Venezuela. Elecciones, asedio y cuestiones pendientes

La agresividad demostrada en el último mes por el gobierno de Estados Unidos contra el gobierno de Venezuela que se expresó en la gira del secretario de Estado de EEUU Rex Tillerson por países líderes del Grupo de Lima,  la implosión de la Mesa de Diálogo en República Dominicana, y la visita a Colombia del Jefe del Comando Sur, Almirante Kurt Tidd, expresan su enorme preocupación ante la evidencia de que la derrota del gobierno bolivariano no está asegurada. En los últimos tiempos solo se registró una presión parecida cuando el gobierno salió del un atolladero, creado por las guarimbas, que parecía fatal, convocando a la Asamblea Constituyente.

A finales de 2017, el gobierno bolivariano volvía a entrar en terapia intensiva. Entre el 10 de octubre y el 15 de diciembre de 2017, se produjeron aumentos en los alimentos del 742 % , muy por encima del 30% otorgado a los salarios, que con poco éxito intentaban ser compensados por el gobierno con triples aguinaldos, bonos navideños, de fin de año, y un nuevo aumento salarial. Se agudizó el proceso de emigración de familias venezolanas hacia otros países latinoamericanos. El gobierno no podía deshacer el compromiso de convocar a elecciones presidenciales en 2018. Y la oposición y el imperio se esperanzaban con el lanzamiento de un candidato out-sider el empresario Lorenzo Mendoza, dueño de la Polar, con posibilidades de derrotar a Maduro.

En términos ajedrecísticos, el gobierno parecía en una situación de jaque mate.

Pero ocurre que  el 22 de enero, desde la Asamblea Nacional Constituyente, el dirigente Diosdado Cabello anuncia que habrá elecciones presidenciales antes del 30 de abril. Y que el candidato por el chavismo será Nicolás Maduro, dando el claro mensaje de que el gobierno estaba dispuesto a dar pelea en el terreno electoral, que entre los plazos posibles eligió el más corto, y que el chavismo está encolumnado detrás de una candidatura única.

Ante ese anuncio, la primera reacción del Imperio y de un sector de la oposición es de un rechazo al adelantamiento de las elecciones, con argumentos difíciles de sostener porque desde que ganaron la elección legislativa en 2015 la oposición ha venido reclamando insistentemente que se adelantaran las presidenciales para echar a Maduro. Cuando han transcurrido un poco más de 20 días del anuncio, y se confirmó la fecha del 22 de abril, lo ocurrido en las filas del chavismo y la oposición es totalmente dispar. En el chavismo ha crecido la confianza en que se puede ganar la elección y en la oposición cunde el desconcierto, porque tiene números sólidos.

Algunos números

Intentando hacer predicciones distintos analistas han coincidido que el chavismo tiene votos escasos pero sólidos. Un piso de 5,5 millones de votos, una expectativa de 7 millones, que son los afiliados al PSUV, y un techo de 8 millones que fueron los alcanzados en la Constituyente. No parecen muchos en una elección con un padrón de 19 millones de votantes. Pero la situación de la oposición es mucho peor. Con un candidato surgido de las filas de la MUD su techo seria 7 millones de votos. Si se le descuentan el millón de votos que, se calcula, le descuentan los emigrantes la MUD, estarían muy cerca del piso del chavismo. Pero el chavismo tiene la seguridad de que tiene ese piso seguro, y en la MUD parece imposible contener la abstención.

El desconcierto de la MUD

La oposición no tiene números sólidos porque a 65 días de las elecciones todavía no se han puesto de acuerdo si se van a presentar a elecciones,  si se presentan cual va a ser el candidato y si ese candidato sería capaz de encolumnar el voto opositor.

