¿Quién acusará a los acusadores? Respuesta a la solicitada de intelectuales contra el proceso bolivariano de Venezuela

 El 29 de mayo se dio a conocer por diversos medios una declaración firmada por numerosos intelectuales y académicos en la cual se responsabiliza al gobierno venezolano por la escalada de violencia sufrida en ese país.  En respuesta a tal declaración, que puede leerse más abajo, ALBA Movimientos y la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad presentan este documento en oposición a la postura  de los firmantes contra el proceso bolivariano. 

¿Quién acusará a los acusadores?

Bajo la implícita formula del “yo acuso”y unas horas antes de la reunión de la OEA en que se discutiría nuevamente la intervención en Venezuela, más de una centena de intelectuales y académicos latinoamericanos, europeos y norteamericanos, firmaron recientemente una solicitada titulada “Llamado internacional urgente a detener la escalada de violencia en Venezuela”. Dicha solicitada constituye toda una declaración de principios de su posición respecto de la coyuntura bolivariana, elaborando diagnósticos, atribuyendo responsabilidades, y prescribiendo una salida a la crisis que tiene lugar en el país caribeño.

No ofenderemos la inteligencia ni la moral de los suscribientes (algunos verdaderas “vacas sagradas” del mundo académico crítico) poniendo en tela de juicio su compromiso político o sus competencias interpretativas. Asumiremos cada afirmación de la solicitada como lo que es, como una tesis errónea sobre el acontecer del proceso bolivariano de Venezuela. Y como tal, la someteremos a análisis, dando cuenta de que también los acusadores pueden y deben ser acusados. También los intelectuales, además de pontificar desde las encumbradas alturas de las academias, deberán dar cuenta de sus aciertos y sus errores en este dramático impasse continental, que bien podrá significar la clausura conservadora de un ciclo político ascendente, o bien el remanso previo a una eventual segunda oleada progresista y de izquierda en la región. Una derrota de las clases populares latinoamericanas no dejará de salpicar a los intelectuales en su prescindencia orgánica, en su incapacidad pedagógica, o en sus desinteligencias a la hora de calibrar juicios certeros.

El concepto de “guerra de cuarta generación” o de “guerra de baja intensidad”, es mucho más que una hipérbole para señalar la intensidad de una coyuntura específica. Es, más bien, la descripción de toda una estrategia insurreccional del imperialismo norteamericano para roer la joya más dura de la corona: la porfía de una revolución venezolana que, como ha hecho la cubana, viene a ofender nuevamente las aspiraciones virreinales de Estados Unidos respecto de su patio trasero. Más aún si consideramos la vital importancia económica y geopolítica de Venezuela para la reciente administración republicana de Donald Trump. Demostrada está la capacidad venezolana de religar a las experiencias progresistas y de izquierda y de tensionarlas hacia los límites de lo posible con una audaz política de integración latinoamericana, así como su control soberano sobre importantes recursos estratégicos tan caros a los proyectos de desarrollo de los países centrales como el petróleo o la biodiversidad. Sólo Venezuela, partera de este nuevo ciclo histórico, puede, con su caída, sellar su clausura irremediable. Así lo ha entendido Estados Unidos, más no así, pareciera, algunos de nuestros más prestigiados académicos.

Venezuela parece encontrarse en el preciso y doloroso tránsito entre dos de las etapas analizadas por Antonio Gramsci en sus análisis de situación y correlaciones de fuerza (es decir, en el análisis del grado de organización, autoconciencia y homogeneidad alcanzados por grupos sociales antagónicos). Hace tiempo que Venezuela se desplazó eficazmente de un momento meramente económico-corporativo hacia un momento político, con la formación de una identidad popular común al conjunto de las clases populares (el chavismo) y con su confrontación global con las clases dominantes. El fallido golpe de estado de 2002, el desbaratado paro petrolero, y la asunción de un socialismo para el siglo XXI señalan este derrotero. Ahora bien, este momento político sostenido hasta el 2013, y su consiguiente empate hegemónico entre bloques sociales, comenzó a desmoronarse con la muerte de Hugo Chávez Frías y se consumó con el cierre del cerco internacional tras la derrota electoral del kirchnerismo en Argentina y con el golpe institucional a Dilma Rousseff en Brasil. El tercer momento analizado por Antonio Gramsci, el inevitable momento político-militar al que nos estamos precipitando, fue, paradójicamente, alcanzado no sólo por la radicalización endógena del chavismo, como por la reacción envalentonada de una derecha local y trasnacional dispuesta al más descarnado de los revanchismos.

