Septiembre reanudó la memoria

Desde hace décadas que septiembre en Chile es mezcla de múltiples y contrapuestas emociones, que van desde el orgullo y la alegría hasta la desolación y el descontento. Es un mes donde las conmemoraciones, las protestas y festejos se suceden en breve, de modo tal que antes de la llegada de la primavera conmemoramos el golpe de Estado (11) y una semana más tarde, paradójicamente, las Fiestas Patrias (18) y las Glorias del Ejército de Chile (19).

En el presente, cuando el negacionismo histórico se legitima y el fascismo reaparece en el país, hemos considerado fundamental conmemorar la dictadura desde la memoria popular. Es decir, la que no se remite únicamente a la nostalgia sino que evoca también la resistencia. Por tal motivo asistimos a la “Semana de la Memoria ¡A 45 años!”, realizada entre el 10 y el 14 de septiembre en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile y organizada por la Comisión de Memoria y DD.HH. de dicha facultad. Allí tuvimos la oportunidad de asistir a dos foros de discusión: “Mujeres siempre resistentes. La lucha continúa” y “Resistencia y Derechos Humanos”. A continuación reseñaremos brevemente ambas jornadas.

Todavía vivas, todavía creyendo, todavía soñando[1]

El foro “Mujeres siempre resistentes. La lucha continúa” contó con la participación de Ana Gamboa e Irene Cambias, integrantes del Grupo de amigos y amigas de Reinalda  del Carmen Pereira[2], Belinda Zubicueta (ex militante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez[3]) y Rosa Quintanilla (Taller Piret).

Ana, la primera ponente, parte refiriéndose al nombre del colectivo que junto a Irene representa: Reinalda  del Carmen Pereira es una de las diez mujeres detenidas desaparecidas que estaban embarazadas en el momento de la detención. Seguidamente comenta su propia experiencia. En los ochenta ella es una de las funcionarias del hospital Sótero del Río que observa como ingresan decenas de jóvenes y adultos heridos producto de la represión tras las protestas contra la dictadura, quienes comúnmente llegaban al hospital en calidad de detenido. Cuando las familias se acercaban a preguntar por sus familiares, se les negaba información, razón por la cual, señala Ana, era urgente y necesario organizarse en el centro asistencial.

Fue así como una de las labores más importantes que desempeño junto a otros trabajadores consistió en entregar la identidad de las personas ingresadas en calidad de detenido a sus familiares, de modo que estos podían quedaban al tanto de su salud y seguridad.

No tardaron en aparecer más quehaceres, como el de atender también a la gente que se encontraba encarcelada por motivos políticos, labor que mantuvo de forma ininterrumpida hasta los noventa, en donde Ana se preocupa de los militantes del Movimiento Juvenil Lautaro (MJL)[4]. Más tarde colabora infatigablemente con Max Santelices, esposo de  Reinalda Pereira, para mantener viva su memoria, hasta que él fallece el 2007. Absorta por la emoción, le da paso a Irene.

La segunda expositora nos sitúa en plena Unidad Popular, cuando llega a la comuna de La Florida como una esposa completamente abstraída en el trabajo doméstico y la crianza de los niños, según sus propias palabras. En dictadura presencia cómo se llevan a Luis Palomino Rojas, estudiante y vecino suyo —quien es hasta hoy un detenido desaparecido—. “En algo andaría po”, discute la familia de Irene.

Lo último no deja de llamar su atención, hasta que poco a poco comienza a involucrarse en su territorio, la Población La Alborada, donde se entera de los crímenes y violaciones a los derechos humanos con el tiempo. Irene, católica, pronto comienza a participar en el Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo (MCTSA)[5], algo que le cuesta el matrimonio. “O estás con ellos o estás conmigo”, le diría hasta aquel entonces su marido.

Tras la separación y luego de encontrar otro hogar, reafirma su compromiso, continuando su labor en el MCTSA hasta el término de dicha organización,  para luego seguir colaborando con los familiares de DD.DD. hasta el presente.

