Otilia Vainstok: siempre hubo un antes para un después

Otilia Vainstok murió el 22 de mayo de este año. Si bien fue recordada por sus trabajos asociados al funcionamiento del sistema científico, este artículo tiene otro designio: recuperar la memoria de un pasado feminista.

Otilia Vainstok, la economista, socióloga o química, coordinadora del Comité de Ética en la Ciencia y la Tecnología (Cecte), investigadora en el Conicet, en el Centro de Estudios Avanzados de la Universidad de Buenos Aires, murió hace días, el 22 de mayo.

Si bien fue recordada por sus trabajos asociados al funcionamiento del sistema científico, este artículo tiene otro designio: recuperar la memoria de un pasado feminista. Un compromiso inadvertido, no obstante, conocer sus disputas al régimen ayudarán, por cierto, a rescatar el legado intelectual crítico. Al menos Vainstok no tuvo incidencia sobre el militantismo para reflexionar provocadoramente en ese cruce entre trama política y cuerpos que se dejaba interrogar por el feminismo naciente.

El segundo sexo de Argentina

En noviembre de 1972, en Buenos Aires, surgió una novedad dentro del ensayo nacional, la aparición del libro Para la liberación del segundo sexo, con prólogo y selección de Otilia Vainstok. En su desahogada introducción, esta consagrada científica reconocía que junto con la argentina Rita Arditti pergeñaron la idea durante más de un año. Al tiempo, se la propusieron a Ediciones de la Flor y dieron el visto bueno. Hubo notables coincidencias de sus mentoras al acordar en un proyecto motivado por las experiencias contraídas en una misma coyuntura y espacio. Vainstok hizo camino en el Proyecto Lazaro Cardenas, UNAM, en México, y por la Jhons Hopkins University, en Baltimore (1) . Mientras Arditti, doctora en ciencias biológicas, en Cambridge, Massachusets y en el Union Institute de Boston (2). Pese al empeño titánico que implicaba cimentar esa gesta inaugural, estas escribas trabajaron por separado. Representaban figuras quijotescas plantadas para un naciente activismo feminista, a contrapelo del abanico político e ideológico de los años setenta en nuestro país.

En realidad, fue Vainstok quien eligió los doces artículos escritos por teóricas y activistas feministas estadounidenses de arrolladora trascendencia internacional: Marlene Dixon, ¿El por qué de la liberación de las Mujeres?; Susan Lydon, La Política del Orgasmo; Kate Millet, Política Sexual; Roxanne Dunbar, La Liberación Femenina como base de la Revolución Social; Margaret Randall, La conciencia es una prioridad; Susan Brown Miller, Hablando claramente sobre la prostitución; Dana Densmore, Independizarse de la revolución sexual; Shulamith Firestone, Freud y el feminismo equivocado; Una declaración sobre Liberación femenina; Anne Koedt, Amar a otra mujer; Dana Densmore, ¿Quién dice que los hombres son el enemigo?; Dana Densmore, Contra los liberales; Shulamith Firestone, El amor.

Ahora bien, algunos de estos ensayos ya habían sido publicados, en 1970, en la revista de izquierda libertaria Partisans (Partisanos), dirigida por el editorialista Francoise Maspero. Era un número especial, 54 y 55, llamado Liberation des femmes: annee zero dedicado a transcribir los debates feministas en Estados Unidos y en Francia.

En cuanto a Vainstok, encarnó una entusiasta observadora del clima de resistencia de los movimientos sociales, en particular, del feminismo blanco, adherente a la Nueva Izquierda anticapitalista y de la comunidad negra por la conquista de los derechos civiles. Sin duda, nuestra prologuista durante su estadía en Estados Unidos habrá participado o presenció intervenciones de un alto voltaje que desempeñaron aquellas díscolas activistas que aún están presentes al reconstruir la genealogía del pensamiento feminista en Occidente.

En efecto, su obra puso a disposición de las ávidas lectoras locales los detalles alrededor del agitado clima de batalla que franqueaba el Movimiento de Liberación de la Mujer (MLM)- como se denominaba en aquel entonces-. Al respecto, Vainstok planteaba: “Esperamos que le conocimiento de estos escritos feministas norteamericanas aliente a las mujeres argentinas para analizar su condición dentro de nuestra sociedad”.

Las particularidades de ese feminismo ascendente también la interpelaban por su desmesurada expansión entre estudiantes secundarias y universitarias, amas de casa, empleadas, obreras fabriles, blancas, negras, chicanas, portorriqueñas. De una u otra manera, trabajaban sobre su propia opresión y explotación, elaborando estrategias afines para diseñar intervenciones públicas.

Estas febriles ensayistas con sus plumas y protestas radicales contagiaron el fermento de estallido contra la tiranía del régimen patriarcal en sus cuerpos, vida cotidiana y espacios públicos y su anhelo de inminente quebranto del orden capitalista. Sin dudar, reivindicaban con talantes múltiples la conquista por el aborto libre y gratuito.

