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Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

“Si el feminismo no es descolonial, va a seguir siendo patriarcal”

La nueva generación de jóvenes indígenas militantes nos cuentan sobre sus identidades, sus opiniones sobre el aborto, las disidencias y las limitaciones que ven en el movimiento feminista actual. Cobertura colaborativa de Revista Cítrica y LatFem.

 

Hay una nueva generación de mujeres indígenas que está trayendo aire fresco a las luchas de las naciones ancestrales ¿Cuáles son las disputas que ellas empujan dentro de las comunidades y organizaciones indígenas? ¿Qué puntos de contacto y qué diferencias tienen con el movimiento feminista? Para contestar estos y otros interrogantes, conversamos con tres mujeres jóvenes pertenecientes al Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir.

Antes de presentarlas con nuestras palabras, nos gustaría que se presentaran ustedes mismas, ¿podrían contarnos quiénes son?

Raintuy: Mi nombre es Raintuy Maestri Millán, tengo 18 años, soy de una comunidad que se llama Pillan Mahuiza, que está a 100 km. de Esquel, Chubut; mi procedencia es mapuche de parte de mi mamá, mi papá es italiano. Hay ahí una mezcla. Yo siempre participé en los Parlamentos, Foros, diferentes actividades como la Marcha (NdeR: de las Mujeres Originarias, iniciada en 2012) y demás, pero mi participación más activa en el Movimiento fue este año, cuando llegué a Buenos Aires.

Celeste: Yo me llamo Celeste Vientos, tengo 25 años y nací en Jujuy. Mi mamá biológica me tuvo a los 16 años y me dio en adopción a mi tía abuela. Ella fue quien me transmitió todos sus saberes ancestrales, me enseñó toda la lucha de los pueblos indígenas que existen. Y fue por ella que me acerqué al Movimiento, pero siempre desde un lado de colaboradora, a través de la fotografía, de lo que iba aprendiendo de diseño. Con el tiempo me fui involucrando un poco más. Cada año y cada paso que va sucediendo en el Movimiento de Mujeres Indígena me voy involucrando desde un lugar mucho más profundo y comprometido que antes.

Noelia: Mi nombre es Noelia Naporicci, tengo 25 años, pertenezco a la nación Qom, y estoy viviendo en la ciudad de Rosario hace 6 años. He crecido y he vivido toda mi vida en el campo con mis abuelos, pero en un momento empecé a ir a la ciudad y a conocer a mi familia biológica y a mis hermanos, y me quedé con ellos. Fue difícil pero después de todo eso empecé a sanar y a revivir una nueva vida. Y ahí fue que  me encontré a Moira Millán —activista mapuche— y ese fue mi inicio dentro de lo que fue la Marcha de Mujeres Originarias, que luego pasó a ser el Movimiento. En ese momento yo tenía 14 años.

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¿Las mujeres jóvenes tienen un rol ancestral particular dentro de sus pueblos? 

R: En el pueblo mapuche todas las edades tienen su rol y su importancia porque se rigen por el newen (la fuerza) que cada une tenga. Entonces vos podés tener 13 años y ser machi y vas a hacer una autoridad, no necesitás llegar a ser anciana. Yo nací en un lof (comunidad), pero mi mamá (Moira Millán) perdió la tenencia de sus hijas por no llevarnos a la escuela, y eso nos llevó a vivir a la ciudad. Pero si nosotras hubiéramos seguido viviendo en el campo, nuestro newen se habría desarrollado y hubiéramos cumplido ese rol con el que cada una nació. Entonces no hay una diferencia etaria sino que la diferencia está en el newen que cada une tenga.

N: En mi nación pasa lo mismo, dependiendo de la zona donde vivís. Podés ser piogonak, que significa sanador o curador en nuestro idioma, o podés ser una mala persona que hace daño siendo joven o adulto. Es lo mismo. Pero no tenés permitido ser un piogonak si tu abuela o tu abuelo no lo anuncia delante de toda la comunidad.

Ustedes son una nueva generación de luchadoras indígenas, ¿sienten que tienen una visión distinta a la de sus mayores sobre temas que involucran a las mujeres?

R: Yo creo que lógicamente hay diferencias, porque une es cómo se cría también. Por ejemplo con mi mamá tenemos una forma de accionar muy distinta, por más de que sintamos lo mismo hacia las causas, cada una lo va a caminar de forma distinta. El Movimiento es diverso, y aunque sí hay temas en común, el camino hasta llegar a eso es distinto para cada une. Eso es inamovible y la diversidad está ahí. El tema de dejar de ser solo “Mujeres” y empezar a ser “Mujeres y Disidencias”, por ejemplo, es una diferencia que tenemos con las más grandes. 

