Los “salvajes” detrás de la huelga en la UTA

Se habla públicamente del punto y la coma del salario de los trabajadores, del detalle de sus recibos de sueldo, de las “internas” o disputas que afectan a sus organizaciones, de las cuotas en las que deben dividirse sus magros aumentos, de sus más o menos revulsivos métodos de lucha o del carácter presuntamente “excesivo” de sus reclamos. Pero todo este ruido rabioso que se agita desde los aparatos mediáticos y desde las usinas gubernamentales alrededor de la histórica huelga de los choferes de Córdoba, es directamente proporcional al silencio que rodea la trama de negocios monopólicos. Una turbia historia que une íntimamente al intendente Ramón Mestre, al gobierno provincial y a las empresas del sector, especialmente al grupo ERSA.

La intervención de la seccional Córdoba de la UTA a mediados del año pasado por parte de la conducción nacional en manos del eterno Roberto Fernández, se produjo en paralelo al momento en que el grupo empresario ERSA llegó a controlar la mayoría de los corredores del sistema urbano de pasajeros de la ciudad. Todo indica que el desplazamiento de la anterior camarilla que estaba al frente de la seccional (y que quedó afuera de estos negocios) se produjo para defender los intereses de ERSA.

Así lo relataba la periodista Virginia Guevara en el diario La Voz (de los patrones) del Interior: “La misma semana en que se conoció que la empresa ERSA quedará a cargo del 75 % del transporte público de la ciudad de Córdoba por deserción de Autobuses Santa Fe, y al mismo tiempo en que esa empresa correntina que también recolecta la mitad de la basura cordobesa a través de LUSA debutaba en el flamante servicio público al aeropuerto (Aerobus), la Unión Tranviarios Automotor seccional Córdoba (UTA) fue intervenida por la conducción nacional del gremio” (La Voz, 1/10/2016).

Luego de destilar diatribas a tono con la línea editorial de La Voz del Interior, demonizando a los choferes y a sus medidas de lucha, la periodista ponía el foco en el hecho de que la UTA nacional nunca había intervenido en los conflictos anteriores y se interrogaba: “¿Qué cambió? El lugar que ocupa ERSA en el transporte y en los espacios de decisión política –de varias jurisdicciones–, que son proporcionales.”, respondía. Traducido a criollo: la conducción nacional de la UTA realizó una intervención a la medida de la vigorosa ERSA.

Desde que aterrizó en Córdoba y especialmente bajo la gestión de Ramón Mestre, la firma correntina Ersa tuvo un crecimiento acelerado hasta lograr la adjudicación de casi la totalidad de los corredores, en un servicio que tiene la tarifa más cara del país ($ 12,50). El control del 75 % del sistema implicó que se asegure seis de un total de ocho corredores que posee el transporte urbano de la ciudad de Córdoba (los otros dos son operados por Coniferal, además del sistema de trolebuses de la municipal TAMSE).

Uno de los procesos de cartelización más rápido y furioso de la historia oscura de los monopolios de transporte en el país.

En síntesis: el Gobierno municipal (con el aval del provincial) habilitaron a ERSA para que monopolicen el transporte de Córdoba, la dirigencia nacional de la UTA intervino la seccional para garantizar el “orden y progreso”… de ERSA y, como corresponde, al final festejaron a todo trapo con “todo pago”.

Estos extorsionadores profesionales y sin escrúpulos, una santa alianza que une a empresarios, burócratas sindicales y políticos tradicionales, son los que hoy acusan de “salvajes” a las y los choferes que pelean por la defensa de su salario. Tienen la desfachatez de pretender fijar cuál es el mísero aumento “justo” que merecen quienes todos los días ponen el cuerpo para trasladar a los trabajadores y la población de Córdoba. Con sólo repasar el prontuario de cada uno, queda claro de qué lado hay que estar.

Por Fernando Rosso

Fuente:

Cuaderno #02 La lucha Colectiva
Córdoba, Argentina. Junio de 2017. 
Producido por
Colectivo Manifiesto y La Tinta

 

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