Nahír Galarza: otra mala víctima para el periodismo

No es una novedad: cuando hay un asesinato y ese asesinato está cometido por una mujer, y la víctima es un hombre, reflota la creencia popular de quienes están en contra del feminismo, y se exalta una imagen que no es nueva, pero a veces se evita leer: las mujeres también matan; la violencia es igual de todos y para todos. Y la de siempre: la violencia de género puede volverse también hacia el hombre. Esto es inexacto, pero se esgrime con tanta soltura que puede desorientar a quienes todavía no hicieron propios algunos conceptos. ¿Por qué no hay violencia de género en el caso de Nahir Galarza, o por qué no hay, al menos, la violencia de género que los grandes medios ven?

Algunos conceptos inevitables

Antes de adentrarnos y analizar lo que sucede particularmente con este caso, es importante rever algunas cuestiones que parecen olvidar quienes se encargan de informarnos. Por un lado, recordemos que el rol del periodista es informar, y no emitir juicios de valor sobre una temática particular, sobre todo aquellos periodistas en posición de “privilegio” que utilizan el alcance mediático para imponer una bajada de línea digna de la Edad Media. Recordemos, también, que el periodista promedio no es un investigador policial. Digámoslo: todos queremos leer buen periodismo de información, bueno, digno de un reconocimiento de Walsh. Pero en estos tiempos, al menos en los medios hegemónicos, no vemos mucha salida a la calle. Vemos, más bien, opinión heredada del poder. Por ende, la información que se nos brinda es una bomba de tiempo que debemos tomar con precaución.

Una fundamental: el caso del verano siempre llega para tapar un océano alrededor. Si los medios hegemónicos bombardean una y otra vez con un caso que “arroja resultados minuto a minuto”, hay que ponerse a averiguar qué pasa en el país, y pensar, de paso, por qué este caso conmociona o interesa a todos. ¿Es la víctima, la victimaria, o la posibilidad irresistible de combatir una militancia feminista que no para de crecer?

No olvidemos, también, cómo los medios gustan de exponer casos y, de paso, a familiares dolidos por hechos recientes, para hacer preguntas que apuntan claramente a endurecer penas. Abogan por el punitivismo poniendo en la cámara a una madre dolida y preguntándole qué hay que hacer con la persona que le arrebató la vida a su hijo. El dolor y la opinión de la madre son válidos, pero no motivo de repensar la criminología. Una víctima es una víctima, no por eso es la dueña de la verdad.

Por otro lado, hay que recordar una cuestión fundamental: la violencia de género es violencia ejercida desde el género privilegiado hacia el género oprimido y no al revés. Esto es: a las mujeres se las mata por ser mujeres. No por otra cosa. Si se las mata por otra cosa – algo que a menudo sucede – no estamos hablando de un femicidio, ni de violencia de género. La violencia de género tiene un fin y es re-oprimir a la ya oprimida: ejercer con libertad el poder otorgado por el rol social heredado al nacer. Punto.

La mediatización irresponsable, los juicios de valor y el curso de un caso

Siempre es igual. Sin nada claro aún, los medios necesitan salir a hablar. Digamos: hubo un asesinato; las circunstancias aún son imprecisas; hubo una confesión, un análisis de parafina negativo y un video inexacto de cámaras de seguridad; hay abogados de dos bandos, que buscan imponer, cada cual, una historia de amor violenta y turbulenta pero con distintas víctimas y victimarios.

Y hay periodistas…

Los periodistas, ahora, se encargan de informarnos el supuesto minuto a minuto de un caso. ¿El caso nos compete a todos? No. Pero parece que el pueblo necesita saber.

¿Qué más hacen los periodistas? Dan hipótesis, pero no investigan. Dan supuestos, pero se paran y afirman cosas que aún no están resueltas. Entrevistan, pero eligen un bando determinado. Y ese bando elegido tiene un fin. ¿O vamos a decir que el periodismo siempre ha estado del lado de la víctima? Sabemos que no…

Un caso en curso, sabemos, no debería estar en boca de todos de forma tan irresponsable. Por un lado, por respeto a la familia y por otro, porque formar opinión sin nada sólido también puede traer consecuencias. La opinión popular es presión, y los medios parecen estar apuntando a un pueblo unido, pidiendo la cabeza de una joven de diecinueve años.

