¿Scioli mal menor?

Hasta que se conocieron los resultados de las elecciones del pasado domingo, la caracterización del conjunto de compañeros de izquierda, organizados o independientes, era que los tres principales candidatos para las elecciones (Scioli, Macri y Massa) representaban con sus matices el plan de ajuste y represión de la clase dominante. El resultado electoral, en el que Macri quedó a dos puntos de Scioli, desató sin embargo un pánico colectivo en todo nuestro entorno.

 

Entiendo que sea una sorpresa el crecimiento de Macri, pero ese pánico me parece desmesurado. Creo que en lo fundamental la caracterización que teníamos hasta antes de la elección (excepto tal vez por las predicciones sobre los resultados) era correcta. No estamos entre el abismo y la salvación (y si lo estamos, no es por lo que se define en esta elección): Macri no es Hitler y Scioli no trae bajo el brazo un paquete con lo mejor de las medidas progresistas del kirchnerismo

​.​

Me parece que el pánico desatado sólo retroalimenta esa caracterización distorsionada, que es funcional a la estrategia del sciolismo y está totalmente alejada de la realidad.

El problema con cómo se plantea la cuestión del balotaje es que se lo reduce a una oferta de candidatos, o de partidos políticos. La pregunta es simplemente “quién es mejor y quién es peor” (y la respuesta usual “no son lo mismo”), como si el futuro del país dependiera del prontuario o el programa declarado de cada uno. Esa forma de plantear la pregunta sólo puede conducir a un análisis unilateral, que pierde de vista la coyuntura económica y la correlación de fuerzas política. Ya sea por la propia situación económica o por las aspiraciones de las distintas variantes de la clase capitalista (que como trabajadores todavía no podemos contrarrestar políticamente, sino a lo sumo resistir con éxito en algunas luchas puntuales), cualquier candidato que quiera mantener una situación de normalidad capitalista (en lugar del caos que los paliativos del kirchnerismo vienen posponiendo) va a tener que aplicar un ajuste. El contexto deja muy poco margen para las diferencias entre las distintas alternativas burguesas.

Plantear la diferencia entre un candidato y otro remitiéndose a los “años dorados” del gobierno kirchnerista o a las corrientes progresistas o populares que integran el FpV omite olímpicamente la coyuntura: ni siquiera Cristina (suponiendo que haya querido) ha podido aplicar una política semejante en estas condiciones, menos podemos esperarlo de Scioli.

Los vínculos del FpV con el Papa Francisco (no menos fluidos que los del macrismo), y la presencia en el PJ de sectores tanto o más conservadores que los del PRO, tampoco auguran la posibilidad de avanzar en medidas sociales progresistas menos comprometedoras de presupuesto, como el derecho al aborto.

Es cierto que el sciolismo como fuerza política tiene una mayor base popular, y eso es ciertamente un condicionante a la hora de aplicar un plan de ajuste, o un programa conservador en general: ningún dirigente político se desprende a la ligera de su base de apoyo. Sin embargo, me parece que quedarnos sólo con esta caracterización ignora el fenómeno del transformismo con el que la clase dominante una y otra vez embaucó a los sectores populares que abrigaron esperanzas en los representantes políticos de ésta. Recordemos al propio Menem, que llegó al gobierno apoyado por gente como Abelardo Ramos, Pino Solanas y todo el peronismo en general, anunciando la Revolución Productiva y trayendo en cambio el más crudo programa neoliberal. Y para ir más lejos, el Perón que vino de la mano de Montoneros pero con la AAA bajo el brazo, o más cerca, el De la Rúa que fue vendido por lxs progresistas del FREPASO y piqueteros como D’Elía (hoy casi todos en el FpV) como la alternativa al menemismo y cuyo gobierno ya sabemos cómo terminó. Incluso concediendo que Scioli llegue al gobierno con un programa más progresivo (o menos regresivo) que el del macrismo, no podemos tener dudas de que todas las variantes de la burguesía, nacional e internacional, desde el Grupo Clarín hasta la embajada yanqui, le van a tirar un lance (y ya lo vienen haciendo de hecho). ¿Quién confía en las lealtades de Scioli, un representante nato (e incluso un integrante) de la clase capitalista? ¿Con quién le va a convenir abrazarse para aplicar su programa, gobernar con estabilidad y conservar sus cuotas de poder? ¿Qué va a sumar más a su estructura de poder, el apoyo del Movimiento Evita o el del principal grupo mediático del país? Creo que no podemos tener dudas sobre a qué sectores será más proclive a hacer concesiones.