Con respecto a la primera cuestión ni siquiera parecen haberse puesto de acuerdo entre sí y con el imperio. La cuestión del candidato también es grave para la oposición, porque según parece el candidato out-sider Lorenzo Mendoza ha advertido que no tiene tierra firme donde asentarse y como buen burgués ha elegido ser precavido. Los que quedan están todos enchastrados en los gravísimos errores cometidos por la MUD en los últimos años y no merecen confianza, ni siquiera de sus partidarios. El que aparece mejor posicionado es Henry Falcón que tiene dos máculas evidentes, es un ex chavista que ha tenido en los últimos tempos posiciones más dialoguistas algo que no lo perdonan los opositores más radicales, y perdió recientemente las elecciones en la Gobernación de Lara, es un perdedor. Finalmente tanto en las elecciones a gobernador, como en las municipales, se advirtió que muchos votantes opositores elegían abstenerse antes de apoyar a un candidato que no fuera de su partido.

Porqué los chavistas van a votar a Maduro.

Desde la comparación de los ingresos la situación del pueblo venezolano es comparable a la que vivió el pueblo de Cuba durante “el período especial” y las razones por las que sigue apoyando al gobierno son parecidas a las que sostuvieron “el aguante cubano”. No  quiere volver al pasado, tiene un sentimiento nacional que los rebela ante la  intromisión extranjera, y de alguna forma en medio de la catástrofe se sienten protegidos por el Estado y el gobierno. La oposición solo ha propuesto agudizar la crisis y tampoco ha conseguido sus objetivos.

En el medio de una situación muy difícil ser parte de un CLAPS o tener “el carnet de la Patria”, ha sido un alivio y una demostración efectiva que en momento de crisis aguda  los más pobres no han sido olvidados.

La atención a los pobres ha promovido rebrotes de prácticas clientelares de la tradición asistencialista adeca que poco tienen que ver con la promoción del protagonismo que impulsó Chávez, y sin embargo se apoyan en estructuras, como los consejos comunales, construidas en los días más lúcidos del chavismo. En esas estructuras sobrevive un sentimiento libertario que no está muerto, sino más bien a la espera de salir del peor momento de la crisis. Y en los próximos sesenta días difícilmente lo distraiga de algo que no sea garantizar el triunfo electoral, y de prepararse para defenderse si se produce una agresión extranjera.

La abstención como estrategia del imperio

En un escenario de desconcierto y agudización de las disputas internas en la MUD,  la única forma de demostrar que la oposición tiene más votos que el chavismo sería unificándose en la abstención y esa parece ser la estrategia  impulsada por el imperio. Lo ocurrido con la caída del diálogo en República Dominicana, solo puede caracterizarse como tragicómico.

La delegación de la MUD había acordado firmar un acuerdo que les deba ventajas electorales, cuando el dirigente Julio Borges fue apercibido telefónicamente por el Secretario de Estado de Estados Unidos para que no lo firmaran.  La versión sobre lo sucedido no puede calificarse como un invento chavista. La reacción del mediador socialdemócrata Rodríguez Zapatero al ver que se caía el acuerdo, la confirma.

La argumentación política en que el imperio piensa basar su estrategia tiene algunas debilidades. Este año habrá numerosas elecciones en Latinoamérica,  y afirmar que un presidente no es legítimo porque lo votaron pocos, va a tener el problema que en otras elecciones realizadas, como las de Chile, y otras que se realizaran, como la de México, la abstención será enorme. El propio presidente de Estados Unidos ha sido elegido con el voto de menos de un tercio del padrón electoral. Cuestionar una elección por que la adelantaron seis meses, parece poco serio. Como también resultaría poco serio invadir un país “porque los chavistas nos volvieron a joder”.

Los imperios, como el de Estados Unidos, han realizado intervenciones armadas y han arrasado países con argumentos aún menos creíbles. Lo que puede detenerlos es la decisión de un pueblo de defenderse y una situación en el equilibrio mundial de poderes que no es la misma de hace veinte años cuando reinaba el unipolarismo.

