Metas de inflación: ¿quién paga el costo de la desinflación?

En el marco de la columna del Colectivo de Pensamiento Crítico en Economía (CoPenCe) desarrollada en “La luna con gatillo: una crítica política de la cultura”, programa que conduce Mariano Pacheco todos los jueves de 15 a 17 horas por radio Eterogenia, Federico Cibireni y Pablo Díaz analizaron el Programa de Metas de Inflación lanzado por el macrismo.

 

La presentación formal del programa de Metas de Inflación realizada el pasado lunes 26 de septiembre por Federico Sturzenegger, presidente del BCRA, es un hito en la política monetaria argentina. A partir de ahora el BCRA se compromete a utilizar todas las herramientas monetarias a su alcance, prevalentemente la tasa de interés, para lograr que el índice de inflación se ubique en un rango previamente establecido. El compromiso para 2017 se ubica en un rango anual de entre 12% y 17%, para que luego baje a un 8% en promedio en 2018 y en 2019 se mantenga entre 6,5 y 3,5.

Este compromiso siembra algunas dudas en cuanto a la real consecución de tales objetivos. Pareciera que Sturzenegger y su equipo creen en la omnipotencia de los instrumentos de política monetaria, principalmente en que el manejo de la tasa de interés de referencia tendrá un mayor efecto sobre el nivel de precios (efecto a la baja) que los próximos aumentos en las tarifas, la inminente depreciación del tipo de cambio (que se traduce en aumento de precios locales), y el resultado de las negociaciones paritarias tanto de este año (que esperan recomponer la pérdida del poder adquisitivo sufrida por trabajadores y trabajadoras en el corriente año) como del año próximo. Para las autoridades del BCRA la inflación es un fenómeno monetario y, por lo tanto, al influir sobre la cantidad de dinero en la economía lograrán controlar la inflación.

Para ejecutar sus instrumentos con total impunidad, el BCRA se excusa en la independencia de la autoridad monetaria, defendida a rajatabla por la ortodoxia académica. La misma esgrime que la autoridad monetaria debe aislarse de presiones políticas para cumplir con su cometido de mantener a raya a la inflación (o preservar el valor de la moneda). En otras palabras, no debe dejarse influenciar por instrucciones del gobierno ni por presiones públicas, así podrá manipular con libertad sus instrumentos para doblegar la inflación. Los episodios de tensión entre el presidente del BCRA y el ministro de hacienda Prat Gay son de público conocimiento. El ministro de Hacienda le reclama a Sturzenegger que baje la tasa de interés más rápido ya que la economía se encuentra deprimida. Una tasa de interés más baja incentivaría tanto al consumo como a las inversiones revitalizando así la demanda agregada. Por su lado, Sturzenegger resaltó el compromiso del BCRA en cumplir con sus metas, para lo cual obrará según sus planes, al mismo tiempo que enfatizó en la responsabilidad del gobierno de hacerse cargo de no excederse en sus gastos, ya que, de hacerlo en mayor medida de las transferencias acordadas con el BCRA, dificultará el alcance del objetivo inflacionario.

De esta manera, las presiones que sufre Prat Gay por el pésimo desempeño económico no parecieran tener consecuencias en la autoridad monetaria. Así surge un interrogante: siendo que en Argentina las presiones sociales pueden generar problemas de gobernabilidad graves, ¿hasta qué punto el BCRA es independiente de las presiones políticas y sociales? En ese sentido, la pérdida del poder adquisitivo de trabajadores y trabajadoras, la pérdida de empleos y los índices de caída de consumo y de actividad, ¿no atentan contra la tolerancia a las políticas económicas y, en última instancia, al programa económico de Cambiemos y el BCRA? La apuesta del gobierno pareciera indicar que se espera que el control de la inflación dará un marco de estabilidad y confianza, lo que promoverá inversiones (y con ello el empleo), revirtiendo de esta manera la recesión actual. Cabe destacar que, para que se logren estas apreciaciones el gobierno se apuntala con el blindaje mediático (hasta ahora sorprendentemente efectivo), la tregua de las cúpulas sindicales y los arreglos políticos con gobernadores.

¿De qué depende el éxito del programa económico del gobierno y del BCRA? Siendo que es inminente un aumento de las tarifas y un aumento del tipo de cambio (debido a la dolarización tarifaria y las estimaciones en el proyecto de presupuesto para el 2017), la variable de ajuste apunta a ser la masa salarial: tanto en términos de pérdida del poder adquisitivo de trabajadores/as como en términos de pérdida de empleo. Además, se debe tener en cuenta que la política monetaria restrictiva que debilita la actividad económica atenta contra la apuesta del gobierno en términos de las inversiones prometidas. Ante este panorama, un probable plan B del gobierno podría ser estimular la economía mediante el gasto público pero, con un Banco Central reacio a financiar el déficit público, el endeudamiento podría ser la herramienta a la que acuda el gobierno para sostener un nivel de empleo (o desempleo) que no afecte sustancialmente su gobernabilidad.

¿En qué medida se logrará el cumplimiento de las Metas de Inflación anunciadas? El presidente y altos funcionarios ya han dado por cerrados los acuerdos salariales de 2016, sin embargo, algunos reclamos ya se están manifestando mediante paros y medidas de protesta (mientras algunas cúpulas sindicales mantienen una tregua). Si bien resulta difícil arriesgar un resultado, al menos el compromiso inflacionario del BCRA nos siembra serias dudas en que pueda cumplirse. Si lo logra, el salto inflacionario sufrido en 2016 habrá significado una importante transferencia de ingresos en la que resultaron ganadores principalmente los sectores financieros, energéticos y extractivistas y perdedores/as quienes perciben un salario (o lo percibían mientras se encontraban con empleo). Si este nuevo orden de precios relativos se mantiene (algo que creemos que se encuentra implícito en “la guerra contra la inflación”), en adelante, los sectores ganadores seguirán siendo quienes se beneficiaron en 2016, en detrimento de quienes perciben un salario fijo y quienes se encuentren desocupados. En cambio, si se logra recuperar el terreno perdido en las paritarias más próximas, creemos muy difícil que el BCRA cumpla con sus metas.

 

LA LUNA CON GATILLO: Una Crítica Política de la Cultura

Jueves de 15 a 17 horas por Radio Eterogenia (www.eterogenia.com.ar)-

Conducción y producción general: Mariano Pacheco.

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29° Programa, segunda temporada (2016).

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