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Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

Megaminería Pacha Mama Memoria Calchaquí. Pensando con las entrañas la crisis ecológico-civilizatoria

23 Nov,2019

por Cesar Walter Reartes

I

NUESTRA REGIÓN: afrodecendencia, agronegocios, agua, alimentos, arqueología, azúcar, campesinado, clientelismo, estado, folclore, identidad, indígena, machismo, migración, minería, megaminería,superexplotación, dependencia, racismo, puna, religión, ruralidad, tierra-territorio-territorialidad, memoria, calchaquí. Algunas de las palabras que nos definen. Tomaré las siguientes, MEGAMINERÍA, PACHA MAMA Y MEMORIA CALCHAQUÍ. A partir de ellas me propongo tejer-tejerme.

Antes que nada, cabe aclarar que el texto que sigue más abajo es, justamente, fruto más del pensar con las entrañas, con el Amuyt´aña del aymara que propone Silvia Rivera Cusicanqui (2018):

“Un modo de pesar que no reside en la cabeza, sino en el chuyma, que se suele traducir como “corazón”, aunque no es tampoco eso, sino las entrañas superiores, que incluyen al corazón, pero también a los pulmones y al hígado, es decir a las funciones de absorción y purificación que nuestro cuerpo ejerce en intercambio con el cosmos. (…) la respiración y el latido constituyen el ritmo de esta forma del pensar. (…) el pensar de la caminata, el pensar del ritual, el pensar de la canción y el baile (…) que tiene que ver con la memoria (…) con las memorias múltiples que habitan las subjetividades (post) coloniales…” (p. 121).

Es por ello por lo que las palabras que a continuación convido surgen fundamentalmente de la memoria corporal, esbozo de una escritura que recién comienza a caminar. También quisiera expresar queuna potente zamba me anima, aquella que alguna vez escuche deAtahualpa Yupanqui:

Con su permiso voy a dentrar

aunque no soy convidao,

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pero en mi pago un asao

no es de nadie y es de todos,

yo voy a cantar a mi modo

después que haya churrasquiau.

Yo sé que muchos dirán

que peco de atrevimiento,

si largo mi pensamiento

pal rumbo que ya elegí,

pero siempre ha sido así,

galopiador contra el viento (…)

No sé si mi canto es lindo

o si saldrá medio triste,

nunca fui zorzal ni existe

plumaje más ordinario,

yo soy pájaro corsario

que no conoce el alpiste

Vuelo porque no me arrastro

que el arrastrarse es la ruina,

anido en árbol de espina

lo mesmo que en cordillera,

sin escuchar las zonceras

del que vuela a lo gallina (…)

Aunque mucho he traqueteado

no me engrilla la prudencia,

es una falsa experiencia

vivir temblándole a todo,

cada cual tiene su modo

la rebelión es mi “cencia” (…)

(Coplas Del Payador Perseguido)

II

Pues bien, a convidar se ha dicho. Lo primero a quisiera contar es que nací y me crecí en el departamento Andalgalá, una vida prácticamente nómade entre los primeros años de vida y los 14, cuando por fin a mi madre le dieron una casa en el barrio Rosa del Inca, al norte de Huachaschi. Y si bien mis primeros contactos con la minería (y los llamados “ingleses”), fue con las ruinas de sus ingenios, y más exactamente con las piedras negras con lunares de colores, restos de fundición, cuando de niño recorríamos a diario, junto a mi padre, una cortada que nos llevaba por la loma, del Potrero al Totoral, recién comencé a tomar conciencia de que había nacido en un departamento minero, cuando Alumbrera ya había entrado al pueblo.