La moral mediática

El caso en curso y la autopsia establecieron que el tiro definitivo, la causa del deceso, fue un tiro por la espalda. A los medios, que no creen importante que las fuerzas represivas del Estado hayan asesinado por la espalda al joven Rafael Nahuel en la provincia de Neuquén, ésto les parece definitivo. De Rafael, no dijeron nada. De Nahir, de todo. ¿Por qué?

¿Es novedad que los medios hegemónicos cuentan con una pauta oficial e informan lo que el poder quiere filtrar, es decir, informar? No.

Pegarle a las fuerzas policiales no rinde. El gobierno no quiere apuntar a ese lado, por ende, los medios – que ahora tienen un rol investigador, parece – no están interesados en hacerlo. Pero pegarle a una joven de 19 años, que viene, al parecer, a echar por tierra toda una militancia feminista fundamentada, no sólo vende sino que es bueno para aprovechar un linchamiento virtual.

El feminismo incomoda porque viene a cuestionar todo lo dado. Eso no le sirve al poder, como no le sirve al poder nada jamás que pique constantemente como un mosquito en verano. Hay toda una sarta de periodistas respetados por la gente en general que, no sólo no cumplen su labor con rigor periodístico, sino que esgrimen, como cualquier doña de barrio, los conceptos dignos de un troll. Claro. Un periodista diciendo “feminazis” es una cosa poco seria.

¿Quién es Nahir? ¿Importa?

“Nahir Galarza tiene 19 años, es estudiante de abogacía e hija de un policía. El viernes despidió a su novio a través de Instagram, con una foto que decía ‘5 años juntos, peleando, yendo y viniendo pero siempre con el mismo amor. Te amo para siempre mi ángel‘, al mismo tiempo, era convocada por el fiscal para declarar, a raíz de haber sido la última persona que vio con vida a Fernando Pastorizzo”, comienza la nota de Perfil titulada “¿Quién es Nahir Galarza, la joven de 19 años que asesinó a su novio?”. Después, no dice mucho. Dos o tres párrafos, en los que cuenta algo sobre el remisero que encontró el cuerpo y la declaración posterior de Nahir. ¿El título es inexacto, o en serio estamos asistiendo a un show donde no importa quién es la supuesta asesina, sino qué hizo y cómo disparó? O, peor aún, ¿en serio el periodismo está sosteniendo que Nahir Galarza es eso? Es decir, para Perfil, Nahir es una asesina que postea cosas en Instagram mientras simula no haber cometido un crimen. Nahir es la persona que escapó, la persona que confesó, la hija de un policía con un arma reglamentaria. Pero ¿a alguien le importa, acaso, saber quién es Nahir, quién fue Nahir antes de lo sucedido?

En el mismo diario, una nota titulada Amiga de Nahir Galarza: “Estaba con una asesina y no me daba cuenta”, da cuenta de los tweets de una amiga de Nahir, con la que afirman que no pudieron establecer una comunicación.

En la conversación, que muestra el diario, que la chica de los tweets tuvo con su amiga, hay una clara denuncia de violencia por parte de Nahir. Pero ¿la nota decide remarcar esto? No.

El copete ya dice un montón: “La amiga reconoció en Twitter que golpeó a Pastorizzo pero aseguró: ‘nadie puede defender a una asesina y mentirosa’”. La nota cierra, antes de mostrar la seguidilla de tweets, diciendo que “Cinco días después, Nahir confesó haber asesinado al joven de dos disparos en el pecho con el arma de Marcelo, su padre policía.”

Nada es categórico, al parecer, pero en estos tiempos donde investigar parece ser poner un nombre en el buscador de la red social del pajarito y ver qué sale, un par de cosas escritas por una joven conmocionada pueden ser un buen caudal de información, desde el cual se puede sostener una nota que no diga nada, pero juzgue.