Ahora bien, analizar este momento político-militar en ciernes, implica considerar que las guarimbas de la oposición, el asesinato de referentes chavistas en el campo y en la ciudad, la infiltración incesante de paramilitares colombianos, la formación de milicias bolivarianas, el fortalecimiento del ala militar encarnada en Diosdado Cabello y el patrullaje militar de las costas venezolanas por las potencias emergentes, son mucho más que testimonio de la desbordada pasión caribeña. Son, en cambio, síntomas de toda una etapa que amerita categorías de análisis específicas, para entender la radicalización militarista del imperialismo norteamericano en su largo pero irrefrenable declive global. En nuestra opinión, ignorar la dimensión de este proceso lleva a análisis superficiales que intuyen derivas autoritarias, presuntos autogolpes, o militarizaciones ociosas de la clase política de los gobiernos latinoamericanos. Siempre bajo la óptica de intelectuales propensos a describir “déficit” de democracia por estas latitudes, siempre con la vara de concepciones eurocéntricas y pretendidamente universales sobre lo que ha de ser lo democrático.

Por supuesto que hay un proceso de militarización y una escalada de violencia, pero lejos de ser el resultado de factores internos, esta militarización es permanentemente inducida por la agresión imperialista en todos sus niveles (diplomático, político, económico, militar, mediático, financiero). ¿O debemos enumerar acaso los golpes de estado en Honduras, Paraguay y Brasil que anteceden la presente arremetida? De nada valen las groseras teorías de los dos demonios para analizar las causas de la violencia venezolana: ¿o qué significa entonces el “origen complejo y compartido de la violencia” señalado por la solicitada? ¿O la identificación, aparentemente simétrica, de “extremistas” de derecha y totalitarios de izquierda, que redunda al finalizar el texto en el señalamiento de un único e inaudito responsable de la violencia: ¡el estado y el gobierno bolivariano! ¡Justo quienes insisten en una estrategia de paz!¿Qué deberían haber hecho, según estos intelectuales, Fidel Castro y los revolucionarios cubanos ante la invasión de Playa Girón? ¿Sentarse a parlamentar con diplomáticos inexistentes mientras las bombas atronaban en Bahía de Cochinos? ¿Enfrentar con papeletas electorales los fusiles de los mercenarios? ¿Peticionar cautamente ante la OEA?

El más elemental de los análisis críticos ha de ser capaz de separar la paja del trigo, de distinguir la violencia fundante y la mera violencia reactiva de las clases y los gobiernos populares, y de entender, como Antonio Gramsci, que no hay resolución pacífica o democrática (en el sentido estrictamente liberal del término) a la lucha de clases. Tarde o temprano las clases dominantes, en su impotencia electoral, acudirán a golpes blandos comandados por las corporaciones judiciales o mediáticas, y cuando también estos se muestren inútiles, harán sonar nuevamente la hora de la espada.

Por eso, la pretendida mirada “más allá de la polarización”, ese vano intento de otear una realidad límpida tras las nieblas de una lucha política sin cuartel, se demuestra imposible. Se trata, nuevamente con Gramsci, de “tomar partido”, lo que no significa apoyar enceguecidamente a un proceso político o a su conducción eventual, sino de elegir el campo desde el que se enuncian las críticas y desde el que se cumplen las tareas específicas de la praxis intelectual. El intelectual “orgánico” no es un modelo de intelectual de izquierda, sino el único en sentido estricto: es decir, aquel que reflexiona en conjunto, codo a codo, sin la mediación de pedestales odiosos, con los sujetos populares organizados. No deja de resultar sugestivo que una solicitada firmada por académicos de tan alto nivel prescinda de las más elementales categorías de análisis del arsenal político crítico, dando por tierra con el intento de fundar una caracterización certera sobre el proceso bolivariano. Ni clases sociales, ni dependencia estructural, ni tampoco el imperialismo, aparecen siquiera mencionados en la solicitada, mientras éstas son herramientas que cualquier comunero o comunera venezolana hace tiempo que ha incorporado a su vocabulario político, en lo que constituye otra faceta de un proceso de democratización (y de socialización del poder) bien radical.