Sí, en aquel 1997, cuando la megaminería terminó de aterrizar en mi departamento, yo habré tenido unos 13 años, y la noticia era que Carlos Menem andaba en el departamento. Pero claro, lo recuerdo, todo aquel proceso de penetración inició mucho antes. Yo era apenas un niño, y mis preocupaciones por aquel entonces pasaban por vender mis cinco Ancastisal día para tener aquel $1,50, e ir a los videos juegos del Moto Ayosa. Y sí, a los 10, 11, mis preocupaciones pasaban por escaparme del catecismo, e ir a jugar al Street Fighter, al Mortal Kombat, al Doble Dragon, que se yo, tantos juegos… No recuerdo haber leído siquiera un diario en aquel entonces, mi preocupación era venderlos. Y sí, tal vez para los más distraídos, fue una irrupción, y de pronto comenzaron a llegar en cantidad aquellas Toyotas enormes. Recuerdo que entre los pibes nos gustaba imaginarnos dueños de una de ellas, incluso jugábamos, cuando caminábamos por las calles del centro, a que eran nuestras… Entonces solíamos decir, “¡esa es mi!”, “¡aquella es mía!”, si hasta nos agarrábamos a naranjazos por aquella fantaseada propiedad...

En la escuela, a mí no me había iba tan bien. Incluso había quedado en el 2° grado (tal vez producto de la separación de mis padres), y casi quedé en 4°, lo cual significó que me cambiaran de escuela, pasando de la Escuela Normal, “de gente bien”, a la Provincial, “la de los pobres” … Habré estado en 5° cuando los maestros de aquella escuela comenzaron a pedirnos que lleváramos agua mineral para el recreo. No nos quedaba muy en claro lo que estaba pasando, pero de repente no era muy aconsejable tomar agua del grifo… De todas maneras, yo que vivía en una casa que le habían prestado a mi madre, y que quedaba a media cuadra de la escuela, ni grifo teníamos, y tomábamos agua del canal.

Pero en aquel entonces, sucedió algo inesperado, de pronto mi madre, que era enfermera, comenzó a trabajar en la ambulancia de la empresa Techint, la cual estaba encargada de instalar el minero-ducto. Confieso que en aquellos años no tenía ni idea de que era un minero-ducto. Lo que si sabía era que a mi madre le daban unos vales con los que de pronto podíamos elegir la mejor comida de entre los mejores restaurantes del pueblo, y si no mal recuerdo, había vales de $5 y de $7,5. Nunca voy a olvidar la cantidad de cubiertos de plástico y los platos de aluminio descartable que fuimos juntando. Pero más sorprendente fue ver como mi casa se fue llenando de fardos de agua mineral. De pronto, de no tener grifo, mi situación había cambiado a la del que convidaba agua en la escuela. Todos los días llevábamos una botella, yo y mi hermana, cada uno con su botella a la escuela. Por supuesto, el costo era la ausencia de mi madre en la mesa de los mediodías.

Al final, si hasta me pude subir a aquellas enormes camionetas. Y sí, mi madre con el tiempo se puso de novia con un supervisor de Alumbrera (por lo cual la separación de mis padres fue definitiva), y este, calculo en un acto de bondad hacia nosotros, solía sacarnos a pasear, e incluso a comer “alguito” en la plaza central de Andalgalá. Aquel tipo no era malo, con nosotros se mostró bueno, pero después de un par de años, de pronto tuvo que irse, y jamás supe nada más de él. Mi madre tampoco…

III

Por supuesto, en aquellos años, la propaganda del progreso inundó al pueblo. En realidad, recién comencé a desnaturalizar lo que estaba sucediendo cuando ya iba al polimodal. Ya no vivía en aquella casa del canal, vivía en el Rosa del Inca, y ya no iba a la Escuela Provincial, había podido volver a la Escuela Normal… En esta escuela, como en la anterior, las propagandas de un Andalgalá que por fin se proyectaba hacia el futuro estaban a la orden del día; uno lo podía escucharlo de docentes y compañeros. Recuerdo haber escuchado a un profesor de historia incluso afirmar con vehemencia: “Andalgalá siempre fue un pueblo minero, desde los tiempos inmemoriales de nuestros antepasados los indios, la minería estuvo presente. ¡Ese es nuestro destino!”. En las clases de tecnología, afirmaciones como, “¡Todo tiene mineral!”, “La tele, los videos juegos, los autos, los CD, los satélites que enviamos al espacio, todo tiene minerales”, “Sin esos minerales, no tendríamos todo lo que tenemos”, “¿Ustedes podrían vivir sin esas cosas?” Incluso, en las clases de geografía el énfasis al principio estuvo puesto en señalarnos la sustentabilidad de la megaminería… De todos modos, no puedo culpar a mis profesores, si en aquellos primeros años de megaminería, la promesa de una Andalgalá que por fin saldría hacia delante se había instalado en todo el departamento.

