Niñez y Territorio: Organizar la bronca, construir la esperanza: Infancias y juventudes dignas, para el barrio que queremos.

El 10 de diciembre se cumplió un año desde que Mauricio Macri es el presidente de la Argentina. La situación se ha vuelto más compleja para los sectores populares, ya que el escenario que se vino configurando este último tiempo resultó poco favorable no sólo para el bolsillo de los y las trabajadores, sino que también devino en un desgaste aún mayor de sus condiciones de vida.

Niñez y Territorio:
Organizar la bronca, construir la esperanza: Infancias y juventudes dignas, para el barrio que queremos…

María Mercedes Abugauch, Sabrina Bullones y Natalia González,
militantes del Colectivo de la Casa Cultural “La Andariega”,
en la Corriente Popular “Juana Azurduy”.

El 10 de diciembre se cumplió un año desde que Mauricio Macri es el presidente de la Argentina. La situación se ha vuelto más compleja para los sectores populares, ya que el escenario que se vino configurando este último tiempo resultó poco favorable no sólo para el bolsillo de los y las trabajadores, sino que también devino en un desgaste aún mayor de sus condiciones de vida.

Si bien en la Ciudad de Buenos Aires hace varios años que tenemos que lidiar con el gobierno del Pro, a partir del triunfo de Cambiemos a nivel nacional las cosas se han hecho aún más cuesta arriba. Vemos que la presencia de esta alianza en los gobiernos de CABA, Provincia de Buenos Aires y Nación, sumado a la complicidad de las distintas variantes Pejotistas, no hicieron más que inclinar más la balanza política y económica para el lado de los intereses de los sectores ligados al capital financiero e internacional.

¿Cómo se traduce esto en lo cotidiano? Para empezar, el balance más palpable lo representan miles de nuevos/as desempleados/as en simultáneo con altísimas subas en la canasta básica, en el costo de vida y en los servicios (tarifazos de luz, gas y transporte principalmente), con inversiones prometidas que nunca llegaron, con la eliminación de las retenciones al sector empresarial del campo, y con una larga lista de etcéteras.

A su vez, en los barrios más pobres donde vivimos, trabajamos y militamos vemos una mayor presencia de las fuerzas represivas. A la Gendarmería y Prefectura que circulaban y hostigaban ya en los barrios del sur de la Ciudad, se suma ahora la Policía Federal. Este movimiento acompañado también por una profundización en los discursos mediáticos que nos estigmatizan y criminalizan.

Se profundizaron en consecuencia también los negocios del narcotráfico, financiado por los sectores más poderosos de nuestra región y amparado por las mismas fuerzas de seguridad. En esta situación, vemos como estas mafias crecen a cuestas de nuestros pibes y pibas, quienes muchas veces quedan en el medio como “soldados” para la distribución y/o como consumidores, y muchas otras son las víctimas que pagan con su vida y mueren por el hecho de vivir en el barrio.

Así también, vemos cómo las políticas educativas vinculadas con el acceso a la escolaridad obligatoria y la producción de materiales educativos por parte del Estado están siendo rápidamente desmanteladas. Esto se manifiesta en los fuertes recortes en el presupuesto dirigidos no sólo a la Escuela Pública de Gestión Estatal, sino también en el recorte en múltiples programas educativos y culturales orientados a niños, niñas y jóvenes (la situación de los programas de orquestas en la Ciudad y en el país, son un claro ejemplo de esto).

En este escenario, las condiciones de vida de las familias de los barrios se hacen más difíciles por los despidos así como por la creciente precarización laboral. Al crecer el número de madres y padres, entre otros referentes de hogares, explotados por sus laburos o fuera del mercado de trabajo, cotidianamente vivenciamos el hambre, la necesidad y la desidia en las familias con las que construimos a diario.

Por todo esto, no cabe duda que este primer año ha sido duro. Para los/las laburantes este escenario se profundizó a lo largo de estos 12 meses llevándonos a pensar estrategias creativas para “ganarse el mango”. Para los pibes y pibas sin espacios de contención y participación, este desamparo implicó estar en la calle, a merced de las situaciones de violencia que las mafias, las fuerzas de seguridad y la criminalización mediática propician con complicidad del Estado.

Sin embargo, este año fue también -y sobre todo- un año de luchas, de necesidad de organizarse y defender lo propio, más aún que otros años. Para las organizaciones sociales, esta última fue nuestra alternativa. Así como al “mal tiempo, buena cara”, a este gobierno cipayo decidimos hacerle frente redoblando las apuestas organizativas en nuestros barrios.