Creemos encontrar en la solicitada, en cambio, una fetichización notable de la democracia en sus formatos liberales. Porque, ¿desde qué otra concepción de la democracia es posible juzgar como antidemocrático a un proceso que combate a una Asamblea Legislativa en desacato por juramentar a diputados elegidos de manera fraudulenta,y que ha intentado, sin tener atribuciones constitucionales para ello, destituir cuatro veces al Presidente Maduro, lo que sin duda constituyen intentos de golpe de Estado, pero que, sin embargo, la sostiene plenamente en funciones?¿Desde dónde se intuye una deriva antidemocrática en un proceso que aún moviliza activamente a cientos de miles de personas y que sostiene y amplía elementos democráticos cualitativos como las Comunas y los Consejos Comunales? ¿Dónde están los elementos autoritarios de un gobierno que responde a la agresión institucional y a la violencia callejera con la más protagónica de las respuestas, es decir, con una convocatoria re-constituyente que relance hacia adelante la radicalidad de un proceso largamente estancado por el asedio externo y los errores internos? Volver a historizar a la democracia, escindir el ideal de sus imperfectas realizaciones institucionales, desfetichizar sus elementos formales y comprender sus nuevas modalidades emergentes, resulta imprescindible para no caer presa de una valoración liberal-republicana y en suma, colonial, sobre qué es lo democrático. Es más, creemos que ni siquiera desde una visión liberal consecuente es posible criticar al proceso bolivariano que, como ningún otro proyecto, supo tomar, profundizar y radicalizar la democracia liberal formal con mecanismos consultivos, plebiscitarios y revocatorios absolutamente inéditos. No hay democracia a secas, democracia pura, democracia al margen de la historia y de las determinaciones clasistas, nacionales, étnicas y sexo-genéricas de la lucha política. Hay, o habrá democracia de los trabajadores, los campesinos, los pobres, los indígenas, los afrodescendientes, los estudiantes, los migrantes, los jubilados, las mujeres. Y ésta solo se conquistará cuando los intereses de las clases populares se impongan: si será por las buenas o por las malas, por métodos consuetudinarios o violentos, por vía electoral o a través de una dolorosa guerra civil, lo decidirán como siempre, los que tienen todo que perder, pero también todo que ganar en Venezuela y en el conjunto de Nuestra América.

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LLAMADO INTERNACIONAL URGENTE A DETENER LA ESCALADA DE VIOLENCIA
EN VENEZUELA.

Mirar a Venezuela, más allá de la polarización.

Por la presente, como académicos, intelectuales y activistas sociales queremos manifestar nuestra profunda preocupación frente a la incontrolada situación de violencia política y social que atraviesa Venezuela, la cual se ha traducido ya en más de cincuenta muertos, centenares de heridos y detenidos, puestos a disposición de tribunales militares.

No dudamos de que la situación de violencia en la que está sumida Venezuela tiene orígenes complejos y compartidos, en el marco de una polarización política cada vez más virulenta y de un escenario de desintegración del tejido social. Así, el conflicto venezolano tiene diferentes rostros.

Por un lado, existe un gobierno cada vez más deslegitimado, con marcados rasgos autoritarios. Esta dinámica arrancó con el desconocimiento por parte del ejecutivo de otras ramas del poder (la Asamblea Legislativa) donde la oposición hoy cuenta con la mayoría, luego del triunfo en las elecciones de diciembre de 2015. Esta se fue potenciando exponencialmente con el posterior bloqueo y postergación del referéndum revocatorio -una herramienta democratizadora introducida por la propia constitución chavista-, la postergación de las elecciones a gobernador el pasado año, hasta llegar el fallido autogolpe del ejecutivo. A esto se ha sumado la reciente convocatoria a una Asamblea Constituyente en forma claramente inconstitucional, que está lejos de resolver la crisis; antes bien la alimenta y recrudece, en la medida en que trasluce el intento de consolidar un régimen totalitario, en el marco de una enorme crisis social y económica (carencia de alimentos, medicamentos, entre otros).

