¿PUNITIVISMO O AUTODEFENSA?

Voy a empezar por el acuerdo y la premisa de que el sistema judicial es clasista, racista y patriarcal, existe para el mantenimiento del sistema económico y social que lo alimenta, y no trabajará jamás para su transformación estructural. La Justicia Estatal no alcanza.

Se anda hablando de un “feminismo del enemigo”, que hace “linchamientos” y corre el riesgo “caer en el fascismo” -palabras muy graves que tocan heridas y miedos profundos-. Se habla de recuperar “la política en femenino”. Se nos llama a la reflexión y a la mesura, a descreer de las oportunistas que acusarán en falso, y harán mal uso de nuestras “buenas” intenciones.

Frente al mandato de la femineidad conciliadora y pacífica, reivindico el valor de nuestra ira. Es motor,  es potencia y es política.

NUNCA MÁS SOLAS

Al día de hoy, pasar por un proceso judicial es para las mujeres, lesbianas, travestis y trans es una experiencia larga, solitaria, violenta, traumática y frustrante.

La ineficacia del sistema judicial penal para proteger la vida, la salud y la seguridad de las mujeres y personas que sufren violencia patriarcal es uno de los factores que generan la actual explosión de escraches y autodefensa feminista. Basta mirar el caso del momento: Para que fueran escuchadas y se diera credibilidad a las acusaciones contra Darthes, no fue suficiente que varias mujeres que había trabajado con él, narraran y denunciaran agresiones tan similares entre sí que marcaban un patrón. Al contrario, estas mujeres han sufrido aislamiento, cuestionamiento, y burla. La ofensa de ver cómo una corporación de “hombres eminentes” del mundo del espectáculo, avalaba públicamente a su agresor, saliendo a defenderlo y ofreciéndole trabajo. Y encontrándose actualmente procesadas por calumnias e injurias.

Para que la denuncia fuera efectiva, tuvo que venir acompañada por la fuerza y la organización feminista alrededor de Faldín; echando luz cuando todo lo anteriormente activado contribuía a la ocultación y la impunidad. Juntas, expresando que, más allá del resultado de la denuncia interpuesta en Nicaragua, el relato de Thelma se considera “hechos probados” para sus compañerxs. Y que es con esta presencia colectiva que se pone un límite a los abusos de forma efectiva, al tiempo que se crea un lugar, una red, en la que será real que las personas que sufren violencia machista pueden hablar y defenderse.

JUSTICIA PARA QUIÉN

Los tribunales nos hacen responsables de la violencia que recibimos, y apoyan en los peores estereotipos de género sus sentencias, llenas de comprensivas palmaditas en las espaldas de agresores y femicidas. Nos atacan y nos ofenden, enviandonos públicamente mensajes de disciplinamiento, desde las más altas esferas del poder estatal.  Estos mensajes se alimentan, y al mismo tiempo alimentan, un “sentido común” social mayoritario, que entiende de la misma forma las situaciones de violencia machista, naturalizándola.

El escrache se fundamenta en no aceptar que sea el Estado el que monopolice y decida sobre los conflictos que nos atraviesan, ni que un proceso judicial sea el único recurso que tenemos para explicar las violencias, o para evitar la impunidad de los agresores.

Reaparecen los escraches, y digo reaparecen porque éstos forman parte de la historia de este país y (re)explotan de la misma manera: cuando la justicia no existe, cuando es sistemáticamente negada, cuando el Estado toma partido por la continuidad de la violencia, y la sociedad entera alrededor la tiene tan normalizada, que desde todas partes parece que solo recibimos lecciones para el silencio. Y a pesar de eso, nos damos cuenta que no estamos solxs, y que no queremos callarnos más.

Ante tantos silencios construimos algunas respuestas que tienen un tienen un profundo valor político:

Frente a perder credibilidad cada día que pasamos sin denunciar. Nosotrxs entendemos que muchas veces se tarda años en poder contar.

Frente a la dificultad para conseguir “prueba suficiente” en delitos que se cometen escondidas y que a menudo no dejan marcas físicas. Nosotrxs nos creemos, por norma.

Frente a evaluar si la víctima está lo bastante dañada y pasiva como para ser creíble. Nosotrxs nos decimos supervivientes. La violencia recibida no nos destruye cuando se encuentra con otrxs.

Frente a la cárcel como única forma de supuesta solución o reparación del conflicto. En nuestro decir basta, y ver multiplicarse los ecos de la palabra recuperada, empiezan los procesos de reparación que necesitamos.

