Una bachata para el capitalismo de plataforma

Fuente: “Bunker, política y vida cotidiana”.

Es lunes feriado pero los rappitenderos no descansan. En el barrio de Belgrano esperan juntos a que llegue el próximo pedido para seguir trabajando. Algo destaca en la escena: cámaras y periodistas entrevistando a Roger Rojas, representante de los trabajadores de Rappi. Es que hace unos días se presentó ante la Secretaria de Trabajo el trámite para formalizar la nueva Asociación de Personal de Plataformas en Argentina (APP). La asociación cristaliza meses de lucha y organización de los trabajadores de Rappi, a los se han sumado recientemente otros de Glovo y Uber.

Desde aquel paro digital en julio –el primero en el mundo–, Roger Rojas se ha convertido en una figura pública de relevancia y en un referente dentro del conflicto entre las empresas de plataformas y sus “colaboradores”. Entrevistar al líder de los rappitenderos se vuelve un desafío, entre sus numerosas asistencias a programas de televisión, noticieros, radios y otros medios. Aún así, logramos charlar con él y poner blanco sobre negro en algunas cuestiones.

Hace meses que las empresas y los trabajadores discuten sobre el carácter de su participación en las aplicaciones y, por tanto, sobre sus derechos. Le toca al Estado ahora definir su postura al respecto y decidir si aprueba o no al primer sindicato de trabajadores de plataformas en Argentina.

¿Cómo fue el proceso de organización del sindicato? ¿Incluye alguna aplicación más, además de Rappi, Glovo y Uber?

Incluye a todas las plataformas donde haya trabajadores. La organización surge porque de cada diez trabajadores, nueve tenemos problemas diarios. En el caso de la empresa Rappi, nunca ofrecían ninguna solución. Siempre decían que no lo podían resolver y que no era problema de ellos. Fueron tantos meses de llevar estas molestias entre nosotros, que empezamos a conocernos y a identificarnos. Y eso nos llevó a hacer el primer paro digital del mundo. Como tres meses después seguíamos sin respuestas, ni de la empresa, ni del Estado, a pesar de toda la cobertura que se le dio, decidimos organizarnos, motivados por el hecho de ser un país pionero en la organización sindical. Quizás por eso empezó aquí en Argentina.

¿Formalmente están reconocidos como sindicato?

Hay muchos que creen que un sindicato no se crea así. Pero hay que leer el tratado de la ONU sobre libertad sindical. Cuando un grupo de personas se organiza ya son un sindicato. Si los seres humanos se quieren manifestar y quieren organizarse para defender un derecho fundamental, no tienen que estar cumpliendo mucho formalismo, que en este caso sería el de la Secretaría de Trabajo. Ya estamos organizados, ya existimos y vamos a seguir defendiendo nuestro trabajo ahora como asociación. Dijimos “hay que crear la asociación” porque nos dimos cuenta de que estas plataformas te separan. Te hacen trabajar independientemente y no trabajas con ninguna infraestructura. O sea, los trabajadores no se conocen, no interactúan, no tienen un sitio donde reclamar. Eso los llena de mucha impotencia. Te están violando tus derechos y tú ni siquiera puedes defenderte.

¿Por qué un sindicato nuevo y no afiliarse a uno ya existente? ¿Cuál es la especificidad de la actividad que ustedes realizan?

La problemática del trabajo no es nueva, esto se soluciona con la intervención de cualquier Estado. Pero la modalidad es la tecnología y por allí ellos especulan con que hay un vacío. Y como ellos hablan de que es algo nuevo –se está hablando del futuro del trabajo–, nosotros dijimos “bueno, vamos a hacer un sindicato también nuevo, del futuro del trabajo, vamos a ubicarnos en la misma línea de ellos”.