 No creemos, como afirman ciertos sectores de la izquierda latinoamericana, que hoy se trate de salir a defender a “un gobierno popular anti-imperialista”.

Dicho esto, no creemos, como afirman ciertos sectores de la izquierda latinoamericana, que hoy se trate de salir a defender a “un gobierno popular anti-imperialista”. Este apoyo incondicional de ciertos activistas e intelectuales no sólo revela una ceguera ideológica sino que es perjudicial, pues contribuye lamentablemente a la consolidación  de un régimen autoritario. La identificación del cambio, aún de la crítica al capitalismo, no puede provenir de la mano de proyectos antidemocráticos, los cuales pueden terminar por justificar una intervención externa, “en nombre de la democracia”. Desde nuestra óptica, la defensa en contra de toda injerencia extranjera debe basarse en más democracia, no en más autoritarismo.

 Desde nuestra óptica, la defensa en contra de toda injerencia extranjera debe basarse en más democracia, no en más autoritarismo.

Por otro lado, como intelectuales de izquierda, tampoco desconocemos la realidad geopolítica regional y global. Queda claro que existen sectores extremistas de la oposición (la cual es muy amplia y heterogénea), que también buscan una salida violenta. Para éstos se trata de exterminar, de una vez por todas, el imaginario popular asociado a ideas tan peligrosas como la organización popular, la democracia participativa, la transformación profunda de la sociedad en favor del mundo subalterno. Estos grupos más extremos de la derecha han contado, por lo menos desde el golpe de Estado del año 2002, con apoyo político y financiero del Departamento de Estado norteamericano.

Como ciudadanos de América Latina y de otras regiones del mundo, sostenemos un compromiso doble. Por un lado, un compromiso con la democracia, esto es, con una democracia participativa, lo cual implica elecciones periódicas, ciudadanos en las calles y ampliación de arenas públicas para la toma colectiva y comunitaria de las decisiones; así como con una democracia igualitaria, lo cual conlleva la ampliación de la frontera de derechos, en pos de una sociedad más justa. Por otro lado, tenemos un compromiso con los derechos humanos, el cual coloca la base mínima e innegociable del respeto mutuo, que impide la tortura, la muerte del oponente, la resolución de nuestros conflictos a través de la violencia.

En esa línea, creemos que el principal responsable de la situación en Venezuela –en tanto garante de los derechos fundamentales- es el Estado, en manos de las actuales autoridades gubernamentales. Pero, como ya hemos dicho, es fundamental colocarse por encima de esta polarización, y buscar las vías de otro diálogo político y social, que dé lugar a aquellos sectores que hoy quieren salir de dicho empate catastrófico y colocarse por encima de toda salida violenta.

En razón de ello, nos manifestamos solidarios con el reciente llamamiento a un diálogo democrático  y plural, que incluya las diferentes voces, no exclusivamente aquellos sectores polarizados del campo del gobierno y la oposición, que ha sido realizado por sectores autoconvocados de Venezuela, entre ellos, dirigentes políticos, académicos, activistas sociales y organizaciones sociales y políticas de alcance nacional, ex ministros de Chávez y ex dirigentes de sectores de la oposición, activistas de derechos humanos, comunitarios, sindicales y políticos (ver https://www.aporrea.org/actualidad/n308976.html.)

 Convocamos a la urgente conformación de un Comité Internacional por la paz en Venezuela, a fin de detener esta escalada de violencia institucional y callejera.

Convocamos a la urgente conformación de un Comité Internacional por la paz en Venezuela, a fin de detener esta escalada de violencia institucional y callejera. Apostamos, desde la izquierda, a que otro diálogo es posible en Venezuela, más allá de la polarización y de la violencia.

Las salidas a tales crisis siempre son largas y complejas, pero requieren más democracia, nunca menos. Y este proceso solo podrá concretarse  por la vía del respecto de los derechos humanos, así como de la autodeterminación del pueblo venezolano.

Firmantes América Latina

Maristella Svampa, Roberto Gargarella,Beatriz Sarlo

Alberto Acosta, economista, ex presidente de la Asamblea Constituyente, Ecuador.

