Omar es Perotti

Había una vez, hace un tiempo, una persona común que llegó a ser intendente de su ciudad natal, una ciudad situada en una favorecida zona económica, favorecida como el mundo suele favorecer a esos niños mimados que hacen bien los deberes. En una ciudad situada en el centro de la provincia de Santa Fe, un joven contador, dueño de ese nuevo perfil que a comienzo de los 90 convoca, seduce y convence, el de tecnócrata, entusiasta y creativo, es elegido intendente en 1991 en un sublema de la lista que lleva a Carlos Reutemann como candidato a gobernador. Su nombre es Omar. ¿Cuál es el rasgo de su primera gestión como intendente?

Para que se comprenda nuestro punto de vista, suele entenderse el neoliberalismo como el avance del mercado sobre el Estado, es decir, el paso de una matriz estado-céntrica a una matriz mercado-céntrica. Por lo tanto, el signo del neoliberalismo sería la privatización, el repliegue de lo público por sobre lo privado. Sin embargo, es necesario complejizar esta perspectiva que abona una relación de suma cero entre Estado y Mercado, en la cual el avance de uno implica el achicamiento del otro.

En rigor de verdad, no habría que hablar de un retroceso del Estado, sino de una reconfiguración del mismo. En otras palabras, no se trata de achicarlo hasta el mínimo sino de transformarlo en una empresa. En este sentido, insistimos, el neoliberalismo no implica menos Estado, implica otro Estado. Esto se expresa de varias formas, una de ellas es la colonización por parte de lo económico de aquello que otorga legitimidad al Estado, por lo tanto, éste es bueno cuando es eficiente y es eficiente cuando alcanza niveles óptimos de desarrollo económico. En otras palabras, lo económico se convierte en una vara de legitimación. Uno de los modos de lograr esto es, no privatizando sus funciones o, por lo menos no completamente, sino estableciendo una forma novedosa de gestión que implique vínculos entre el sector público y el sector privado.

Esta colaboración público-privado se despliega en la intendencia de Omar en Rafaela, fundamentalmente en la industria agroalimentaria y metalmecánica. En 1991 se crea la Secretaría de Promoción Económica, desde la cual se plantea una nueva estrategia de desarrollo económico local con el fin de potenciar el sector productivo y la internacionalización de la economía local. Paralela a la Secretaría, se crea la Fundación para el Desarrollo Regional por parte de jóvenes empresarios como pilar privado de aquella estrategia. Como señala Mirabella para el caso de Rafaela: “En la Argentina, a partir de los ’90, comienzan a surgir nuevos roles para el sector público, privado y el tercer sector, experimentándose, en algunos casos, un incipiente proceso de articulación para la definición y ejecución de políticas. En este marco, el Estado Local, en aquellos territorios que han comenzado un proceso de transformación y crecimiento endógeno, creemos que cumple un rol catalizador y estimulador. Que debe liderar el proceso de desarrollo económico y la construcción de un ambiente de participación y cooperación público-privada”. De esta manera, el Estado se va constituyendo en una empresa que debe satisfacer las necesidades de sus clientes, ya lejos está de ampliar y garantizar el derecho de los ciudadanos. El neoliberalismo no pretende eliminar el Estado, su objetivo es transformarlo en una empresa y en eso, la intendencia de Omar en Rafaela es ejemplar.

Mientras Menem privatizaba el sector público, Omar colaboraba con el sector privado. Pero cuidado, no se trata de dos modelos opuestos y enfrentados, sino de modos diferentes de llevar adelante la gran transformación neoliberal que se imponía a nivel global como nuevo modo de gestión de los asuntos públicos.

Sin embargo, si Omar no privatizó en su ciudad natal, sí lo hizo -y a una escala mayor- en la provincia de Santa Fe. Siendo Ministro de la Producción en el gobierno de Jorge Obeid, es convocado por el gobernador para presidir el Banco de la Provincia de Santa Fe. Omar es quien privatiza el mismo a manos de los hermanos Rhom, amigos de José Alfredo Martínez de Hoz y socios del Credit Suisse First Boston, el Chase Manhattan Bank y el Dresdner Bank, quienes resultaron procesados por esa maniobra. Fue tal el escándalo de esa privatización que se crea una Comisión Investigadora presidida por Alfredo Nogueras, que realizó un informe concluido en agosto de 1997, pero que un decreto del propio gobernador Jorge Obeid obligaba a mantener en secreto su contenido hasta 2028. Omar no privatiza en su Rafaela natal, pero sí en la provincia y en un sector no menor para el modo de acumulación hegemónico, la banca, contribuyendo a la consolidación del poder financiero.

