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Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

Raúl Sendic: algunos aspectos de su trayectoria revolucionaria (fragmentos)

En las primeras horas de la madrugada del 31 de Julio de 1963 un grupo de hombres asalta la Sociedad de Tiro Suizo de Nueva Helvecia, Uruguay, llevándose 20 fusiles checos modelo 1934, 2 carabinas calibre 22 y 5 fusiles con cerrojo y caño descalibrado y un fusil Martini. La policía atribuye el mismo a delincuentes comunes, sin embargo, otros portavoces policiales indican como autores del asalto a militantes de izquierda dirigidos por Raúl Sendic. En ese mes se cumplían 10 años del asalto al Cuartel Moncada.

Eran los años posteriores al triunfo de la Revolución Cubana, que había conmovido a todo nuestro continente. En el Uruguay los numerosos grupos de izquierda habían dado un decidido apoyo al proceso revolucionario cubano, al mismo tiempo que se abrían debates y se escribían manifiestos o proclamas acerca de la viabilidad o no de la aplicación de la lucha armada.

Por ese entonces nuestro país de fachada “europea” había perdido ya su carácter “excepcional” para hermanarse a los sufrimientos de los demás pueblos latinoamericanos. La creciente agudización de la crisis golpeaba al país que había sido ejemplo de democracia representativa, augurando enfrentamientos de clase cada vez mayores, sin que la izquierda lograra ampliar el apoyo popular como lo expresaba el resultado electoral de 1962.

La acción del Tiro Suizo irrumpe con la fuerza incuestionable de los hechos por sobre el sentimiento de derrota que se vivía en esos meses poselectorales y por sobre el cúmulo de discusiones y declaraciones que caracterizaban a los sectores de izquierda.

La identificación de Raúl Sendic como principal responsable del asalto al Club de Tiro y la orden de captura que se libra sobre él, dan inicio a la mayor búsqueda y persecución que se haya registrado en la historia del país. Por muchos años, una foto de Sendic estaría en todas las sedes policiales y centros represivos del país.

La figura de Sendic ya era por ese entonces conocida a nivel popular y respetada dentro de la izquierda. Destacado dirigente juvenil del Partido Socialista, Sendic había dejado su carrera de abogado por una militancia que lo llevó a recorrer el litoral uruguayo dejando a su paso un importante trabajo de organizador sindical.

Los remolacheros de Paysandú, los cañeros de Salto y fundamentalmente los “peludos” de Bella Unión, habían reconocido en él, a un verdadero líder.

La formación de UTAA y la combativa lucha de los cañeros, que exigen entre otras reivindicaciones la expropiación de tierras improductivas, repercute en la capital de nuestro país, cuando en 1962 Sendic, al frente de un contingente de “peludos”, realiza una marcha de 600 kilómetros hasta Montevideo. A partir de allí se sucederán otras marchas cañeras en los años posteriores que llevarán en lo alto de sus estandartes y en sus consignas el grito de: UTAA POR LA TIERRA Y CON SENDIC.

El nombre de Sendic levantando como símbolo de la lucha de los cañeros de UTAA, pasó a convertirse a partir de la expropiación de armas de Nueva Helvecia, en símbolo de la rebeldía contra la injusticia y la opresión, en símbolo de la decisión histórica de dar comienzo a la lucha armada revolucionaria.

El bautismo de la misma en julio de 1963, marca el inicio de un método de lucha que indudablemente será fundamental en el proceso revolucionario y por otro lado deja bien alto el nombre de su conductor.

Cuando se confirma que realmente la responsabilidad de la expropiación de armas recaía sobre Sendic, se da inicio desde distintos sectores al intento de persuadirlo para que se entregue a la justicia, alegando que su “delito” por ser de razones políticas podría verse atenuado. Al mismo tiempo, le proponían la utilización de su defensa como vehículo de agitación de la problemática de los cañeros y de denuncia sobre el panorama de injusticia y opresión en el que vivían.