Pero no sólo la burguesía en su conjunto acudirá de lleno al apoyo de Scioli si éste se demuestra abierto a sus condicionamientos. La experiencia de los últimos años, en los que ya se viene operando este desplazamiento del kirchnerismo hacia una política menos concesiva para los trabajadores (coronado por la candidatura de Scioli), no es muy alentadora en lo que respecta a la voluntad o la capacidad de sus corrientes progresistas de resistir este movimiento. Lo que hemos visto es adaptación, adaptación, y más adaptación. La unción de Scioli como candidato dio lugar a algunas quejas, pero ningún desprendimiento importante. Un ejemplo notorio es la candidatura de Martín Sabbatella de Nuevo Encuentro con el narco y asesino Aníbal Fernández.

La estrategia política de estos sectores, orientada centralmente al mantenimiento del control del Estado burgués y el aparato del PJ, relega al último lugar un programa de superación del neoliberalismo (por no pedirles que luchen por superar el capitalismo). Pueden alegar que se proponen conservar posiciones para volver recargados en tiempos mejores, pero históricamente el resultado de este tipo de movimiento es la adaptación, la conversión de los dirigentes de estas corrientes en el rostro humano con el que se presentan las peores políticas de la clase dominante. De todas maneras, no es necesario que seamos tan escépticos con los compañerxs: incluso si resistieran de forma decidida y honesta la “transformación” de Scioli en un símil de Macri, basta con ver el peso real que pueden tener en la estructura de poder comandada por Scioli. Es mucho más factible verlo apoyado en los gobernadores del PJ, la burocracia sindical (posiblemente unificada), y en general la estructura tradicional del PJ, que tranquilamente puede desprenderse de un día para otro de todo “lo bueno del kirchnerismo”, como bajo el gobierno de Menem se desprendieron de todas las reformas a favor de los trabajadores del peronismo.

Naturalmente, especular sobre la forma que adoptarán estos desplazamientos es en cierta medida un ejercicio de futurología, aunque el prontuario de los candidatos y las declaraciones de representantes de distintas fracciones de la burguesía no dejan de dar indicios. El punto al que quiero llegar es que cómo se resuelvan estos alineamientos es mucho más determinante para saber cómo será el futuro gobierno que estimar, bajo la típica lógica del mal menor, si el programa de Scioli es 75 % antipopular y el de Macri un 95%. Con una lectura unilateral del perfil de los candidatos y las fuerzas políticas que hoy los sostienen es posible que algunos compañeros concluyan que Scioli es el mal menor. Pero para aplicar su programa de ajuste, Scioli podrá contar con el apoyo de un PJ al que podrían retornar sectores disidentes, de la burocracia sindical peronista (que ya se muestra dispuesta a garantizar un “pacto social” y a frenar cualquier intento de resistencia obrera), y probablemente de sectores progresistas que para cuidar sus lugares en el Estado y el PJ estarán dispuestos a tolerar cualquier medida (como ya vienen haciendo con los aspectos más regresivos del kirchnerismo).

Por el contrario, si el grueso de la base social de Macri termina siendo una clase media volátil y la estructura esclerótica de la UCR, no es tan fácil concluir que su llegada al gobierno sería peor para las clases populares. Quienes apoyen a Scioli tal vez estén votando al candidato mejor capacitado para posicionarse como garante del ajuste que todas las fracciones de la clase capitalista están demandando, aunque sea Macri quien más abiertamente exprese ese programa.

No voy a entrar en el argumento contra el empleo en general de la lógica del mal menor, ya que un balotaje es tal vez por excelencia el momento más legítimo para aplicarla. Mi planteo general es que si analizamos todas las variables en juego (no combinándolas mediante un ejercicio de la fantasía, sino retomando la experiencia histórica y algunas tendencias presentes en los desarrollos actuales) no hay manera de determinar entre estas dos variantes burguesas cuál es mejor y cuál es peor. Esto no significa decir que ambas fuerzas políticas sean lo mismo, ya que por algo hay una disputa encarnizada entre ellas por quedarse con el comando del Estado: ambas representan distintas fracciones de la burguesía, y sus programas pueden tener distintos matices sobre la política que emplearán hacia el conjunto del pueblo trabajador.

Sin embargo, el núcleo central del ajuste, la devaluación, la caída de los salarios reales, el endeudamiento externo y la represión para garantizar todas estas medidas es común a ambos programas.