La “Justicia” siempre dará tratamiento individual al problema, tratando a los agresores como desviados de unas normas de convivencia que, supuestamente, el resto de la sociedad respeta. Nosotrxs entendemos que los violentos no son monstruos, ni enfermos, ni excepciones que confirman la regla: son ejecutores de un sistema de poder que organiza la sociedad en que vivimos, colocando a las mujeres y otras identidades por debajo de los hombres, y a su disposición.

Un sistema que regula nuestras relaciones cada día, de millones de formas, más y menos sangrientas y espectaculares. Y tirar del hilo de las violencias más espectaculares suele llevarnos a comportamientos que están dentro de muchos espacios cotidianos, casas y vínculos.

NOS ESTÁN MATANDO

La bronca nos espeja y nos hermana, convirtiendo la impotencia en rabia y la rabia en autodefensa. Y la autodefensa es urgente. Porque nos están matando.

Plantear que el feminismo dice que “todos los hombres son nuestros enemigos” es una simplificación que, además vuelve a ponerlos a ellos en el centro: victimizándolos. Obviamente el enemigo es el sistema patriarcal, y se encarna en todas las personas socializadas en él, pero cada persona está situada en un lugar concreto de la relación de poder. Se puede reproducir el machismo desde el lugar oprimido, pero no por eso se deja de estar en el lugar oprimido.

Es central aprovechar lo que está sucediendo para hacer visible la posición que ocupa cada quién en ese sistema, y revisar qué privilegios o violencias utiliza, reproduce, colabora o silencia.

Hay que cuidarse de  no acabar haciéndole el marketing al patriarcado que viene, haciendo circular un discurso en medios y redes, que fácilmente puede alimentar viejos y nuevos mitos machistas.

De no ser la tabla pal manotazo de ahogado, de esos que buscan clamar su inocencia, y acomodarse en el sillón, sin que esta marea les mueva un pelo, ni un privilegio.

Ojo con alimentar lo de que “las más machistas son las mujeres”, invisibilizando los sistemas de desigualdad estructural, demonizando a lxs que se defienden, y pretendiendo posiciones paralelas donde hay abismos.

Ojo con alimentar la división entre buenas y malas feministas: civilizadas cordiales dialogantes y pacientes frente a locas gritonas y violentas, todo suena conocido.

Ojo con exponerse a que súbditos y clientes del patriarcado corten, peguen y citen palabras que vienen de adentro, de nuestras referentes, para deslegitimarnos, falsear nuestros mensajes e intenciones, y convertirnos en brujas a las que es un peligro prestar atención.

Hoy, lo que hay que poner en el centro, no es los señalamientos que no tienen la correcta forma o exhaustiva rigurosidad, o de si nos acreditan debida prueba. De lo que hay que hablar es de lo que hoy circula sin parar y genera explosiones constantes en tantas mesas navideñas: todas tenemos historias para contar.

Sería bueno preguntarse: ¿de qué se habla -qué es central y qué es accesorio-, dónde se habla -en nuestros foros y encuentros, o en la tele y los medios hegemónicos- y quién habla?

Ojo con entregar el protagonismo y la palabra, hay que sostener el timón desde nuestra experiencia, nos toca.

Nuestra responsabilidad es buscarnos, revisarnos y aliarnos; no dejar atrás a lxs compañerxs más desprotegidxs; organizar las heridas y las rabias, seguir mirándonos entre los abajos diversos; enraizar cada vez más nuestros feminismos en sus territorios; dar nuestros debates incómodos;  seguir construyendo la comunidad que somos y queremos ser, y elaborar sus necesidades de justicia, reparación, transformación y sí, hasta venganza.

Seguir armando nuestras redes que son, hoy, la construcción que nos protege de la violencia que nos rodea.

Fuente: https://quevivalamatria.com/2019/01/03/punitivismo-o-autodefensa/

Por: Sol Beiden Feminista, abogada y otras varias cosas. Hija del exilio de la dictadura, nacida y criada en el estado español, viví 7 años de mi vida adulta en Argentina, y acá entendí profundamente lo que es ser feminista. Hace 6 años que vivo de nuevo allá. Andamos en debates parecidos.

Ilustración: Flo Meije @flomeije

 

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Un comentario sobre “¿PUNITIVISMO O AUTODEFENSA?

  • el enero 15, 2019 a las 15:00
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    Me encantó. Que genial todo lo que dice.

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