Nuestra Casa Cultural trabaja hace ya cinco años (aunque dos con espacio propio) con niños, niñas y jóvenes de la villa 21/24 – NHT Zavaleta, en Barracas. En La Andariega, venimos haciendo un camino que nos compromete cada vez más con las familias en las luchas por mejorar las condiciones de vida y, particularmente, por construir lo que entendemos por infancias y juventudes dignas, que nos permitan crecer con la posibilidad de pensar críticamente, de tomar decisiones sobre lo que nos gusta y hace bien, y de organizarnos para transformar aquello que nos oprime y violenta. Para esto, nos encontramos en talleres y en asambleas, y planificamos intervenciones en las calles del barrio, para visibilizar nuestras ideas y avanzar en lo que queremos construir.

Infancia digna es, para todxs, todo.

De esta manera, pusimos manos a la obra para transformar estas condiciones adversas e injustas en organización. Ya otras experiencias nos han orientado en este camino, de transformar la bronca en acción conjunta, para no perdernos entre las lágrimas y avanzar en las luchas por un mundo más justo e igualitario. Así como el Bodegón Cultural en Ludueña tomó a las hormigas para hacer símbolo y multiplicar la vida y lucha del Pocho Leprati; así como todos los pibes y pibas de los barrios se identifican con la gorra de Luciano Arruga frente a la criminalización y a la estigmatización; nosotrxs construimos alrededor de las grullas el sentido de lo que entendemos por una infancia digna.

No nos fue fácil. Luego del dolor por la pérdida de Kevin en Zavaleta, sufrimos el asesinato de Cinthia, vecina de Tierra Amarilla, alumna de la escuela en la que trabajamos, amiga de niños y niñas de nuestra casa. Entendimos de la manera más cruda posible, que la vida de nuestros pibes y pibas se define por la vulneración de sus derechos: la falta de escuelas y vacantes atenta contra su derecho a una educación digna; la falta de políticas de urbanización en los barrios populares y asentamientos atenta contra su derecho a una vivienda digna; la falta de insumos y la saturación de las salitas atenta contra sus derechos a una salud digna, así como las ambulancias que no ingresan a los barrios aunque estemos con el último aliento. Como vemos, es el valor mismo de la dignidad el que está en juego y, como si fuera poco, cuando estas condiciones de violencia estructural (para nada arbitrarias o naturales, sino estructurales y sistémicas) se manifiestan en formas concretas de violencia que estallan por la presión que la desigualdad ejerce, no sólo es el derecho a la vida digna el que se pone en riesgo, sino la vida misma.

En este contexto, sentimos muchas veces que se nos arranca cualquier posibilidad de elección. Sin embargo, al encontrarnos en el abrazo, al compartir la inmensa bronca e impotencia que genera el hecho de que los derechos de los pibes y pibas se vulneren impunemente, es que entendimos que debíamos denunciar estas acciones perversas, pero también intervenir para transformar esta situación. Así, comenzamos a construir un sentido propio sobre lo que significa la infancia, la que tenemos y la que deseamos. En este anhelo de construir la infancia que queremos, dimos los primeros pasos a partir de lo que las grullas significan. Tomamos como forma de cristalizar nuestras ideas, el relato que sostiene que al llegar a las mil grullas de papel, se puede alcanzar un deseo. Nuestro deseo fue la infancia digna y nuestro desafío pensar todo lo que ella implica y cómo construirla.

Desde las organizaciones, pero también desde las escuelas y otras instituciones como la Parroquia Caacupé y las salitas del barrio, entre otras, pusimos en marcha una Caravana por la Niñez que recorrió distintos pasillos del barrio y nos encontró a todxs frente a la escuela donde Cinthia asistió. En el camino, dejamos huella con las grullas que dibujamos en el recorrido realizado, aquel domingo 15 de marzo en el que Cinthia cumplía 9 años. Las mismas confluyeron con las cientos de grullas que chicos y chicas de las organizaciones e instituciones habían realizado, con sus deseos escritos sobre la infancia que querían. Entre cientos y cientos, mil grullas fuimos juntando. De este rincón y de aquel de la 21, pibes y pibas reflexionaron y escribieron sobre cómo querían vivir. Sobre qué infancia querían tener.

Este año, asumimos la responsabilidad de volver a poner sobre la mesa que nuestros pibes y pibas viven en una situación de riesgo, que sus vidas y toda su trayectoria están atravesadas por la vulneración de sus derechos. Frente a un nuevo cumpleaños de Cinthia, impulsamos un Festival por una Infancia Digna en el Parque Pereyra, lugar de juego y alegría para los pibes y pibas, pero también para otras personas que no viven en el barrio. En el mismo, nos encontramos organizaciones y redes de articulación, trabajadores, trabajadoras, artistas, educadores y educadoras, los curas de la Caacupé, los maestros y maestras de las escuelas, las familias y los mismos pibes y pibas para decir que no queremos “ni una bala más, ni un pibx menos”. Se cristalizó todo lo que venimos construyendo en la práctica diaria junto a las luchas que recuperamos y resignificamos todos los días. Seguimos denunciando que “el hambre es un crimen”, y reafirmando que “con ternura, venceremos”. Estos sentidos orientan la práctica en nuestros espacios de participación para niños y niñas; alimentan nuestro deseo de construir vidas dignas y afirman nuestra certeza de que infancia digna es: para todxs, todo.