Sin embargo, Sendic toma la clandestinidad y el anonimato como ámbito lógico para quien con gran convicción había elegido un camino que no admitía retornos.

Ese camino recién comenzado habría de tener otra muestra en el mismo año 1963, ya que en el día de Navidad, un grupo de jóvenes secuestra un camión de Manzanares que llevaba una carga de pollos, pavos y postres y reparte el contenido entre los moradores de los cantegriles de Bulevar Aparicio Saravia, dejando en el lugar volantes firmados por el “Comando Juvenil José Artigas”.

De esa fecha a agosto de 1965 en que aparecen los primeros volantes firmados por “Tupamaros” (en un atentado contra la firma Bayer, por la fabricación de gases que Estados Unidos empleaba en la guerra de Vietnam), media un trecho en el cual Sendic y un pequeño grupo de militantes logran ir estructurando la organización guerrillera clandestina, en el marco de una continuada actividad con numerosas acciones de pertrechamiento y propaganda armada.

Median también las medidas reaccionarias de un gobierno entreguista y represivo que rompe relaciones con Cuba (setiembre de 1964), que implanta Medidas Prontas de Seguridad, que clausura varios órganos de prensa y encarcela en sólo dos meses a casi quinientas personas.

Con las elecciones de 1966 se dan aún mayores condiciones para el desmoronamiento de la fachada de legalidad de nuestro país al triunfar la Constitución que instauraba nuevamente la presidencia unipersonal (suplantando al Colegiado vigente) y dándole al Poder Ejecutivo mayores atribuciones. La muerte de Gestido a finales del 67 y el advenimiento a la presidencia del tristemente célebre Pacheco Areco, abren definitivamente a nuestro país a los dictados del Fondo Monetario Internacional, instaurando una política reaccionaria y represiva que quedó de manifiesto a la semana de asumir el nuevo presidente con la clausura de diversos órganos de prensa y la ilegalización de numerosas organizaciones de izquierda.

Sin embargo lo que realmente caracteriza a estos últimos años de la década del 60, es el proceso de movilización creciente y el auge de la lucha popular.

Cientos de conflictos de nuestros trabajadores, reafirman el poderoso papel de la CNT y marcan a fuego los lastres de un régimen enfermo por una profunda crisis, que para defender los intereses de la oligarquía y el imperialismo acude a la violencia y el asesinato. La respuesta juvenil que gana la calle en innumerables movilizaciones del estudiantado de Secundaria y de la combativa Federación de Estudiantes Universitarios, quedará sellada para siempre por la sangre joven y generosa de muchos mártires de nuestro pueblo.

Es en ese contexto que crece el prestigio y la figura de Raúl Sendic, cuando por el incremento del accionar armado se llega a cuestionar los cimientos de un régimen que iba dando cada vez mayores pasos hacia el fascismo.

La popularidad y el apoyo creciente que concitaron las espectaculares acciones del MLN dimensionaron al dirigente que sin discurso, ni tribunas, ni grandes exposiciones, logró ser entendido y seguido por cada vez más gente.

Por sobre la mordaza informativa y el anonimato libremente elegido, el nombre de Raúl Sendic, pintado en las paredes y coreado en las manifestaciones, estuvo presente junto a un pueblo consciente y movilizado, en su justo papel de líder popular.

Un ejemplo de ello fue sin duda la alegría con que fue recibida la noticia, poco tiempo antes de las elecciones de 1971, de que los tupamaros se habían fugado del Penal de Punta Carretas. La fuga realizada por un túnel, fue comentada por la prensa y festejada por nuestro pueblo utilizando la conocida consigna de los cañeros, los tupas se habían ido “POR LA TIERRA Y CON SENDIC”. En ese entonces un veterano militante nos comentaba el hecho diciendo: “Seguramente el Bebe no se quiso perder la alegría de ver al pueblo unido en el Frente Amplio”.

Ese pueblo que había alcanzado niveles sin precedentes de organización y combatividad luchando desde los comités de base, en los gremios estudiantiles, y en los sindicatos, recogía en su seno al dirigente tupamaro que nuevamente volvía a la militancia clandestina, como en los 7 años previos a su caída en la calle Almería acontecida un año antes.

