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Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

Lula “libre”: tres escenarios y una sospecha

14 Nov,2019

por Mauro Luis Iasi

Lula salió de la cárcel, y eso es bueno. Pero su salida es un efecto colateral de un plan de los mismos que lo pusieron allá y que celarán para que continúe destituido de sus derechos políticos y que, si es necesario, vuelva para la cárcel cuando las condiciones jurídicas fueran favorables, dado que las condenas en primera instancia todavía están en vigencia.

 

“Cuando el queso y la guayaba

se encuentran en la mesa del pobre,

debemos sospechar de los tres:

del queso, de la guayaba, y del pobre.”

Barão de Itararé

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Otra América Latina

 

El Análisis de Coyuntura no es un ejercicio de premonición, sino la capacidad de apuntar escenarios a partir de las contradicciones que se presentan. La coyuntura actual comienza a apuntar, por lo que pienso, tres posibles escenarios. Agregamos un elemento importante en la dinámica de los hechos, que fue la salida de Lula de la cárcel de la “lava-jato”. Veamos esos escenarios sin que el orden indique lo que pienso ser el resultado de mayor probabilidad.

 

Primer escenario: Barão de Itararé: “todo puede suceder, inclusive nada”.

La tendencia cuando evaluamos las contradicciones del gobierno fundamentalista/miliciano es querer ver soluciones dramáticas, sea del punto de vista de un retroceso autoritario más explícito y de corte fascista (que, crean o no, todavía no apareció), o, en el sentido opuesto, una rebelión al estilo de nuestros vecinos latino-americanos.

Históricamente, Brasil es pródigo en derrumbar estas alternativas extremas. El gobierno miliciano ha cumplido la agenda del capital con esmero y dedicación. Sin embargo, la forma como lo hace crea un problema para el orden burgués en la medida en que constituye tensiones innecesarias para tal agenda, aunque necesarias para el sostenimiento del bufón descontrolado y su tropa. Como veremos adelante, existe la posibilidad de que el proyecto de sacarlo del poder para mantener esa agenda ya haya comenzado, pero al lado de esa posibilidad, y debido a los riesgos que involucra, se presenta la posibilidad de dejar todo como está para ver cómo queda.

En este escenario, Eduardo Bolsonaro no será destituido, Moro permanecería ministro, Queiroz no será llevado a declarar, continuaremos sin saber quien mandó a matar a Marielle, alguna artimaña jurídica intentará mantener Lula fuera de la disputa electoral y el jefe de los payasos seguirá haciendo burradas y profiriendo improperios mientras la reforma administrativa y la tributaria siguen su curso. La Globo alternará denuncias indignadas y loas al retorno del crecimiento después de la administración del remedio amargo de la austeridad y sus inevitables efectos colaterales, al mismo tiempo en que sus comentaristas tendrán el cuidado de depositar la culpa por el atrasado en la retomada del crecimiento en la amenaza de un Lula en la oposición.

La centro izquierda marchará teniendo como norte un calendario que tiene solo una fecha: las elecciones de 2022 (y una parada en las elecciones de 2020). La reforma laboral, la reforma de las jubilaciones, la selva quemada y las playas manchadas de aceite, los indios muertos, los niños asesinados, la muerte de la universidad pública, el desguace del SUS, se convierten en argumentos de un discurso electoral, una macabra contabilidad de lo que perdemos sin nada que hacer, creando la idea de que la única alternativa para avanzar es retroceder al tiempo de la política de conciliación de clases.

 

Segundo escenario: Matrioska: El golpe dentro del golpe, dentro del golpe

El primer escenario tiene un límite: Cuánto el carácter burlesco y tosco del miliciano puede comprometer la pauta y los negocios de sus patrones. Si, por un lado, la agenda del capital y sus contrarreformas están caminando de acuerdo con lo esperado, entre otras cosas por la voluntad y competencia del Congreso Nacional y sus secuaces, las actitudes incontrolables del presidente y su tropa, y los esqueletos en el armario, producen un desastre considerable que tiene impacto en los intereses de los sectores monopolistas (industria, agronegocio, bancos, comercio, etc.). La retomada raquítica de la economía, el resultado desconcertante de la subasta del petróleo, la barrera en las inversiones directas, empiezan a materializar un riesgo Bolsonaro que no debe ser despreciado.