¿Podemos intervenir de alguna manera en la elección? Aunque seguramente será una opción marginal, considero que lo mejor es votar en blanco, con la lógica de contribuir a deslegitimar a cualquiera que sea la variante ganadora, en lugar de fortalecerla.

Es importante recalcar que la militancia a favor del voto en blanco no es sólo una militancia contra Scioli. Nuestro entorno es particularmente más proclive a votar a Scioli, y por eso he enfocado de esta manera la argumentación, pero cada uno en función de su contexto y de quiénes sean sus interlocutores dará los argumentos correspondientes. Hay miles de trabajadores y de personas con sensibilidad de izquierda que por diversos motivos se consideran en las antípodas del kirchnerismo y con ingenuidad política pueden poner expectativas en Macri, como portador del cambio o la renovación: esos son votos que también hay que dar vuelta.

Por último, los aspectos decisivos de lo que vaya a pasar con nosotros como clase no se va a resolver en las urnas el 22 de noviembre, sino en la resistencia a las políticas de ajuste a las que tanto Scioli como Macri intentarán disciplinarnos.

Que las diferencias políticas que suscite nuestra intervención en el balotaje no se conviertan entonces en un obstáculo para el desarrollo de una política de unidad en la lucha de todos los sectores que estemos dispuestos a resistir el ajuste. El frente único es lo que nos permitirá defendernos y avanzar como clase en la coyuntura que se viene.

 

Darío Scattolini
Militante Organización Política La Caldera

 

8 comentarios sobre “¿Scioli mal menor?

  • el noviembre 1, 2015 a las 23:07
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    Muy interesante, solo una divergencia: Se enfatiza demasiado en el riesgo del ajuste, en que el principal problema es el ajuste. Desde las víctimas directas del modelo extractivo (sojero en mi caso, medio país aproximadamente) aviso que aun (en un ejercicio de imaginación)si no hubiera ningún “ajuste”, la situación es insostenible desde distintos puntos de vista, el sanitario y ambiental, en primer lugar, pero aun del empleo y aun económico que permite a las corporaciones extractivas, por distintos mecanismos “legales”, llevarse no solo lo que obtienen por su actividad sino innumerables subsidios del “estado presente” que preconiza la variante keynesiana ofrecida por el kirchnerismo, par ser breve.

  • el noviembre 2, 2015 a las 19:14
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    LA OPOSICION NEOLIBERAL SOLO RECURRE A GUIONES DE TERROR // roberto dante, Lanús, Argentina –

    Con Macri sólo nos espera el retroceso en aquello donde se halla avanzado. El hundimiento de quienes se encuentran en los sectores más empobrecidos. A mayor desnutrición, los niños, lo pagarán con mayores neuronas muertas: no hay futuro.

    Con Scioli no hay garantías de resultados opuestos a los de Macri. Pero la GRAN diferencia es que se cuenta con una juventud movilizada para luchar por las medidas que mejoren las condiciones populares. Y un poder sustentado en las calles que pueden, si Scioli no cumple sus “promesas”, arrojarlo a él al precipicio. Si sus políticos profesionales traicionan, podemos contar – sin dudas – con el fervor de una militancia que puede correrlos desde adentro.

    Revaluando:
    Es notable la capacidad oratoria de la Presidenta Cristina Fernández (no es un novedad), como su habilidad discursiva para crear un áurea de complicidad con cada uno de los integrantes de las multitudes que la escuchan. Pues no parece dirigirse a “las masas”, más, precisamente, elabora diálogos cómplices con la subjetividad individual de cada integrante de la multitud.
    Este párrafo no le va a compartir Cristina: Creo que aunque fue Néstor Kirchner quién construyó las bases para desarrollar el proyecto K, el cual es una realidad política (se lo comparta o no); es Cristina quién con su magnetismo y su claridad conceptual (también, se la comparta o no) supo motivar a sus bases que crecieron geométricamente después del retroceso en las elecciones parlamentarias del 2009.

    Si compartimos que las ideologías son estructuras superficiales productos de culturas determinadas por momentos históricos determinados. Sólo las estructuras profundas de la mente humana son universales. Hablamos de mitos, relatos, esquemas de razonamiento, metafísicas…Pues detrás de cada afirmación científica hay un acto de fe. “Sólo lo indeterminado es verdadero” -Einstein-
    Este marco teórico me permite interpretar, sin largos parlamentos, un hecho fundacional: La explosión militante de la juventud; después de casi 20 años de bostezos juveniles.

