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Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

Los futbolistas chilenos juegan en el equipo de la protesta del pueblo

22 Oct,2019

por Julian Scher

El que está ahí, en un rincón de Santiago, manifestándose contra los tarifazos y las injusticias, es un futbolista profesional de la Primera División de Chile.

Nadie lo sabe y a él no le importa que lo sepan. Tan así es que prefiere mantenerse en el anonimato porque entiende que el protagonismo de esta historia –la que se desencadenó a partir de la decisión del gobierno de Sebastián Piñera de aumentar el precio del boleto de subterráneo; la que escaló en conflictividad desde que el propio presidente declaró el domingo por la noche “Estamos en guerra contra un enemigo poderoso– le corresponde a la multitud de la que se siente parte: “Yo salí a protestar porque la gente lo necesita. Necesita que el gobierno la escuche. Esto no se trata de mí sino de toda la gente que no la pasa bien. Muchos jugadores surgieron de la nada y por eso se manifiestan. Y los que tuvieron recursos y se manifiestan es porque se dan cuenta de cuánto han cagado al pueblo chileno. Es un tema de conciencia de clase”.

Relativamente cerca de esa esquina, en uno de los barrios acomodados de la ciudad, alguien enciende la televisión. La primera palabra que lee en la pantalla no es ni “represión” ni “protesta”, o sea, la primera palabra que lee en la pantalla no describe lo que está sucediendo en Chile. Lee, en cambio, otra palabra: “desórdenes”. No hay casualidad: en la batalla por el modo en el que se nombran a los acontecimientos, las corporaciones mediáticas se ubican lejos de cualquier presunta neutralidad. El politólogo argentino Juan Negri deslizó la hipótesis de que la raíz del problema podría estar en “la trampa de los ingresos medios”, es decir, en las tensiones desestabilizadoras que produce el crecimiento económico. En su cuenta de Twitter, el periodista latinoamericano Marco Teruggi definió la situación de un modo menos condescendiente con la voracidad del capital: “Las resistencias al neoliberalismo se multiplican en el continente”.

La represión contra la protesta

En las redes sociales digitales también se juega la batalla. #AquiFaltaPinochet es el hashtag que puso en marcha el sector más recalcitrante de la derecha chilena. Augusto Pinochet, el dictador que derrocó al gobierno democrático de Salvador Allende en 1973 para instalarse en el Palacio de la Moneda hasta 1990, murió en 2006, con arresto domiciliario y más de 300 causas penales en curso por múltiples violaciones a los derechos humanos. Jamás es inocente la forma en la que se trae el pasado al presente. Lo sabe bien Eugenio Mena, campeón de la Copa América en 2015 y 2016, quien recordó la figura del presidente socialista en el reciente aniversario del golpe de Estado. Lo hizo a través de su cuenta de Instagram, a la que volvió a utilizar para explicitar su apoyo a las demandas que pusieron en jaque al proyecto político de Sebastián Piñera: “Una democracia que no representa a nadie más que a ellos!! Basta de abusos, fuerza Chile!”.

https://twitter.com/C1audioBravo/status/1185562636156583936

Claudio Bravo, Charles Aranguiz, Gary Medel, Arturo Vidal y Marcelo Díaz, cinco referentes del plantel que llevó a Chile a la gloria deportiva, también estamparon su postura sobre una realidad que terminó de explotar cuando se conoció la decisión del Poder Ejecutivo de aumentar el precio del boleto de subterráneo. “No queremos un Chile de algunos pocos. Queremos un Chile de todos”, escribió el arquero del Manchester City. “Se generó un despertar en la ciudadanía y los futbolistas no son ajenos. Sufrieron en carne propia los costos de la desigualdad. Son también símbolos de la generación que encabeza las protestas. No pueden entonces guardar silencio”, apunta el periodista Sergio Pinto. Juan Cristóbal Guarello, también periodista, es bastante más escéptico respecto a un fenómeno que amaga con poner en cuestión los postulados del apoliticismo deportivo: “Si bien hay cierta empatía con los reclamos, son expresiones para la galería que no van más allá de esta coyuntura”.Los jugadores, herederos del legado del gran goleador Carlos Caszely, alguien que desde su lugar rechazó al pinochetismo en tiempos durísimos, asumen que su participación carece de cualquier dosis de oportunismo. Nicolás Maturana, volante de Universidad de Concepción, dio el primer paso el 25 de marzo de este año, luego de haber sido elegido la figura del partido entre su equipo y Antofagasta, al declarar ante las cámaras que el gobierno debía repensar su política sobre el cobro de los medidores de electricidad. Díaz, mediocampista central de Racing con pasado en las más prestigiosas ligas europeas, sostiene que, aunque muchas veces no lo quieran aceptar, ellos tienen un rol social que los obliga a estar presentes en estas situaciones. El argentino Luciano Aued, pieza clave de la Universidad Católica que marcha puntera en el torneo, no sólo apoyó públicamente con las protestas sino que defendió la posición de sus colegas: “Entiendo que salieron a dar su opinión porque son conscientes de la condición social de la que vienen y se expresan en ese sentido”.

Diferente es la respuesta a nivel institucional. Las sociedades anónimas que dirigen los destinos del fútbol profesional no emitieron ningún tipo de comunicado. “Están del bando de los opresores y eso hace que por temor muchos jugadores elijan no expresarse”, detalla un delantero que pide que su nombre no salga a la luz. Pavel Piña, director de Patrimonio del Colo Colo, se encarga de compartir el texto subido por quienes conducen la estructura social de uno de los clubes más populares del país trasandino: “Solidarizamos con las millones de personas que se ven afectadas por una nueva alza en el precio del transporte público en la capital, y manifestamos nuestro repudio a que la única respuesta de la autoridad sea con represión a quienes legítimamente se han movilizado contra esta medida”.

Mena

El que está ahí, en un rincón de Santiago manifestándose contra los tarifazos y las injusticias, además de ser jugador profesional, es joven y no padeció en el cuerpo los dispositivos de terror desplegados durante 17 años por la dictadura pinochetista. Cuenta con orgullo: “Mi experiencia en la manifestación fue muy buena. Familias enteras protestando, gente de todas las edades ayudando a desarmar barricadas para que circularan las ambulancias. Quedé impresionado porque todas esas cosas no se ven en la tele”. En su último discurso, en la mañana del 11 de septiembre de 1973, cuando el golpe se consumaba, Allende desplegó su optimismo en la historia: “Tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición”. Hoy, una vez más, como tantas veces, queda en claro a qué se refería.

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