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Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

Ni chiquitas ni precarias ni provisorias: las radios comunitarias argentinas

Diálogos con Claudia Villamayor, una de las voces más autorizadas en América latina sobre comunicación popular y gestión de medios comunitarios.

 

Desde la irrupción de la radiofonía en los sistemas de medios, la puja por la palabra ha sido una batalla encarnizada por imponer subjetividades de toda índole. Una de ellas es la que identifica los medios como una instancia más del mercado y su poder. Sin embargo, hay un sector heterogéneo de la radiofonía difícil de clasificar, cuyos intereses se encuentran tan lejos del mercado como de los poderes de turno. De ese sector y de las aspiraciones y necesidades a las que busca dar voz, hablamos con 

Claudia Villamayor

, docente e investigadora de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata y de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Quilmes; periodista; comunicadora social y una de las voces más autorizadas en América latina sobre comunicación popular y gestión de medios comunitarios.

—Podemos decir que hay un campo de radiofonía comercial o radio fórmula y un campo de distintas configuraciones radiales de corte popular, cooperativo. ¿Cuál es la importancia de este campo en la vida cotidiana de las personas?

—Eso hay que medirlo a partir del nivel de desarrollo que tengan los medios comunitarios, populares, cooperativos donde están insertos (hablando de aquellos que no son multiplataformas), por un lado, y, por otro, el despliegue de la industria mediática corporativa. Es decir, desde el punto de vista de su proyecto polìtico-comunicacional; en ambos casos, no son iguales. 

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Los modos en que se conciben esos medios parten de premisas diferentes, y sus formas de articulación con sus respectivos públicos, con las audiencias y con las comunidades a las que llegan, también.

 Es decir, las radios comerciales tienen una concepción más claramente vinculada al negocio. No las estoy demonizando, simplemente estoy diciendo que me pongo un proyecto mediático con una finalidad lucrativa y diseño una estrategia programática de comunicación que se mide por la ley de la oferta y la demanda. Eso no quiere decir que se vaya en contra de la libertad de expresión pero algunos casos estarán regulados por el fin de lucro.

En el caso de los medios comunitarios, populares, cooperativos, indígenas y asociativos de organizaciones sin fines de lucro, está mucho más vinculado a regular la estrategia programática desde el punto de vista de las necesidades y realidades de las comunidades a las que se dirigen.

 Eso en cuanto a la concepción del medio, ahí la comunicación es un bien social. Eso no quiere decir con fines de pérdida, tiene que ver con la rentabilidad, pero no con la pérdida necesariamente. Entonces, cada vez que pensás esas estrategias, primero hay que pensar qué tipo de proyecto político-comunicacional tienen unos medios y otros. Son diferenciados, eso por un lado. Si me das a elegir a mí, siempre voy a elegir aquellos que tiene que ver con la concepción de la comunicación como un bien social.

Ahora bien, los medios comerciales tienen larga data en Argentina, en América Latina y en el mundo. Son parte de la industria cultural, entonces han sido parte actora, por decirlo de alguna manera, del modo en que se ha moldeado el capitalismo y la cultura, la cultura en la vida cotidiana. Entonces, hay un modo de producir esos medios, pero también de consumirlos, de crear opinión, de fijar agenda, de construir sentido. Hace parte de la vida cotidiana de la gente. Entonces lo que los diferencia es la potencia con la que unos se despliegan, de acuerdo a los recursos que tienen y a las potencias que tienen otros. Ahora bien, dentro de lo que son los medios asociativos, la fortaleza está muy ligada, mucho más que en cualquier otro medio, a la cotidianidad precisamente por su cercanía programática, por los temas que hacen a los intereses más cotidianos de las comunidades en donde están insertas. Eso es particularmente específico de medios locales y comunitarios.

—Y en este statu quo donde son los medios comerciales los que predominan, ¿en qué sentido enriquecen el ecosistema de medios?

