Sobre ‘Yo soy Simón’ y su rol fundamental

Si bien la película dirigida por Greg Berlanti no es la primera en basarse en una temática de romance homosexual, es cierto que representa una ruptura en su tratamiento tradicional y marca una nueva forma de representación. ¿Por qué es tan importante este film en particular?

Atención: la nota contiene spoilers.

Una brisa necesaria de aire frescoYo soy Simón es ni más ni menos que eso. La cinta, que se estrenó el 3 de mayo, significó la llegada al cine comercial de una narrativa que, por lo general, simplemente se ve relegada a un segundo plano. ¿Cuántas veces vimos en la pantalla -grande y chica- al “mejor amigo gay”, que no hace más que reflejar el estereotipo de persona graciosa, extravagante y desinhibida?

Lejos de caer en tal cliché, la película basada en la novela original de Becky AlbertalliSimon vs. the Homo Sapiens Agenda, nos muestra por primera vez un protagonista homosexual que, si bien todavía no “salió del closet”, no tiene dudas con respecto a su orientación. Y este es un punto fundamental, pues el film no problematiza su situación en tanto no lo presenta como un adolescente confundido, cuestión que suele estar presente en muchas ficciones.

Por el contrario, Simon Spier (Nick Robinson) le plantea al espectador, mediante un recurso de voiceover que genera un ambiente de intimidad y confesión, su orientación y la condición reservada de la misma durante los primeros minutos del largometraje. De hecho, la trama entera gira en torno a su secreto -con todo lo que él conlleva respecto a las relaciones con sus amigos y familia- y los sentimientos que empieza a desarrollar por uno de sus compañeros, Blue, cuya identidad permanecerá desconocida hasta los últimos minutos de la ficción.

Nuestro personaje principal comienza a intercambiar mails con un muchacho anónimo, y con el tiempo se enamorará de él

En definitiva, y volviendo al punto que planteábamos, el verdadero aporte de Yo soy Simonconsiste en su capacidad de apelar a la audiencia juvenil -aunque no se limite exclusivamente a ella- con un mensaje importante: ser gay está bien y es normal. De ahí lo trascendental del comentario del protagonista cuando finalmente decide contar su verdad, e inmediatamente les aclara a sus padres: “Sigo siendo yo”.

Esto, por supuesto, en el marco de su integración en el circuito comercial del cine, lo que implica una gran llegada al público masivo y, por lo tanto, la visibilización de la homosexualidad -que aún hoy en día se presenta como una orientación marginal dentro de las producciones culturales. Sobre esto hablaremos a continuación, y para ello recomendamos ver la película antes de proceder en la lectura.

La representación en el cine

Un tema ampliamente tratado y discutido se encuentra en la cuestión de las plataformas audiovisuales como generadoras de parámetros de conciencia. No desarrollaremos aquí una teoría basada en la pasividad de los espectadores, pues es sabido que este tipo de posturas -como la aguja hipodérmica, que consideraba a un público atomizado y el concepto de masa como un todo indiferenciado- poco tenían que ver con la realidad. Lejos están ya los tiempos de entreguerras en los que Lasswell reflexionaba.

Estas nociones, sin ahondar más en su definición, dejaban de lado el contexto y los sujetos prosumidores -que generan y absorben lo generado-, y no se correspondían a la actualidad empírica. Porque, pongámoslo así, hoy por hoy ya no quedan dudas con respecto al rol activo que desempeñan los sujetos receptores en la constitución del mensaje y su interpretación.

Pero tampoco podemos descartar el evidente hecho de que los medios recortan la realidad, desarrollan encuadres de lectura e imponen temáticas en la agenda. De aquí la importancia de su labor. Y el cine, por supuesto, no queda atrás.

 

En este sentido, Yo soy Simón significa un hito en la trayectoria del cine como espacio de representación. Si bien es cierto que ya ha cumplido este papel en ocasiones anteriores -debemos rememorar, por ejemplo, las icónicas Secreto en la Montaña Carol-, es la primera vez que nos encontramos en un film destinado a la pantalla grande con dos características fundamentales: está dirigida a un público masivo y tiene un final feliz. Retomaremos este último punto en un momento, y por ahora nos centraremos en el primero.

                                                  Jennifer Garner y Josh Duhamel encarnan a Emily y Jack, los padres de Simon

Cuando FOX anunció que realizaría esta película basada en la popular novela young-adult de la mano del equipo responsable de Bajo la Misma Estrella, el recibimiento de la noticia estuvo colmado de expectativa. La idea fue aplaudida, y a partir de ese entonces se fusionaron las bases de fans de 13 Reasons Why -recordemos que la actriz de Hannah BakerKatherine Langford, encarna en la ficción a Leah, la mejor amiga de Simon-, The 5th Wave -en donde muchos conocieron a Nick Robinson- y el libro en sí.