Un efecto secundario, pero no menos importante, es el hecho de que si el riesgo Lula alimentó la posibilidad de Bolsonaro y permitió que descalificado llegara a la presidencia, el riesgo Bolsonaro le da una sobrevida al lulismo y al mito del retorno a los tiempos del pacto.

Todo eso lleva al escenario en el cual, los sectores de la clase dominante pueden optar por retirar la pieza que los molesta para mantener la agenda en lo que es fundamental. Dos dificultades se presentan en este camino. Primero, la amputación tiene que ser realizada sin que parezca una anulación del golpe de 2016, lo que abriría camino para una vuelta del petismo y del pacto de clases que lo sustentaba. EL segundo problema es como reaccionaria la pieza amputada.

Al parecer, la garantía para que esto ocurra, por lo menos en la intención de sus protagonistas, es el pasaje del poder para el vicepresidente Mourão. Los sectores que conspiran en esta dirección tienen los medios y los recursos necesarios pero no controlan las condiciones materiales que garantizarían la estabilidad deseada, dado que estas radican en el comportamiento de la economía, en el terreno pantanoso de lo que Mészáros describió como el intento de control de un sociometabolismo incontrolable. En pocas palabras, la crisis y su profundidad.

Vemos desde 2016 una promesa que no se cumple sobre la estabilidad. Se la retira a Dilma y que Temer construiría un puente seguro… no sucedió. Se elegiría un presidente, que rodeado de legitimidad estabilizaría el país… tampoco sucedió. ¿Por qué con Mourão sería diferente? Lo que los conspiradores esperan es que las contrarreformas empiecen a dar resultados para el crecimiento del capital de modo que se forje, con el aval de los militares, una unidad en el campo dominante que sea capaz de mantener el orden mientras los efectos de este ajuste todavía se manifiesten de forma más contundente, dando el tiempo necesario para que se crie una alternativa electoral que se sustente y sea capaz de derrotar la centro-izquierda y la extrema derecha.

La denuncia de la Globo y la marcha de las investigaciones que vinculan al presidente y su familia a las milicias aproximándolo al asesinato de Marielle, se suman ahora a la liberación de Lula, como veremos, para demostrar que el esquema ya comenzó a moverse en esta dirección. Ratas que abandonan el barco (como el MBL, artistas porno, rockeros y abogados golpistas) y la popularidad en baja, indican que el aislamiento que antecede a la caída está en curso.

La segunda barrera es más compleja. Se supone que ya se dispone de recursos de chantaje suficientes para que el capitán renuncie alegando una enfermedad, real o imaginaria (creo que él debe tener las dos), facilitando el camino del golpe dentro del golpe. Sucede que el personaje, a diferencia de otros, parece no ser susceptible a ese tipo de maniobra y tendrá que ser forzado a largar el hueso. Aquí la incógnita: ¿Tendrá recursos de reacción o será un engaño?

Mas allá de la fidelidad del fundamentalismo religioso, que puede oscilar en la última hora, dado que el pentecostalismo de negocios aprendió con la iglesia católica a sobrevivir a los regímenes que apoya (podemos recordar que estos sectores apoyaron el petismo antes de transitar para Temer y ahora alinearse al demonio), el presidente parece tener un apoyo importante en milicias armadas con vínculos en las corporaciones policiales. Existe, todavía, una base fiel que debe estar alrededor del 7 a 10% del electorado que se identifica con su prédica de extrema derecha, reflejos en sectores de masas corrompidos por un discurso antipetista y anticomunista irracional y rabioso.

Todo eso ya es un problema, pero todavía no llegamos a la verdadera incógnita – a saber: ¿Cuál es el apoyo real del presidente en la corporación militar? Los generales parecen divididos, con el Heleno de un lado y Cruz y Souza de otro, junto con otros que abandonaron la nave insana (parece que ya son once los militares que salieran del gobierno). Pero la duda es la capacidad de Bolsonaro para arrastrar un sector de las fuerzas armadas en la defensa de su gobierno. Los militares brasileños prefieren operaciones que no encuentren resistencia, y pueden retroceder frente a la posibilidad de reacción y buscar otros escenarios.

La alternativa Mourão es una búsqueda de estabilidad. Si el camino que lleva hasta ella produce caos, será descartado y volveremos al primer escenario.