Pero claro, recuerdo que no solo fueron las promesas de progreso, sino también de trabajo. Para muchos fue más lo segundo. De pronto, estudiar en la EPET era la posta, donde uno podía adquirir los conocimientos necesarios para subir al cerro, a la mina, y ganar por fin buena gita. Recuerdo que algunos de mis amigos se cambiaron de escuela para poder cursar los TTP con orientación minera, para poder enganchar un laburo. Si se llegó a hablar de la generación de 6.000 puestos de trabajo… Como nos metieron el perro.

Algo que funciono también para las empresas fue la promesa de apoyo a los microemprendimientos. Claro, se decía que la megaminería generaría además trabajo para los micro emprendedores, que los artesanos podrían vender sus productos a quienes vinieran a trabajar en la mina. Así, se brindaron amables capacitaciones para todos aquellos que quisieran hacer algo para vender.

Más aun, la campaña publicitaria de la empresa y los políticos de turno prometían la construcción de un barrio para cinco mil personas, nuevas escuelas, rutas asfaltadas. Se hacían “donaciones” de computadoras en las escuelas y se “regalaban” pelotas y camisetas de futbol a las escuelitas. Nunca voy a olvidar los afiches donde se prometía que Andalgalá tendría Wifi; enormes afiches que con una imagen de cristo decían “dios es inalámbrico”, todos firmados por el intendente José Perea, “de puño y letra”. Todo aquello fue el sustento de una larga luna de miel con el pueblo.

IV

Y sí, pasando el tiempo entre la expectativa y la sospecha, Andalgalá transcurrió la primera década del nuevo siglo con más penas que gloria. Conforme se reventaban los cerros mediante la metodología de explotación a cielo abierto; dañando en lo más profundo las entrañas de la Pacha, las riquezas minerales de nuestro suelo se fueron entubando, con el solo destino de saciar la gula del mercado mundial capitalista. El costo de aquella aventura estaba siendo la contaminación de nuestra preciada agua, y la consecuencia pronto fue la proliferación del cáncer. Poco a poco el fantasma del progreso fue mostrando sus garras, y fue entonces que el pueblo por fin reaccionó.

El colmo se rebasó, hacia fines del 2009, cuando desde los gobiernos de turno se promocionaba la instalación de un nuevo emprendimiento mega-minero sobre el territorio. Esta vez se trataba de Agua Rica, que proyectaba volar por los aires al mismísimo pueblo de Andalgalá, pues Pilciao 16, donde se concentra la mayor cantidad de riquezas minerales, está debajo de la mismísima plaza central del pueblo. Así fue como se apresuraron las reuniones y la organización; las voces se fueron sumando, y en un eco ensordecedor se hizo saber, no solo a las autoridades locales, sino también a las autoridades provinciales y nacionales, que no se entregaría el territorio, los recursos hídricos y la sanidad ambiental a las apetencias gástricas del mercado mundial. Iniciaba así una etapa marcada por la lucha en defensa de la madre tierra, a quien se invocaba en cada pintada que se hacía sobre las paredes del pueblo.

V

Mientras eso sucedía en mi querido Andalgalá, yo, hacia un par de años que me había venido a estudiar en la Universidad. Recuerdo que, con 21 años, por fin había podido terminado de rendir las ultimas materias del secundario, y emprendía viaje hacia la ciudad. Aún recuerdo las lágrimas de mi querida madre cuando tuvo que despedirme en aquella vieja terminal de ómnibus; por fin había logrado que yo, su “chango sinvergüenza”, estudiara algo en la Universidad. Por supuesto, yo también lloré durante todo aquel viaje.