¿Qué vuelve importante este caso?

¿El hombre asesinado, o la mujer asesina? ¿La víctima, o la victimaria? ¿La víctima, o el victimario?

Según Horacio Dargainz, abogado de Nahir, “lo que condenan son las pruebas y dentro del mismo expediente está todo”. “Queremos que quede claro que ella pasó por un gran trauma durante varios años con este chico y que terminó con el peor desenlace. El círculo de la violencia se cierra con la muerte de la victima. Pero en este caso fue al revés”, agregó. Y Victor Rebossio, otro de los abogados, afirmó que “lo que pasó es algo que ella no buscó. (…) Esto era una relación de jóvenes muy, muy violenta. Nuestra clienta aparecía golpeada todo el tiempo. En nuestro país matan a una mujer cada 30 horas y parece que estamos acostumbrados y lo convalidamos. Sin embargo, cuando le pasa a un hombre esto adquiere otra resonancia”. “Tuvo un acceso ocasional al arma. Estaba arriba de la heladera en un momento en el que él la obliga a salir de su casa. Cuando era forzada a salir, vio el arma y, en ella, una forma de defensa como cualquier persona cuando es atacada. Tomó el arma sin saber si estaba cargada y la escondió entre sus ropas”, detalló.

“Ella estaba inmersa en un círculo de violencia. En los celulares saldrá la prueba de que estuvo sometida a violencia de género durante años”, sentenció el abogado, antes de confirmar que pedirán el cambio de carátula de homicidio doblemente agravado a violencia de género.

No es Fernando Pastorizzo lo que importa, al parecer. Pero, ojo. Tampoco es Nahir. Lo que importa es lo que hay detrás: la posibilidad de volver a instalar esto de que la violencia puede ser bilateral. Como si el feminismo olvidara que la violencia puede ser incluso multilateral y que la única violencia no es la que termina en muerte.

Sin demasiadas certezas, podemos hacernos una idea en la que tanto Fernando como Nahir han sido, respectivamente, víctimas y victimarios. Desde el vamos, por la violencia misma que impone el deber de cumplir con el rol genérico asignado. Y después, por las consecuencias que, muchas veces, acarrea vivir una relación de amor romántico. Demonizar a Fernando en este momento es una falta de respeto a una familia que hoy llora a un hijo. Pero demonizar a Nahir también. ¿O es que ella, asesina y despiadada, nació de un repollo?

Hay que manejar la información responsablemente. Emitir un juicio de valor cuando una causa está en curso y ni la justicia puede determinar ningún absoluto no es un ejemplo de periodismo. Pero ya estamos acostumbrados…

La mala víctima

Por lo que se puede leer, es probable que en la pareja haya habido una violencia bilateral, digna de una relación con patrones de violencia de género. Es decir, la gente suele establecer que la violencia de género se da cuando el hombre somete a la mujer y punto. Se imagina a la mujer en constante sumisión, y nada más. Pero muchas veces estas relaciones dan cuenta de una violencia bilateral, que lejos de sacar de escena la violencia de género, la resignifican: la mujer responde y es parte de esa violencia ejercida el hecho de hacerla incidir en la misma. Se la hace entrar en un círculo: para no perder el vínculo, por el motivo que sea, la víctima soporta la violencia y, cada tanto, se deja explotar. No hace falta más que ver las estadísticas de mujeres privadas de libertad. La mayoría, ingresan en el sistema penal por haberse defendido de violencias de género, incluso ya denunciadas. La figura de Higui es un buen ejemplo.

Nahir Galarza, si vivió violencia de género, no es una buena víctima. La buena víctima es la víctima que muere. El resto, no. El resto, si mata, es victimaria, y si soporta en silencio, es casi cómplice. “¿Por qué no denunció antes?”, preguntan. “¿Por qué no se fue?”. Como si la violencia tuviera una clara salida, un cartel luminoso en la puerta que rece “EXIT”.