 

Tercer escenario: el contragolpe que es el verdadero golpe fascista

McNamara ya decía que la primera víctima de la guerra es la racionalidad. El riesgo en este sentido es pensar como actuarían los sujetos y actores principales suponiendo una racionalidad que ya fue superada por la crisis. Bolsonaro puede haber sobrepasado ya el nivel de una pieza con problemas, que ya está con gangrena, supuró, y tiene que ser extirpado. Tomadas las medidas para bajar su popularidad (al parecer, la Globo tiene ese papel), producir su aislamiento parlamentario (lo que le cabe a Rodrigo Maia), desacreditarlo internacionalmente (tarea realizada por el propio Bolsonaro y sus ministros), se cerraría la etapa del golpe dentro del golpe para mantener el golpe.

En el caso de que sea bluf, y el pastor Malafaia aparezca bendiciendo a Mourão y las milicias realicen un acuerdo (el problema de esperar fidelidad de ladrones, asesinos, traficantes y criminosos es que ellos no tienen amigos, tienen intereses), más allá de los lamentos de los “bolsominions”, un ejército de robots descontrolados gritando “peligro, peligro” y un cierto ministro de justicia huyendo del país con algunos procuradores, estaríamos en el centro del segundo escenario.

Nuestro tercer escenario se presenta, por lo tanto, dado el caso de que no sea bluf (engaño) y el capitán presente resistencia. Al parecer, la estrategia del innombrable no era ganar las elecciones – cada vez estoy más convencido que él no se preparó para este camino. Debemos suponer que su estrategia era, frente a una victoria de Haddad, dividir el país y proponer una solución por la fuerza, de corte claramente fascista. Esa no es una suposición leve, dado que el presidente habló abiertamente eso y sus hijos, destacando aquel que presenta más nítidamente trazos delirantes, el concejal de Rio, defienden eso sin disfraces, como se le escapó en la declaración del diputado federal que defendió el AI-5 de la última dictadura..

El problema de este escenario es que él no prevé la bendición de los sectores monopolistas y su verdadera fuerza y cree que puede llegar a mantener un gobierno fuerte contra el capital Lamentablemente, la burguesía brasileña es pródiga en perder el control de los procesos que ella parece controlar, como estoy convencido sucedió en 2016. Eso abre la peligrosa posibilidad de que la aventura golpista de la “familícia” encuentre condiciones político-militares de resistir al posible golpe que intentaría sacarlos del gobierno y pueda presentar una solución de fuerza, simultáneamente para evitar las perdida del control (riesgo Chile) y atacar a sus adversarios del campo conservador: El congreso y el Supremo Tribunal Federal.

Este escenario depende del nivel de apoyo que el miliciano tenga de hecho en la corporación militar y policial (legal y miliciana), y su capacidad de ser la alternativa que le resta al capital frente al riesgo de descontrol social, ya sea por la revuelta de masas, o por la posibilidad de retorno del petismo por la vía electoral.

 

Una sospecha

Los lectores más atentos deben haber notado que los escenarios se presentan en el campo de las alternativas de los sectores dominantes. Sucede que el alma de la coyuntura se encuentra en la relación de fuerzas y de los instrumentos y recursos que los actores disponen para realizar sus intereses. El campo popular está derrotado y eso traslada el centro de la coyuntura para las alternativas en disputa en el interior del campo dominante.

En dirección opuesta a esta lectura se encuentran muchos amigos e incorregibles optimistas que ven en el escenario casi insurreccional de América Latina (Ecuador, Chile, Haití, etc.) y en los nuevos vientos electorales desde Argentina y, posiblemente, desde Uruguay la esperanza de alternativas más a la izquierda se presenten también en Brasil.

Es evidente que el escenario latino-americano interfiere en los acontecimientos en Brasil, pero es necesario evaluar de qué forma esto se da. La derrumbada de una presidente electa a través de un casuismo escandaloso no produjo una reacción a la altura. Un gobierno ilegítimo impone una reforma laboral con efectos dramáticos para la clase trabajadora, y no encontró resistencia significativa. Y al final, la reforma jubilatoria fue aprobada, como dice un amigo, sin que se risque siquiera un fósforo, sin ni siquiera encender una vela para llorar por la muerte de uno de los derechos mas fundamentales.