La vida aquí en la ciudad no fue fácil, uno tuvo que acostumbrarse a otra vida. Fue tener que volver a vivir de alquiler en alquiler, como había sucedido aquella vez que tuve que salir del Potrero, siendo apenas un niño. Extrañé tanto la paz de mi querido Barrio Rosa del Inca, como extrañe esa casa, la 31; a las paredes de mi cuarto, sobre las cuales había hecho tantos dibujos… Extrañe a mi madre, a mis hermanos, a mis amigos, al futbol, a las lomas que solíamos atravesar para llegar a las piletas de La Aguada, extrañé todo, los días y las noches. Fue así como, mientras mi corazón se aferraba a esos recuerdos, puse mi cabeza a estudiar, y al final, contra todos los pronósticos genealógicos, me pude recibir de profesor en historia.

Y fue precisamente durante el cursado de dicha carrera que fui vivenciando lo que venía sucediendo en mi pago. ¿Y cómo no involucrarme? Si se trataba de la tierra en la que me había criado, a la cual tanto extrañaba, y con la cual todas las noches conversaba. La verdad que no era fácil volver a Andalgalá, con mi hermana apenas nos alcanzaba para comer, pero yo siempre estaba buscando la forma de volver. Y sí, uno vivió todo ese proceso de lucha yendo y viniendo, sufriendo además el desarraigo, sintiendo como la tierra de una se va configurando en terruño.

VI

No es fácil de explicar, pero uno en Andalgalá crece en relación con Pacha Mama. En mi caso personal, el amor por el cerro, por el agua, por la tierra, fue fruto de una crianza en la que el cerro, el agua y la tierra siempre estuvieron presentes, siendo constitutivos de la vida. Mis primeros años de vida en el Potrero de Santa Lucia, escuchando a mi padre conversar con el cerro, el agua, la chacra, la finca, el totoral, la tierra, me marcaron para siempre. Claro que sí, al defender el cerro, el agua y el territorio, se está defendiendo una relación con Pacha Mama que es total. Se trata de LA RELACIÓN que no se puede negociar, pues el extractivismo minero desenfrenado, al volar los cerros, contaminar el agua, y envenenar la tierra, significa la muerte de aquella relación constitutiva. No es fácil de explicar, pero en mi caso personal, se trató de acudir al llamado de un territorio que significa crianza, memoria y vida, no como algo abstracto, sino como algo real, inmanente. Cuantas veces que me refugié en Pacha Mama estando aquí en la ciudad, pidiéndole que me acompañara, que no me olvidara, que me sostuviera. ¿Cómo no acudir al llamado de tus dioses? ¿Cómo no acudir al llamado de la tierra? Sí, en definitiva, somos de la tierra.

VII

Aun hoy, bien uno ingresa a Andalgalá, comienza a visualizar en sus paredes las intervenciones que advierten “el agua vale más que el oro”, “el agua no se toca ni a palos”, “Andalgalá resiste”, “Andalgalá de pie”, “no a la mina”, “no al saqueo”, “megaminería = contaminación”, “si al agua, si a la vida, no a la megaminería”, “la vida o la mina” “la sed del oro nos dejara sin agua” “Andalgalá no se vende, el agua no se toca”, entre tantísimos gritos hechos paredes que refleja y refracta otra realidad, la que está más allá de su materialidad, la realidad de una comunidad que intenta comunicar su lucha a todo aquel que visita el lugar. Se visualizan también paredes multicolores, muralismo improvisado que emerge fruto de una necesidad; pintadas de cerros, arboles, niños jugando, agua, banderas argentinas y representaciones de Pacha Mama que se entristece ante las voladuras nubosas de los cerros.

VIII

Me detengo y me pregunto, ¿Quiénes defendieron la tierra antes que nosotros? ¿Quiénes, siendo guerreros hasta las últimas consecuencias, dejaron marcadas con sus luchas nuestros territorios? La memoria calchaquí vive en la lucha que defiende a Pacha Mama. Defender el agua y el territorio es defender la vida, defender la Pacha, como lo hicieron nuestros antepasados. Juan Chelemín aun esta de pies, en cada paso que damos en defensa del agua, el cerro, la tierra y la vida, estamos levantando los estandartes de aquel guerrero que supo dar su vida en defensa de su mundo.