—Eso de que predominan es relativo. Son hegemónicos. No siempre predominan por ser hegemónicos. Si yo pensara eso, no creería que se le puede hacer insurgencia. Y a lo largo de la historia de América Latina y en los últimos doscientos años de historia, medios que comenzaron pequeños causaron revoluciones comunicativas. Para muestra, basta revisar la historia Argentina o la historia centroamericana, por ejemplo.

Entonces, hay que ver primero qué quiere decir ecosistema mediático. Para mí, es una denominación a la que, por lo menos, me gustaría interpelar porque siempre que hablemos de ecosistema mediático tenemos que hablar de ciertos equilibrios que, si uno entiende la comunicación situada, los equilibrios comunicativos no existen; por el contrario, siempre ha primado una comunicación vertical, una comunicación que ha silenciado a las grandes mayorías con conflictos sociales y exclusiones importantes. La hegemonía de la industria mediática, como me gusta llamarla más a mí, sí tiene muy claro para qué existe, y no es igual a lo largo de las décadas.

En mi opinión, un sistema democrático en donde la preeminencia la tienen los medios comerciales oligopólicos o monopólicos está muy lejos de garantizar ecosistemas mediáticos o comunicativos ni soberanías comunicacionales; por el contrario, lo que están garantizando es un statu quo vinculado a los sistemas de poder.

Son garantes, más bien de la voz cantante de los que tienen el poder y la plata y que no son sólo medio de comunicación. Entonces yo para hablar de ecosistema de medios primero tengo que pensar siempre desde el lugar del medidor de la justicia social. Y en ese sentido, yo prefiero hablar de soberanía de la comunicación. Voy a medir a una sociedad en cómo está en términos de derecho a la comunicación, su soberanía comunicativa. Y si su soberanía comunicativa me dice que la hegemonía la tienen los medios de las corporaciones es una democracia débil.

—En esa línea, hay algunos autores que hablan de “desertificación informativa”. Van perdiendo espacio los medios comunitarios, medios más pequeños en favor de grandes medios centralizados en las capitales de los países. ¿Cuál es el estado en la Argentina en este momento de esas radios que son parte de pueblos, de las ciudades pequeñas y que en este momento económico tienen que subsistir?

—El gran problema lo tienen esos autores, en primer lugar, porque siempre han considerado a los medios comunitarios, populares, alternativos y todas sus denominaciones como “medios pequeños, precarios y provisorios”, casi como los hermanos pobres dentro del campo de la comunicación. Ahí hay problema de concepción fundante para pensar los medios de comunicación en los sistemas democráticos. Un segundo problema que observo es el costado fáctico. 

Los emprendimientos que hacen, gestan o desatan procesos emancipatorios comienzan pequeños precisamente porque la concepción vertical de la sociedad y la preeminencia del capital favorece un tipo de medio de comunicación.

 No es que eso depende de la voluntad de un grupo social de hacerlo pequeño, chiquito, de un pueblo en una provincia; surgen desde abajo para arriba con muy pocos recursos, con la voluntad de colectivos sociales precisamente como surge el emprendimiento de viviendas colectivas, de la soberanía alimentaria. Es decir, todas las soberanías posibles: de la educación, la alimentación, de la vivienda, del trabajo. Todo lo que tenga que ver con un sistema social igualitario y que distribuya riqueza donde reina el capitalismo es visto como minoritario. Decime, vos: los emprendimientos de la economía social y solidaria cuán hegemónicos son. Surgen en circuitos más pequeños, precisamente, porque no son hegemónicos.

¿Qué es lo hegemónico? El principal genocida decía el Che Guevara, es el capitalismo. Esos emprendimientos que surgen en un esquema de espiral dialéctica, cuando más quieren hacerse mayoritarios y ser preeminentes es cuando son atacados. Un ejemplo muy claro es la 

Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual

, que nunca se implementó a los fines a los que fue concebida, en especial con los medios comunitarios. Eran chiquitos, eran precarios, eran provisorios, eran de corto alcance a los pueblitos hasta que empezaron a ser reconocidos por la ley, hasta que la radio estuvo en manos de los Wichis. ¿Por qué necesitás interpelarnos, incautarles los equipos, perseguirlos como pasó con FM Ocupa, por ejemplo, en la localidad de Moreno? No hay presupuesto desde el Estado para solventar −en esta era macrista menos−, porque hay un problema central: deja de ser éste pequeño, precario y provisorio cuando se trata de repartir. Pasa lo mismo con la tierra, con el agua, con la producción agropecuaria. Pasa con todos los rubros de la sociedad, porque, 

en el fondo, lo que está en discusión no son solo los medios, es el modelo de sociedad que querés; y generalmente, cuando hay necesidades tan radicales como la necesidad del ejercicio del derecho a la comunicación, tanto como el alimento, la vivienda, la tierra, el trabajo; cuando no se cumple y eso no lo garantiza el Estado, hay iniciativas locales y grupos sociales que se organizan a través de sociedades sin fines de lucro, cooperativas, todos las formatos del sector social

 –como los denominó la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual– que toman la iniciativa de tener sus propios medios. Entonces, es como pensar cualquier rubro de la agenda de los Derechos Humanos, cuando esos derechos no son ejercidos, pasa como la fumarola de un volcán: va a surgir desde algún lugar porque eso es una emergencia, es la emergencia del trabajo, la emergencia de la salud, la emergencia de la comunicación.

La libertad de expresión y el derecho a la comunicación no parten de la voluntad del que tiene el capital, parte de la voluntad de los diferentes colectivos sociales que habitan en una sociedad. Habrá ecosistema cuando eso se construya.

De base, no me aparece como certeza, como certeza previa no hay. Es una construcción. Por empezar, si nosotros estudiamos las industrias y los modelos como se constituyen los procesos hegemónicos, estamos al horno. Yo siempre voy a elegir desde el lugar, no del chiquito, precario y provisorio. Esa es una concepción. Pregúntale a cualquier medio comunitario si nació para ser chiquito. Te vas a encontrar con una gran sorpresa. Surge desde ahí porque esas voces no son escuchadas. Esas voces no hablan, son los ninguneados, los nadies, no solamente por los sistemas de medios nacionales e internacionales, sino también por la Academia.

—Hablaba de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual con sus idas y vueltas. Gracias a ella se otorgaron algunas licencias. ¿En qué medida esas licencias que se otorgaron afianzaron medios que ya existían y promovieron nuevos?

—Hablaba de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual con sus idas y vueltas. Gracias a ella se otorgaron algunas licencias. ¿En qué medida esas licencias que se otorgaron afianzaron medios que ya existían y promovieron nuevos? En los seis años que tuvimos la ley tal cual la pensamos -hablo en plural porque yo fui parte de un colectivo gigante que en la República Argentina escribió esa ley y que por supuesto tuvo abogados con una experticia sustantiva que terminó definiendo-, pero los distintos grupos sociales que participamos de los foros previos que acabaron 26522, a lo que apuntaban era a que hubiera tres sectores fundamentales: los privados, los públicos y los del sector social.

Luego hay una fase que es la de la implementación de la ley. No fueron seis mil años ni diez. Fueron seis. En esos años no se terminó de implementar, y lejos estuvo de hacerle justicia a todo el espectro del sector social. Promovió el surgimiento de medios escolares, promovió el surgimiento de las radios socioeducativas, de televisoras comunitarias, de productoras audiovisuales comunitarias, tendió a emprolijar el espectro radioeléctrico, como se le solía decir en una época. Todo lo que vos quieras. Ahora, lograr la asignación de frecuencias para todos, como estaba pensado, no se hizo.

Hasta el 2015, y mucho menos luego, por más que no se tocara el articulado, se tocaron algunos que le abrieron el grifo a los que lo tienen todo. Entonces es una manera de acallar a los medios comunitarios, tanto como no pagar los FOMECA, o demorarlos, llamarlos a reuniones que se postergan diez veces…, simular una atención democrática y un cumplimiento de la ley en la era macrista ha sido el ida y vuelta de estos 3 años y medio en lo que no se cumplió absolutamente nada. A mí no me sirven las estadísticas que digan: “No, bueno, hubo porcentaje menor durante la etapa del gobierno kirchnerista y hubo uno mayor en la etapa del gobierno macrista”, me dan datos pero no me hablan de la política real de la aplicación de una política de derecho a la comunicación. No puedo sacarte una foto parcial y no ver el conjunto. 