“Vámonos pa’ la casa” le dijo a Ana, cuando el gas lacrimógeno comenzaba a dificultar el paso de ambas durante la romería en memoria de los DD. DD realizada el 9 de septiembre. Pero al ver la fortaleza de los jóvenes asistentes ante la represión, decidieron continuar. Aprovechó esta referencia para disculparse ante el público asistente —estudiantes en su mayoría—, pues consideró a su generación como responsable de los pocos avances en materia de DD. HH. y el rol de la mujer, entre otros aspectos, a pesar de todo el compromiso puesto. Cerró haciendo un llamado de atención: la juventud no debe permitir ser catalogada como futuro. Debe más bien asumirse como el presente.

Belinda Zubicueta (ex militante del FPMR) abordó en primer lugar la cuestión femenina. Para ella, las mujeres son como el ave fénix: renacen una y otra vez de las cenizas. Siempre han sido violentadas, socialmente, culturalmente, sexualmente, y económicamente. En dictadura y hasta el presente, algo más que patente cuando se excarcelan a los condenados por crímenes de lesa humanidad. Recordó como las mujeres fueron las primeras en movilizarse, cuando se situaron en las afueras del Estadio Nacional a la espera de sus familiares detenidos, organizando luego manifestaciones, así como también reuniéndose en las ollas comunes. Sin más, es cuestión de recordar su rol fundamental en las tomas de terreno.

Belinda se remitió a su vida de pobladora, cuando observó cómo se torturaba, se allanaban las casas eran violentados los niños y las mujeres. Ella, siendo una dueña de casa común y corriente que ni siquiera había terminado la enseñanza básica, salió a la calle a protestar junto a muchas otras mujeres. Luego de asumir distintos compromisos y ver que estos no eran suficientes, decide integrarse al FPMR. Siente allí el equilibrio con los compañeros, donde era considerada como igual. De ese modo enfrenta a la CNI y más tarde, la tortura. Encarcelada, debe contraponerse a la separación y desintegración de su familia, momento en el que comienza a concebir la prisión como otra trinchera de lucha más. Mientras lucha por la libertad de las y los presos políticos, aprovecho de terminar su enseñanza básica y media, dedicándose además a la escritura como forma de palear el encierro.

Más tarde, en libertad tras ocho años encarcelada, debe afrontar otra realidad. Becada, continúa sus estudios y se recibe de profesora de enseñanza básica. Hoy Belinda se resiste a jubilar porque siente que todavía le queda mucho por aportar. Ella no quiere una juventud en silencio o temerosa como vio en Dictadura, sino jóvenes críticos, que estén claros por lo que luchan.

“Profesora, ¿usted es comunista?” suelen preguntarle sus estudiantes, a lo que ella responde: “No, yo soy militante de los Derechos Humanos, de lo social, de la justicia”. Pues para Belinda son manifiestas las huellas de la tortura, trauma que se hace difícil de superar en un sistema neoliberal como el que impera en Chile actualmente. A pesar de todo, pudo conocer la biodanza, donde es posible reemplazar las heridas por un vínculo afectivo colectivo.

Actualmente facilita dicha disciplina a estudiantes de enseñanza básica, al tiempo que imparte talleres a pobladoras de Renca, a quienes les demuestra que se pueden sanar tal como lo hizo ella. Sabe que es una práctica elitista debido a su precio usual, de ahí que se esfuerce en llevarla a los sectores populares, donde las pobladoras se ven obligadas a resolver sus necesidades básicas antes que ir a una clase de biodanza. Para ella quienes han pasado por la prisión política jamás contarán con una reparación integral mientras nos encontremos bajo el neoliberalismo, debido a que dicho sistema no permite desarrollar la inteligencia emocional que se requiere. Belinda finalizó agradeciendo al espacio, que según, sus propias palabras, permitía unir la historia del ayer con la de hoy día.

