Los inicios del guevarismo en Argentina (Parte III) EL EGP y las FARN: aparición, aniquilamiento y diáspora

El caso del EGP

Según el historiador Gabriel Rot, el resultado de los comicios de 1963 que llevó a Illia al gobierno tomó por sorpresa a Masetti, quien creía que éstos no se llevarían a cabo y serían finalmente interrumpidos por los militares. Es una incógnita si se realizaron o no consultas con La Habana para evaluar si se seguía adelante con los planes originales de la guerrilla o se los suspendía temporalmente. Lo cierto es que de acuerdo al testimonio de Ciro Bustos, un artista plástico argentino reclutado en Cuba que cumplía la función de nexo entre el EGP y las bases urbanas de reclutamiento de la guerrilla, “Masetti una noche me llama a su lado: -Pelado, somos unos comemierdas. Las elecciones son una farsa, una trampa del sistema. Nada ha cambiado. Seguimos adelante” La decisión tenía que ver con la urgencia cubana, en especial del Che, de evitar el aislamiento de la isla impulsando otros procesos revolucionarios en el continente. A su vez reflejaba no sólo la postura de los miembros del EGP sino que como vimos anteriormente, se hacía eco de la percepción de franjas importantes de la población que descreían fuertemente del sistema político de democracia controlada que regía tras el golpe de 1955.

Poco después se daba a conocer la “Carta al Presidente Illia”, fechada el 9 de Julio de 1963, que sería publicada por primera vez, aunque de forma fragmentada, en el semanario Compañero dirigido por Mario Valota en su edición Nº 16 de Octubre de 1963. La carta, junto al “Mensaje a los Campesinos” de Enero de 1964 son los únicos documentos políticos que se conocen de la efímera guerrilla dirigida por Masetti. En ella se reconocían los valores personales de Illia pero señalaba que

“el pueblo argentino puede decir sin equívoco: es usted el producto del más escandaloso fraude en toda la historia del país…Ud. doctor Illia, aún puede rectificar y hacer un gran bien a nuestra nación. Renuncie a ser presidente fraudulento, denuncie el fraude por su nombre y exija elecciones verdaderas generales y libres, en las cuales los argentinos no se vean coaccionados a votar, sino que puedan ejercer su derecho a elegir”.

Como vemos, el EGP fundaba la legitimidad de su accionar armado en las características excluyentes de las elecciones y el sistema político vigente. El razonamiento era muy simple: no podía existir un gobierno legítimo con la mitad de la población proscripta. Al mismo tiempo la publicación de la carta, aunque obviamente no daba coordenadas geográficas del accionar de la guerrilla, alertaba a todo el aparato represivo acerca de la existencia de un foco guerrillero en el país.

A partir de 1963 con contactos personales y siguiendo la recomendación del Che de trabajar con grupos escindidos del PC o el Socialismo y/o que no tuvieran lazos orgánicos con ningún partido, Ciro Bustos comienza a tejer la red de contactos urbanos. Esa red de apoyo debía proveer a la guerrilla de medicinas, alimentos, ropa y calzado, hamacas y armas así como transformarse en la cantera de militantes que en diferentes tandas se sumarían a la guerrilla en Salta. Muy rápidamente, con entusiasmo, en distintos lugares del país comenzarían a vincularse diferentes grupos al proyecto del EGP. En pocos meses en Córdoba, Buenos Aires y Mendoza se estructuraban bases de apoyo importantes y aparecían contactos firmes en La Plata, Rosario, Santa Fe y el incipiente armado de una base operativa en las ciudades de Salta y Orán. Sin duda el grupo de mayor peso específico que adhiere eran los miembros del comité de redacción de la prestigiosa revista marxista Pasado y Presente, en su mayoría alejados recientemente del Partido Comunista de Córdoba. Entre sus figuras más connotadas el primer contacto es con Oscar del Barco y Francisco “Pancho” Arico. Entusiasmados con la existencia de una guerrilla ya instalada en el terreno, con voluntad de crear un marco organizativo, político e ideológico absolutamente nuevo y sobre todo movilizados por la presencia explicita del Che en el proyecto, son los intelectuales cordobeses quienes abren una red de contactos de escindidos del PC en otros lugares del país. Entre ellos la relación con jóvenes recientemente separados de la Federación Juvenil Comunista (FJC), en particular un Héctor Jouve que pronto por su compromiso y sus dotes para adaptarse al monte ocuparía puestos de dirección en el EGP. En Buenos Aires es un joven Juan Carlos Portantiero, que formaba parte de un grupo escindido del PC denominado Vanguardia Revolucionaria (VR), el que facilita los contactos con distintos dirigentes universitarios. La Facultad de Filosofía y Letras, en especial la carrera de Antropología, y la Facultad de Medicina, con la presencia de Jorge Bellomo, se transformarán en espacios estelares de reclutamiento para la guerrilla. La base social de la que se nutre el EGP será marcadamente juvenil, mayoritariamente de clase media y proveniente del espectro de la izquierda clásica. La piedra de toque que los moviliza es el apoyo irrestricto a la revolución cubana, las figuras de Fidel y el Che y el convencimiento en la vía armada contra dirigencias partidarias que, de manera directa o velada, se oponían a la adaptación de la estrategia guerrillera en el resto de América Latina y argumentaban que el caso cubano era la excepción que confirmaba la regla.