Creo que en estos años lo que no ha sido posible –y ya estamos en una etapa de un balance muy negativo– es el beneficio que han tenido los medios comunitarios. Si se hubiese aplicado la ley como estaba, habríamos estado en una situación muy distinta a como estamos ahora. Actualmente estamos muchísimo más lejos porque básicamente la ley como nosotros la soñamos está mutilada. No está derogada, pero está destruida.

—¿Las asociaciones que nuclean estas experiencias y estos proyectos comunicacionales consiguieron consolidar al sector como un agente de la comunicación o todavía necesitan de un articulado mayor?

El Foro Argentino de Radios Comunitarias (FARCO) es un ejemplo clarísimo de cómo se constituye un actor social sólido, fuerte, que ha vencido muchísimos avatares.

 Pensá que desde la reapertura democrática hace 34 años vienen surgiendo radios comunitarias en toda la Argentina. Entre el 84 y el 89 hubo una explosión de FM baja potencia brutal, en las cuales una parte eran comunitarias y ya tuvieron los primeros agrupamientos en la Asociación de radios comunitarias llamada ARCO. Después hubo dos etapas: una que fue la Federación de Radios Comunitarias, también llamada FARCO, que duró 2 años; y luego en 1995-1996 que se hizo el Foro, como existe en la actualidad y que perduró a lo largo de los años y cada vez son más. Son 120 emisoras en la actualidad que están distribuidas en toda la Argentina. Como actor, me saco el sombrero ante la capacidad de haber funcionado con recursos y sin ellos. Han resistido los años 90. Eso me cuesta menos de diez segundos decirlo, pero haberlo vivido y lo que significó… haber sobrevivido, haber existido y haber sido parte de la cocina de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual yo creo que es un logro con el que no hay que confundirse.

Cada uno se apropia de quién escribió la ley. Los del sector universitario, los abogados que han trabajado sobre el derecho a la comunicación, los que han trabajado por los derechos laborales de los trabajadores de prensa, todos son protagonistas de la ley. Yo no le conozco el protagonismo a nadie. Ahora, no me cabe ninguna duda de que hay una línea de coherencia rigurosa y sistemática por el derecho a la comunicación como lo hizo FARCO, creo que debe haber pocos. Parte del agrupamiento de la radios comunitarias –yo formé parte de FARCO y también de AMARC Argentina (Asociación Mundial de Radios Comunitarias) –. Al principio AMARC era FARCO y luego un grupo de radios se alejó. A ese agrupamiento quizás le cuesta un poco más sostenerse en el tiempo, pero no porque el agrupamiento sea en sí mismo débil, sino porque cuanto más extenso es el territorio, reunirse no es tan fácil. Aunque existan las redes, lo que es asambleario es mucho más difícil. Y la RNMA (Red Nacional de Medios Alternativos) es un agrupamiento también válido donde no son solo medios audiovisuales, sino también asociatividades individuales, también tienen instancias de reunión que me parece válida. Sin embargo, me parece que de esos tres el que ha ido sosteniendo muy en alianza es FARCO, con la voz cantante, junto con AMARC, que en los últimos años han sabido trabajar juntos; al igual que los medios cooperativos y los medios rurales. No te olvides de que 

entre el 2014 y la actualidad, se formaron cuarenta y dos radios rurales nuevas. Eso no existía antes, y también hacen parte de AMARC y FARCO.

 La red de radios cooperativas que no se reconoce afiliada a las otras redes, pero funcionan coordinadamente. Yo diría que a contrapelo de la historia, de los beneficios que inclusive ha traído la ley averiada, el sector ha crecido. Te dicen: “No, no tenés recursos, no tenés el Estado a favor”, este gobierno lo único que hizo fue abrirle el grifo a los medios corporativos…, es decir, todo está en contra, inclusive la sostenibilidad económica, incluso la sostenibilidad tecnológica. 