La última expositora fue Rosa Quintanilla (Taller Piret), quien se remitió en un principio a las diversas peripecias por las que pasó como pobladora durante la dictadura. Según relata, ella y sus vecinos hubieron de organizarse por una cuestión de sobrevivencia. En su caso particular, debió visitar constantemente a su marido y otros presos a la cárcel. “Ah, usted viene a ver un prisionero de guerra”, le manifestaban en el recinto cuando se presentaba. “No, vengo a ver un detenido político” debió aclarar reiteradamente.

Cuando Rosa estuvo menos acosada por agentes del Estado, se dedicó al desarrollo de un libro con la experiencia de las mujeres pobladoras que había conocido. La idea era que los relatos proviniesen de ellas mismas, no de un académico. El libro resultante fue “Yo soy pobladora”[6].

A pesar de ver como el poder corrompió a muchos de los que alguna vez lucharon por un mundo mejor, ella declaró estar contenta de la juventud de hoy. No se sintió necesariamente responsable de lo no logrado, debido a que su generación es solo una parte de todo un pueblo que debe luchar contra el monstruo del capitalismo.

De derecha a izquierda: Rosa Quintanilla, Ana Gamboa, Irene Cambias y Belinda Zubicueta.

Recobrando la memoria del futuro

La mesa del foro “Resistencia y Derechos Humanos” estuvo compuesta por Javier Ignacio Rebolledo Escobar[7] (periodista y escritor), Daniela Vargas y Javiera Campos (ambas de Desclasificación Popular) Beatriz Bataszew (Mujeres Sobrevivientes Siempre Resistentes), Lorena Pérez (Comisión FUNA) y Martín Faunes (director de la Corporación La Serena Dieciséis de Octubre).

Javier hizo referencia a los dichos del ministro Rojas[8], como también al reciente proyecto de Piñera, el  “museo de la democracia”[9], donde el pueblo podrá enterarse de las circunstancias que conllevaron al golpe de Estado, al tiempo que, aprovecha de enterarse el enorme esfuerzo realizado por los políticos para restituir (y mantener) la democracia. Ahora, fuera de todo sarcasmo, para Javier, antes de hacer un museo de la democracia, es menester primero estudiar el período de la transición. ¿Qué se transó en materia valórica, económica o social que nos llevó al Chile actual?

Para él sería interesante que, en dicho museo se exponga la determinación de Piñera —quien si bien cerró el Penal Cordillera no es capaz de denominar de septiembre a la dictadura como tal[10]— por traer a Pinochet a Chile durante su arresto en Londres, o como José Miguel Insulza, en calidad de ministro de Relaciones Exteriores, gestionó la negociaciones para traer de vuelta al ex dictador. Javier recuerda cómo acaba el episodio de la detención de Pinochet: siendo éste enviado finalmente de regreso al país, por razones de salud, para luego, en el aeropuerto, pararse de su silla de rueda y sonriente, continuar a pie.

Las siguientes ponentes, Daniela Vargas y Javiera Campos, describieron a Desclasificación Popular como un colectivo artístico-político, el que a partir de una nueva lectura a la ley 19.992 —que establece pensión de reparación y otorga otros beneficios a favor de ex prisioneros y torturados políticos— identifica y reivindica el derecho de quienes prestaron estos testimonios a tener las declaraciones en su poder, mediante la exigencia del derecho que otorga el artículo 15 de dicha ley.

En la actualidad se han incorporado organizaciones ligadas a los Derechos Humanos tales como la Coordinadora de Santiago de Ex Presas y Presos Políticos del Movimiento de Izquierda Revolucionario(MIR)[11], generando en conjunto un proyecto en constante desarrollo que une lo político, artístico y legal, para lograr la desclasificación colectiva[12].

