar sus propios representantes. La intervención rusa complicó las cuestiones para Turquía. Comenzó a aumentar sus tratos con Rusia e Irán, aliados del gobierno sirio. Esto significó que la oposición siria, así como la Hermandad Musulmana Siria, vieron disminuir su influencia.

La Hermandad Musulmana todavía está allí, pero menos empoderada y marginada o reagrupada en otros cuerpos políticos. Este largo proceso también ha creado divisiones dentro de la Hermandad Musulmana misma a lo largo de líneas generacionales e ideológicas. La sección más joven tiende a ser escéptica respecto a la toma de decisiones concentrada y al pragmatismo de la generación anterior. La Hermandad Musulmana enfrentó un desafío. ¿Debería enfatizar sus credenciales islamistas o liberales? ¿A quién recurriría cuando el paisaje de oposición dentro de Siria comience a ser más extremista?

La Hermandad Musulmana Siria persiste, pero está severamente debilitada.

Tricontinental: ¿Podrá el gobierno de Assad recaudar los recursos para la reconstrucción?

Dahi: No. El nivel de destrucción es demasiado grande. Se estima que el Producto Interno Bruto (PIB) de Siria se redujo a menos del 45% de su valor en 2012 y la destrucción del capital físico solamente, se estima en US$ 100 mil millones. Esta es una gran cantidad de dinero. Mientras no haya un acuerdo político patrocinado por la ONU, no habrá fondos para la reconstrucción provenientes de los Estados Unidos y del Golfo. Europa, que podría estar dispuesta a financiar la reconstrucción, no lo hará mientras Estados Unidos vacile. Europa no liderará por sí misma.

Irán y Rusia no podrán proporcionar los fondos. No está claro cuánto China está dispuesta a invertir en este momento.

La reconstrucción por retazos estará a la orden del día. La mayor parte de esto está sucediendo mediante el acaparamiento de tierras y contratos del gobierno con sus aliados. O bien, por poderes externos que se han apoderado de territorio, ya sea Estados Unidos en el noreste o Turquía en el noroeste.

La forma de reconstrucción en curso está fragmentando el país. Los sirios desplazados serán desterrados para siempre de su patria. Tierras que una vez fueron parte de Siria, ahora está siendo ocupadas por potencias extranjeras. Siria se está fragmentando permanentemente.

Por esto es urgente que el conflicto militar termine. Es por esto por lo que es necesario un acuerdo político. De lo contrario, Siria no tendrá futuro.

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