Maristella Svampa, socióloga y escritora, investigadora del Conicet, Argentina.

Roberto Gargarella, Abogado Constitucionalista, Investigador del Conicet, Argentina.

Carlos Altamirano, Historiador, ensayista, Profesor de la UNQUI, Argentina.

José Nun, Abogado y politólogo, Presidente Fundación de Altos Estudios Sociales, Argentina

Chico Whitaker, Brasil, co-fundador del Forum Social Mundial, Premio Nobel Alternativo de 2006

Raúl Prada, Coordidador de Pluriversidad Oikologías) miembro de Comuna, Bolivia.

Raphael Hoetmer, Holanda/Peru

Enrique Viale, Abogado Ambientalista, Argentina.

Beatriz Sarlo, Ensayista, escritora, Argentina

Carlos Walter Porto-Gonçalves – Brasil

Miguel Alonso Arconada García, Ingeniero Geólogo. Universidad de los Andes. Venezuela

Catherine Walsh, Universidad Andina, Ecuador.

Pablo Alabarces, Sociólogo, Universidad de Buenos Aires, Argentina

Horacio Machado Aráoz, Investigador del Conicet y docente de la Universidad Nacional de Catamarca, Argentina

Massimo Modonesi, Historiador, UNAM, México

Adrian Gorelik, Arquitecto, Universidad Nacional de Quilmes, Argentina

Roland Denis, investigador-comunicador, Venezuela

Arturo Escobar,profesor de antropologia, Universidad de carolina del norte,Chapel Hill, USA.

Luis Adrián Galindo Castro, antropólogo y doctor en ciencias sociales, Venezuela

Alex Ricardo Caldera Ortega, Director de la División de Ciencias Sociales y Humanidades, Campus León de la Universidad de Guanajuato, Mexico

Rafael Rojas, Centro de Investigación y Docencia Económicas, CIDE, México

María Eugenia Borsani, Universidad Nacional del Comahue, Directora del  CEAPEDI, Argentina.

Daniel Chávez, Antropólogo (Uruguay), Instituto Transnacional (Amsterdam)

Elizabeth Peredo Beltran –  Psicóloga social, investigadora y activista,  Bolivia

Horacio Tarcus, historiador,CeDInCI / UNSAM / CONICET, Argentina.

Javier Antonio Vivas Santana, Ontólogo – Profesor universitario . Analista Político, Venezuela

Patricia Zangaro, Dramaturga, Argentina

Ruben Lo Vuolo, Economista, CIEPP, Argentina

Zulma Palermo, docente universitaria, Argentina

Paulino Nunez, Brasil

Alejandro Bendaña, historiador y politólogo, Nicaragua

Armando Chaguaceda (profesor-investigador, universidad de Guanajuato, México)

Lea Guido L  socióloga, exministra de salud de Nicaragua,

José Miguel Onaindia, abogado, gestor cultural, Uruguay-Argentina

Julio Aguirre, Politólogo, Universidad Nacional de Cuyo, Argentina

Patricia Pintos, Geógrafa, Universidad Nacional de La Plata, Argentina

Osvaldo Acervo, Politólogo, Argentina.

Marcelo Plana, Ingeniero, Argentina

Carlos Penelas, escritor (Argentina)

Alexis Mercado Suárez, Profesor Centro de Estudios del Desarrollo. Universidad Central de Venezuela

Pablo Ospina Peralta, Universidad Andina, Ecuador

Miriam Lang, Universidad Andina Simón Bolívar,  Quito, Ecuador

Carlos Zorrilla, activista, Intag, Ecuador

Fernando Vega Cuesta. Asambleísta constituyente en Montecristo, Ecuador

Juan Cuvi, Ex Dirigente de Alfaro Vive Carajo, Ecuador

Darío Lagos, Psiquiatra, Eatip, Argentina

Ana Sarchioni, Politologa, Argentina.