Desclasificación Popular se concibe como una herramienta de las víctimas para recuperen sus archivos, que todavía se encuentran en poder del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH). Desde el año 2015 hasta el presente, se ha logrado que 250 personas aproximadamente, y alrededor de 450 por fuera del colectivo.

El colectivo entiende que cada víctima es dueña de su archivo, pudiendo decidir qué hacer que éste. La mayoría lo hace público en la web. Se ofrece además la posibilidad de aumentar el relato, debido a que en muchas ocasiones el relato es demasiado breve. Hay quienes no lo quieren compartir, resguardándolo por cuenta o destruyéndolo, algo que también se identifica como su derecho. Lo fundamental es que la historia propia está en sus manos y sin secretos impuestos de por medio.

Las expositoras también aludieron a la resistencia contra el olvido. Esto tomando en cuenta como el Estado chileno valora más a los archivos y sus secretos antes que los DD. HH., obstaculizando el derecho a la verdad y la justicia, y por ende, violentando nuevamente a las víctimas. Es frente a esta política que Desclasificación ha pasado a concebir el secreto como un asunto de índole social y colectiva, donde el legítimo juez es el mismo pueblo.

Por otro lado, el colectivo también se ha encontrado con diferentes nombres de torturadores y militares que identificados por las víctimas, pero que por ley cuyos nombres no pueden conocerse hasta dentro de treinta años. Esto, además de confirmar la intención de proteger a los torturadores, se traduce en impunidad biológica, considerando que al cumplirse el lapso los criminales no seguirán con vida.

Con la revisión de archivos desclasificados también se ratifica la negligencia con que estuvo llevado a cabo el proceso. Algunas personas tuvieron que ir a declarar en los mismos centros de tortura. Asimismo, hay gente que no salió calificada como víctima, sin haber forma de conocer los parámetros para ser justificar tal decisión. Parece que a fin de cuentas, todo dependió del criterio de los entrevistadores.

Finalmente Daniela y Javiera reconocieron los archivos como una herramienta de lucha actual. La acción de desclasificar y darle un uso libre a los archivos es un acto de resistencia política. Permite quebrar el secretismo impuesto, y empezar a dar un diálogo sobre la prisión política y tortura. No sólo recuperan el pasado a través del relato de las torturas, sino que además la resistencia y lucha libradas. Nada menos que la verdad de nuestra historia.

Más tarde expuso Lorena Pérez, de Comisión Funa. Como lo indica el nombre, la principal tarea del colectivo funar a criminales impunes. Este nace en 1998, mientras Pinochet se encontraba detenido en Londres y las organizaciones de DD. HH. se agrupaban a escuchar las noticias al respecto en lo que era la sede de los Detenidos Desaparecidos. En dicho contexto, muchos jóvenes, familiares e hijos de víctimas, comenzaron a pensar cómo se podían organizar manifestaciones desde acá. Es así como se arma un primer grupo, denominado “Acción, verdad y justicia” cuyo objetivo principal es denunciar los crímenes y violaciones de los DD. HH.

En ese contexto Emiliano Hueravilo —hijo de padre chileno y madre argentina, uno de los primeros nietos rescatados por las Abuelas de la Plaza de Mayo— relata como en Argentina son realizados los denominados “scratches”, acciones que consistían en denuncias públicas de criminales en los barrios. Entonces el grupo decide realizar algo similar. Sin embargo, debido a que el nombre no se entendería en Chile, reemplaza el nombre por “funa”, término que tendría mayor sentido en el contexto cultural de Chile. Asimismo, también se opta por una metodología con mayores resguardos de seguridad en el grupo. Así, el nombre del criminal a funar y lugar para hacerlo se mantenía en reserva, no se informaba con anticipación. Luego, comenzaba a difundirse de forma previa por medios de comunicación cuándo y dónde se realizaría la funa.