Con mucha precisión el Secretario de Estados Unidos ha asociado a Venezuela con la mayor injerencia de dos potencias emergentes como China y Rusia en Latinoamérica.

Su convocatoria en Chile a que los americanos nos defendamos de nuevos imperios extranjeros que nos amenazan, sería risueña sino proviniera del país que tiene la mayor fuerza militar del planeta. La pregunta sería: ¿Esta dispuesto Estados Unidos a llevar sus disputas con  China y Rusia al plano militar en Latinoamérica?  Esa decisión excede a lo que haga o deje de hacer el pueblo o el gobierno bolivariano, cuya única responsabilidad será defender el territorio nacional de la agresión extranjera. Y también es responsabilidad del conjunto de los que nos identificamos como de izquierdas,  progresistas o nacionalistas. Como ocurrió con la Guerra de la Triple Alianza, de nada vale decir un siglo y medio después,  que se trató de una masacre alentada por políticas imperiales. Los que antepusieron sus diferencias con Solano López y el gobierno soberano del Paraguay a la denuncia de la agresión imperial, fueron cómplices. De la misma parte que hoy buena parte de nuestra izquierda que tiene acceso a los grandes medios de comunicación se está convirtiendo en cómplice, porque está avalando con su silencio, o con su diferenciación (no los defiendo, porque eso no es socialismo) las peores calumnias y los peores agravios contra el pueblo venezolano.

Cuestiones pendientes

Cuando aún no está resuelto como se sale de esta nueva crisis y el pueblo venezolano no va a prestar más atención  en los próximos días a otra cosa que no sea defenderse y ganar unas  elecciones que garantizarían otros seis años de plazo, para enrumbar procesos o arreglar cuentas internas, me parece necesario dejar por lo menos planteados algunas cuestiones pendientes.

En lo económico, la enorme presión económica, financiera y diplomática del Imperio y la burguesía local y la baja de los precios del petróleo, no explican totalmente el desabastecimiento y la inflación inducida de algunos  productos básicos de consumo. Hubo expectativas de acuerdos con empresarios que no se cumplieron (como los precios acordados), especulaciones poco felices como suponer que la perdida de controles harían bajar los precios, o que concesiones en la ley de inversiones extranjeras atraerían capitales. El Gobierno no pudo garantizar un puñado de alimentos básicos que hubieran resuelto una dieta popular poco variada pero consistente. Para el pueblo chavista y para los trabajadores que desde hace años los venían denunciando, ha sido alentador ver que se detenga a funcionarios corruptos por los negociados de PDVSA; pero desmoraliza la permanencia de funcionarios de gobierno y del PSUV que han perdido el respeto de sus vecinos o sus trabajadores por corrupción, indolencia o mal desempeño.

Como bien lo ha señalado el intelectual y ex ministro de Comunas, Reinaldo Iturriza,  el poder popular organizado y todas aquellas formas de vinculación popular a la política que remite a la mejor esencia del chavismo y a sus mejores momentos libertarios, pasa uno de sus momentos más oscuros, con menor relación de aporte y síntesis en su vinculación  con el  poder instituido, con el gobierno y la dirigencia partidaria. Que esa situación termine enmascarada por una crisis que obliga a cerrar filas y dar batalla en unidad a la oposición y el imperio, no significa que no exista.

En un país asediado y donde la situación parece modificarse todos los días pareciera un exceso de rigor hacer estas puntualizaciones, pero me parecen necesarias, porque a mediano plazo comprometen la continuidad del proceso.

Para quienes no vivimos en Venezuela, nuestra tarea de hoy es expresar nuestra solidaridad frente al chantaje y la agresión extranjera y aportar un granito de arena para combatir la infernal maquinaria mediática montada por el imperio y todas las burguesías del continente para aplastar al proceso bolivariano.

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Un comentario sobre “Venezuela. Elecciones, asedio y cuestiones pendientes

  • el febrero 25, 2018 a las 21:55
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    Informacion!!!! por fin!!!

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