Un señor de barba muy blanca

Hay muchos Paulo Freire decía hace algunos años una educadora ecuatoriana cuyo nombre es Rosa María Torres.

Rosa María reflexionaba acerca de diferentes miradas sobre Freire. El pedagogo, el didacta, el político, el filósofo educativo. Como si cada quién se apropiara y reinterpretara a su modo y a su molde los frutos siempre fértiles de Don Paulo. Y eso reflejaba no solo los matices y profundidades de su pensamiento si no también el arbitrio al que, irremediablemente, está sometido un pensador intenso y extenso.

No seré Yo quién califique para decir cuál es el “verdadero” Freire, ni siquiera cuál es “mi” versión acerca de quién es posiblemente la primera voz de esa producción coral e insurreccional que es La Pedagogía de la Liberación.

Sin embargo, un ejercicio de negación puede ser útil a los propósitos de estas notas. La negación tiene, en ocasiones, un poder argumentativo e identitario potente, clarificador. Resuelve nítidamente una parte de la ecuación aunque deje pendiente otra.

Como con los procesos de emancipación de los pueblos, la marcha a veces comienza diciendo un NO nítido y después se verá a que se dice sí. La Psicología Evolutiva también tiene cosas que contarnos acerca del poder de la negación o, mejor dicho, del No.

Y hay un Paulo Freire que No es.

Freire No es las versiones naif de frases recortadas acompañadas de un chocolate de ocasión ante una celebración del rito escolar, sea un festejo por el día del Maestro o una fiesta de graduados docentes.

Freire No es un dulce viejito de barba navideña que invita a un dialogar pasteurizado según insisten afiches institucionales, sin mencionar siquiera marginalmente el conflicto, el posicionamiento, la radicalidad.

Freire No es la criticidad funcionalista, individualista, desentendida de la gravedad que implica un mundo salvajemente injusto.

Freire No es un decálogo del buen docente, al modo de un espiritualismo sarmientino o un recetario didáctico digno de las mejores prescripciones conductistas.

Freire No es un metodólogo que dice cosas como “hay que acercar la realidad al alumno” como si semejante dislate tuviese alguna brizna de sensatez.

Tengo la íntima convicción de que No es esto. Y no participo de ninguna intención pontificadora ni con un estatuto de verdad. Es, como he antedicho, una íntima convicción que no es hija de ilusiones o deseos si no de una larga, detenida y revisitada lectura de su obra y de su acción. Y también del leer y escuchar las voces de sus pares en la crítica fraterna y las de de sus adversarios en la búsqueda de la lapidación intelectual.

Pero no quedarían completas estas líneas si no compartiera con quién lee que me acerca a Don Paulo, al querido Paulo.

Me acerca a Freire la dura discusión que tuvo con los cubanos, con los hijos de la maravillosa revolución acerca del carácter adoctrinador del sistema educativo de Cuba. Una discusión fuerte, con enojos y rica para pensarnos y re-pensarnos

Me acerca a Freire su estar concreto, lejano al confort hogareño, con los más humildes, con los que han visto como les rompen la vida.

Me acerca a Freire su experiencia como funcionario gubernamental cuando, desde su prestigio y trayectoria, tenía mucho para perder y muy poco para ganar. Y no le fue demasiado bien. Y eso lo hizo más grande.

Me acerca a Freire las declaradas intenciones del actual presidente electo de la República Federativa del Brasil, Jair Bolsonaro y sus secuaces de “erradicar”, destruir, arrasar (sic) el pensamiento freiriano.

Tus enemigos te enaltecen.

Me acerca a Freire que cada vez que lo leo descubro un nuevo matiz, una idea, un meandro que no había visto o comprendido.

Me acerca a Freire que me hizo mejor como docente y como persona, más sensible, más cercano con los desheredados del mundo.

¿Y a Vos?

Please follow and like us:

Un comentario sobre “Un señor de barba muy blanca

  • el noviembre 23, 2018 a las 13:55
    Permalink

    Me acerca a don Paulo todo ese amor que sentía hacia los desprotegidos. Me acerca a Don Paulo la convicción de que se puede cambiar este mundo injusto, hecho a medida de aquellos que solo piensan en oportunidades individualistas y se aferran a conceptos que se esconden en la meritocracia.
    Cuando ingresé al profesorado, hoy me estoy recibiendo, lo hice sin intenciones de ser docente, sino por una cuestión de amante de la historia y la lectura; pero pusieron delante de mi “La Pedagogía del Oprimido” y fue un combo…
    Me acerca a Don Paulo, la rebeldía del Che…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.