La rápida acogida que encuentra el proyecto da una idea del clima de época que describíamos anteriormente. Pero esa apoyatura externa muy pronto chocaría con las dificultades de implantación de la guerrilla. Las posibilidades de incorporaciones superaban por mucho las probabilidades de absorberlas por parte del EGP, sea por falta de armas y alimentos, sea por la barrera que representaba la dificultad de adaptarse al medio. Los jóvenes urbanos que se sumaban a la lucha se encontraban con larguísimas marchas en el medio de la selva teniendo que enfrentar el cansancio, el hambre ante una alimentación insuficiente, el ataque minuto a minuto de infinidad de insectos, una naturaleza desbordante donde las lluvias y el crecimiento de los ríos ponía en más de una oportunidad en riesgo de muerte a sus integrantes, y una situación de soledad humana aguda.

La inadaptación al medio no es un tema menor ni marginal en el periplo del EGP. Por el contrario la imposibilidad física de sostener las exigencias cotidianas enormes de “Pupi” y “Nardo”, ambos quebrados física y emocionalmente, llevan a la tragedia de ordenar sus fusilamientos tras un juicio sumario. Sólo desde una visión instrumental que disocia brutalmente medios y fines se justifica la medida. Desde esa postura se aduce que dejar vivos a cualquiera de los dos guerrilleros era un riesgo de seguridad colectivo si se los trasladaba a la ciudad o que, de no tomar medidas, su contraejemplo degradaba al conjunto. Nada más falso cuando sabemos que en otros cinco casos se permitió a los aspirantes regresar a la ciudad ante la evidente incapacidad física y mental de adaptarse a un medio decididamente hostil. La guerrilla, sin haber combatido una sola vez, tomaba medidas de muerte de sus militantes con un claro sentido ejemplificador que marcaba la existencia en su seno de posturas darwinistas y de valores antagónicos con los ideales que perseguía.

Los fusilamientos estuvieron a punto de colapsar la organización, en particular ante el rechazo del sector de Córdoba a esa decisión tomada por Masetti y quienes estaban en la selva. La dinámica de los acontecimientos impediría un debate profundo de esos y otros problemas al ser detectado el núcleo guerrillero por el aparato represivo estatal y comenzar el cerco de aniquilamiento del EGP en Marzo de 1964.

A su vez la posibilidad de realizar un trabajo político con el campesinado que pudiera permitir recrear una base social originaria del lugar elegido chocaba con límites insalvables. Si la elección original de la zona de Oran se relacionaba con la existencia del ingenio azucarero San Martín, que en épocas de cosecha llegaba a sumar más de 20 mil braceros, ningún trabajo político se inicia con esa base social. Por el contrario, en la zona de implantación de la guerrilla los contactos remiten a la escasa población de Aguas Negras, que además en época de lluvias veraniegas se trasladaba a otra región, o a un campesinado aislado en la selva en condiciones de altísimo grado de miseria. En el recuerdo de Bustos se trataba de pocos campesinos, desalojados una y otra vez de sus campos que terminaban con sus familias sin escuelas, médicos ni vida comunitaria, idiotizados por el hambre y la soledad. Era un sujeto social no apto para desarrollar la guerrilla.

