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Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

Quien espere una segunda «Década Ganada» morirá de una extraña sed

06 Oct,2019

por Jorge Falcone

Contraer la deuda más grande de la historia culmina con una emergencia alimentaria

El ex Ministro de Economía – al que seguramente la Historia reservará un oprobioso sitial – se ufanó de que un ajuste como el que tuvo lugar jamás fue posible sin que cayera un gobierno. Pues bien: Erró el cálculo. El 11 de agosto pasado, producto de un sordo y acumulativo hartazgo que no vio venir la Argentina del cálculo y la estadística, cayó el gobierno de Cambiemos. Y eso es así pese a la previsible victoria de Suárez en Mendoza, cuyo resultado este atribuyó a la gestión de su predecesor y no del primer mandatario, quien igual procura montarse sobre dicho triunfo para insuflar algo de mística a la insustancial Marcha del #Sí se puede, a todas luces organizada para complacer a vecinxs como lxs de Barrancas de Belgrano, a quienes les resbala el canallesco DNU que limita las indemnizaciones por riesgo de trabajo. Contra su promesa de remontar durante los próximos cuatro años el desastre de los cuatro que estamos dejando atrás, la mayoría de los pronósticos coinciden en que este mes se ratificará el veredicto de las PASO, tal vez con guarismos aún más favorables al voto opositor. Muchxs argentinxs esperamos que, con un nuevo presidente electo, se nos evite prorrogar este suplicio hasta el 10 de diciembre.

Crónica de una muerte anunciada

Numerosos analistas han venido dando cuenta del desaliento existente en las filas del oficialismo, así como del indisimulable desbande de muchos de sus exponentes provinciales y municipales, cada vez más renuentes a mostrarse en boletas electorales que incluyan a Macri. Podría decirse que en el seno de la coalición gobernante sólo se mantiene incólume el vesánico optimismo de la Dra. Carrió, y el que simula el candidato a vicepresidente con vano afán de supervivencia política. Si por ventura la tendencia dominante propiciara un ballotage en C.A.B.A. (Horacio Verbitsky ha venido afirmando que hay un 10% de flujo de votantes favorable a la candidatura de Lammens), el prudente funcionario que disimula sus aspiraciones presidenciales absteniéndose de hacer campaña y circunscribiéndose a ejercer el gobierno de su distrito – a la fecha, única esperanza blanca para Todos por el Cambio – también entraría en una zona de riesgo, haciendo peligrar el futuro de dicho armado (que no el de la perenne y virulenta masa crítica del gorilismo vernáculo) De tal modo, con un índice de pobreza que supera el 35 %, y el fantasma acechante de Comodoro Py, culmina la temporada de esta serie que nos aterrorizó durante cuatro años.

En tanto, Europa ya recibe al candidato presidencial del Frente de Todxs como mandatario electo, y – según el agudo columnista de La Nación Carlos Pagni – el hombre tiene prácticamente conformado un gabinete que muy probablemente cuente con Santiago Cafiero como su jefe (siempre que no le paguen con dicho puesto a Sergio Massa, aparentemente indispuesto a presidir la Cámara Baja), León Arslanian como Ministro de Justicia, Felipe Solá como canciller, Victoria Donda como Ministra de la Mujer y – si no se decide por Matías Kulfas -al Ministerio de Economía quizás vaya una heterodoxa como Cecilia Todesca, aunque paradojalmente ya se le haya encargado un proyecto de tipo texano a Guillermo Nielsen para administrar Vaca Muerta. Durante los últimos días también trascendió el nombre de Sergio Lanziani como candidato a ocupar la cartera de Energía, los de Julián Domínguez o – nuevamente – Carlos Tomada para Trabajo, Ginés González García para Salud, Daniel Arroyo para Desarrollo Social, y no se descarta que el “resucitado” Florencio Randazzo vuelva a dirigir el Ministerio de Transporte. Si lo confirman en Interior, el único camporista en esa primera línea funcionarial sería Eduardo “Wado” De Pedro, que en caso contrario podría hacerse cargo de la Secretaria General de Presidencia. Para completar un adelanto de “la próxima temporada”, circulan algunos datos que suelen resbalarle al kirchnerismo más emocional y obtuso: En su reciente paso por la provincia de Tucumán, un sostén de campaña como Juan Manzur ungió a Alberto Fernández como “nuevo jefe del peronismo”, aseverando que este presidirá el país junto con los gobernadores, así como que Verónica Magario, funcionaria a la que dicho arco considera fuerza propia, se encargará de acotar al otro camporista elegido para gobernar la Provincia de Buenos Aires. Pese a semejantes indicadores, por ahora cuesta creer que el Instituto Patria se disponga a resignar el próximo turno de gobierno, apuntándose más bien para administrar el país a partir de 2023.

Así las cosas, el perfil de la futura administración parecería pendular entre la felicitación a Evo Morales por ejercer una gestión que garantiza el Buen Vivir de su pueblo y la desestimación pública del reclamo de Juan Grabois respecto a la necesidad de llevar a cabo una Reforma Agraria, postura que el candidato más votado complementa con la recomendación a las organizaciones sociales de “evitar las calles” (única estrategia que ha demostrado cierta eficacia a la hora de arrancar derechos a este gobierno insensible y autista)

Dilemas del "día despues" gane quién gane

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El panorama descripto no hace más que ratificar lo escrito recientemente por el compañero Julio Gambina: “El capitalismo no está en la discusión y solo aparece la dimensión de lo posible en su seno”.

