Tucumán Arde: política y arte en llamas

En la segunda mitad de los 60 una serie de eventos del campo artístico y cultural de Argentina acompañaban los procesos o hechos políticos y sociales del país y del mundo. En América Latina el contexto era el de la Alianza para el Progreso que el gobierno norteamericano daba como respuesta y freno al “avance del comunismo” en la región, y que consistía en cierta ayuda económica y social en el marco de la  Guerra Fría y la Doctrina de Seguridad Nacional que daba golpes de Estado y establecía dictaduras en muchos de los países de la región, o tutelaba y vigilaba a los gobiernos constitucionales. En el mundo sucedía en 1968 el Mayo francés, la movilización y masacre de los estudiantes mexicanos, el cambio de rumbo de la guerra de Vietnam a favor del Vietcong, y otros hechos de influencia sobre las vanguardias políticas y artísticas del país, que reforzaban la resistencia al gobierno dictatorial del general Juan Carlos Onganía y se proponían horizontes de liberación política y social.

EI Instituto Di Tella, en Buenos Aires, era el centro de investigación cultural y de producción de arte más destacado en los 60.  Vigilado permanentemente y censurado por el gobierno, que lo asociaba a los hippies y a la decadencia de la moral y las buenas costumbres, era semillero de artistas y de experiencias de vanguardia que tenían como una de sus líneas rectoras, entre otras,  que el mismo público fuera parte activa de la obra, como la que se desarrollaba en los happenings, o en las instalaciones y muestras, con frecuencia de un arte-suceso efímero y provocador.

En contra de esas propuestas consideradas estetizantes y vacías tanto como desligadas de la realidad, un grupo de artistas de vanguardia de Rosario y de Buenos Aires que así las evaluaba,  cuyos nombres se hallan al final de la Declaración de la muestra de Rosario, emprendieron en 1968 lo que llamaron  Tucumán Arde:  una obra colectiva, más de comunicación que estética, en la perspectiva de llevar adelante un arte comprometido con la realidad, revolucionario, y casi en la fusión de lo artístico y lo político en un mismo programa. No era aislado: otros artistas ya habían llevado a la práctica mediante sus puestas y obras protestas contra la guerra de Vietnam, la explotación, la represión, la pobreza o el gobierno norteamericano.

Tucumán Arde  fue llamado así por la elección del tema de la obra: la provincia de Tucumán había sufrido en 1966 el cierre de once ingenios azucareros en un proyecto económico que la dictadura de Onganía  llamaba Operativo Tucumán presentándolo falsamente como industrializador y modernizador en pos de terminar con el monocultivo de caña de azúcar y de diversificar las inversiones, tanto como de atacar a la poderosa FOTIA, el sindicato de los trabajadores azucareros.  La medida fue fuertemente resistida y el conflicto social escaló con las tomas de los ingenios, movilizaciones generalizadas y violentos enfrentamientos con la policía. Pero las consecuencias fueron devastadoras: quedaron en la calle 17.000 trabajadores y migraron de la provincia en los años siguientes miles de personas. La FOTIA pasó de tener 36.000 afiliados en 1966 a 19.000 tres años después.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           

Onganía recorre las instalaciones del ingenio San Pablo, 1966
Movilización contra el cierre de ingenios

 

El Grupo de Artistas de Vanguardia integrantes de Tucumán Arde se propuso una ruptura tajante con el arte de las instituciones y circuitos oficiales tanto como romper el silencio informativo que rodeaba al Operativo Tucumán  y denunciar sus terribles consecuencias con acciones planificadas que se presentaban escalonadas y con las modalidades de la militancia política y del discurso de los medios de comunicación y de la publicidad: pintadas en las calles que decían “Tucumán Arde”, o pegatinas de obleas y de afiches que solo decían “Tucumán” para despertar la intriga, entrega de volantes, presentación de la acción como Bienal de Arte a secas, ruedas de prensa, y otras, buscando llamar previamente la atención para culminar más tarde en la muestra.

 

Oblea utilizada en el proceso político-artístico
Pegatina de afiches     

 

 
 
Al mismo tiempo un grupo de artistas había realizado dos viajes a la provincia presentándolos ante la prensa como preparatorios de eventos artísticos pero en realidad con el objetivo  de recolectar información de primera mano entrevistando a obreros despedidos y a sus familias, a vecinos y pobladores, y había tomado fotografías y realizado breves filmaciones para utilizar este material como base de la exposición.
 
 La exposición, inaugurada el 3 de noviembre de 1968 en la sede de Rosario de la CGT de los Argentinos (CGTA), fue definida  por los mismos artistas como “la creación de un circuito sobreinformacional para evidenciar la solapada deformación de los hechos producidos en Tucumán, sufrida a través de los medios de información y difusión que detentan el poder oficial y la clase burguesa”, y tenía la intención básica de “promover un proceso desalienante de la imagen de la realidad tucumana elaborada por los medios de comunicación de masas”. 