El final del EGP se relaciona con la convergencia de dos vías represivas independientes entre sí que desencadenan su aniquilamiento. Por un lado una patrulla de Gendarmería que ante las denuncias de algunos propietarios de la zona de haber avistado hombres armados y motorizados, creen encontrarse ante un grupo de contrabandistas e intensifican el rastrillaje de la zona. Por el otro dos agentes de la Policía Federal que se encontraban infiltrados desde hacía un tiempo en el Partido Comunista de La Matanza. Un grupo se separa del PC y se vincula a las redes urbanas del EGP de Buenos Aires. Cuando llega el momento de mandar activistas a Salta los dos agentes son parte del grupo. La Federal los sigue sin dar aviso a ningún otro organismo represivo. Al encontrarse en la selva con militantes del EGP que los reciben y ver que se internaban en ella sin posibilidad de retorno inmediato, uno de los infiltrados se apodera de un arma, hiere al responsable al mando del grupo del EGP, atan a los otros miembros y huyen en la selva para encontrarse de improviso con miembros de Gendarmería. La caída del campamento de La Toma y la evidencia de que se trata de un grupo guerrillero, donde 6 de sus miembros han caído prisioneros, rápidamente toma escala nacional y desata una veloz campaña represiva. El intento de romper el cerco por parte del resto de los guerrilleros fracasa. La separación de sus miembros en busca de alimentos y de tomar contacto con otros miembros de la guerrilla termina en el desastre. Hermes Peña, combatiente cubano en Sierra Maestra y colaborador íntimo del Che, cae combatiendo junto a Jorge Guille en una emboscada que tiende Gendarmería. Otros combatientes mueren desbarrancados o de hambre en el medio de la selva. El propio Masetti, que estaba junto a Oscar Altamirano, se encontraba imposibilitado físicamente. Los cuerpos de ambos se pierden en la selva y jamás son encontrados. Tal vez ejecutados por la propia Gendarmería, que se habría quedado con el dinero que tenía el jefe de la guerrilla. Tal vez, como hipotetiza Gabriel Rot, porque haciendo desaparecer el cuerpo del Comandante Segundo se pretendía borrar su memoria. Parte de las redes urbanas caen en la espiral represiva, pero la mayoría sobrevive al desastre aunque un núcleo se exilia en Uruguay. La experiencia guerrillera argentina más íntimamente conectada al Che era aniquilada sin que nunca se pudiera concretar su llegada a la Argentina.

El Grupo del Vasco Bengochea

Mientras el EGP comenzaba en 1963 su entrada a Salta desde Bolivia el Vasco y sus compañeros iniciaban la preparación de una organización político militar que en determinado momento decidirían denominar Fuerzas Armadas de la Revolución Nacional (FARN), que pretendía lanzarse en la Provincia de Tucumán como escenario.

Las razones de la elección de esa provincia eran múltiples. Existía en Tucumán un combativo proletariado agrícola, creado por la producción de azúcar y los ingenios azucareros, nucleado alrededor de la Federación Obrera Tucumana de la Industria Azucarera (FOTIA); un importante trabajo de inserción previo realizado por Palabra Obrera –que ya había ubicado a la provincia del norte como el eslabón más débil de la dominación capitalista en Argentina-; una experiencia guerrillera anterior como la de Uturuncos; centros urbanos considerables junto a una geografía selvática y de montaña, y una cercanía mayor con el lanzamiento de la lucha armada en Salta que intentaba el Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP). Todas razones de peso permitían intentar combinar desarrollo político–militar rural y urbano. Si recordamos la discusión del Vasco con el Che en ocasión del campamento militar en Cuba, la elección era con toda probabilidad un intento de conciliar ambas perspectivas de la lucha armada. En la visión del Vasco y sus compañeros pesaba ya una lectura de la concepción de Guerra Popular Prolongada (GPP) que, más allá de los señalamientos críticos que sean necesarios realizar, obligaba a las organizaciones guerrilleras a poner en un lugar más relevante la necesidad de determinados arraigos sociales para su desarrollo. Este enfoque entraba en tensión con la mayor prioridad que le otorgaba al crecimiento del foco rural la visión del Che. En definitiva, discusiones centrales sobre la forma de llevar adelante la lucha armada ya se daban en ese momento, aunque subordinadas al objetivo principal que era iniciarla efectivamente y no postergarla hasta lograr hipotéticos acuerdos mayores.

La base de reclutamiento principal en este caso eran militantes trotskistas que rompían con Palabra Obrera (PO), pero hay que recordar que aún, aunque ya en retirada, la organización se encontraba realizando una práctica de entrismo en el peronismo. El inicio de la resistencia peronista los había encontrado siendo parte de esa experiencia e intentando organizar corrientes sindicales al interior del movimiento obrero.

Sin duda ese recorrido le daba al Vasco y a sus compañeros una mirada sobre el peronismo mucho más abierta y menos prejuiciosa.

En ese sentido no cabe duda que la experiencia del grupo del Vasco se debe adscribir dentro de la vertiente guevarista, dado que formaban parte del plan continental creado por el Che; buena parte de las concepciones que los nutrían provenían de la revolución cubana e intentaron lanzar la guerrilla rural en vinculación estrecha con el EGP. Pero existen una serie de cuestiones, que se agregan a las discusiones que ya hemos mencionado, que marcan diferencias importantes.

Mientras que, como vimos, en el EGP se planteaba explícitamente que el reclutamiento debía evitar a grupos provenientes del peronismo, en el caso de las FARN buena parte de su militancia se reclutara en el seno de esa identidad. Un ejemplo es el de la ciudad de La Plata donde conocidos militantes de la Juventud peronista de esa urbe como Carlos Banegas, Amanda Peralta y David Ramos se incorporaran al proyecto. A este caso se agregan activistas de las agrupaciones sindicales y barriales del peronismo en Berisso. Entre ellos Consuelo Orellano y su compañero Enrique Ardeti que llegaría años más tarde, al igual que Amanda pero en momentos distintos, a ser parte de la dirección nacional de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP).

