TODO ESTÁ ARCHIVADO EN LA MEMORIA

* Por Nahuel Jalil,
despedido del Ministerio de Defensa

Desde agosto del 2011, hasta el pasado diciembre, cuando fuimos desplazados 70 trabajadores, me desempeñaba como asesor archivístico en la Dirección de Derechos Humanos del Ministerio de Defensa, garantizando la conservación y el acceso a la documentación de las Fuerzas Armadas. Un equipo de 9 personas, que pasó a ser de 4.

Días antes de navidad, sin anestesia, nos dijeron que ya no teníamos trabajo, utilizando la excusa del “recorte” que no es tal, ya que los funcionarios contratados en la última gestión cobran más de 100 mil pesos y nuestros sueldos no llegaban a los 20 mil. Con esa ficción, dejaron llorando en los pasillos del Ministerio a compañeros que tenían más de diez años en funciones y esta horrenda sensación de vulnerabilidad, al ir escuchando los nombres de los despedidos, uno a uno…

Pero eso no es todo: además, dejaron en riesgo a los archivos que debíamos cuidar, registros escritos que databan del siglo XIX y que llegaban a los tiempos de la última dictadura militar. Recuerdo que antes a varios de esos documentos, por ejemplo, les apoyaban encima baldes de pintura y, gracias a nuestro trabajo, se sortearon las limitaciones estructurales de las Fuerzas, realizando una tarea de concientización que terminó salvando toda esa documentación.

La relevancia histórica y judicial de los registros de las Fuerzas Armadas es enorme y su reapertura es uno de los reclamos que sostienen los organismos, de modo que golpean intencionalmente a esa reivindicación, en otro intento de dar por tierra a una política pública… ¿O cómo se explica que, de los últimos 70 despidos en el Ministerio, 10 hayan sido en la dirección de Derechos Humanos? ¿O que en esa misma área, desde que ingresó Aguad, queden sólo 25 trabajadores de los 55 que había?

Un claro ataque a la lucha por la memoria.

Pues de esos documentos, se han obtenido pruebas cruciales para juzgar a los genocidas. Para la causa ESMA 2, de hecho, el expediente Colquhoun reveló cómo un grupo de tareas le robó ropa a los secuestrados que después asesinaban. Y en ESMA 3, que tuvo sentencia en diciembre, gracias a los archivos pudimos enterarnos con precisión cómo operaban los vuelos de la muerte… Todos esos archivos tan valiosos ofrecen evidencia no testimonial, a la que no podríamos acceder de otra forma, en relación a cómo se llevaron adelante los crímenes de lesa humanidad.

No sólo hablamos del trabajo.
Hablamos de la verdad.

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