La ENACOM no está pensando en multiplicar medios rurales ni medios indígenas. Y sin embargo, todavía surgen. Eso es casi un síntoma de los últimos 34 años en la Argentina: cuando todo dice no, se multiplican.

—¿Y por qué surgen?

Te diría que es la razón de ser de la comunicación popular en América Latina y el mundo, porque el derecho es el cercenado, porque hay una voluntad colectiva de decir otra verdad posible, porque no son dos o tres. 

Desnaturalizar el vozarrón del que miente en la vida cotidiana de la gente es un impulso de vida.

En la historia de la humanidad siempre vas a encontrar una voluntad que desnaturalice el vozarrón del dominador y que quiera expresar su verdad, una verdad que está directamente ligada a la necesidad y al derecho. Si vos no tenés vivienda, querés tener vivienda. Si no tenés para comer, querés tener para comer. Si no podés hablar, querés tener por donde hablar. Si tenés pesticidas que te contaminan las aguas y crean cáncer, vas a querer tener agua saneada. El hecho de que exista una corporación gigante que garantiza agrotóxicos, que garantiza los agronegocios no quiere decir que no haya agrupamiento para vencer eso que es fagocitador de la salud de la gente. Si eso no viene de la política de un Estado y mucho menos viene de los sectores empresarios, va a surgir del sector que menos tiene, como cualquier derecho humano. Nosotros pensamos, algunos, que el Estado tiene que ser garante de eso. Si vos lo subsidiás, no es una dádiva, una acción caritativa. Ayuda al pobre, despliego un plan para darle una mano. No. 

Es un deber del Estado garantizar que todos tengan ese derecho al alcance de la mano. Lo cual no significa que la aplicación de esa política pública de manera estratégica para los grupos sociales se empoderen y sigan adelante sin considerarlo un regalo, sino que lo consideren una construcción política que garantice igualdad social.

Entonces, ¿por qué surge tu necesidad de ser estudiante universitario, primera generación de tu familia? Alguna vez uno de tu familia dijo: “Yo quiero estudiar en la universidad y tengo derecho”. Mientras hay alguien que te dice: “Los pobres no llegan a la universidad”. Yo también soy primera generación de universitarios en mi familia. Y tengo por lo menos 30 años más que vos. Entonces, siempre que haya una necesidad va a haber un derecho a ser reclamado y a ser ejercido. Hay voluntad de medios comunitarios no porque los otros no dicen nada. Como si se dijera que el día que los medios corporativos digan la verdad no va haber más medios comunitarios. No, eso no es así. 

Lo que están planteando es un modelo de sociedad diferente. ¿Diferente a qué? Diferente al modelo que hace sociedades para pocos, pero no para muchos, para todos. Donde el pan se comparta, donde la palabra tenga el valor de la verdad, de la militancia de la verdad.

 Para otros, la militancia de la verdad no es un valor porque lo que valen son las operaciones de prensa, la construcción de causas judiciales con medios de comunicación operando para que esas mentiras existan. Es la historia de la humanidad, es la historia del imperio romano. Bueno, un día cayó. Los medios comunitarios, como las artes, van a surgir, nunca se van a acabar.

Comunitario no quiere decir chiquito, de geografía pequeña, surgen así porque es una voluntad colectiva de gente que no tiene capital para ser aquel. Tampoco quiere ese aquel multimedio multiempresarial, quiere otra sociedad, otro sistema de medios, quiere otra cosa. No es que nacieron para ser hippies, nacieron para que no les alcanzara para la antena, nacieron para no tener salarios. De ninguna manera. 

De lo que se está hablando es de una militancia de la verdad, como diría Rodolfo Walsh, no tengo los recursos, pero no abandono la posibilidad de un sistema social igualitario. Porque si fuera así, todos tendríamos que abandonar todo tipo de lucha de cualquiera de los Derechos Humanos.