El feminismo, la tele y el periodista hegemónico promedio

“Una chica de Gualeguaychú mató a balazos a su novio de 21 años. Fue presa? No, fue al área psiquiátrica de un hospital. Si hubiera sido al revés, el chico estaría ya mismo con perpetua. El feminismo no es igualdad; es privilegio”. ¿Quién lo dijo?

Agustín Laje es hoy en día un formador de opinión un tanto salido del rol del buen periodista, digamos, de informar rigurosamente. A raíz de una respuesta de la hermana del joven por twitter, respondió: “No sé si te diste cuenta, pero el caso de tu hermano revienta gran parte del relato feminista. Hace falta estudiar un poco más antes de definirse”.

El golpear al feminismo era el quid de la cuestión. Si Agustín Laje pide perpetua para Nahir, lo está pidiendo ¿por la familia del joven? No. La familia no importa: si se interpone en el camino, se la manda a estudiar. ¿Entonces?

Hace unos días, Facundo Arana dio unas divinas lecciones de vida para jóvenes que todavía no han encontrado la realización personal: nos recordó que para realizarnos debemos tener hijos. Pero Facundo es comprensivo, entonces aclaró que, por supuesto, las mujeres que no tienen hijos pueden igual realizarse con un sobrino o un hijo de amiga.

Si en la tele, en los medios, en la publicidad, en la literatura, en la educación curricular y en todo lo que consumimos nos enseñan que casarse y tener hijos es la máxima aspiración femenina, ¿cómo pretenden que nos corramos bien rápido cuando somos violentadas, pero aunque sea tenemos una pareja con la que realizar nuestra máxima aspiración?

Ni una menos y nadie menos: el feminismo que busca acabar con toda violencia

Cuando el feminismo pide #NiUnaMenos no está pidiendo que sólo se dejen de asesinar mujeres y que el resto muera con total normalidad. Cuando el feminismo pide #NiUnaMenos lo que hace es pedir que cese la violencia contra las mujeres para acabar también con la violencia hacia el hombre.

Pongámoslo claro: la palabra deconstrucción no es una palabra de adorno. El feminismo, ese movimiento que apunta a deconstruir todo y que incomoda, también quiere comprender lo que sucede cuando una mujer se agota y dice basta. Tanto hombre como mujer actúan, siempre, guiados por una serie enorme de construcciones sociales precargadas, preconcebidas y muchas veces no analizadas. Complejizar las relaciones de amor romántico también es parte de culminar con todo esto.

En su muro de Facebook, la hermana de Fernando escribió

“La lucha feminista contra la violencia de género busca también visibilizar la violencia de mujeres hacia hombres, situaciones que no son denunciadas por las burlas impuestas por el patriarcado. Hoy le tocó a mi familia, y voy a luchar con más fuerzas que nunca porque nunca más pase algo así, que se genere conciencia acerca de las relaciones tóxicas y cuán importante es alejarse de ellas. Infinitas gracias a todos por estar conmigo, hoy dimensioné que estoy rodeada de gente hermosa que me quiere mucho. Ahora solo espero que se haga justicia así hay paz en mi familia”.

La hermana de Fernando es adolescente, como Nahir, y lejos de punitivizar la cuestión intenta lograr una conciencia superior. Debemos aprender de ella, y no olvidar que muchas veces esas relaciones tóxicas que mencionan son el ejemplo supremo de una buena relación de amor.

El tiro de Nahir

Nahir Galarza, la mala víctima. Preguntémonos, cuestionemos: ¿qué habría pasado si el tiro de gracia se hubiera dado vuelta, si la víctima, en lugar de asesinar a Fernando, hubiera decidido culminar con el calvario al revés?

Si Nahir se suicidaba, ayer los medios la compadecían, hoy titulaban #NiUnaMenos y mañana pasaban de página, una vez más.

Fuente CLV  http://www.corriendolavoz.com.ar – 5/1/2018

Foto: Nahir en su fiesta de 15, expuesta por Jorge Zonzini, vocero de la familia

Gabriela Krause es periodista, escritora, editora de Géneros y Breve Eternidad, poeta, feminista.

 

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