Maryse Condé, ganadora del premio Nobel alternativo de literatura 2018

En materia de escándalos, el año 2018 no se habrá quedado corto. La marejada del #MeToo golpeó la aparente compostura sueca y el Premio Nobel de Literatura 2018 tuvo que ser remitido al 2019 por graves acusaciones de abusos y acosos sexuales que gravitan alrededor de la alta jerarquía de la Academia.

La última vez que el galardón se pospuso, en 1949, fue porque no se encontró “candidato digno” de recibirlo; de otro modo, solo el fuego de las guerras mundiales logró la cancelación definitiva en toda la historia del mayor galardón literario. Sin embargo, para liberarse de la “vergüenza” de este año y no afectar al arte ni a sus lectores internacionales surgió la iniciativa de una Nueva Academia, una organización sin fines de lucro, compuesta por un centenar de escritores, libreros, académicos y especialistas suecos. En la Biblioteca Pública de Estocolmo se anunció hoy que Maryse Condé es la ganadora del primer premio Nobel de literatura alternativo. El jurado ha justificado así el fallo:

Maryse Condé es una gran narradora que pertenece a la llamada world literature. Su obra describe la realidad del colonialismo y el caos postcolonial en un lenguaje que es tan preciso como apabullante: la magia, el sueño, el terror pero también el amor están constantemente presentes. Ficción y realidad se entrecruzan y la gente vive tanto en un mundo imaginario de antiguas y complejas tradiciones como en un mundo muy parecido al presente en curso. Respetuosamente y con humor, Condé narra la demencia, la fragmentación y el abuso postcolonial pero también la solidaridad y la calidez humana. La muerte vive en sus historias, muy cerca de los vivos, en un mundo multitudinario en el que género, raza y clase se vuelven a configurar en nuevas constelaciones.

Nacida en 1937, en Point-à-Pitre, capital de la isla de Guadalupe, Condé recibirá el premio en una gala el próximo 9 de diciembre. La recompensa consiste en un millón de coronas suecas: unos 110 mil dólares, recaudados gracias a donaciones (el Nobel oficial otorga un millón de dólares). “Estoy muy contenta y me siento muy orgullosa por este premio. Permítanme compartirle con mi familia, mis amigos y, sobre todo, con toda la gente de Guadalupe que estarán encantados con esta recompensa. Somos un país pequeño. Se habla de nosotros cuando hay ciclones o terremotos y por una vez se hablará de nosotros por una buena causa”, declaró la autora.

Profesora emérita de la Universidad de Columbia, Condé ha escrito una veintena de libros, novelas y cuentos: una obra marcada por la complejidad cultural, la multiplicidad de personajes, ambientaciones históricas y escenarios alrededor del mundo, como el reino bambara del Senegal del siglo XIX en la novela Ségou (1984-85) o los juicios de Salem en Yo, la bruja Tituba. Negra de Salem (1986). Su indagación intelectual ha sido principalmente la del intento de recrear el gigantesco fresco multicultural de la cultura afrocaribeña, cuyas ramificaciones se extienden por todo el continente americano.

Literatura y democracia

Al ver que se desvanecía en el aire la nominación de este año, la Nueva Academia —fundada por Alexandra Pascalidou— se propuso garantizar un premio con prestigio internacional, pero alejándose de las lógicas y formas de la Academia tradicional. Su idea fundacional es recordarnos que “la literatura tendría que estar asociada a la democracia, la apertura, la empatía y el respeto. En una era en la que los valores humanos están cada vez más en entredicho, la literatura se vuelve una fuerza de oposición a la opresión y al código de silencio”.

Tras la renuncia de Sara Darius, la secretaria perpetua de la Academia sueca, el 12 de abril de este año, las especulaciones fueron incesantes. Darius renunció a su puesto después de la publicación de decenas de testimonios de académicas e intelectuales que acusaban de abuso sexual al fotógrafo Jean-Claude Arnault, aparentemente famoso por su poder dentro del green room del Nobel y además esposo de Katarina Frostenson, que ocupaba uno de los 18 asientos de la Academia. El escándalo resultó en la dimisión de varios miembros de la Academia y en la cancelación del premio por falta de quórum. Arnault ya está en prisión, pero el grupo colegiado no logró resolver a tiempo sus problemas de organización interna. Según reportó el diario ABC, los miembros colegiados se opusieron a que un comité independiente concediera el premio Nobel, a pesar de que la junta directiva de la Fundación Nobel lo propusiera y apoyara abiertamente. Rechazaron incluso la intervención de un mediador profesional que estudiara un cambio en unos estatutos que huelen a naftalina y están vigentes desde principios del siglo XVIII.

Una impresión similar deja la ceremonia de entrega, cuya pomposidad y solemnidad solo nos acercan al mundo desmejorado y anacrónico de las realezas europeas. Con benéfica lucidez, una película estrenada el mes pasado, La buena esposa, retrata con acierto la atmósfera que rodea al gran galardón, absolutamente marcado por los despropósitos, ajeno a la literatura y sus misterios. El premio Nobel le es otorgado al personaje de Jonathan Pryce, cuando ha sido su esposa, interpretada por Glenn Close, la mente y la pluma detrás de todos sus libros.

Llamado al voto general

Sin el visto bueno de la Academia sueca, la Nueva Academia organizó las etapas para otorgar un premio internacional, pero distinto. Invitó primero a libreros suecos a participar en las votaciones y llamó después a un voto abierto mundial, en el que participaron cerca de 30 mil internautas, para escoger a los candidatos con más nominaciones. En la lista de autores nominados figuraban el eterno Haruki Murakami de Japón, la canadiense Kim Thúy, Maryse Condé de la isla de Guadalupe y Neil Gaiman del Reino Unido. Murakami rechazó de entrada la nominación, argumentando que prefería “concentrarse en su escritura, lejos de la atención de los medios”. Por supuesto, porque si le dieran el Nobel alternativo nunca tocaría el Santo Grial del Nobel “verdadero”.

Los tres nominados finales no coincidían con otros nombres que suenan y resuenan. En opinión de Le Clézio, Toni Morrison y Elfriede Jelinek, todos premiados en años anteriores, merecían más el Nobel el poeta coreano Ko Un, el novelista chino Bi Fe Yu, la novelista de origen haitiano Edwige Danticat o Thomas Pynchon. Parece que las quejas, especialmente las de Le Clézio, quedaron este año aplacadas: Occidente ha volteado a otros rumbos y a otras tradiciones, queriendo mostrar apertura, tolerancia y sobre todo enterrar las sombras antidemocráticas que hoy nos asolan.

 

fuente: https://cultura.nexos.com.mx/?p=16853

fotografía: Mouvement des Entreprises de France, bajo licencia de Creative Commons

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