¿Y se encuentran de repente teniendo charlas con sus mayores en las que tienen que explicarles algo sobre estos temas?

C: Sí (risas).

R: Todo el tiempo.

N: Yo como laburo con jóvenes lo que trato siempre es de ir con una energía más pacífica y no al choque o a decir “che, mirá, ya no es más un chico, es una chica”.  Es el espíritu el que se va transformando, y eso sí se entiende, obviamente. Quizás vos seas el nieto de alguien respetado y mayor, un sanador, una machi, y lo que pasa es que se sabe pero no se dice, se trata... pero silenciosamente. Con la nueva generación dentro de las comunidades Qom, lo que aparece es otra energía, y por ahí te encontrás que te dicen “no sé si lo voy a entender de golpe, pero yo lo quiero entender”. También por el tema del aborto, me pasó con mi madre biológica que ella estaba muy en contra, pero a la vez ya sabía que en la comunidad pasaba, que había abuelas que lo hacían con la medicina ancestral, espiritualmente, que tenían una visión de cómo realizar todas esas cosas y de no lastimar al cuerpo, ni al espíritu, ni a la conciencia de la persona. Entonces en un momento, mi madre dijo: “bueno, lo voy a aceptar quiera o no quiera porque yo sé que ha pasado y sigue pasando”. En el campo los tenemos contados, todos los días se hacen abortos. Muchas veces me pasa que le estoy enseñando a mi madre, que me parió a mí, y a la vez pienso que quizás ella no estaba preparada en ese momento para ser madre, no sé si en un momento le preguntaron si quería ser madre o no. Como mujeres nos vamos entendiendo dentro de la comunidad, vamos dialogando, y ahí es el momento en que capaz vos como joven te das cuenta de que le estás enseñando algo a una persona mayor.

C: Yo creo que nuestros vínculos los seguimos construyendo y deconstruyendo siempre desde la reciprocidad. Así como ellas nos han enseñado un montón y nos han transmitido un montón de sus conocimientos de ellas, de sus abuelas, de sus bisabuelas, nosotras ahora nos sentamos con ellas y les transmitimos en nuestras palabras, y desde nuestras propias experiencias también, cómo es que estamos viviendo toda esta transformación, por ejemplo como esto de incorporar a las disidencias en nuestros encuentros. 

"Volver al Encuentro de Mujeres Plurinacional sería una forma de reconocer que todavía existimos"

Las disidencias y el aborto son identidades y preocupaciones que el Movimiento de Mujeres Indígenas tiene en común con el movimiento feminista ¿Qué tipo de vínculo tienen ustedes con el feminismo? 

C: Al principio creo que se romantizó un poco todo, pero después dentro del feminismo nos encontramos de pronto con esos choques donde a nosotras nos excluyen, donde sufrimos igual racismo. Por ejemplo, no nos dejan hablar o quieren darnos los últimos momentos de los encuentros para poder decir lo que pensamos. Y esas cosas son las que nos duelen, las que no queremos que sigan pasando. Por eso también justamente es que decidimos parlamentar entre nosotras, y eso también es algo que les cuesta entender a ellas, que necesitamos nuestros propios espacios. A veces siento también que nos ven como objeto de estudio, o nos piden asistir como oyentes, y esto no es una cátedra, no tiene nada que ver con la academia; les cuesta mucho entendernos desde ese punto de vista.

R: Claro, yo igual creo que lógicamente estamos todas en una misma lucha, eso no se discute, porque a todas nos trasciende el patriarcado. Por eso es que el Movimiento de Mujeres Indígenas es antipatriarcal. El patriarcado también nos trasciende a la hora de comunicarnos, a la hora de estar coloniales, a la hora de ver y quedarte en tu estructura de racista, porque es así, también es como han sido construidas, en un privilegio, por eso también decimos: “bueno, hay que deconstruirnos”. Es muy necesario que el feminismo sea descolonial, porque sino va a seguir siendo patriarcal siempre. 