 ¿Abandonarías el derecho a la universidad pública porque –ojalá nunca suceda– se privatizaron las universidades por completo? No, vas a ir a pelear porque exista la universidad pública. Y si tenés que venir a trabajar gratis, lo vas a hacer, como lo hicimos muchos en la historia de la universidad pública, aunque eso no esté pasado ahora. Grandes contingentes de migrantes colombianos, ecuatorianos, brasileños, venezolanos vienen a estudiar a la Argentina a la universidad del Estado porque en sus países son pagas en su mayoría. No pueden hacer los doctorados, porque para pagarlos deberían reunir el salario de 5 miembros de su familia.

Los medios surgen porque hay una necesidad, porque hay un derecho no ejercido: que es el derecho a la comunicación de todos y todas.

Si a ese derecho lo medís por el que tiene el capital, y sí: van a perder. Pero si lo medís por la voluntad de crear sociedades más igualitarias, entonces estás pensando que no solo sin medios comunitarios no hay democracia, sino que otra sociedad es posible. Si no hubiera esa voluntad, ¿qué te queda? Analizarlos.

Sin embargo, 

el fin de semana, en Santa Victoria Este, un pueblo de 700 habitantes en donde se fundó una radio, que se llama Lhapakas, una radio wichi, es la única voz de la República Argentina que instaló en internet un juicio al Estado por las tierras que le debe. Las tierras que tienen Ledesma, Blaquier. ¿Viste algún medio corporativo cubriendo eso? El fin de semana estaba la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sentada con toda la comunidad. ¿Lo cubrió Clarín? ¿Lo cubrió TELAM? No, porque está Macri. Ese medio lo pudo hacer rebotar en las 120 radios de FARCO y en la red latinoamericana de radios comunitarias.

 Vos decís: “No se enteró doña Juana, que vive en Tucumán y Ayacucho en Capital Federal”. Ni siquiera se enteraron algunos miembros de las universidades. Tampoco nos enteramos de los feminicidios que acontecen en los pueblos. Tampoco nos enteramos de los abandonos por desnutrición. Aparece cuando aparecen en el espectáculo de los medios. Entonces, surgen porque son una necesidad de la democracia. Y más que de la democracia, de la justicia. Yo nunca desvalorizaría a un medio porque puede llegar a 15, 20, 30 km a la redonda, porque con ese criterio en los últimos ochenta años de América Latina, nos hubiéramos muerto de pena.

—¿Cómo se encuentra el sector de radios comunitarias en términos comparativos con otros países de la región?  

Ahora, en un pie de igualdad como no estábamos hace 3 años y medio. Con una ventaja: nos encuentra organizados. El nivel de fortaleza que tiene FARCO no es tan habitual de ser encontrado en otros países. Creo que hay un nivel de consolidación institucional muy fuerte por parte de las radios comunitarias que le ha permitido tener trece centros de formación, una gran capacidad de apertura para aliarse a otros sectores sociales, por ejemplo, la universidad pública.

En nuestro caso, la Universidad Nacional de Quilmes tiene un convenio muy fuerte con FARCO, y hemos hecho un trabajo colaborativo que tiende al fortalecimiento y a la capacitación. FARCO se ha ido aliando a la universidad, a organizaciones sindicales, a organizaciones sociales, a otros movimientos e, inclusive, a pararse frente a un Estado que le es adverso. Hemos ganado concursos y presentado proyectos. Hubo un gran despliegue desde el 2005 para acá del Foro, con una enorme capacidad de articulación territorial provincial, regional y nacional, con otras organizaciones de la sociedad civil, con la universidad pública; incluso, tuvo participación durante el segundo mandato de la 

Dra. Cristina Fernández de Kirchner

, en el debate de la implementación de la ley. Porque no fue una adhesión ciega, fue realmente una intervención, participó de la creación y ahora del reclamo.

Yo diría que es un espacio muy consolidado. Padece de los saberes negados, ¿de quiénes? De los que solo reconocen a los medios públicos y a los medios comerciales como los únicos actores principales del sistema de medios, de los que han entendido que la industria cultural es lo suficientemente poderosa para que los comunitarios no existan y de los que consideran a los medios como un negocio. Pero que existir, existe. No cabe la menor duda.

 

Fuente: latinta.com

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