La primera acción oficial tuvo lugar en 1999, cuando es denunciado Alejandro Forero Alvarez, cardiólogo que trabajaba en la Clínica INDISA, quien  perteneció al Comando Conjunto formado por miembros de la FACH y de Patria y Libertad y cuya misión era  vigilar las torturas para que los prisioneros no murieran sin entregar la información que ellos necesitaban. Cuando  estos prisioneros ya no les servían, eran inyectados  para asesinarlos  y posteriormente,  hacerlos desaparecer[13]. En esa ocasión participaron seis hijos de víctimas del Comando Conjunto.

En un principio las funas fueron ignoradas. Sin embargo, es a partir de la funa a Miguel Krasnoff[14] cuando comienzan a operar los aparatos represivos del Estado. Desde aquel momento se intentó impedir las manifestaciones, se tomaron detenidos, algo que no menoscabó el actuar de la organización. Tras el receso sucedido entre 2010 y 2014, el accionar se mantiene hasta el presente, donde el grupo se ha vuelto transversal. En términos de Lorena, se ha garantizado un relevo generacional para la lucha y causa de la organización.

Habiéndose instalado cómodamente la impunidad en el país, la Comisión se encarga de romperla sin acudir a la violencia, sino que interpelando a los criminales y denunciándolos públicamente ante quienes viven en sus cercanías o trabajan con éste. La funa no debería existir, simplemente corresponde aplicarse justicia, reconoce Lorena. Pero la primera toma fuerza porque justamente es negada la segunda. En todos estos años, cada vez que se les ha consultado por cuál será el próximo criminal impune por funar, la respuesta “no se puede dar el nombre” no ha variado. La respuesta es la misma no se puede decir. De hacerlo, la funa sería funada. En cualquier caso, según unos de los compañeros más antiguos de la organización, van alrededor de 200 criminales funados hasta el momento.

Luego fue el turno de Beatriz Bataszew de Mujeres Sobrevivientes Siempre Resistentes (MSSR), quien sostuvo la memoria como un campo de disputa. Esto en referencia a las agresiones y vejaciones que sufrió el colectivo por parte del Partido Comunista de Chile (PCCh) durante la romería en memoria de los DD. DD, cuando colgaban carteles que señalaban los donde figuraban todos los presidentes como responsables también de la impunidad.

Según explicó Beatriz, el colectivo de MSSR se conforma cuando varias mujeres deciden desmarcarse de la institucionalidad de las organizaciones de DD. HH., debido a su frecuente pasividad, el que le otorgasen un carácter secundario a la violencia sexual o el hecho de que negasen que la contrainsurgencia y el terrorismo de Estado se expresó de manera diferenciada en hombres y mujeres. Para las MSSR el Estado violentó deliberadamente la integridad corporal y sexual como forma de disciplinamiento, no únicamente a las mujeres sino que al conjunto de la sociedad.

El colectivo también ha llegado a la más profunda convicción de que no hubo justicia y no la habrá. Aunque valore el esfuerzo realizado, es otra la justicia que reivindica. Parte de ésta la han obtenido, asegura Beatriz, al ser reparadas por otras mujeres feministas y por el pueblo.

Bajo esta línea las MSSR han desarrollado un planteamiento circunscrito a la idea del hilo rojo[15], donde la memoria es algo que va mucho más allá del período de dictadura, abarcando también las épocas previas como la misma Unidad Popular,  donde hubo un ascenso importante del movimiento social que tuvo expresiones concretas de poder popular que pusieron en cuestión al sistema capitalista.

El hilo rojo rememora también a las compañeras que lograron avances importantes en la organización popular, aun cuando no los reivindicaran como parte de la lucha feminista. Tal es el caso del “pliego del pueblo”[16] que en 1972 demandó la igualdad del salario entre hombres y mujeres, la modificación del código civil para lograr así la igualdad jurídica de género, además de remarcar la necesidad de visibilizar y valorar el trabajo femenino en el ámbito doméstico, con la asignación de un sueldo, en tiempos en los que se especificaba que éste debía ser pagado por los propios capitalistas. En simultáneo en Concepción el Frente Revolucionario de Mujeres del MIR reivindicaba el derecho al aborto legal. Hechos que parecen estar extintos, inclusive para muchas feministas, aseguró Beatriz.