    Pero un día Rocío (16 años) dijo: “La gente se alejó de la política por tener que cuidar el último mango y nosotras estamos volviendo a pelear. No se trata de recuperar un proyecto perdido, sino de reconstruir una juventud que se reconozca como actor político”. (5º año, Colegio Mariano Acosta. (Pasiones de estudiantes, LAS 12, Pág. 12, 17 / 9 /2010), durante la toma de colegios secundarios en Buenos Aires, contra la política de destrucción de la Escuela Pública de Macri.
    Y se hizo la luz. Los topos abandonaron las cuevas y ocuparon las calles.

    El mérito de Cristina está en saber revelar y alentar la transmisión de los mitos, relatos y esquemas de razonamiento que unificaban la diversidad de tanta explosión militante. El crecimiento de la agrupación La Cámpora es un ejemplo del guiño cómplice de Cristina; pero hay que reconocer que La Cámpora tiene en la columna del “Debe” vicios de los viejos políticos y una adición a la Verdad Única que imposibilita el debate sobre la multiplicidad de ideas que deben nutrir el camino de las transformaciones sociales.

    A través del proceso histórico político tanto los gobiernos como las oposiciones y hasta las más crueles dictaduras militares proponían y hasta exigían la unidad nacional. Esta confusa utilización la vació de sentido. Debido a que las palabras maltratadas son como entidades fantasmales. Insustanciales.

    Es más rico partir de los problemas que ocasiona a la conducción política reconocer que se enfrenta a fuerzas en tensión en permanente movimiento. No olvidemos que: “nadie se baña dos veces en el mismo río”.

  • el noviembre 2, 2015 a las 19:51
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    Interesante y critico, creo que ambos partidos y candidatos (Scioli – Macri) representan un sistema que poco a poco se desentiende de los sectores humildes. Crear monstruos no nos salva, pero durante mucho tiempo se impuso el dualismo, y en la vida real como en el campo de las ideas no hay solo extremos blancos y negros sino también grises. El consenso es la necesidad de los postulantes, y lo que van a buscar. El discurso mete miedo desde ambos panfletos marcan de antemano que tenes que elegir y no hay mas opciones, aunque votar en blanco sea una mas, pero la lectura es ¿te saco una muela con anestesia o sin anestesia,vos elegís?.
    Recordemos también que estas cabezas de medusas, fueron creadas y acordadas con la nueva ley electoral y el sistema D`Hondt. Mientras sigamos eligiendo candidatos y no proyectos políticos seguiremos eligiendo monstruos creados por la derecha.

  • el noviembre 3, 2015 a las 06:33
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    bueno Scioli dijo que si lo eligen presidente va arreglar todo el desastre que el mismo vino haciendo en la provincia hasta el dia hoy… así lo aseguro en un video oh almenos eso entendí..
    .
    Tambien dijo que va “quintuplicar las villas” como lo hizo en Bs As, pero esta vez va ser “a nivel nacional” para que nadie se quede sin su pedazo de tierra marginal.. Y esta bien! porque en estos últimos 10 años la pobreza aumento como 5 veces..

    También va a incorporar 45 nuevos los polos industriales para ensamblar todo el material importado proveniente de china!!! y asi hacer mas fuerte la “DESindustrialización nacional” como lo vino haciendo hasta ahora y desde que estaba con menem..

  • el noviembre 3, 2015 a las 12:54
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    Dice Roberto:
    “Con Scioli no hay garantías de resultados opuestos a los de Macri. Pero la GRAN diferencia es que se cuenta con una juventud movilizada para luchar por las medidas que mejoren las condiciones populares. Y un poder sustentado en las calles que pueden, si Scioli no cumple sus “promesas”, arrojarlo a él al precipicio. Si sus políticos profesionales traicionan, podemos contar – sin dudas – con el fervor de una militancia que puede correrlos desde adentro.”

    Yo digo que eso es más expresión de deseos que realidad. Esa juventud movilizada es movilizada DESDE ARRIBA, y así aceptó CON TODA MANSEDUMBRE la candidatura de Scioli cuando meses atrás venía militando la de Randazzo.

    ¿Cuándo fue la última vez que esa juventud movilizada le paró el carro a CFK en alguna agachada o cuestión reaccionaria? ¿Qué hace pensar que a Scioli lo van a condicionar si a CFK no la han condicionado en nada?