Cuando se pregunta: “¿Cuándo la revuelta que explotó en Chile, explotará en Brasil?” me asoma una mezcla de pena y espanto. Esa explosión ya sucedió… en 2013. Y fue enfrentada de forma dura y brutal por los llamados gobiernos progresistas de turno. Un proceso contradictorio y heterogéneo, pero que traía como una de sus vertientes un cuestionamiento a los ajustes neoliberales y a la política de austeridad, una reacción a las condiciones de vida de los olvidados, contra la violencia policial cuyos ejemplos mas gritantes son el asesinato de Amarildo y el cuerpo de Claudia arrastrado por un patrullero, a los cuales se debe sumar las masacres casi diarias en las periferias y favelas, los desalojos supuestamente para eventos deportivos, la destrucción de la naturaleza, el remate del petróleo en el campo de Libra, el ataque a los derechos de los trabajadores, la prioridad del agro-negocio y la farra presupuestaria que sangra el fondo público en nombre del apetito insaciable del capital financiero.

La respuesta del gobierno Dilma y de su infame ministro de Justicia, el señor José Eduardo Cardoso, fue la orden normativa de diciembre de 2013 que iguala manifestantes a cuadrillas criminosas, que colocaba en práctica las llamadas Operaciones de Garantía de la Ley y el Orden con las conocidas consecuencias, seguida por la Ley Antiterrorismo de 16 de marzo de 2016. El gobierno prefirió conciliar con sus verdugos y, así, selló su destino. Desarmadas de su fuerza autónoma y de su dirección de lucha, las masas se vuelven presas de la manipulación y de la extrema derecha, el resultado nosotros lo conocemos.

Es en este contexto que debemos entender la salida de la prisión del ex-presidente Lula. Es perfectamente comprensible que la centro-izquierda se haya empeñado en su defensa y los felicito a todos por la campaña en defensa de su líder. Todos nosotros nos solidarizamos contra la farsa jurídica que lo condenó y sabemos, como quedó comprobado por las denuncias de The Intercept – Brasil, que la intención mayor fue evitar que Lula participara de las elecciones, porque, probablemente, las ganaría.

Pero no fue la campaña “Lula Livre” que lo sacó de la prisión, fue el Supremo Tribunal Federal (STF), la misma institución que legitimó la farsa que lo arrestó y que lo mantuvo preso en contra de la ley y de la simple observación de la constitución. La pregunta es: ¿Por qué ahora actuó de forma diferente? No puedo aceptar el discurso de que el STF actuó en defensa de la Constitución, ha restablecido la justicia y garantizó el mítico y fantasioso Estado de Derecho, por el simple motivo de que esta misma institución fue fundamental para (1) ungir de legitimidad jurídica una farsa casuística que llevó al golpe de 2016 (2) acompañar con inoperancia bovinamente sumisa las hienas del Congreso descarnando la constitución de los derechos más fundamentales (3) rechazó todos los Habeas Corpus presentados por la defensa del expresidente Lula, incluso con la payasada del voto de la ministra Rosa Weber que argumentó en el mérito a favor y lo rechazó porque así se había pronunciado la mayoría, innovando al crear el “centralismo democrático” jurídico en la Suprema Corte.

Es más probable que esta escoria de golpistas, cómplices y responsables por la destrucción del país, ahora se muevan en otra dirección y ella está lejos de ser la defensa del país. El STF está, como mostró la votación, dividido entre los dos primeros escenarios descriptos, o sea, dejar todo como está (incluso porque estuvo todo el tiempo comprometido con el golpe y el albedrío) o apostar a la operación que busca eliminar a la pieza molesta. No tengo dudas que, si el fascismo vence, encontrará entre los ministros quien encuentre justificativa jurídica para legitimar el crimen, barriendo para debajo de sus togas toda la mugre y la sangre, como lo hicieron el 1964.

Lula salió de la cárcel, y eso es bueno. Pero su salida es un efecto colateral de un plan de los mismos que lo pusieron ahí y que celarán para que continúe destituido de sus derechos políticos y que, si es necesario, vuelva para la cárcel cuando las condiciones jurídicas fueran favorables, dado que las condenaciones en primera instancia todavía están en vigencia.

El viejo Maquiavelo ya decía que nada es más inestable que el poder que no se apoya en la propia fuerza y, así, depende de la buena voluntad de los otros. Tanto la insatisfacción de las masas, como la prédica de oposición de Lula, se no fueran partes de una alternativa realmente popular, pueden acabar sirviendo a los propósitos de otras fuerzas que confabulan en secreto sus planos.

Traducción: Diego Ferrari

Foto: La Poderosa

 

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