En el mismo hilo rescata también el ejemplo de todas las mujeres que lucharon en la dictadura: las mujeres pobladoras, sindicalistas, las organizadas en los Comprando Juntos, las que gestaron las ollas comunes, etcétera. Asimismo, se rememora a las mujeres que sufrieron la prisión y la tortura no solo como víctimas, sino que como militantes políticas de la época y combatientes. Y por otro lado, se ve a las compañeras ejecutadas o detenidas desaparecidas desde la vida, porque sus proyectos políticos, sus visiones de mundo, sus contenidos de lucha, están presentes en las vidas y luchas de las compañeras hoy presentes.

El último expositor fue Martín Faunes, presidente de la Corporación La Serena Dieciséis de Octubre. Según explicó Martín, la organización toma el nombre de la masacre ocurrida el 16 de octubre de 1973 en La Serena cuando la Caravana de la Muerte asesinó con ráfagas desde un helicóptero a 15 presos políticos, muchos de los cuales eran conocidos de Martín. La misma organización logró hace no mucho que la “Casa de Piedra”, ex centro de tortura y exterminio de la Central Nacional de Informaciones (CNI) en La Serena, fuese considerado Monumento Nacional en categoría de Monumento Histórico.

Por otro lado Martín, quien se reconoció como un escritor sobreviviente cuyo su corazón aún está con el MIR, decidió en algún momento escribir y relatar la historia de sus camaradas que cayeron o figuran como DD. DD. Pues el Informe Retting[17] señala cómo fue la muerte de quienes enfrentaron la dictadura, pero no cuenta precisamente las historias de vida. Fue así como conformó el proyecto “Las historias que podemos contar”[18], donde se han generado hasta el momento 250 historias.

A propósito de ello, y considerando que habían algunas de sus estudiantes del Liceo Siete estaban presentes, se refirió a María Cristina López Stewart[19], quien también cursó estudios en dicho establecimiento y a la que le dedicó una novela.

La “chica”, como le decían con cariño, militó alguna vez en el MIR, donde entre otras tareas, debió dirigir el trabajo de una unidad especializada en inteligencia compuesta principalmente por ingenieros (entre ellos Martín). Según él relata, el grupo quedó sorprendido cuando la conocieron y supieron que serían conducidos por ella, si bien no tardó en reconocer sus aptitudes para el cargo.

María Cristina tenía 21 años cuando fue detenida en 1974, durante un operativo de la DINA  (Dirección de Inteligencia Nacional)[20], manteniéndose como desaparecida hasta el día de hoy. Pasó a ser reemplaza en su función encabezada por Alejandro de la Barra Villarroel, quien fue acribillado ese mismo año junto a su compañera Ana María Puga Rojas, frente al jardín infantil del hijo de ambos.

Tiempo más tarde Martín le dedicó un cuento[21] que, extrañamente, fue publicado por el periódico derechista El Mercurio. Fue allí cuando le contactó la madre de María Cristina, quien le envió fotocopias de un diario de vida de su hija. En ese entonces, Martín recién supo que María había sido también una poeta. Basándose en dicho diario y su propia experiencia con ella, escribió “Viajera de los nombres supuestos”, donde retrata el alma genuina de la revolucionaria que tuvo la oportunidad de conocer.

De derecha a izquierda: Beatriz Bataszew, Lorena Pérez, Javier Rebolledo, Daniela Vargas y Javiera Campos. Martín Faunes llegaría más tarde al foro.

[1]   Agradezco cordialmente a Catalina Sepúlveda Reyes, quien transcribió en forma íntegra el foro por iniciativa propia, facilitando así el desarrollo de este artículo.

