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Malvinas: Crónica de una Guerra

04 Apr,2019

por Sergio Barrera

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La guerra de Malvinas es una cuestión capital para la Argentina pos dictadura, un acto de clausura y de nacimiento, una herida que todavía sangra pero que se disputa en las memorias y debates que construyen su cicatriz. Desde ContrahegemoníaWeb reproducimos algunas notas que, más allá de su fecha de publicación, nos ayudan a pensar la cuestión Malvinas desde sus múltiples aristas: los “héroes” o “víctimas” que dejaron sus vidas antes, durante y después de la guerra, el impacto de la derrota en el gobierno dictatorial en conjunción con la lucha de los trabajadores y trabajadoras que apenas tres días antes poblaron las calles y lo siguieron haciendo después, el imperialismo y el colonialismo como otra una herida todavía abierta, el nacionalismo como arma y sentir de múltiples filos y consecuencias, el rol y las lecturas de la izquierda ante la guerra, el neoliberalismo, la democracia, el genocidio…

El 30 de marzo, los trabajadores resisten

Estábamos gobernados por una dictadura militar asesina, entregada esencialmente al imperialismo yanqui, cruzada por una crisis económica y política en su interior que no tenía precedentes desde 1976.

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Desde hacía meses las fábricas suspendían y echaban trabajadores, la inflación se comía los salarios y el 30 de marzo de 1982 la CGT (Brasil) convocaba a una movilización a Plaza de Mayo.

Desde distintos puntos del Gran Buenos Aires, se acercan obreros y estudiantes resistentes a la dictadura al centro. Los espera un impresionante dispositivo policial. Rápidamente llegan los gases, los palos y los disparos de Itaka. La represión es violenta y muchos son los detenidos.

La historia de la Guerra de Malvinas, empezará  y terminará con el pueblo en las calles, movilizado y resistiendo.

2 de Abril, la ocupación

El primer momento fue de desconcierto y desconfianza entre los luchadores y movilizados unos días antes. Los milicos habían ocupado y “recuperado” Las Malvinas. En un sector de la población- que iría en aumento- había alegría, creían que por fin los piratas tenían su lección.

La respuesta de Gran Bretaña es rápida, decreta ruptura de relaciones y sanciones económicas. El 3 de abril, a pedido inglés se reúne el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y aprueba la resolución 502 que condena la ocupación argentina.

El 5 de abril, 40 barcos de la flota británica parten hacia el Atlántico sur. Todos los países imperialistas nucleados en la Comunidad Económica Europea apoyan a Gran Bretaña y nos sancionan prohibiendo nuestras importaciones.

La guerra y la participación popular

El 9 de abril, alrededor de 12.000 personas en una imponente manifestación acompañan en Comodoro Rivadavia el sepelio del conscripto de la Armada, Mario Almonacid, fallecido en combate en la ocupación de las Georgias del Sur.

El sábado 10, 150.000 personas se movilizan a Plaza de Mayo. Habían sido convocadas por los medios, ante la visita de Alexander Haig, el enviado de Reagan. Los carteles llevados por la multitud, reclaman “Fuera Yanquis e Ingleses de Malvinas” y recuerdan “Haig, remember 1806 y 1807”. El general Galtieri es silbado cuando invoca su gestión.

Ya para el 25 de abril, el apoyo yanqui en pertrechos y logística es descarado, Haig fracasa en todos los intentos de que la Argentina se retire de las islas y Galtieri reconoce en un reportaje años después, que no se podían aceptar los términos de Haig, con toda “la gente movilizada en las calles”.

Ese día Inglaterra invade las Georgias del Sur, y la CGT (Brasil) convoca a una movilización a Plaza de Mayo al otro día, con dos consignas centrales: No pagar la deuda externa a Inglaterra e incautar todas las empresas de propiedad inglesa. Se concentran 10.000 personas y se corea, lo que después será un clásico en todas las movilizaciones: “Levadura, levadura, apoyamos las Malvinas pero no la dictadura”. Trabajadores despedidos de Mercedes Benz marchan con dos carteles “Las Malvinas son Argentinas” y “Nacionalicemos YA el Banco de Londres”.

El 26 de abril, entra en crisis el TIAR (Tratado de Intercambio de Asistencia Recíproca), en el cónclave en el que están reunidos 21 países americanos, sólo Estados Unidos no apoya el reclamo argentino. Tres días después el gobierno norteamericano anuncia el apoyo incondicional a Gran Bretaña.

