¿Maduro el indefendible?

¿Es posible que se esté convirtiendo en lo que terminaron Khadafi, Saddam, Velasco y otros en la historia de los gobiernos antiimperialistas? Son líderes incapaces de llevar hasta el final lo que comenzaron y terminaron víctimas fatales de sí mismos, fagocitados por su propia inconsecuencia. Y repitieron la historia como farsa, porque lo que no avanza retrocede. Es posible, pero no es ésa la actual situación. Mientras la OEA, el Mercosur y EE.UU mantengan el asedio internacional a su gobierno bolivariano, es obligatorio defenderlo, aun a pesar de sus contradicciones.

La decisión del Tribunal Supremo de Justicia no impuso un golpe de Estado porque no disolvió el Parlamento ni suprimió la soberanía del voto popular. Sólo un idiota útil de la prensa dominante puede llamar a eso un “golpe”, “fujimorazo” o cosa parecida.

En términos políticos y sociales, la sentencia judicial creó un estado de situación en el sistema político y en la vida social que es lo más similar a “una ruptura del hilo constitucional”, como declaró Luisa Ortega Díaz, la fiscal general de la Nación, antigua militante de izquierda y chavista incuestionable. Lo mismo opinan el mayor general ultrachavista Clivel Alcalá; la ex asesora presidencial, abogada y escritora Eva Gollinger y unos diez ex ministros de Chávez. Eso explica el retroceso del gobierno.

El actual estado de cosas no se explica sin el contexto de asedio a un gobierno indisciplinado a Washington y acorralado por la OEA y el Mercosur. Pero ésa es la mitad de la historia. El propio gobierno de Maduro ha colaborado desde 2013, cuando decidió abandonar el experimento chavista de transitar una vía comunal al socialismo para convertirse en el “Nido de alacranes” que advirtiera en 2008 el General chavista Müller Rojas.

Maduro escogió otro camino, opuesto al que Hugo Chávez emprendió tardíamente, entre 2011 y 2012, cuando le encargó personalmente a Maduro que reemplazaran el actual sistema político (Estado) corrupto, rentista y periclitado históricamente, por otro basado en las comunas y los demás organismos del naciente poder popular bolivariano. (“Nicolás, te lo encargo como si fuera mi vida misma”, le dijo el 27 de octubre en el llamado “Golpe de Timón”).

Maduro hizo lo opuesto. Entonces el actual resultado no estaba previsto en los genes del chavismo, de la misma manera que la Santa Inquisición no anidó en el primer cristianismo. Ambos fueron una construcción. El argumento de que “así terminan los populismos” es onánico, autoconsolador, regocijo para analfabetos políticos, que sólo entienden la vida política desde las “alturas” de sus instituciones y líderes y no desde sus creadoras fuerzas sociales enfrentadas a las presiones inmisericordes del Sistema Mundial de Estados y el Sistema Mundial del Capital.

Maduro y su gobierno de arribistas enriquecidos, hoy arrinconados, también decidieron actuar con ese criterio regresivo socialdemócrata. Por eso no acude al pueblo trabajador y sus organismos, ni para el voto ni para la calle. Prefiere apoyarse en el Consejo de Defensa de la Nación (militar-cívico); no convocó al Parlamento Comunal tan existente y legal como el otro, para legitimar sus acciones y potenciar una nueva democracia en una república social. No expropió a los empresarios que colapsaron la economía con la evasión masiva de capitales y volatilizaron el consumo y la vida social con dólares baratos del Banco Central. No, su decisión fue favorecerlos con empresas mixtas y entregar el Arco Minero a trece multinacionales. Entonces, su deriva actual a una forma sui generis de concentrado autoritarismo era casi inexorable.

Maduro prefirió apoyarse en el corrupto Tribunal Supremo de Justicia para limitar el poder de la derecha en el Parlamento, convertido en el brazo de la OEA desde hace un año.

Atrapado sin salida en ese nuevo rumbo, el presidente Maduro tiende a liquidar lo que resta del prometedor “proceso revolucionario bolivariano”. Y aunque pueda terminar como otro “indefendible”, ese capítulo no ha llegado. Al contrario, Maduro tiene el mérito de resistir en Miraflores presiones quizá más salvajes que las sufridas por Chávez, con el precio petrolero y el PBI por el piso. Su tiempo no se agotó, aún, y el futuro hay que esperarlo para pronunciarse.

 

Por Modesto Emilio Guerrero *

Página 12

* Biógrafo de Chávez y ex diputado venezolano.

 

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