N: Es tan grande la palabra “feminismo” que al final se va achicando. Desde mi punto de vista, realmente no nos representa a las mujeres aborígenes. El feminismo viene de occidente. Como mujer indígena, he sufrido discriminación en Rosario tanto por agrupaciones feministas como por chicas que no tienen nada que ver con el feminismo. Al final estamos peleando por algo que a todas nos pasa, pero terminamos siendo las mismas personas del movimiento feminista las que hieren a las personas más vulneradas. Lo que pasa en Rosario es que para todo nos hacen esperar a las mujeres indígenas. Si querés ir a una marcha tenés que esperar un sorteo y si no vas al sorteo tenés que ir a la otra punta; y si querés agregar algo tenes que ir todos los días a la asamblea que hacen las chicas, tomarte un bondi que sale como cincuenta pesos. Después, ponele que vas todas las veces y te dicen “bueno, sí, tomamos tu pedido, pero va a estar allá abajo, chiquitito”, y yo digo: “no puede ser loco, nos están matando a todas nosotras, a las mujeres indígenas”. Entonces, las pibas están ahí luchando por los derechos pero al final no sé qué están haciendo, porque no nos están representando, obviamente son racistas, y hay que decirlo: son así. 

Tomando esto que dice Noelia, ¿no sienten que el movimiento feminista es tan grande que a lo mejor también esto que cuentan sucede en un sector del feminismo y no en todos?

N: Y mirá, capaz que de cien mujeres tres nada más no sean así. Y te lo digo porque yo lo pasé y lo viví en Rosario, ahí es el gran debate con estas agrupaciones.

R: Yo creo que por ahí hablar del feminismo es como hablar del capitalismo también, porque es como hablar de algo que trasciende mucho. Y lógicamente creo que hay espacios y grupas feministas, que generalmente son disidentes, que su forma de relacionarse es diferente. Lo que pasa es que yo creo que a veces el feminismo que hay acá, como viene de Europa, tiene una estructura muy europea, y esas no son nuestras formas de relacionarnos. Por eso nosotras decimos que somos antipatriarcales. Yo no me defino feminista por este tipo de cosas, pero sí siento que coincido cien por ciento en otras cosas. La crítica que hacemos como Movimiento de Mujeres Indígenas es a ese feminismo que sigue copiando y trayendo de Europa algo a América, algo que allá sí funciona, pero acá es distinto. Y también veo que hay necesidades o luchas que nosotras no compartimos, por ejemplo el derecho al salario, o el derecho al voto, que fueron unas de las primeras luchas ganadas del feminismo, y es genial, pero nosotros no somos piramidales, no queremos un presidente ni una presidenta, ni el derecho a votar a alguien que nos represente simplemente porque tenemos otra forma, porque nuestra forma es circular. Entonces hay muchas cosas en las que somos muy distintas. 

¿Por qué les parece importante que el Encuentro de Mujeres pase a ser plurinacional?

R: Porque nosotras creemos que en este territorio hay 36 naciones, no una sola, y queremos visibilizarlas... 

C: Y todas esas naciones, además, están antes de la conformación del Estado argentino, y sentimos que eso no se tiene en cuenta. Por ejemplo, hay mujeres indígenas en las comunidades que están luchando contra mega empresas, contra proyectos que están destruyendo y devastando la tierra, y les cuesta un montón llegar también a esos encuentros donde quieren llevar su palabra. Entonces también volver al Encuentro de Mujeres plurinacional sería una forma de reconocer que todavía existimos, y que realmente hay mujeres que se están muriendo por todo esto.

¿Qué ideas o estrategias tienen para poder ir sumando más gente joven al movimiento? 

N: Mi propuesta del movimiento en una de las aulas era que haya una creación de un espacio de juventud del Movimiento de Mujeres Indígenas como una red, como enlazar redes, y no solamente de jóvenes indígenas, sino también de jóvenes afro- indígenas... 

C: Para mí ese tema es difícil, personalmente me pasa que me encuentro con indígenas niñas que quizás no se autoperciben o no se reconocen como indígenas aún, pero igual yo trato de no imponérselos, no les digo “vos sos indígena”, sino que trato también, volviendo al tema de la reciprocidad que hablábamos antes, de conocernos, de escucharnos. Y también con mis compañeras que están en el feminismo trato de instalar estos temas que estamos hablando ahora, y de que ellas puedan entenderme, así como yo también las entiendo, y las amo. 

R: Sí, además yo creo que el camino a la identidad es un proceso individual y colectivo a la vez. Es muy loco eso, porque por más que se colectivice, siempre una llega a su identidad de una forma individual, siempre puede haber un colectivo que te acompaña, pero el proceso en sí de llegar a la identidad es meramente individual.

 

Fuente: revistacitrica.com

 

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