Venezuela. La explicación de los votos y la guerra que sigue

31 julio, 2017

Ayer debíamos lograr una victoria y la logramos. La elección era mucho más que una elección, era una batalla estratégica dentro de la guerra no convencional en desarrollo. Debíamos lograr una gran participación para dotar de legitimidad a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) y la alcanzamos: 8.089.820 votos, histórico.

Se sabía que la derecha rechazaría automáticamente el número, hubiera sido este mayor o menor. Cantar fraude ha sido su ejercicio predilecto desde el inicio de la revolución, y en esta oportunidad ya lo habían anunciado. Como de costumbre, no reconocieron al Consejo Nacional Electoral ante un resultado que les fue adverso. Porque los números alcanzados representaron un golpe directo contra el intento de acumulación golpista, la moral de su base social, su capacidad de acción. Allí están las calles del país que iban a sublevar: congeladas.

Esa negación total del resultado y de la ANC fue acompañado del frente internacional: el presidente de Colombia y gobiernos de derecha del continente, gobiernos de Europa, y, como era de esperarse, los Estados Unidos, quienes dieron un paso más y decidieron sancionar al mismo presidente Nicolás Maduro. Se preveía que también fuera así por la dinámica de la guerra que tiene un frente estratégico en lo internacional, que depende de esa correlación de fuerzas. A ese no reconocimiento de la ANC se sumó, como también se esperaba, la Fiscal General, la Asamblea Nacional -es decir los mismos partidos de derecha-, la base social de la oposición que niega que exista el chavismo, los grandes medios de comunicación, y el denominado “chavismo crítico” que, desde hace semanas, coincide con el bloque golpista.

Es decir que ese alineamiento de fuerzas ocurrió como debía ocurrir. Pero el resultado les resultó un duro golpe. 8.089.820 de votos es un número alto. ¿Cómo pudo ser? Algunas posibles explicaciones son las siguientes.

  1. Nos encontramos, como chavismo y población en general, ante un enemigo que atacó de frente, desplegó una escalada de violencia hasta el momento desconocida, llegando a quemar personas, alimentos, hospitales, cuarteles militares. Ante eso reaccionamos en defensa de la democracia, la paz, el rechazo a resolver las diferencias, antagónicas, a través de la muerte. La elección se dio en el marco del terror, la polarización total, y eso convocó a las mayorías a expresarse en las urnas.
  2. Mucha gente vio en la ANC una posible solución a problemas reales de la vida cotidiana que se vienen profundizando, y que pesan con mayor fuerza sobre los sectores populares.
  3. Existió un ejercicio de lealtad a Hugo Chávez, al proyecto revolucionario, un claro sentido del momento histórico, de la necesidad de cerrar filas frente al enemigo estratégico de la revolución que solo podría traer agravamiento de la situación económica, asesinatos de chavistas, gente honesta, y una subordinación a los Estados Unidos.
  4. No solamente votamos los y las chavistas. También vimos como gente de oposición, desencantada salió a votar. Lo hizo porque el camino inviable propuesto por la dirigencia de la derecha es únicamente la escalada de violencia, y porque apuesta, como la mayoría de la gente venezolana, a que se resuelva el conflicto con los votos.

Son algunas razones que explican el número alcanzado. Las imágenes están ahí: gente cruzando ríos, esquivando trancas, grupos armados, escondiéndose de sus propios vecinos, para poder ir a votar masivamente como en el Poliedro de Caracas. El pueblo dio, dimos, una muestra de consciencia, de épica, de fortaleza. Luego de más de tres años de una guerra desplegada en todos los frentes, mostramos, como chavismo, tener un porcentaje muy alto de participación, de certeza del proyecto histórico.

 

 

Eso conlleva una responsabilidad. La dirección debe escuchar, aceptar que ha venido conduciendo de manera autosuficiente, adosando los costos de la crisis sobre los más humildes, y que con la ANC existe la oportunidad histórica de rectificar, resolver los graves problemas que enfrentamos en el cotidiano. Los 8.089.820 de votos no son un cheque en  blanco para que la misma dirigencia gobierne de la misma manera. Son un mensaje claro: estamos presentes, necesitamos transformaciones reales, estructurales, con urgencia.

El chavismo que no formamos parte de la dirección, tenemos a su vez una responsabilidad: estar a la altura de la oportunidad histórica. Debemos dar los debates, empujar para que la Constitución avance hacia horizontes radicales, comunales, que en ella estén expresadas las necesidades y anhelos de la gente de a pie, que se trate efectivamente de un proceso constituyente. Para eso debemos construir correlación de fuerza, propuestas comunas, dialogar, consensuar, escuchar con mucho detenimiento lo que se dice aguas abajo, en nuestras comunidades.

Esta fue una batalla estratégica. La guerra sigue, y tenemos en ella dos objetivos centrales: no permitir que el enemigo histórico se apodere del poder político y destruya la patria, y avanzar en el proyecto bolivariano, chavista, que es objeto de disputas a lo interno del movimiento. Para eso estuvimos, estamos y estaremos. Unidad, batalla, lucha y victoria.

 

 

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