Las estrategias de unidad que permitieron consensuar consignas como “Luche y se van” o “La deuda es con el pueblo y no con el FMI”, no exhiben aún demasiado acuerdo respecto a cómo plantarse ante una futura gestión que promete establecer un nuevo Pacto Social y fomentar una tregua de seis meses para ordenar la economía. Es más, prácticamente podría convenirse que la vanguardia más activa de la lucha social se autopercibe como una fuerza meramente reivindicativa.

Sabido es que las hegemonías se construyen con política. Así, quien mejor interprete y traduzca el momento histórico seguramente jalonará a una considerable masa crítica en condiciones de operar los cambios necesarios. Pese a no haber abandonado las calles ni un solo día desde que asumió la ceocracia macrista, las fuerzas populares de Argentina no han conseguido aún traccionar a las mayorías, evidentemente más apegadas a la legalidad constitucional que a cometer ciertas audacias en nombre de la legitimidad, para acortar – por ejemplo – el mandato de una administración que hace agua por donde se la revise, y a la cual aliados incondicionales de otrora, como una amañada Justicia, ya comenzaron a pasarle factura. La lección es clara: Para una sociedad severamente encorsetada por las limitaciones de la democracia formal, el veredicto de las urnas prevalece sobre el de las calles.

La disrupción de 2001 puso la vara tan alta en materia de reclamos que impidió a la clase política resolver la crisis por derecha. Así, el kirchnerismo, con su discurso épico y derechohumanista restauró la gobernabilidad en peligro cooptando otrora aguerridas organizaciones sociales y referentes de la lucha por los DDHH intransigentes hasta entonces.

La ampliación de derechos llevada a cabo durante los tres períodos que duró la gestión de gobierno más expectable desde la recuperación democrática no modificó sin embargo la matriz productiva extractivista y agroexportadora del país ni alteró sustancialmente su modelo de exclusión social.

Todo indica que el año en curso culminará brindando una nueva oportunidad histórica a muchxs protagonistas de aquella experiencia.

Pero ese cambio de mando se producirá en un contexto en el que escaseó una autocrítica profunda de la Década Larga Progresista en la región. No pocos analistas, haciendo gala de sentido común, atribuyen al desaprovechamiento de dicha circunstancia – y a la consabida zozobra del socialismo real – la orfandad y desorientación que hoy padece gran parte de las fuerzas populares en la región.

Ante el exceso de “prudencia” que trasunta buena parte de las organizaciones sociales, resulta lícito preguntarse en qué medida gravita aún el saldo disciplinador generado por la última dictadura oligárquico militar genocida, y expresado ahora por una tendencia a avanzar, ante los desafíos de la hora, con el cuidado de quien pisa cáscaras de huevo.

En efecto, la noción de fragilidad de la alternativa que se abre a nivel superestructural parecería condicionar a la militancia poco menos que a contener la respiración por tiempo indeterminado, para que dicha instancia no se desmorone de inmediato como un castillo de naipes.

¿Será que el pueblo argentino – protagonista de inolvidables mayos, octubres y diciembres – experimenta cierto desgaste que le dificulta recoger la programática más radical que fue gestando a lo largo de su larga lucha… u ocurrirá más bien que últimamente no ha alcanzado a generar una dirigencia capaz de ser consecuente con la imperiosa necesidad de transformar esta democracia de la derrota en otra capaz de hacerse cargo de lxs condenadxs de la tierra?

¿Estaremos acaso resignándonos a que políticos de carrera intermedien por siempre la defensa de nuestros intereses?

¿No constituye capital suficiente para cambiar el curso de una historia recurrente colmar de voluntades día tras día la avenida más ancha del país, o sucede que a buena parte de la dirigencia social – en sintonía con la burocracia sindical (que habrá que ver para qué se reunifica) – le alcanza con perpetuarse manteniendo capacidad de negociación ante las autoridades de turno?

En los últimos días sorprendió a muchxs el dirigente sindical de ATE Capital Daniel “Tano” Catalano, cuando ante las perspectivas aquí revisadas advirtió “Espero que Alberto tenga la muñeca necesaria y no debamos cantar ‘qué pasa que se llenó de gorilas el gobierno popular’ “, en clara alusión a la confrontación entre la tendencia revolucionaria del peronismo y la orientación adoptada por el tercer gobierno del General Perón, puesta de manifiesto durante la celebración del Día de lxs Trabajadorxs de 1974, ocasión en que la asistencia más combativa de aquel acto se vio superada por el descontento de sus bases y debió abandonar la Plaza de Mayo: La experiencia histórica parecería recomendar apertura y diálogo con las bases militantes de todo el arco popular… así como estar “atentxs y vigilantes” – al decir de Evita – ante los próximos pasos de la dirigencia consagrada en las urnas.-

Fuente: Resumen Latinoamericano

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