Cuando lxs pibxs pintaron la ciudad de ternura.

El 25 y 26 de octubre, numerosas organizaciones e instituciones junto con el Encuentro Niñez y Territorio, realizamos una caravana que comenzó en La Plata y terminó en Plaza de Mayo con más de 400 personas en las calles. La convocatoria de la misma volvía a poner en escena la necesidad (y la falta) de políticas públicas: “La penalización de los pibes y pibas, las detenciones arbitrarias, el acoso de las fuerzas policiales, los intentos de bajar la edad punible, la precariedad de los recursos que permitan estrategias alternativas a la privación de la libertad, el debilitamiento de los organismos de derechos de la niñez, la ausencia de políticas públicas sociales que permitan a los pibes y pibas proyectar una vida digna son dimensiones de esta realidad que se suman al encierro en los territorios marcados por la exclusión que se han vuelto cárceles para los pibes y las pibas acorralados por la pobreza, la indiferencia social, la estigmatización y el triunfo del discurso del miedo.”1

A partir de dicha iniciativa decidimos sumarnos a la caravana para poder visibilizar esta situación en el barrio, junto a cientos de pibas/es que vendrían desde La Plata, Quilmes y Wilde. Nuevamente nos encontramos en el barrio organizaciones e instituciones y organizamos una parada de la Caravana para recorrer los pasillos de la 21, caminar juntos/as y con otros/as el mismo barro que caminamos todos los días. Así, el miércoles 26 de octubre desde muy temprano cientos de chicos, chicas, educadores y educadoras recorrimos la Iglesia, los espacios culturales, las escuelas, la casa del niño y el adolescente por el Pasaje Daniel de La Sierra. Cantando, bailando y sobre todo gritando que “los pibes y las pibas no somos peligrosos, sino que estamos en peligro”. En forma de avioncitos de papel volaron los reclamos y los sueños: por más y mejores políticas hacia la niñez y la juventud, por el crecimiento de las iniciativas que garanticen sus derechos a una vida digna.

Más tarde, pudimos ver cómo la Plaza de Mayo se llenaba de pibes y pibas cansados/as de ser un número más en las crónicas policiales. Se llenó también de ternura, de esperanza y les mostramos hasta quienes no querían ver que las infancias y las juventudes de nuestros barrios sueñan y construyen alternativas frente al atropello total de sus derechos y libertades. Tambores, caritas pintadas y alegría de carnaval fue la forma de decir “acá estamos”.

Donde lxs pibxs construyen, lxs adultxs acompañan.

De esta manera, entendemos que las organizaciones nos encontramos poniendo el cuerpo en una doble disputa. Por un lado, el escenario actual nos obliga a avanzar en la lucha por defender y avanzar en las conquistas por más recursos y presupuesto para los espacios que trabajamos con pibes y pibas. A su vez, a esta tarea se suma la complejidad creciente de construir otros sentidos en la opinión pública, que disputen tanto los discursos que sostienen las políticas de criminalización, como las más asistencialistas. Frente a las políticas de ajuste, al clientelismo y el miedo, las organizaciones nos encontramos, reflexionamos y movilizamos.

Por esto, hoy estamos construyendo espacios donde los pibes y pibas puedan encontrarse, mirarse, reconocerse, preguntarse y saberse -junto a otros/as- sujetos políticos, capaces de tomar decisiones sobre cómo quieren vivir, de qué manera. Entendemos que es fundamental, como adultos/as referentes, tender puentes para poder potenciar el rol de los pibes y pibas, para que se sientan protagonistas de su propia vida, que su voz y su presencia tome forma. Para que construyan sus diferentes simbologías, esas que los/las identifican y ayudan a formar sus identidades; y desde ahí poder potenciar su participación y organización.

En ese camino estamos, buscando que nuestras grullas y avioncitos de papel tomen vuelo y se transformen en acción, en defensa de lo justo, en transformación de la realidad. Que en ese vuelo se encuentren con otros/as y que seamos cada vez más los y las que creemos y reafirmamos todos los días que… con ternura, venceremos.

1 Fragmento del texto que convoca a la caravana, redactado por las organizaciones que conforman el Encuentro Niñez y Territorio.

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