 

Una vista de la exposición
La muestra, que se proponía llegar a la conciencia de activistas y de gente común, no a la de los espectadores habituales de las muestras artísticas, comprendió empapelar el suelo de la entrada con los nombres de los dueños de los ingenios y de las autoridades de manera que los asistentes debían pisarlas para acceder al interior; y las paredes desde el piso hasta el techo con afiches de la campaña callejera  y recortes de prensa que hablaban sobre la situación en la provincia, cartas de pobladores, carteles con diversas denuncias y consignas así como fotos que daban testimonio de la miseria ocultada. Se proyectaban cortos documentales elaborados con el material que los artistas habían recogido en sus visitas y se transmitían por altoparlantes entrevistas a dirigentes sindicales y trabajadores cañeros. Cada breve lapso de tiempo se apagaba la luz para simbolizar la muerte por hambre de un niño tucumano y se ofrecía café amargo para aludir al cierre de los ingenios.
Entrada a la exposición
Vista de la concurrencia

 

 

La exposición resultó un  éxito rotundo ya que miles de personas la visitaron en los pocos días de presentación, aún en el ambiente represivo de la época. Luego fue llevada a Buenos Aires para ser presentada allí pero solo duró unas horas: el gobierno amenazó con clausurar la sede de la CGTA y los artistas decidieron retirarla para no perjudicar a la central.  Tampoco pudo presentarse en Córdoba y Santa Fe como se había planeado. El final abrupto, disidencias internas, las dificultades de trabajar bajo la dictadura y otros problemas impidieron también llevar a cabo el último paso previsto, que era reunir todo el material del proceso en una publicación.

Tucumán Arde significó en su momento la radicalización de una vanguardia artística que con su práctica borroneaba los límites con los de la vanguardia política, buscando fusionar las acciones de uno y otro campo para intervenir en la transformación social. “Para algunos artistas, la opción fue abandonar el arte para transformar la sociedad en el terreno de la lucha política. Las acciones colectivas y violentas que protagonizaban las multitudes demostraban que era en las calles donde diariamente se realizaban y se llevaban al extremo las aspiraciones máximas de sus programas” (Andrea Giunta. Vanguardia, internacionalismo y política. Paidós, 2001).

 

DECLARACION DE LA MUESTRA DE  ROSARIO

Por María Teresa Gramuglio y Nicolás Rosa

 

A partir del año 1968 comenzaron a producirse dentro del campo de la plástica argentina, una serie de hechos estéticos que rompían con la pretendida actitud de vanguardia de los artistas que realizaban su actividad dentro del Instituto Di Tella, la institución que hasta ese momento se adjudicaba la facultad de legislar y proponer nuevos modelos de acción, no sólo para los artistas vinculados a ella, sino para todas las nuevas experiencias plásticas que surgían en el país.

Estos hechos que irrumpieron en la decantada y exquisita atmósfera estetizante de las falsas experiencias vanguardistas que se producían en las instituciones de la cultura oficial, fueron connotando incipientemente el lineamiento de una nueva actitud que conduciría a plantear el fenómeno artístico como una acción positiva y real, tendiente a ejercer una modificación sobre el medio que lo generaba.

Obra “El encierro”, de Graciela Carnevale, integrante del Grupo de Artistas de Vanguardia y de Tucumán Arde  

Esta actitud apuntaba a manifestar los contenidos políticos implícitos en toda obra de arte, y proponerlos como una carga activa y violenta, para que la producción del artista se incorporara a la realidad con una intención verdaderamente vanguardista y por ende revolucionaria. Hechos estéticos que denunciaban la crueldad de la guerra de Vietnam o la radical falsedad de la política norteamericana indicaban directamente la necesidad de crear no ya una relación de la obra y el medio, sino un objeto artístico capaz de producir por sí mismo modificaciones que adquieran la misma eficacia de un hecho político.

El reconocimiento de esta nueva concepción llevó a un grupo de artistas a postular la creación estética como una acción colectiva y violenta destruyendo el mito burgués de la individualidad del artista y del carácter pasivo tradicionalmente  adjudicado al arte. La agresión intencionada llega a ser la forma del nuevo arte. Violentar es poseer y destruir las viejas formas de un arte asentado sobre la base de la propiedad individual y el goce personal de la obra única. La violencia es, ahora, una acción creadora de nuevos contenidos: destruye el sistema de la cultura oficial, oponiéndole una cultura subversiva que integra el proceso modificador, creando un arte verdaderamente revolucionario.

El arte revolucionario nace de una toma de conciencia de la realidad actual del artista como individuo dentro del contexto político y social que lo abarca.

El arte revolucionario propone el hecho estético como núcleo donde se integran y unifican todos los elementos que conforman la realidad humana: económicos, sociales, políticos; como una integración de los aportes de las distintas disciplinas, eliminando la separación entre artistas, intelectuales y técnicos, y como una acción unitaria de todos ellos dirigida a modificar la totalidad de la estructura social: es decir, un arte total.