Jorge Jabkowsky, Médico, Colectivo Andrés Carrasco, Argentina

Vera Carnovale (CeDInCI/UNSAM-CONICET), Argentina

María Suárez Luque, Escuela de Educación, Universidad Central de Venezuela

Danilo Quijano, ensayista, Peru

Otávio Velho, antropólogo, Brasil

Beatriz García, Docente, Venezuela

Erika Arteaga Cruz, salubrista, activista por el derecho a la salud, doctorando Universidad Andina Simón Bolïvar- sede Ecuador.

Carolina Ortíz Fernandez, UNMSM, Lima, Perú.

Jurgen Schuldt, Profesor Emérito, Universidad del Pacífico, Lima, Perù

Hugo Noboa Cruz, médico y activista de DDHH, Ecuador

Virginia Vargas Valente– Sociologa, feminista, Centro Flora Tristan, Programa Democracia y Trasnformacion Global, Peru

Tatiana Roa Avendaño, Censat-Agua Viva, Colombia

Enrique Leff, Instituto de Investigaciones Sociales, Universidad nacional autónoma de México

Hugo Enrique Mendez Urdaneta, comunicador social, Venezuela

David Roca Basadre, Periodista ambiental, Perú

Raquel Gutiérrez Aguilar, Profesora-investigadora del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades Universidad Autónoma de Puebla, México

Johanna Cilano (Universidad Iberoamericana, Mexico)

Dario Manuel Gómez Suarez profesor de historia, docente de la uptaeb, Venezuela.

Aldo Valarezo Sánchez, abogado, comunicador social y escritor ecuatoriano.

Emilio Ochoa Moreno, Profesor universitario, Guayaquil, Ecuador.

Rogério Haesbaert – geógrafo, Universidade Federal Fluminense, Brasil

Diego Saavedra Celestino, Lima, Perú

Alberto Chirif, Antropólogo. Iquitos-Perú

Maria Pilar Garcia-Guadilla, Feminista, pacifista  y activista ambiental, Venezuela

Pablo Quintero (Venezolano, profesor e investigador,  Universidade Federal da Integração Latinoamericana, Brasil)

Roberto Espinoza LLanos, Red Descolonialidad del Poder y Saber, Sociólogo, Perú

Mirta Alejandra Antonelli, Docente Investigadora, Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad Nacional de Córdoba, Argentina

Luis Daniel Vazquez Valencia, Flacso, México

Pablo Paño Yáñez. Antropólogo, PhD. Docente e investigador de la Universidad de Cuenca. Ecuador.

Jean Meyer Division de Historia Centro de Investigacion y Docencia Economica (Mexico)

Marcelo Colussi, psicólogo, Guatemala

Juan Luis Sosa. Abogado UCV, Doctorado en curso, activista social y político, Venezuela

Alejandro Almaraz, abogado, docente de la Universidad Mayor de San Simón, Bolivia.

Fernando García, Antropólogo, Profesor investigador flacso Ecuador

Francisco Muñoz Jaramillo, Universidad Andina, Quito, Ecuador,

Boris Marañón, Universidad Nacional Autónoma de México

Diana Dowek, artista, Argentina

Catalina Toro Pérez, Dpto de Ciencias Politicas, Universidad Nacional de Colombia, Colombia

Hernando Sáenz Acosta, Docente Facultad de Sociología Universidad Santo Tomás Bogotá, Colombia

Vladimir Aguilar Castro, Profesor Universidad de Los Andes, Venezuela

Mónica López Baltodano, Abogada DDHH, Nicaragua

Helton Adverse, UFMG – Brésil.

Roberto Ochandio, Geografo, Argentina

Vladimir Aguilar Castro, Profesor Universidad de Los Andes, Venezuela

Oscar Campanini Gonzales, Sociólogo, Bolivia

Beatriz Urías Horcasitas, Instituto de Investigaciones Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México

Benjamín Gajardo, Universidad Andrés Bello, profesor de derecho (Chile).

Mario Alejandro Pérez Rincón, Profesor Universidad del Valle – Instituto CINARA, Colombia

Javier Gómez, Economista, CEDLA, Bolivia

Alfredo Gaviria Guedes, Ing. Forestal, Lima, Perú.

Sebastián Pereyra, sociólogo, investigador Conicet, Argentina.