El 1 de Mayo, los ingleses atacan por primera vez las Malvinas. Crece la indignación popular, se improvisan movilizaciones en los barrios, las organizan Sociedades de Fomento, algunos partidos políticos y defensa civil. Surge la iniciativa popular de juntar ropa, alimento no perecedero y dinero, para enviar al frente. La solidaridad va en aumento, se envían cartas a los soldados o se tejen abrigos, en las plazas y los clubes de barrio.

El 2 de Mayo, un torpedo alcanza al ARA Gral. Belgrano que navegaba fuera de la zona de exclusión. La indignación es mayor, muchos se presentan como voluntarios, sólo en Córdoba llegan a 8.000- En las fábricas  se hacen colectas para el Fondo Patriótico. Los obreros donan sangre. El espíritu combativo de la población es alto, pero los mando de la guerra, hacen todo lo posible para que la misma se pierda.

El 14 de Mayo, una movilización multitudinaria en Perú (las cifras van entre 150.000 a 250.000 personas), recorren 40 cuadras por las calles de Lima. Es una demostración de la solidaridad que despierta la guerra en Latinoamérica, 10.000 obreros portuarios peruanos inician un boicot a las naves inglesas. En México, Colombia y Venezuela se reproducen medidas de boicot a las empresas inglesas. Perú, Cuba y Nicaragua ofrecen armas, que son rechazadas por la dictadura militar.

El 5 de junio, los países Latinoamericanos anunciaron que sus marinas de guerra no participarán en el ejercicio naval UNITAS (operativo  liderado por la marina estadounidense), en solidaridad con la Argentina.

Para derrotar la gran movilización antiimperialista, los agentes imperialistas recurren a una movilización en sentido contrario. La Iglesia una vez más, como institución mundial  estará del lado de los poderosos. El Papa Juan Pablo II, besa suelo argentino el 11 de junio., y en la mano trae la rendición argentina.

El 14 de junio, cae Puerto Argentino, al día siguiente a eso de las 18 hs. se invita al pueblo a Plaza de Mayo a escuchar a Galtieri. Hay un fuerte cordón policial, la gente va llegando con lágrimas en los ojos y mucha rabia. Los cánticos se centran en Galtieri y se escucha el legendario “Se va a acabar, se va a acabar la Dictadura Militar”. La multitud presiona las vallas, caen los primeros gases, se tiran piedras, aparecen los carros de asalto y ya la batalla es campal. Se improvisan barricadas, patrulleros y colectivos quemados. Gente desde los edificios le tiran a la policía, como en las invasiones inglesas, con masetas, muebles y lo que tienen a mano. Cae Galtieri y se disuelve la Junta Militar.

Errores de una conducción que no quería pelear

El objetivo del régimen militar había sido desviar hacia los ingleses el odio popular contra la dictadura. Ese fue su primer error.

Para ese objetivo, en forma irresponsable, no le importó mandar a la muerte segura a jóvenes, sin vestimenta ni armamento adecuado, sin la logística pertinente y con una conducción en la isla, que demostró ser igual a la del continente, corrupta, inepta y asesina.

El segundo, pensar que el imperialismo yanqui no apoyaría al inglés.

Una vez lanzada la guerra, rendirse sin luchar y retirar las tropas, era un suicidio político ya que la manipulación de las masas, había desencadenado,  una movilización popular  de contenido antiimperialista, que la Junta Militar no estaba dispuesta a llevar hasta sus últimas consecuencias. Y eso significaba en concreto hacer la guerra en serio al imperialismo anglo-yanqui.

Es que para ganar esas guerras, la historia nos enseña que hay que tomar medidas radicales, que la Dictadura Militar era imposible que tomara. Había que movilizar y darle armamento a todo el pueblo, guerra económica sin cuartel a todos los países enemigos,( no pago de la deuda externa y expropiación de sus empresas), llamado a la lucha antiimperialista a los pueblos latinoamericanos y del “Tercer Mundo ”, pedido de ayuda militar a los países que nos apoyaban, etc.

El tercer error de cálculo de la dictadura, fue creer que con la guerra podía superar la crisis del régimen. Y en realidad, significó el principio de su fin.

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