El arte revolucionario acciona sobre la realidad mediante un proceso de captación de los elementos que la componen a partir de una lúcida concepción ideológica basada en los principios de la racionalidad materialista.

El arte revolucionario, de esta manera, se presenta como una forma parcial de la realidad que se integra dentro de la realidad total, destruyendo la separación idealista entre la obra y el mundo, en la medida en que cumple una verdadera acción transformadora de las estructuras sociales: es decir, un arte transformador.

El arte revolucionario es la manifestación de aquellos contenidos políticos que luchan por destruir los caducos esquemas culturales y estéticos de la sociedad burguesa, integrándose con las fuerzas revolucionarias que combaten las formas de la dependencia económica y la opresión clasista: es, por lo tanto, un arte social.

La obra que realiza el Grupo de artistas de vanguardia es la continuación de una serie de actos de agresión intencionada contra instituciones y representantes de la cultura burguesa, como por ejemplo la no participación y el boicot al Premio Braque, instituido por el Servicio Cultural de la Embajada de Francia, que culminó con la detención de varios artistas que concretaron violentamente el rechazo.

 

                                                                                                     La obra colectiva que se realiza se apoya en la actual situación argentina, radicalizada en una de sus provincias más pobres, Tucumán, sometida a una larga tradición de subdesarrollo y opresión económica. El actual gobierno argentino, empeñado en una nefasta política colonizante, ha procedido al cierre de la mayoría de los ingenios azucareros tucumanos, resorte vital de la economía de la provincia, esparciendo el hambre y la desocupación, con todas las consecuencias sociales que ésta acarrea. Un “Operativo Tucumán” elaborado por los economistas del gobierno, intenta enmascarar esta desembozada agresión a la clase obrera con un falso desarrollo económico basado en la creación de nuevas o hipotéticas industrias financiadas por capitales norteamericanos. La verdad que se oculta detrás de este Operativo es la siguiente: se intenta la destrucción de un real y explosivo gremialismo que abarca el noroeste argentino mediante la disolución de los grupos obreros, atomizados en pequeñas explotaciones industriales u obligados a emigrar a otras zonas en busca de ocupación temporaria, mal remunerada y sin estabilidad. Una de las graves consecuencias que este hecho acarrea, es la disolución del núcleo familiar obrero, librado a la improvisación y al azar para poder subsistir. La política económica seguida por el gobierno en la provincia de Tucumán tiene el carácter de experiencia piloto, con la que se intenta comprobar el grado de resistencia de la población obrera para que, subsecuentemente a una neutralización de la oposición gremial, pueda ser trasladada a otras provincias que presentan características económicas y sociales similares. Este “Operativo Tucumán” se ve reforzado por un “operativo silencio”, organizado por las instituciones del gobierno para confundir, tergiversar y silenciar la grave situación tucumana, al cual se ha plegado la llamada “prensa libre” por razones de comunes intereses de clase.

Sobre esta situación, y asumiendo su responsabilidad de artistas comprometidos con la realidad social que los incluye, los artistas de vanguardia responden a este “operativo silencio” con la realización de la obra Tucumán Arde.

La obra consiste en la creación de un circuito sobreinformacional para evidenciar la solapada deformación que los hechos producidos en Tucumán sufren a través de los medios de información y difusión que detentan el poder oficial y la clase burguesa. Los medios de comunicación son poderosos elementos mediadores, susceptibles de ser cargados de contenido diverso; de la realidad y veracidad de los contenidos depende la influencia positiva que estos medios producen en la sociedad. La información sobre los hechos producidos en Tucumán vertida por el gobierno y los medios oficiales tiende a mantener en el silencio el grave problema social desencadenado por el cierre de los ingenios, y a dar una falsa imagen de recuperación económica de la provincia que los datos reales desmienten escandalosamente. Para recoger estos datos y poner en evidencia la falaz contradicción del gobierno y de la clase que los sustenta, el Grupo de artistas de vanguardia viajó a Tucumán, acompañado de técnicos y especialistas, y procedió a una verificación de la realidad social que se vive en la provincia. El proceso de la acción de los artistas culminó con una conferencia de prensa, donde hicieron público, y de manera violenta, su repudio a la actuación de las autoridades oficiales y a la complicidad de los medios culturales y de difusión que colaboran en el mantenimiento de un estado social vergonzoso y degradante para la población obrera tucumana.

La acción de los artistas fue realizada en colaboración con grupos estudiantiles y obreros, que se integraron así a la materialización de la obra.Los artistas viajaron a Tucumán con una amplia documentación sobre los problemas económicos y sociales de la provincia y un conocimiento detallado de toda la información que los medios habían elaborado sobre los problemas tucumanos. Este último informe había sido sometido previamente a un análisis crítico para medir el grado de tergiversación y desvirtuación.

Exposición de “Inventario. Archivo de Graciela Carnevale”, sobre Tucumán Arde  blog arte nuevo