¿Como negar que estas tierras están surcadas por largas raíces históricas que parten desde los tiempos en que se encontraba nutridamente pobladas por indígenas que a la llegada de los españoles se agruparon en la Confederación Calchaquí (guerreros-rebeldes) como parcialidad de los Andalgalas y resistieron la colonización? ¿Cómo ignorar que esta tierra fue comarca del bravo cacique Juan Chelemín? Mi pueblo vive hoy un conflicto que pareciera proyectarse retrospectivamente en aquella heroica resistencia. Esta nueva lucha (o lucha continuada) tiene como contendientes, por un lado, a los poderosos tentáculos del nuevo extractivismo minero, traducidos en las empresas multinacionales que aterrizaron en dicha localidad de Andalgalá hacia fines de los ´90, prometiendo, y hasta jurando, el progreso, el desarrollo, acompañados por los gobiernos Nacional, provincial y municipal; y por el otro, a campesinos, docentes, empleados estatales, pequeños comerciantes, indígenas, estudiantes y artistas que, exorcizados ya de los fantasmas del progreso, del mal desarrollo, levantan sus banderas oponiéndose al saqueo y la contaminación; su lema: “el agua vale más que el oro…” Conocimiento fruto de ser criado en relación con el cerro, el agua, la tierra, que en estos contextos poscoloniales actuales, significa agenciamiento territorial. Asumirse calchaquí, sea que esta palabra signifique “rebelde”, “guerrero” o “doblemente bravos”, hoy más que nunca debe significar defender la tierra, el agua, la vida; compromiso con aquellos que murieron en aquellas luchas anteriores, abrazando a Pacha Mama hasta las últimas consecuencias.

XIX

En mi querido Andalgalá hemos transitado ya dos décadas de extractivismo, dos décadas de sentir en los hombros el peso de la super-explotación, consecuencia de la obsesión desarrollista. Desde ese contexto, venimos repensando nuestra relación con la tierra, lo que implica, hurgar en la memoria para tejer otras historias. Mediante este texto quise compartir con ustedes algunos chirridos de la memoria de alguien que, abrazando a sus antepasados, hoy se piensa y siente undiaguita calchaquí en la ciudad.

 

 

Lecturas caminadas(Bibliografía)

  • COOPERATIVA DE TRABAJO LA TINTA LTD. (2019) Ideas Menores. Pensar con los pies en la tierra. Ed. Hasta mancharse. Córdoba, Argentina.
  • HABER, Alejandro (2017). Al otro lado del vestigio. Políticas del conocimiento y arqueología indisciplinada. Ed. Universidad del Cauca / JAS Arqueología / Ediciones del Signo. Popayán, Cauca, Colombia.
  • MACHADO, Horacio; SVAMPA, Maristella; VIALE, Enrique; GIRAUD, Marcelo; WAGNER, Lucrecia; ANTONELLI, Mirta; GIARRACCA, Norma; TAUBAL, Miguel (2011). 15 mitos y realidades de la minería trasnacional en argentina. Guía para desmontar el imaginario minero. Ed. El Colectivo, en conjunto con ED. Herramienta. Buenos Aires.
  • SVAMPA, Maristella y ANTONELLI, Mirta A. (Editoras) (2009). Minería trasnacional, narrativas del desarrollo y resistencias sociales. Ed. Biblos. Bs. As.
  • MARINI Ruy Mario (1973).La dialéctica de la dependencia. Ed. Era. México
  • RIVERA CUSICANQUI, Silvia (2018). Un mundo ch´ixi es posible. Ensayo desde un presente en crisis. Ed. Tinta Limón. Buenos Aires.
  • TUHIWAI SMITH, Linda (2016). A descolonizar las metodologías: investigación y pueblos indígenas. Ed. LOM. Santiago de Chile.

 

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