¿La popularidad del proyecto significó de forma directa su buen recibimiento por los espectadores? Ciertamente no. La película tuvo que hacerse de eso ella misma. Y vemos que lo logró: a tan sólo días de su estreno, invita a las audiencias a que la vean conforme a su garantía de calidad y entretenimiento, de la mano del boca en boca y los comentarios positivos por parte de la crítica. Con todo, el conveniente resultado en la taquilla se nos presenta no únicamente como un éxito de sus estrategias de publicidad -recordemos que la cinta fue anunciada en todas las plataformas habidas y por haber-, sino también como su capacidad de presentar un producto satisfactorio para el público.

De ahí que ayude a destacar el rol del cine como plataforma para la integración y cohesión social. Mucho se ha hablado sobre las posibilidades políticas de los films, y reiteramos esta cuestión para hacer referencia a la representación de la homosexualidad -en el caso de Yo soy Simón– y las minorías excluidas en sí: el séptimo arte significa un lugar para la visibilización y masividad de las diferentes luchas que se dan en la comunidad.

                                              Con un guión, actuaciones y estética cuidados, la cinta invita a todo el mundo a conocerla

El largometraje escrito por Isaac Aptaker y Elizabeth Berger inscribe en el imaginario popular la necesidad de la incorporación de las distintas orientaciones sexuales a las formas artísticas. Sólo a través de su inclusión en el circuito comercial podremos empezar a hablar de una naturalización en el ámbito cinematográfico, en tanto la gran mayoría del mundo conoce y consume los productos realizados por Hollywood. Se trata de su alcance prácticamente global, lo que no significa que muchas películas no vayan a conocer la censura en algunos países.

Por supuesto que el hecho de que una obra alcance a multitudes no es suficiente para que la misma sea de calidad -aunque, si vamos al caso, sobre gustos no hay nada escrito. Pero el hecho de que se encuentre en prácticamente cualquier cartelera del mundo ayuda a poner el foco de atención en lo fundamental de la apertura a nuevas formas y perspectivas donde gay no signifique distintoraro, o lo que termina en catástrofe. Y aquí centraremos nuestra atención.

La homosexualidad en el cine

Que la comunidad LGBTQA+ ha sido retratada de distintas maneras a lo largo de la historia del séptimo arte no es ninguna novedad. Si bien hemos visto personajes no heterosexuales en clásicos como De repente el último verano, La Soga But I’m a Cheerleader, mayormente nos encontrábamos con estereotipos andantes. Esto, al menos, en el caso de Hollywood, no así en las producciones del cine independiente y las europeas -pensemos en Maurice Jongens, por ejemplo.

Y no sólo ésto, sino que además nos encontramos acostumbrados a los finales trágicos, angustiantes, al amor imposible. Porque durante años, ser gay en una película implicaba ser un amante, un desliz, o bien, una carga imposible.

Tomemos a la excelente Secreto en la Montaña de Ang Lee, que representó un escándalo gigantesco a pesar de ser aclamada por la crítica, en tanto contaba la historia de amor entre dos hombres en un terreno supuestamente masculino como lo eran las tierras del Oestede los Estados Unidos. Si existe un final absolutamente terrible, el mismo es el de Ennis del Mar (Heath Ledger) y Jack Twist (Jake Gyllenhaal). El contexto no les permitía estar juntos, por eso se escondían detrás de sus fallidos matrimonios. Y la situación no hace más que empeorar, en tanto todo termina en tragedia.

Adelantemos un par de años. Dejemos de lado ese verano de 1963 y situémonos en la década de los ochenta, en ItaliaLlámame por tu nombreel éxito independiente que se estrenó el año pasado, también nos deja como espectadores un sabor agridulce al conocer la historia de Elio(Timothée Chalamet) y Oliver (Armie Hammer). Lo mismo sucede con Carol, que promete felicidad al ubicar en la misma sala a Therese (Rooney Mara) y a una sensual Cate Blanchett, pero termina por no cumplir.

Lo fatal, lo triste y la esperanza no concretada: a eso nos tiene acostumbrados el cine cuando de amor no heterosexual se trata. Es en este sentido que Yo soy Simón es tan importante para abrir el juego y empezar a incluir otras formas, otras orientaciones, otros géneros, otras realidades. Y se trata, además, de no hacer un gran escándalo al respecto. Tal y como plantea el joven Spier: ¿por qué son los homosexuales los que deben salir del clóset, y no es al revés?¿Por qué seguimos naturalizando la concepción heteronormativa en lugar de cuestionarla desde diferentes plataformas?

La película de Berger, Aptaker y Berlanti es interesante, fresca y entretenida. Como espectadores, nos provoca la risa y el llanto. Pero no es sólo eso, sino mucho más. Es, con todo, un paso necesario hacia la actualización de los discursos mediáticos y la visibilización de los grupos oprimidos. Porque para eso debería servir el cine.

 

 

fuente:http://corriendolavoz.com.ar/cultura-sobre-yo-soy-simon-y-su-rol-fundamental/

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