[2] Reinalda del Carmen Pereira Plaza, hija única, casada, embarazada de su primer hijo, tecnóloga médico, ex dirigente de la salud, militante del Partido Comunista, fue detenida por Agentes de Seguridad el 15 de diciembre de 1976 en presencia de testigos. Hasta la fecha se desconoce la suerte corrida por Reinalda del Carmen Pereira Plaza y si el hijo que esperaba nació. Fuente: http://www.memoriaviva.com/Desaparecidos/D-P/reinalda_del_carmen_pereira_plaz.htm

[3] El Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) es una organización político-militar que surge en diciembre de 1983 bajo la dirección política del Partido Comunista de Chile, tras la reformulación política que experimenta este ante la Dictadura. Con el surgimiento del FPMR, las acciones armadas en contra de la dictadura se incrementan e intensifican considerablemente. Fuente: Claudio Pérez Silva. “De la guerra contra Somoza a la guerra contra Pinochet. La experiencia internacionalista revolucionaria en Nicaragua y la construcción de la fuerza militar propia del Partido Comunista de Chile”. En: Pablo Pozzi y Claudio Pérez Silva compiladores: Historia oral e historia política, Editorial LOM, Santiago de Chile, 2012.

[4] El MAPU (Movimiento de Acción Popular Unitaria), nacido en 1969 de una escisión de la Democracia Cristiana, crea en 1982 el MJL como parte de la estrategia para enfrentar a la dictadura. Más tarde el MJL se separa del MAPU, constituyéndose como MAPU-Lautaro, una de las organizaciones que mantuvo el accionar armado durante los primeros años de transición a la democracia en Chile. Fuente: Ivette Lozoya López. “Chile: violencia política y transición a la democracia. El MAPU-Lautaro y la derrota de la vía revolucionaria en los 90”. En: Pablo Pozzi y Claudio Pérez Silva compiladores: Historia oral e historia política, Editorial LOM, Santiago de Chile, 2012.

[5] El Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo MCTSA (1983 – 1990) fue una organización civil que defendió la integridad física de los prisioneros políticos y organizó protestas pacíficas durante la Dictadura militar en Chile. Toma el nombre de Sebastián Acevedo, quien el día 11 de noviembre de 1983 se quemó a lo bonzo frente a la Catedral de Concepción, gritando a viva voz: “¡Que la CNI devuelva a mis hijos!”, tras haber exigido de manera infructuosa información sobre el paradero de detención de sus hijos, apresados dos días atrás por civiles armados no identificados, tras una protesta de oposición a la Dictadura.

[6] El libro se encuentra disponible para ser descargado en http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-9578.html

[7] Javier Rebolledo se ha especializado en la investigación y publicación de temáticas concernientes a las violaciones de los Derechos Humanos en Chile. Es autor de los libros La danza de los cuervos (2012), El despertar de los cuervos (2013) y A la sombra de los cuervos (2015), entre otros. En este último, según señaló en el foro, identifica a civiles que colaboraron con la dictadura, así como empresarios que acrecentaron su fortuna gracias a la misma, centrándose en las familias Kast y Matte. Sobre la contingencia de la memoria histórica el autor escribió “De la memoria, la democracia, la dictadura y la lucha por la razón”: http://www.eldesconcierto.cl/2018/09/07/de-la-memoria-la-democracia-la-dictadura-y-la-lucha-por-la-razon/

[8] “Es algo para que la gente no piense, para atontarte”: La entrevista en CNN donde el nuevo ministro de las Culturas hacía duros cuestionamientos al Museo de la Memoria: https://www.latercera.com/politica/noticia/algo-la-gente-no-piense-atontarte-la-entrevista-cnn-donde-nuevo-ministro-las-culturas-hacia-duros-cuestionamientos-al-museo-la-memoria/278700/

[9] “El museo de la democracia de Lucía Santa Cruz”: http://www.eldesconcierto.cl/2018/09/06/el-museo-de-la-democracia-de-lucia-santa-cruz/

