Lo que no se nombra no existe, las mujeres abortamos

El jueves 28 de septiembre, Día de Lucha por la Despenalización y Legalización del Aborto, se llevó a cabo un grito global replicado en diferentes partes de la región y del mundo de la mano de una lucha constante, irreverente, insumisa, loca y organizada de los movimientos de mujeres, lesbianas y trans. En nuestro país, esta lucha está representada en la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito*, un movimiento federal y plural con 12 años de articulación a través del cual han presentado seis veces un proyecto de ley para ser debatido en el Congreso y nunca llegó a recinto.

El aborto irrumpe sobre lo cotidiano como hecho público a ser cuestionado, pero el aborto es la decisión de toda mujer que no desea ser madre. Un forro roto o su inexistencia machista, un descuido. Razones, cuestiones, acusaciones, explicaciones… Nada necesario excepto la decisión de no maternar, con el apremio del tiempo, con la ilegalidad estatal y con la falta de recursos que la asistan en este derecho personalísimo.

Las ricas abortan y las pobres mueren -aborto inseguro, primera causa de muerte materna en el país- es una realidad que lleva a movilizarse a miles y miles de mujeres, lesbianas y trans que reclaman la despenalización del aborto y poder realizarlo de manera libre y segura en hospitales, en un marco de legalidad que no dé lugar a maltratos ni objeciones de conciencia hipócrita. El marco legal que preserve su salud física y mental y permita luego continuar una vida digna, alejada de la maternidad obligada.

Las mujeres abortamos, es un hecho (500 mil por año en el país). Pero estas voces son institucionalmente invisibilizadas detrás del control social de los cuerpos cuando pretenden enseñarnos un “destino natural e ineludible” que de no cumplirlo nos espera la criminalización y la cárcel.

Hace unos años, la escritora Tununa Mercado abrió el seminario internacional “El derecho al aborto. Una deuda de la democracia” (Buenos Aires, 2010) con estas palabras extraídas del libro “Colectiva feminista La Revuelta, una bio-genealogía”*:

“…Si hubiera que ser absolutamente sinceras, habría que aceptar que nada se quiere tanto como el aborto. Cuando una mujer he decidido no tener un hijo, no ser madre, no parir, no reproducir, y queda embarazada, lo que más quiere es abortar, y en esas circunstancias no hay nada que la amedrente. Quiere abortar cuanto antes, el tiempo conspira en contra de ese deseo y esa necesidad de no procrear, o quiere hacer ya mismo. Lo que no quiere es morir, como no querría morir quien se somete a cualquier intervención de alto o bajo riesgo…”

Es necesario aclarar que nuestro Código Penal establece la legalidad del aborto en casos de peligro para la vida, salud o violación, establecido desde 1922 y reafirmado por la Corte Suprema de la Nación en 2012, lo que no se traduce necesariamente en derechos ya que aun así debemos seguir buscando estrategias para ser escuchadas y reclamar el derecho de tomar decisiones sobre nuestras cuerpas.

También es necesario aclarar y dar a conocer las redes sororas que esta irresponsabilidad estatal genera, como el Socorro Rosa*, acompañamiento de mujeres hacia mujeres que deciden abortar y pueden hacerlo con pastillas, de manera autónoma, sin cirugías y con alto nivel de formación y seguimiento.

El grito global y sororo continuó con la gran marcha llevada a cabo el viernes 29 desde Plaza de Mayo hasta el Congreso (foto). En donde además hubo un cierre de fiesta y alegría, con Sudor Marika, Las Taradas, murgas y otrxs. La marcha verde por el aborto legal fue masiva y federal.

* http://www.abortolegal.com.ar/somos-historia-somos-lucha/

* Colectiva feminista La Revuelta, Mónica Reynoso con colaboración de Ruth Zurbriggen. Ed. Herramienta 2011

* Socorristas en Red, feministas que abortamos http://socorristasenred.org

Fuente Todo Paternal

Foto por EMERGENTES https://www.facebook.com/comunicacion.emergentes

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