Esta cuestión, como los ya mencionados vínculos establecidos por activistas trotskistas, con el mundo simbólico, cultural y cotidiano de los trabajadores en el período de entrismo de Palabra Obrera, nos obliga a repensar la relación entre la izquierda y el peronismo en la etapa. Es necesario apartar las visiones que parten de construir mundos escindidos y estancos entre esas identidades y complejizar el escenario de cruces sociales, de influencia recíproca, de espacios compartidos -no sin contradicciones y tensiones- entre una clase trabajadora mayoritariamente peronista y algunas corrientes de las tradiciones de la izquierda.

Pero además, en el caso de las FARN su compromiso con la revolución cubana y con el Che era acompañada por una firme convicción de mantener una independencia financiera y política de la incipiente organización, financiando toda la logística necesaria con el asalto –sin firmar la autoría- de al menos un banco en la zona sur del conurbano. Los compañeros de las FARN eran celosos de su autonomía política como organización más allá de entender la acción guerrillera desde una concepción continental de la lucha armada, tal como lo hacia el Che. Por el contrario el EGP fue concebido desde su inicio como una organización cuya dirección política, parte de sus combatientes y logística –al menos en una primera etapa- dependían de la revolución cubana.

Los acontecimientos se aceleraron a partir de que la Gendarmería descubre y cerca al núcleo del EGP en Salta. Según lo recuerda Amanda Peralta: “Yo no estaba en el núcleo de la organización, pero lo que yo sé, que cuando la cuestión está muy apretada para el EGP, el Papi (el capitán del ejército rebelde cubano José María Martínez Tamayo) se encuentra con el Vasco. Le comenta sobre una discusión con Masetti y en ese encuentro se resuelve subir antes de lo planeado. Incluso hay quien atribuye la explosión (de la calle Posadas) al apuro, al descuido por el apuro”.

Fuera o no esa situación la causa del trágico fin del grupo el 21 de Julio de 1964, alrededor de las 15 horas, una brutal explosión sacudía el edificio de la calle Posadas 1168 ubicado en pleno Barrio Norte. Entre los 9 muertos que provocó la explosión, suscitada por el insólito almacenamiento y manipulación de explosivos en un edificio céntrico, se encontraban 5 hombres que hacía apenas 6 meses habían alquilado el departamento 108 del primer piso. Se trataba de Hugo Pelino Santilli, Raúl Reig, Carlos Guillermo Schiavello, Lázaro “Lito” Feldman y quien era el referente principal del grupo, el “Vasco” Angel Amado Bengochea. Todos ellos habían compartido su militancia en la organización trotskista Palabra Obrera. Con el desastre de la calle Posadas y la dispersión de los sobrevivientes del grupo, la historia de esta experiencia sólo sería conservada por núcleos militantes y por quienes habían compartido alguna práctica política con los muertos en el estallido, en especial con el Vasco, figura carismática cuyo recuerdo permanecería vivo en la memoria de muchos activistas que transitaron las luchas de fines de los 50’ y los primeros años 60’.

Lo cierto es que el aniquilamiento del EGP y la desaparición de las embrionarias FARN ponían un fin –momentáneo- a las primeras expresiones del guevarismo en Argentina. Una reflexión más profunda sobre ese desenlace resulta necesaria.

(Continuará)

Sergio Nicanoff es historiador, docente y militante popular. Miembro de Contrahegemoniaweb

Bibliografía

Avalos, Daniel, La guerrilla del Che y Masetti en Salta. Ideología y mitos en el Ejército Guerrillero del Pueblo, Córdoba, La Intemperie, 2005.

Bengochea, Angel y Lopez Silveira, J.J., Guerra de Guerrillas, Editorial Uruguay, Montevideo, 1970.

Bustos, Ciro, El Che quiere verte, Buenos Aires, Vergara, 2007.

Castellano, Axel y Nicanoff, Sergio, Las primeras experiencias guerrilleras en la Argentina, Buenos Aires, Ediciones del CCC, 2006.

Guevara, Ernesto, La guerra de guerrillas, en Escritos y discursos, Tomo I, La Habana, Editorial de ciencias sociales, 1977.

Masetti, Jorge, Los que luchan y los que lloran y otros escritos inéditos, Buenos Aires, Nuestra América, 2012.

Rot, Gabriel, Los orígenes perdidos de la guerrilla en Argentina. La historia de Jorge Ricardo Masetti y el Ejército Guerrillero del Pueblo, Buenos Aires, El cielo por asalto, 2000

 

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