Ellos hablan de un nuevo marco normativo necesario…

Claro, de ahí surgió la idea. Vamos a hacer un sindicato nuevo porque ellos no quieren entenderse con lo que ya existe, con la legalidad. Entonces, junto con la tecnología y las plataformas y el trabajo del futuro, nace el sindicato del futuro que tiene que encargarse de velar por los derechos de los trabajadores de las plataformas. Porque te hacen ver como microempresarios. No creo que un microempresario ande en bicicleta diez horas diarias, siete días a la semana, ganando a veces hasta menos de un sueldo mínimo, trabajando el doble. Somos trabajadores y queremos que se acabe ese mito de independientes. Esto no es un freelance, no es para estudiantes, no es para que incrementes tus ingresos. Todos los restaurantes ya no contratan delivery porque se lo dejan a estas empresas. Esto es un trabajo y si no estamos nosotros no sirven. Si funcionan es porque la mayoría nos dedicamos a tiempo completo y porque ejercen mecanismos de presión. Te sancionan, te bloquean, te controlan y no tienes derecho a la defensa. Desde los precios que te los imponen siendo tú independiente, sin que ellos nos cubran nada. ¿Por qué yo tengo que cobrar por 15 kilómetros $40? Si en una empresa normal ves que 15 kilómetros sale $400. Está bien que no sea muy caro pero tampoco me pongas el precio. Es más, tú no deberías ponerme el precio. Estas aplicaciones te dicen que es un punto de encuentro, tú pones tu precio y otra persona te va a decir si está de acuerdo o si quiere un descuento y tú se lo darás porque eres independiente. Eso es mentira. Ellos nos imponen los precios y los recursos los ponemos nosotros. ¿De qué independencia estamos hablando? Hay control.

“Como ellos hablan de que es algo nuevo –se está hablando del futuro del trabajo–, nosotros dijimos ‘bueno, vamos a hacer un sindicato también nuevo, del futuro del trabajo, vamos a ubicarnos en la misma línea de ellos’”

¿El objetivo final, más allá de los reclamos puntuales, sería estar en una relación de dependencia donde todo está más “fijado”?

El objetivo principal, urgente es arrancar el debate. Crear una mesa de diálogo y negociación. Especularte con relación de dependencia o independencia sería irresponsable ahora, porque si todavía no tenemos una mesa no podemos hablar de nada. Necesitamos una mesa entre los trabajadores, las plataformas y el Estado porque se necesita la intervención del Estado. Algo está sucediendo y no es normal.

Se habla mucho de poslaborismo y de que estas plataformas irían hacia un modelo de trabajo distinto al que conocemos hoy. También se habla de la necesidad de nuevos marcos normativos. ¿Cómo lo ven ustedes? ¿Hay una transformación del trabajo?

Yo soy abogado en mi país y me he asesorado con abogados de aquí para conocer la ley de aquí. Y no se necesita un nuevo marco ahorita, ya está. Se llama Derechos Humanos, y dentro de ellos están los derechos del trabajador, son derechos fundamentales. Esto es volver para atrás, estas plataformas no tienen techo de horas. Que no haya un límite de usar más de ocho horas esta plataforma es peligroso. Estamos retrocediendo a todo lo acordado en el mundo durante más de cien años. Somos seres humanos, necesitamos vivir, no nacimos para esclavizarnos todos los días doce horas en un trabajo. Con esta plataforma y esta flexibilidad se trabaja más de doce horas diarias, siete días a la semana, no tienes vacaciones porque sino no tienes para pagar el alquiler y alimento. Yo digo que hay complicidad de muchos estados en el mundo porque es imposible que esto contradiga la lógica del ser humano, y no quieran intervenir. Todo está en las leyes, hace falta simplemente intervenir. Sucedió en algunos países de Europa, ya los reconocen como trabajadores.

¿Cómo es el rol de la tecnología? Hay tendencias que hablan de que puede ser liberadora de las condiciones de trabajo actuales. Pero en estos casos se vuelve un medio, tal vez, para modalidades de trabajo más explotadoras.

Claro, la tecnología nos destruye. Cuando se usa en contra de nosotros nos destruye, es aplastante. La tecnología está muy bien para simplificar la vida. Que nosotros tengamos un poquito más de tiempo dentro del poco tiempo que tenemos. Que sea todo más fácil y más rápido, eso es la tecnología. Pero la están usando en contra de los trabajadores. Porque te controlan. Rappi, por ejemplo, crea un filtro. A mí, que me he convertido en una de las figuras principales, no me han bloqueado, pero a muchos de los que han estado conmigo los bloquearon como sanción. A mí no me han querido tocar porque soy la cara conocida. Pero no hace falta que me bloqueen, puedo estar conectado tres horas y no me llegan pedidos. O me conecto tres horas y me caen pedidos desde Vicente López estando en Belgrano, tengo que hacer ocho kilómetros. Utilizan la tecnología sin control, sin auditorías, sin supervisión para hacer que nos rindamos, o que accedamos a todo lo que ellos quieren.

