Para comprender mejor a quienes defienden la continuidad de los abortos clandestinos

Para comprender mejor a quienes defienden con uñas y dientes la continuidad de los abortos clandestinos, es necesario prestar más atención a la primera parte de su slogan y no a la última.

No son las vidas lo que les importa, sino la acción salvífica. En su abrumadora mayoría se trata de cristianos, cuya concepción central del amor como agapé (amor caritativo) encuentra su mayor posibilidad de realización en la víctima desvalida.

Alguien débil, alguien sufriente, es para el cristianismo la presa fácil sobre la que siempre se ha arrojado la acción salvadora. Las vidas importan si y sólo si son “salvables”, esto es, si y sólo si están en posición de menesterosidad.

Como muchos han atinadamente observado, estas personas que dicen estar “a favor de la vida”, son las mismas que no vacilan en desatender o en atacar a quienes no se presentan débiles y sufrientes.

La “salvación” de la que hablan no es nunca simplemente biológica (la continuación de la vida), se trata siempre de una salvación moral.

De ahí que la “pobre víctima” no sea simplemente el embrión, sino sobre todo la madre que sufre (“parirás a tus hijos con dolor”). En el caso del embrión, por ahora solamente puede ser víctima, en cambio la madre es también siempre un poco culpable (por eso “parirás a tus hijos con dolor”).

Es su sumisión, es decir, la negación de su placer sexual, de su corporalidad por fuera de la función reproductora y también la negación de su autonomía ética y política, lo que le permite ser “salvada”, ser protegida y recibir el cuidado de la comunidad cristiana.

Por eso se juega tan claramente el carácter ambivalente de la madre entre “santa” y “puta” (entre la Virgen María y la María Magdalena), entre la realización del “amor más puro” y la culpa de la que tiene que sufrir por “abrir las piernas”.

Es ese mixto de amor compasivo y de sadismo que castiga a la culpable el que no quieren abandonar los cristianos. Y ese mixto es posible porque el amor compasivo es ya una forma del sadismo: el goce en el sufrimiento del otro, que es condición de posibilidad para que el salvador otorgue su protección.

El enorme triunfo del cristianismo se basa en la innegable realidad del dolor humano, en la irrecusable condición de menesterosidad y dependencia que no me interesa negar.

Sí es indispensable afirmar que la única respuesta a esa condición no es la salvación. Las vidas no necesitan ser salvadas.

Necesitan poder tejer formas de cuidado mutuo, lazos afectivos y comunitarios en los que sostener nuevos modos de existencia que no lleven a un desamparo tal que haga necesaria una salvación.

Lo que irrita absolutamente al cristianismo -y provoca su reacción violenta- es que esos tejidos se están constituyendo a pasos agigantados.

Es la fortaleza y la alegría que caracteriza a estos lugares de autonomía, de placer, de politicidad, lo que irrita a una posición existencial que no sabe más que extraer sus ventajas de la tristeza, el resentimiento y la debilidad.

Un comentario sobre “Para comprender mejor a quienes defienden la continuidad de los abortos clandestinos

  • el agosto 11, 2018 a las 01:06
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    Muy interesante el planteo, la lectura respecto del concepto salvar, quien es salvable y quien no….

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