[10] “Piñera recibe duras críticas por su giro a la derecha y su contextualización del golpe militar”: http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2018/09/11/pinera-recibe-duras-criticas-por-su-giro-a-la-derecha-y-su-contextualizacion-del-golpe-militar/

[11] El Movimiento de Izquierda Revolucionaria surge a mediados de 1965, cuando un amplio y heterogéneo grupo de organizaciones revolucionarias asume la tarea de derrocar al sistema capitalista y reemplazarlo por un gobierno dirigido por órganos del poder proletario. Fuente: Igor Goicovic Donoso. “El Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y la irrupción de la lucha armada en Chile, 1965-1990”. En: Pablo Pozzi y Claudio Pérez Silva compiladores: Historia oral e historia política, Editorial LOM, Santiago de Chile, 2012.

[12] Podemos encontrar más información sobre Desclasificación Popular en su sitio web http://desclasificacionpopular.cl/?page_id=43

[13] Más información en http://comisionfuna.org/somos/

[14] El nombre de Krasnoff aparece vinculado a 91 casos de detenidos desaparecidos o ejecutados políticos, y sumando todas sus condenas, su pena sobrepasa los 400 años de privación de libertad. Consultado en “Miguel Krassnoff: La peor cara de la dictadura que podría quedar en libertad”: https://radio.uchile.cl/2018/08/06/miguel-krassnoff-la-peor-cara-de-la-dictadura-que-podria-quedar-en-libertad/

[15] Tal como pudimos constatar durante un acto cultural realizado hace algunas semanas, que el MSSR levantó junto a otras organizaciones tales como la Coordinadora Feminista 8 de Marzo, la Brigada de Propaganda Feminista, el Colectivo Contra el Olvido, Colectivo Cueca Sola y Colectiva La Jauría. “Un hilo rojo teje la historia”: http://www.quimantu.cl/noticia/un-hilo-rojo-teje-la-historia/

[16] El “Pliego del Pueblo” fue entregado por los comandos comunales, cordones industriales y otras organizaciones de base de Santiago, como programa de acción ante la crisis de octubre de 1972. En su redacción participaron militantes del Partido Socialista, MIR-FTR y sectores de base. El documento atribuye al paro en curso intenciones golpistas que, si bien no han fructificado en arrastrar a las Fuerzas Armadas, han puesto de manifiesto el gran poder “de los patrones” y sus instituciones.

 

[17] En 1990 Patricio Aylwin creó la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, la cual se abocó a la investigación de la violación a los derechos humanos con consecuencia de muerte, ocurridas en dictadura. Estuvo presidida por el jurista Raúl Rettig, quien tras nueve meses de trabajo entregó un informe final, más conocido como “Informe Rettig”,  donde se redactaron relatos sobre violaciones a los derechos humanos, en los que se señalan los métodos empleados en dichas violaciones, la selección de las víctimas, los métodos de represión, la forma de garantizar la impunidad y las instituciones responsables. Fuente: http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-94640.html

[18] http://www.lashistoriasquepodemoscontar.cl/

[19] María Cristina López Stewart, tenía 21 años cuando fue detenida en septiembre de 1974 en el marco de una ofensiva de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) para desbaratar el trabajo que el MIR realizaba en el campo de la inteligencia y las telecomunicaciones. Hasta el día de hoy es una detenida desaparecida.

[20] La Dirección de Inteligencia Nacional, más conocida por su acrónimo DINA, fue la policía secreta de la dictadura militar en Chile que operó entre 1973 y 1977, siendo reemplazada más tarde por la Central Nacional de Informaciones (CNI).

[21] Martín no especificó el título de dicha obra, si bien en internet podemos encontrar “Matar a un ruiseñor”, cuento testimonial de él y dedicado a María Cristina: http://www.martinfaunes.cl/matarunruisenor.html

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