  • el noviembre 5, 2015 a las 05:06
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    Hay que estar muy desinformado para creer que un kirchnerismo/FpV que en lo mejor de su poder le votó TODO al PRO en CABA, tiene, tuvo o tendría la voluntad de evitar que Scioli haga el desmadre menemista que viene a hacer.
    Pero aparte, hay que estar viviendo en el País de las Maravillas y haberse alejado completamente de la realidad, para imaginar (alto LSD) que ese mismo FpV/kirchnerismo macrista, en sus estertores agónicos y deriva de extinción, tiene poder para decidir algo cuando no tiene ni la capacidad de producir, no digo ya imponer, pero al menos producir y postular, un candidato propio.
    De la juventud rentada de “La Cámpora” no hay nada que hablar. No hay movimiento ni movilización ni construcción o estructura política, intelectual, de ningún tipo: Les cortan el chorro de la financiación estatal y se van todxs a buscar refugio al alero que más cerca les quede (condición, por otro lado, históricamente peronista).

  • el noviembre 5, 2015 a las 05:07
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    Hay que estar muy desinformado para creer que un kirchnerismo/FpV que en lo mejor de su poder le votó TODO al PRO en CABA, tiene, tuvo o tendría la voluntad de evitar que Scioli haga el desmadre menemista que viene a hacer.
    Pero aparte, hay que estar viviendo en el País de las Maravillas y haberse alejado completamente de la realidad, para imaginar (alto LSD) que ese mismo FpV/kirchnerismo macrista, en sus estertores agónicos y deriva de extinción, tiene poder para decidir algo cuando no tiene ni la capacidad de producir, no digo ya imponer, pero al menos producir y postular, un candidato propio.
    De la juventud rentada de “La Cámpora” no hay nada que hablar. No hay movimiento ni movilización ni construcción o estructura política, intelectual, de ningún tipo: Les cortan el chorro de la financiación estatal y se van todxs a buscar refugio al alero que más cerca les quede (condición, por otro lado, históricamente peronista).

  • el noviembre 6, 2015 a las 14:11
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    IX

    El comunismo ‘de izquierda’ en Inglaterra

    Es cierto que los Henderson, los Clynes, los MacDonald y los Snowden son unos reaccionarios incurables. Y no lo es menos que quieren tomar el poder (aunque prefieren la coalición con la burguesía), que quieren “gobernar” de acuerdo con las rancias normas burguesas y que, una vez en el poder, se conducirán inevitablemente como los Scheidemann y los Noske. Todo ello es verdad; pero de esto no se deduce, ni mucho menos, que apoyarles equivalga a traicionar la revolución, sino que, en interés de ésta, los revolucionarios de la clase obrera deben conceder a dichos señores cierto apoyo parlamentario.

    (…)

    Y los errores de los comunistas de izquierda representan un singular peligro en la actualidad precisamente porque observamos en algunos revolucionarios una actitud poco razonada, poco atenta, poco consciente, poco reflexiva con respecto a cada uno de estos factores. Si somos el partido de la clase revolucionaria, y no un grupo revolucionario, si queremos arrastrar a las masas (sin lo cual corremos el riesgo de no pasar de simples charlatanes) debemos: primero, ayudar a Henderson o a Snowden a vencer a Lloyd George y a Churchill (más exactamente: debemos obligar a los primeros a vencer a los segundos, ¡pues los primeros tienen miedo de su propia victoria!); segundo, ayudar a la mayoría de la clase obrera a convencerse por experiencia propia de la razón que nos asiste, es decir, de la incapacidad completa de los Henderson y los Snowden, de su naturaleza pequeño-burguesa y traidora, de la inevitabilidad de su bancarrota; y tercero, acercar el momento en que, sobre la base de la desilusión provocada por los Henderson entre la mayoría de los obreros, se pueda, con serias probabilidades de éxito, derribar de un golpe el gobierno de los Henderson, que perderá la cabeza con tanto mayor motivo si incluso Lloyd George, ese político inteligentísimo y solvente, no pequeñoburgués, sino gran burgués, la pierde también y se debilita cada día más (con toda la burguesía), ayer por sus “roces” con Churchill y hoy por sus roces con Asquith.