Logran escaparse de todas las regulaciones en cuanto a trabajo…

No somos microempresarios, no somos nuestros propios jefes. Tenemos jefe: ellos nos mandan, nos controlan, nos amenazan, nos sancionan, nos ponen un porcentaje, hacen un ranking y nos dan los puntos que quieren. Eso es ser jefe.

“Que no haya un límite de usar más de ocho horas esta plataforma es peligroso. Estamos retrocediendo a todo lo acordado en el mundo durante más de cien años”

¿Cómo ven la presentación que hicieron en la Secretaría de Trabajo? Considerando el contexto particular en Argentina, volviendo a poner sobre la mesa una reforma laboral cuyas características van en ese sentido, hacia la precarización.

Hicimos la inscripción. No sabemos qué pasará de aquí en adelante, quizás sean los mismos requerimientos de cualquier sindicato pero esto es algo nuevo. Si ellos han sido tan flexibles y cómplices con las empresas, no creo que con nosotros no vayan a ser así. Deberían darle la misma complacencia y flexibilidad a la Asociación de Personal de Plataformas. Porque si a nosotros nos aplican normas viejas de sindicatos ya establecidos, con la burocracia que quieren hacer ellos para que se creen nuevos sindicatos, entonces hay desigualdad porque no están aplicando las leyes ya establecidas para controlar a estas empresas. Queremos que lo tomen así como lo están tomando, de forma tan relajada. Que nos den todos los mecanismos que vienen después de la inscripción de un sindicato.

¿Tuvieron algún contacto de alguna central sindical?

Pronto tendrás noticias, no te voy a adelantar. [NdE: Los representantes de la APP mantuvieron reuniones con el líder de la CGT, Héctor Daer y también, con el titular de la CTA, Hugo Yasky. Ambos se comprometieron a apoyar la lucha de los trabajadores de plataformas y sus reclamos ante la Secretaría de Trabajo por la regulación de la actividad, frente a la cual los trabajadores realizaron una protesta el pasado 25 de octubre].

¿Conocen las características de los trabajadores de Rappi y demás plataformas?

El fuerte es el migrante. En Rappi el 80% somos venezolanos.

 ¿Eso lo busca la empresa?

Es un tema para estudiar, por algo está sucediendo. No es casualidad que en Rappi, en Glovo, mismo en Uber y en otras aplicaciones nuevas pase esto.

 ¿Es gente joven en general?

La edad comprende de los 18 a los 35 años.

Dijiste que la mayoría no toma esto como un ingreso extra, sino como el ingreso principal.

Hace poco opiné en un programa en donde me dijeron “sí, pero las aplicaciones les sirven porque vienen a estudiar y a trabajar”. Soy abogado, y los venezolanos somos la única migración en la historia del mundo que es profesional. De todas las migraciones masivas que ha habido en el mundo, los venezolanos somos los primeros que hemos sido en su mayoría profesionales, no hemos venido a Argentina a estudiar. Casi todos los compañeros que han venido desde Venezuela son profesionales. Ya estudiamos, vinimos a trabajar.

¿No hay trabajo en otros sectores?

No es que no haya, estaría especulando. Lo que sucede es que el mismo día que tú vas a estas plataformas, entras a trabajar. Pero ellos después te bloquean cuando quieren. No te sé decir si no hay otros trabajos sino que uno se queda aquí porque entraste. Vienes de una crisis, no conoces, quieres trabajar, estás solo, tienes que pagar todo.

 ¿En la vida cotidiana pueden alquilar, pueden pagar las cuentas?

Esta plataforma te da para lo básico. Alcanza para pagar el alquiler, sea de un departamento o cuarto solo o compartido, para comprar alimentos, para pagar la renta del teléfono con el que utilizas la aplicación. Pagar las bicis que se pinchan, las motos que se pinchan.

Dijiste que ustedes no quieren dejar de trabajar.

No queremos, pero vemos que es un poco injusto que no tengamos derecho ni a defendernos ni a hablar. Porque una persona sola nos controla a ochenta mil personas. Él establece las condiciones, pero los medios de trabajo los ponemos nosotros. Queremos que las ochenta mil personas se sienten a decidir con él. Y no tanto él, queremos decirle “tú y el Estado”. Vamos a sentarnos todos. “Tú no eres más que nosotros, si vamos a los números, somos más que tú. Miles más”. No es algo descabellado, es justicia. Justicia social.

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