También sería en setiembre, dos años más tarde, que la población uruguaya se vería conmovida, y al mismo tiempo admirada, por la caída de Sendic.

La caída del dirigente revolucionario y la estatura moral demostrada son más elocuentes que las palabras. Sendic caía herido gravemente y resistiendo.

En su actitud, en su firmeza se sintetizaba también el odio y la decisión inquebrantable de nuestro pueblo de combatir al fascismo. La firmeza y valentía de Sendic es la firmeza y la valentía con que en todos estos años miles de orientales enfrentaron y vencieron el terror impuesto por la dictadura.

Sendic había rechazado la posibilidad de abandonar el país ante la brutal escalada represiva de aquellos momentos. Su papel conductor y dirigente lo llevaba nuevamente a elegir el puesto más duro, marcando con su ejemplo de lucha y firmeza el camino a recorrer para alcanzar la victoria.

Por encima de la derrota que implicara su captura, este hecho abría definitivamente un lugar en la historia de los grandes hombres de nuestra patria.

Luego de los comunicados oficiales y de la detallada historia clínica que reiteradamente planteaba la posibilidad de la muerte del dirigente tupamaro, la dictadura cubrió con un manto de silencio la vida de Sendic.

La tortura y el salvajismo de los militares, hicieron centro en él, siendo en el correr de estos años, uno de los prisioneros políticos que más han soportado los intentos de destrucción del fascismo.

El hombre que dio inicio a la lucha armada en nuestro país y adquirió la talla de dirigente revolucionario continental, vivió casi 13 años en condiciones infrahumanas, como rehén de una dictadura que anunció y suspendió varias veces un juicio público sobre él.

En marzo de 1985 fue liberado junto al resto de los prisioneros políticos. Continuó al frente del MLN-Tupamaros hasta que fundó el “Movimiento por la tierra”.

El 28 de abril de 1989 falleció de una enfermedad fulminante (enfermedad de Charcot) en Paris dónde había sido trasladado para su tratamiento.

Sendic es una parte ineludible de la historia de la izquierda uruguaya, del pueblo uruguayo. Fue un militante estudiantil, fue un sindicalista, fue un periodista, fue un dirigente político, fue un teórico, fue un intelectual, fue un combatiente, fue revolucionario. Y fue, por sobretodo, un hombre consecuente con sus raíces humildes, campesinas. Es mucho decir, pero es estrictamente verdad, y porque es verdad lo convierte en excepcional. Eso es precisamente lo que asusta de su personalidad.

De su trayectoria intensa hay dos anécdotas muy conocidas. Aquella que cuenta que en un boliche de campaña, en Artigas, un terrateniente puso su revolver sobre el mostrador y preguntó por un tal Sendic. Sendic se acercó al mostrador, puso también su revólver y dijo: “Soy yo, ¿qué se le ofrece?”.

La otra anécdota cuenta que el día que en que fue preso, herido de un balazo en la boca, cercado por tropas de la Marina, en la Ciudad Vieja, grito: “Soy el Rufo y no me entrego”.

Ambas anécdotas son falsas, pero podrían ser ciertas, porque lo retratan cabalmente. Circulan y perduran con la obstinación de lo verdadero, a la espera de que la historia sea contada. Entonces sé ver que su vida es una secuencia interminable de anécdotas, es decir, de hechos, de acciones de un hombre múltiple, complejo, contradictorio, completo, como solo lo son aquellos que hacen la historia. Un revolucionario, en el sentido mas profundo. Descubrir al Sendic integro, que abarca al muchacho que comienza a leer a Rosa Luxemburgo en Trinidad, hasta el hombre de barba blanca, que propone, antes que Fidel el no pago de la deuda externa, y conversa debajo de una parra, con políticos de todo pelo, en ese Cordobés ciudadano que fue la casona familiar de la calle Ejido, es la tarea pendiente, necesaria.

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