    Hablaré de un modo más concreto. Los comunistas ingleses deben, a mi juicio, unificar sus cuatro partidos y grupos (todos muy débiles y algunos extraordinariamente débiles) en un Partido Comunista único, sobre la base de los principios de la III Internacional y de la participación obligatoria en el parlamento. El Partido Comunista propone a los Henderson y a los Snowden un “compromiso”, un acuerdo electoral: marchemos juntos contra la coalición de Lloyd George y los conservadores, repartámonos los puestos en el parlamento en proporción al número de votos dados por los obreros al Partido Laborista o a los comunistas (no en las elecciones, sino en una votación especial), conservemos la libertad más completa de agitación, de propaganda y de acción política. Sin esta última condición es imposible, naturalmente, hacer el bloque, pues sería una traición. Los comunistas ingleses deben reivindicar para ellos y lograr la libertad más completa que les permita desenmascarar a los Henderson y los Snowden, de un modo tan absoluto como lo hicieron (durante 15 años, de 1903 a 1917) los bolcheviques rusos con respecto a los Henderson y los Snowden de Rusia, esto es, los mencheviques.

    Si los Henderson y los Snowden aceptan el bloque en estas condiciones, habremos ganado, pues lo que nos importa no es, ni mucho menos, el número de actas. No es eso lo que perseguimos; en este punto seremos transigentes (mientras que los Henderson y, sobre todo, sus nuevos amigos −o sus nuevos dueños−, los liberales que han ingresado en el Partido Laborista Independiente, corren más que nada a la caza de escaños). Habremos ganado porque llevaremos nuestra agitación a las masas en un momento en que las habrá “irritado” el propio Lloyd George, y ayudaremos no sólo al Partido Laborista a formar más de prisa su gobierno, sino también a comprender mejor toda nuestra propaganda comunista, que realizaremos contra los Henderson sin ninguna limitación, sin silenciar nada.

    Si los Henderson y los Snowden rechazan el bloque con nosotros en estas condiciones, habremos ganado todavía más, pues habremos mostrado en el acto a las masas (tened en cuenta que incluso en el seno del Partido Laborista Independiente, puramente menchevique, completamente oportunista, las masas son partidarias de los soviets) que los Henderson prefieren su intimidad con los capitalistas a la unión de todos los obreros. Habremos ganado en el acto ante la masa, la cual, sobre todo después de las explicaciones brillantísimas, extremadamente acertadas y útiles (para el comunismo) dadas por Lloyd George, simpatizará con la idea de la unión de todos los obreros contra la coalición de Lloyd George con los conservadores. Habremos ganado desde el primer momento, pues habremos demostrado a las masas que los Henderson y los Snowden temen vencer a Lloyd George, temen tomar el poder solos y aspiran a lograr en secreto el apoyo de Lloyd George, el cual tiende abiertamente la mano a los conservadores contra el Partido Laborista.

    (…)

    En caso de que los Henderson y los Snowden se negaran a formar un bloque con los comunistas, éstos saldrían ganando en el acto, pues conquistarían la simpatía de las masas, mientras que los Henderson y los Snowden se desacreditarían. Poco nos importaría entonces perder algunos escaños a causa de ello. No presentaríamos candidatos sino en un ínfimo número de circunscripciones absolutamente seguras, es decir, donde esto no diera la victoria a un liberal contra un laborista. Realizaríamos nuestra campaña electoral distribuyendo hojas en favor del comunismo e invitando en todas las circunscripciones en que no presentáramos candidato a votar por el laborista contra el burgués. Se equivocan los camaradas Sylvia Pankhurst y Gallacher si ven en esto una traición al comunismo o una renuncia a la lucha contra los socialtraidores. Por el contrario, es indudable que la causa de la revolución comunista saldría ganando con ello.

    A los comunistas ingleses les es hoy difícil con mucha frecuencia incluso acercarse a las masas, hacer que éstas les escuchen. Pero si yo me presento como comunista y, al mismo tiempo, invito a votar por Henderson contra Lloyd George, seguramente se me escuchará. Y podré explicar de modo accesible no sólo por qué los soviets son mejores que el parlamento, y la dictadura del proletariado mejor que la dictadura de Churchill (cubierta con el rótulo de “democracia” burguesa), sino también que yo querría sostener a Henderson con mi voto del mismo modo que la soga sostiene al ahorcado; que el acercamiento de los Henderson a un gobierno formado por ellos probará, asimismo, mi razón, atraerá a las masas a mi lado y acelerará la muerte política de los Henderson y los Snowden, igual que sucedió con sus correligionarios en Rusia y en Alemania.

    Y si se me objeta que esta táctica es demasiado “astuta” o complicada, que no la comprenderán las masas, que dispersará y disgregará nuestras fuerzas impidiendo concentrarlas en la revolución soviética, etc., responderé a mis contradictores “de izquierda”: ¡no atribuyáis a las masas vuestro propio doctrinarismo!

    Vladimir Ilich Lenin (El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo)

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