Por lo pronto, en los innumerables escritos recopilados para preparar Para la liberación del segundo sexo surgieron preguntas que se repitieron a lo largo del libro: “analizar el papel de la familia y la función que cumple el trabajo doméstico. Determinar lo general y lo específico para cada clase social, grupo racial y generación que la compone” (4) .En relación al aborto planteaban ¿por qué la atención se centra casi exclusivamente en la responsabilidad de la muchacha? O bien ¿cómo ha ocurrido que el mito de los sentimientos de culpa después del aborto se haya expandido tanto y sea fácilmente aceptado por las propias mujeres? O ¿esa aflicción es inducida también por los médicos? Mientras otras autoras subrayaban la magnitud de valoración del control sobre sus propios cuerpos y la negativa a someterse a juicios ajenos a su voluntad; a otra erótica por fuera de la penetración coital; sin que falte a la cita la convocatoria a una huelga de vientres. En resumen, la pujanza original de los textos que componen Para la liberación del segundo sexo servía de contención a las tantas activistas como ensayistas en América Latina indignadas por la opresión en la que permanecieron a lo largo de la historia.

En su presentación, Vainstok desarrollaba la categoría de sexismo para abordar los clásicos estereotipos sexo/genéricos. De esta manera, derivaba en “la exigencia de la legalidad del aborto, de la educación sexual en las escuelas y de la instrucción sobre el uso de métodos anticonceptivos para que todos cumplan dos funciones. Por un lado, reclamar el derecho de la mujer a decidir si desea o no tener hijos, lo cual le permite optar por una carrera o por la acción política. Por el otro, señalar la opresión sexual y psicológica que ejerce el sistema patriarcal” (5). Por último, esta científica no perdía de vista que en Estados Unidos la investigación académica se integraba a la acción política, promoviendo resultados transformadores tanto en lo privado como en lo público.

Con respecto a los directores de Ediciones de la Flor – Kuki Miller y Daniel Divinsky – cumplieron una misión para la que nadie los había destinado, pero que ellos de igual forma quisieron llevar a cabo: publicar libros alrededor de temáticas fronterizas que carecían de público y de mercado en Argentina. En fin, tampoco se llevaron a cabo presentaciones ni críticas en la prensa gráfica, con excepción de la reseña que realizó el diario La Opinión.

El título atrapante de nuestra publicación lo ideó Daniel Divinsky, a quien le sobraba imaginación para apostar a que se lo divisara como la continuación del Segundo Sexo de Simone de Beauvoir. De acuerdo al testimonio de Kuki Miller, responsable ejecutiva de la editorial, el preparado y la cocción Para la liberación del segundo sexo fue más o menos el siguiente: “Nosotros siempre estuvimos abiertos a proyectos innovadores sea en la literatura como en el ensayo por más que no hubiese un público cautivo. Si no me equivoco Otilia tardó más de un año en darle forma a su idea inicial. También fue la que se encargó de conseguir el material, relacionarse con las autoras y pedir la autorización correspondiente para ser reeditado”(6) . Miller cuenta que en realidad el libro no constituyó una ganancia económica ni un éxito comercial, aunque esa no era la intención de ellos ya que el objetivo buscado consistía en contribuir a instalar la cuestión violenta del machismo imperante. Asimismo, llama la atención que aún hoy se conozca en escasos circuitos esta publicación de vanguardia respecto a debates que no están saldados y otros que establecieron guías de ruta para lo inmediato.

En un momento, empalmó energías junto a otra pionera feminista de la pluma y del activismo porteño, Mirta Henault. Ella era tan atrevida como Vainstok. Por caso, Henault unida a Regina Rosen publicaron Las mujeres dicen basta, en 1972. Pese a que ambos textos se lanzaron en simultáneo, eso no le quitó el sueño a nadie. Más aún, ambas, Vainstok y Henault inspiradas en el clima político-intelectual de la nueva izquierda, escribieron La Mujer En La Revolución, publicado por Centro Editor de América Latina (CEAL), eximia editorial fundada por Boris Spivacow.

En 1974, Vainstok decidió armar reuniones en su casa para abordar un cruce de ideas sobre el aborto voluntario desde un punto ético-político. Sin dar demasiadas vueltas, invitó a cada una de sus convidadas: la militante peronista Alicia Eguren, la obstetra Graciela Scolamieri y la escritora feminista Tununa Mercado. Evaluaban el tema como un conflicto humano pero también como un derecho de las mujeres. De acuerdo al recuerdo de Tununa lo que ellas hacían “eran conversaciones informales entre nosotras, hablábamos sobre nuestros problemas a la manera de las radicals norteamericanas”.

La liberación del segundo sexo apuntaba a un público con un sesgo feminista, intelectual y profesional. Posiblemente, el debate en aquellos años para muchas era “imaginar, incluso con las armas en la mano, que otro mundo era posible”. Para otras, integrantes de los cenáculos feministas, estos escritos traducidos abonaban más para la lectura y la reflexión intensiva, tal como se presentaba en los grupos de concienciación que para la producción de obras locales. Se podría inferir que se pensó como una caja de herramientas ideológicas para aquellas activistas o adherentes que se proponían enfrentar políticamente a la opresión de las mujeres sin excepción, a la explotación económica y al colonialismo. Al fin, ellas fueron, estas amazonas que tiraron la primera piedra con suficiente garra como para querer derribar a Goliat.

Fuente La Izquierda Diario – 29/5/2017- Mabel Bellucci es activista feminista queer. Integrante del Grupo de Estudios sobre Sexualidades (GES) en el Instituto de Investigación Gino Germani-UBA y de la Cátedra Virginia Bolten, UNLa Plata. Este artículo es un extracto del Cap. El segundo sexo de Argentina del libro Historia de una desobediencia. Aborto y Feminismo. Capital Intelectual.

 

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