El vínculo que supo tejer con el poder financiero allá en 1996 al privatizar el Banco lo revalida en marzo de 2016 cuando, como senador nacional, votó a favor del pago a los fondos buitres, desbaratando de esta manera la negociación de la deuda iniciada por Néstor Kirchner y dando por terminada la disputa política en torno a ella. Se trata de una parábola de 20 años que da cuenta de la fuerte relación que Omar construyó, sedimentó y consolidó con el sector financiero.

Otra de sus magistrales intervenciones en la cámara de Senadores es votar a favor del acuerdo fiscal con las provincias, a favor de la ley de reparación histórica de alto impacto mediático para los jubilados que no resultó ser reparadora y que se constituyó en una nueva degradación de los haberes jubilatorios y, también, su voto a favor para que Carlos Fernando Rosenkrantz y Horacio Daniel Rosatti (los jueces que Cambiemos pretendió meter por la ventana a través de un decreto presidencial) integren la Corte Suprema de Justicia de la Nación. No todos los votos de Omar fueron positivos, también supo votar en contra de la prórroga de la ley 26.160 que suspendía los desalojos en tierras de los pueblos originarios, actuando de este modo como representante de los dueños de la tierra: Benetton, Lewis, entre otros. Volvió a votar a favor de Clarín y La Nación por papel prensa. También lo hizo a favor del ingreso de tropas de EEUU al territorio argentino para ejercicios combinados en el marco del llamado plan Cormoran.

Pero como Omar no se deja encasillar, también optó en la cámara de senadores por la abstención. Se abstuvo en la votación por el aborto legal, seguro y gratuito, situándose así frente y en contra de ese acontecimiento político de gran magnitud que involucró, y lo sigue haciendo, a miles y miles de mujeres y cuerpos gestantes. Por esto se ganó el bien merecido mote que el colectivo de mujeres gentilmente le dedicó: el abstenido.

También en su haber se encuentra el quórum que dio para tratar el desafuero de CFK. Cada cual tendrá sus razones y en las rencillas palaciegas todos los gatos son pardos. La misma persona que sufre esa suerte de “traición” es la misma que le da la venia para ser “el” candidato suyo en la provincia.

La paz y el orden. Como candidato a diputado nacional en 2011, en referencia al problema de seguridad, señalaba: “Por ahí alguien siente que no es progresista hablar de seguridad, pero yo no me prendo en esa discusión. Ya lo dije en mis primeros spots publicitarios: ni mano dura ni mano blanda, mano justa”, abonando a una lectura demagógica del problema, una suerte de tercera posición que no pone bajo crítica la función desempeñada por los aparatos represivos del Estado. De su mano justa Omar pasó a la consigna positivista que mixtura la paz y administración roquista con el orden y progreso que nuestro hermano país lleva grabado en su bandera. Lo llamativo es que Omar sólo se preocupó por mixturar la parte relativa a la represión, paz y orden, y ello, por lo menos, resulta sospechoso.

Omar no es sólo un nombre propio, sino más bien un modelo de gestión y un modo particular de comprender la política, el Estado y la sociedad. Las condiciones actuales juegan, está claro, pero ellas son precisamente las que ratifican como un arma de gran poder de fuego a ese modelo que Omar encarna. Dicho de otro modo, las condiciones actuales no parecen resultar adversas a quienes lleven adelante modos de gestión neoliberales de colaboración público-privado cuyos sujetos destinatarios sean consumidores, clientes, emprendedores, pero no sujetos políticos. Por eso, hay que decirlo: Omar es Perotti.

* Por Programa de Estudios sobre Gubernamentalidad y Estado (Pegues). UNR

Fuente: https://latinta.com.ar/2019/06/omar-es-perotti-santa-fe/

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