Retratar lo invisibilizado

Latinas, corpulentas y lesbianas en la obra de Laura Aguilar. 

En sus poderosas imágenes imbuidas de narrativas tanto políticas como personales, la fotógrafa chicana Laura Aguilar (1959) ha venido retratando con honestidad la fisonomía y el carácter de amigos y familiares, de las comunidades LGBT y latinx de California y, como es de suponer, de sí misma.

Sus fotografías, que atraviesan los géneros del arte performativo, feminista y queer, son el resultado de la interacción y colaboración estrecha con sus retratados, una aproximación marcada por la cercanía y empatía, a diferencia de las relaciones de poder que se suelen establecer entre fotógrafo y sujeto en, por ejemplo, la fotografía documental.

Aguilar retrata a los llamados “marginados de la sociedad” y lo hace de manera consciente. Su interés está en alejarse de las imágenes socialmente normadas de los cuerpos de las mujeres chicanas, de aquellas presentadas o idealizadas por la mirada masculina.

Buena parte de su trabajo, desarrollado a partir de la década de los 80, se presenta hasta el 10 de febrero en el Vincent Price Art Museum de Los Ángeles como parte de Pacific Standard Time: LA/LA, la iniciativa de la Fundación Getty que ha financiado unas 80 exposiciones en el Sur de California para visibilizar el arte y la cultura latina y latinoamericana.

Laura Aguilar: Show and Tell es la primera retrospectiva de esta fotógrafa estadounidense y en ella se reúnen más de 130 obras producidas durante las tres últimas décadas, incluido su icónico tríptico Three Eagles Flying (1990), en el que su cuerpo desnudo es utilizado como arma de rebelión contra la colonización de las identidades latinas: racial, de género, cultural y sexual. A menudo examinado a través del lente del autorretrato y la identidad cultural híbrida, este tríptico también funciona como una poderosa forma de imagen-texto político. Las “tres águilas” en la fotografía están implícitas: la palabra “águila” denota el apellido de la artista, mientras las banderas de Estados Unidos y México también se toman como referencia. Con la cabeza totalmente envuelta y el cuerpo atado, Aguilar establece su propia figura como un poderoso símbolo político con el que luchar.

La práctica de Aguilar evolucionó intuitivamente con el tiempo, mientras transitaba y negociaba su etnicidad y sexualidad, o enfrentaba los desafíos que supusieron su depresión, su dislexia auditiva y aceptar la talla de su cuerpo.

Los temas y procesos creativos que desarrolló desde la década de 1980 hasta su última serie producida en el año 2007 están bien representados en esta exposición, curada por la historiadora del arte Sybil Venegas.

A partir de sus primeras series fotográficas, que incluyen retratos de amigos y colegas de la comunidad artística chicana, Aguilar se desplazó hacia valientes autorretratos desnudos, al tiempo que su emergente identidad lésbica y su activismo político dentro de la comunidad gay y lesbiana de Los Ángeles comenzó a informar su trabajo. Las series posteriores están enraizadas en exploraciones más introspectivas y espirituales, ya que su continuo descubrimiento personal la condujo a desarrollar las obras por las que es más reconocida: el autorretrato desnudo en la naturaleza. A lo largo de su práctica, Aguilar quiebra los conceptos normativos de belleza y forma femeninas, utilizando específicamente el género del cuerpo como un lugar para la crítica social.

Esta exposición cuenta la historia de una artista que durante la mayor parte de su vida luchó por comunicarse con palabras, pero que irónicamente surgió como una poderosa voz para diversos grupos marginados.

“Esta es una exposición histórica para nuestra institución”, dice la directora del Vincent Price Art Museum, Pilar Tompkins Rivas. “El trabajo de Laura Aguilar es sumamente importante por sus muchas intersecciones con las comunidades queer y de color, y en relación con los estudios académicos feministas y latinos”. La exposición también es importante ya que es la única individual de una artista chicana organizada por un museo para la iniciativa PST: LA/LA.

En la muestra destaca Plush Pony Series (1992), un ensayo fotográfico del Plush Pony, un bar de lesbianas de la clase trabajadora ubicado en El Sereno, en Los Ángeles, donde Aguilar conoció a las mujeres que conforman el núcleo de esta serie. Al igual que gran parte de su obra, este trabajo documenta la experiencia estadounidense desde la perspectiva de una fotógrafa cuyos sujetos son a menudo invisibles para la fotografía convencional: la comunidad queer de color que habitaba la ciudad a principios de los años noventa.

Se exhibe también Nude Self-Portraits (1996), la emblemática serie de Aguilar realizada durante un viaje por carretera a lo largo de Nuevo México junto a su amiga y fotógrafa Delilah Montoya. Como artista, Aguilar se estaba moviendo hacia un lugar de mayor auto-aceptación y comenzaba abierta y visualmente a desafiar sus creencias limitantes de su propia imagen y autoestima. Las representaciones de su cuerpo en la naturaleza, particularmente frente a formas de rocas y piedras, resonaron poderosamente en su mirada y comenzaron a guiar su dirección artística. Aguilar luego obtendría el reconocimiento internacional por estas fotografías, lo que influyó en su serie de desnudos posteriores, Stillness (1999), Motion (1999), Center (2000) y Grounded (2006).

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