Jose Ribas Vieira Professor Titular ufrj direito  e Professor Associado Pos Graduação Puc-rio, Brasil

Lena Lavinas, Economista, Universidade Federal do Rio de Janeiro

Leopoldo Múnera Ruiz, Politólogo. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia. Colombia

José Maurício Domingues, IESP-UERJ, Brasil

Pilar lizarraga A, Inv JAINA, TARIJA- BOLIVIA.

Billy Navarrete, documentalista y defensor de Derechos Humanos, Guayaquil – Ecuador

Armando Fernandez, Fundacion Antonio Nuñez Jimenez (Cuba)

Fundación DIVERSO ECUADOR, organización para la promoción y defensa de los Derechos Humanos del Colectivo LGBTI del Ecuador

Luis Tapia, Filòsofo, Ensayista, CIDES, Bolivia,

Europa y Estados Unidos

Boaventura de Sousa Santos, Centros de Estudios Sociales, Coimbra, Portugal

Pierre Salama, professeur émérite université de Paris, latinoamericanista, Francia.

Gilles Bataillon, Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales, Francia

François Dubet, Sociologo, Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales, Francia.

Bernard Duterme, Director del CETRI – Centro tricontinental, Bélgica

Maxime Combes, economista y miembro de Attac Francia

Walter Mignolo, Duke University, Estados Unidos

Ulrich Brand, Profesor de Política Internacional, Universidad de Viena, Austria

Julie Skurski, Profesora de Antropología, CUNY Centro Graduado, Nueva York, EUA Jörg Flecker, University of Vienna, Austria

Rainer Bartel, Associate Professor, Department of Economics, Johannes Kepler, Universit Linz, Austria

Samuel Farber, Profesor Emérito de Ciencias Políticas, Brooklyn College de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY), Estados Unidos

Aram Ziai, Heisenberg-Professorship Development and Postcolonial Studies

Faculty of Social Sciences, University of Kassel, Alemania

Peter Herrmann, Corvinus University, Institute of World Economy

Budapest, Hungría

Sergio Coronado, diputado frances. Districto: franceses del exterior (America latina y Caribe)

José Arconada Rodríguez, Intérprete Bruselas, Bélgica

Peter Fleissner, Univ.Prof.i.R.Dr.techn.Dipl.Ing, Vienna University of Technology, Austria

Isidor Wallimann, Ph.D.Visiting Research Professor, Maxwell School, Syracuse University, Syracuse, Estados Unidos

Alban Knecht, Universität Linz, Austria

Christian Haddad, Austrian Institute for International Affairs, Vienna, Austria

Paula Vasquez Lezama, CNRS, Francia

Christoph Scherrer, Department of Social Sciences, Universität Kassel, Alemania

Pepe Mejía, periodista y activista social. Madrid-Spain

Isabella Radhuber, politóloga, Universidad Autónoma de Barcelona

Anxo barreiro ingeniero civil, Galicia. España

Hans_Ulrich Bünger, científico social, Alemania

Thomas Sauer, Professor für Volkswirtschaftslehre / of Economics

Ernst Abbe Hochschule / University of Applied Sciences, jena, Alemania

H.Peter Degischer, em.Univ.Prof.Transformat, Viena, Austria

Joachim Hirsch, University of Frankfurt, Germany

Nick Hildyard, The Corner House, Reino Unido

Larry Lohmann, The Corner House, Reino Unido

Sarah Sexton, The Corner House, Reino Unido

Peter Koelle Dahle, Guayaquil, Ecuador

Yanina Welp, Center for Democracy Studies, Universidad de Zur

David Schieferdecker, Research Fellow at the University of Mannheim in Germany.

Adi Golbach, Berlin, Alemania

Trevor Evans, Emeritus Professor of Economics, Berlin School of Economics and Law, Bsrlin, Alemania.

Manuel Rodriguez, Universidad de Frankfurt, Alemania

Gerd Steffens University of Kassel/Germany

Hermann Klosius, Grupo de Información sobre América Latina (IGLA), Viena, Austria

Marianne Scheinost-Reimann, Vienna,  Austria

Gilles Rivière, antropólogo, Francia

Alicia Fernández Gómez – Enseñante, España

Joachim Elz-Fianda, Alemania

Klaus Meschkat, Sociologo,  Leibniz Universität Hannover, Alemania

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