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Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

Pintar paredes para poder saltarlas

24 Apr,2019

por | Juan Ignacio Provendola

En un área patagónica acostumbrada a la represión, los grafitis y murales mantienen prendido el pedido de Justicia por Santiago.

(Desde Esquel) Todavía perduran en el pueblo paredones enteros con la leyenda “Esquel y la Comarca le dicen No a la Mina”. Fueron pintados hace más de quince años, cuando el negocio del oro y la plata amenazaba con instalarse en el valle y solo un rotundo plebiscito pudo impedirlo. En marzo de 2003, el 82 por ciento de la población esquelense votó en contra de la megaminería. Fue la primera experiencia de este tipo en Argentina y la segunda en toda Latinoamérica. Como pocas veces suele pasar, los reclamos populares fueron legitimados por encima de los intereses privados.

Aquellos murales que aún sobreviven muestran al oeste cordillerano de Chubut minado de calaveras y huesos entre pueblos, lagos y montañas. El artivismo pretendía alertar a locales y turistas sobre las consecuencias de la minería en el patio de casa. El mapa callejero destacaba a Esquel pero también mostraba localidades cercanas. Una de ellas, Leleque, cien kilómetros al norte por la ruta 40, es un pequeño poblado con gran nivel de conflictividad por las tensiones históricas entre el terrateniente Luciano Benetton (ahora sus herederos) y las comunidades mapuches ahí establecidas. Problemas generalmente resueltos a favor del mismo bando por las fuerzas represivas del estado. En ese sitio, Santiago Maldonado desapareció en agosto de 2017 y fue encontrado muerto dos meses y medio después.

El 1º de agosto de 2018, un año después del operativo de Gendarmería Nacional en la comunidad mapuche Pu Lof en Resistencia, donde Maldonado fue visto con vida por última vez, toda Esquel amaneció empapelada con carteles que llevaban la cara de Santiago. Incluso en los bustos de distintas plazas y hasta en el Muñeco de Nieve del Boulevard Ameghino. Esta figura de yeso emblemática de la ciudad ya había sido intervenida el marzo anterior, cuando se cumplieron 15 años del plebiscito contra la minería. Las evidencias de un Esquel parándose de manos sobre una problemática coyuntural de la región: el dominio de grandes latifundios, la explotación de sus recursos naturales, los reclamos que numerosas comunidades indígenas sobre esos territorios y el Estado apareciendo principalmente para apoyar la bota.

Esquel fue centro neurálgico del Caso Maldonado porque allí está el Juzgado Federal que tramitó la causa. Y, por lo tanto, resultó escenario de numerosas marchas y protestas. Era el grado cero de la investigación y también la manzana contaminada: mientras el resto del canasto ofrecía ejemplos abundantes para pensar en un sentido, el Poder Judicial decidió avanzar exactamente hacia el contrario. Tan solo los materiales de pública circulación muestran como avanzó Gendarmería con el fuego en alto sobre los mapuches que se manifestaban en la Ruta 40, arrinconándolos luego a punta de escopeta dentro de su propia comunidad. Si la causa judicial fuese una película, su relato se iría parpadeando entre escenas de gran intensidad (la balacera en la ruta, la desaparición de Maldonado, su cuerpo flotando en el río Chubut) pero sin lograr explicar qué pasó entremedio.

El Caso Maldonado entraña más dudas que certezas y no sólo piden justicia las pintadas de Esquel, sino las de todos los otros pueblos de la denominada Comarca Andina del Paralelo 42 (y alrededores) por los que tantos jóvenes se lanzan a turistear en cada momento del año. Algunas son de los momentos más fragorosos, otras se agregaron con el tiempo, y todas juntas componen un registro constante y extensivo: desde las pintadas de brocha angosta que dicen “Santi presente” en la costanera de Trevelin hasta un grafiti que pregunta “¿Qué hicieron con Maldonado?” en una garita de bondis camino a Lago Puelo, 200 kilómetros al norte, toda la zona es barrida por plumas que instalaron el tema en las calles a fuerza de constancia y repetición.

Y ni hablar, claro, de El Bolsón, donde Maldonado se había establecido y su imagen se repite permanentemente. La más importante acaso sea la de la plaza Pagano, sitio neural del pueblo, centro cívico y donde además se despliega la tradicional feria de artesanos en la cual Santiago tatuaba. “Desaparición forzada. El Estado es responsable”, dice un texto que concluye: “La naturaleza exige venganza”.

La Justicia sigue sin dar justicia mientras la familia Maldonado intenta empujar la causa hasta la Corte Suprema por el espionaje padecido mientras buscaban a Santiago. Hasta el momento, los tribunales no encuentran culpables por la muerte, aunque las paredes de toda la comarca juzguen lo contrario. Manifestaciones artísticas a las que ahora se le suman un puñado de canciones muy lo-fi del propio Santiago. Algunas ya se conocían de antes, pero otras no. En todos los casos se tratan de recitados sobre ritmo de rap que desparraman artillería. Un anarco-existencialismo con conciencia social y el claro sentido del enemigo que se tenía enfrente: “Buscaré la solución en la oscuridad”.

 

 

Figuras murales de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel frente a Plaza Pagano, El bolsón, Río Negro.

 

 

 

Fuente: Página 12

(N.de R.: fotos de murales propias)

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