Volver atrás para defender a Venezuela

En los últimos meses hemos asistido en Argentina y en todo el continente a una especie de venezolanización de la realidad. Los grandes medios nos “informan” cotidianamente de cada accionar triunfante de la oposición y cada tropiezo aciago del chavismo, en ese orden y sin excepción. Los gobiernos se reúnen programadamente de urgencia a hablar de Venezuela, mientras a sus pies se incendian los palacios –como en el Paraguay.

Las redes sociales rebalsan en comentarios y posiciones de piedra con cada venezolanólogo. Y en la izquierda argentina el debate divide aguas de militancias cotidianas, mientras la intelectualidad discurre en ríos de tinta sin descanso. Esto demuestra no tanto la intención de ocultamiento de realidades locales por parte de los grandes medios, que claro sucede, si no la centralidad de la batalla económica, cultural y geopolítica que se juega en Venezuela. Valga entonces mirar atrás en un intento más por discutir las visiones hegemónicas de los grandes medios, pero también aquellas de la “intelectualidad crítica de izquierda” que, con leves matices nombrados apresuradamenteal iniciar cada nota, coinciden tantas veces con las primeras.

Creemos que para pensar Venezuela hay que acudir necesariamente a una memoria larga, una media, y una de corta duración, rememorando la célebre fórmula de Braudel.

En la memoria larga encontramos la muy extendida organización del pueblo Caribe y su resistencia “guerrillera” a la colonización. Población que viviría un intenso proceso de mestizaje con la negritud afrodescendiente dando lugar, al decir de Vargas y Sanoja (2015: 65), a una fragua social que dio origen al 80 % de la población de la extendida cultura venezolana, con su sincretismo religioso, sus expresiones musicales y sus variados rasgos fenotípicos. Otredad de la ciudad colonial, el pueblo afro-caribe se diseminó en la larga colonización formando nuevas estructuras culturales mestizas y criollas como los “llaneros”, estigmatizados en la historia liberal y recuperados en la cadena de sentidos chavista -Chávez partiríade su “árbol de las tres raíces”, Bolívar, Rodríguez y Zamora, resignificando estos sentidos, sujetos y memorias, e identificándose con la figura de su bisabuelo llanero “Maisanta”. Luego, en las décadas de 1910 y 1920, con el descubrimiento petrolero y la reconversión del sistema económico dominante de la producción agraria a la petrolera-rentista, mucha de esa población se radicó en los cerros de Caracas en abierto choque con la ciudad blanca; y allí quedaron marginados del aparato de poder político y económico, y de la ciudad misma, de sus servicios básicos, de su urbanidad, de su vida. Mas, como escribe Ociel López (2015:46) “los sentidos culturales de la fiesta, el trabajo, la política, el ahorro, la justicia caribe permanecen en los cerros”. Son esos sentidos, esas memorias comunales reconfiguradas y sedimentadas, las que dan parte del sustento a lo que representa hoy la vanguardia de la revolución: la proyección de la nueva organización social comunal.

En la media duración hay que recordar el Pacto de Punto Fijo, un bloque hegemónico (es decir, que ejerce coerción pero con un convencimiento ideológico del dominado) que aunó los principales partidos políticos –AD, COPEI-, el ejército, el sindicalismo organizado en la Confederación de Trabajadores de Venezuela, la iglesia y la burguesía petrolero rentista, para establecer un control que no requirió, a contramano del continente, golpes de Estados ni dictaduras para garantizar ser parte de esa especie de Commonwealth estadounidense que es “el patio trasero”. Firmado en 1958, la faz ideológica del dominio económico del pacto se sustentó en un cuestionable imaginario policlasista que, combinado con un incipiente proceso de industrialización por sustitución de importaciones y un mínimo Estado de Bienestar, generó una estabilidad presentada al mundo como ejemplo de democracia. Claro, las persecuciones, torturas y prohibiciones no fueron ajenas a la realidad venezolana, como tampoco las carencias de los cerros. Este bloque estalló por los aires cuando,desde su mismo seno, se emprendió la implementación del programa neoliberal a fines de los 80, desarmando su propio imaginario inclusivo y de bienestar, e hipotecando la renta petrolera con el sistema de deuda. Esto generó una crisis orgánica -crisis económica más crisis política- en la cual los aparatos de mediación del poder (los partidos políticos y sus representantes, las instituciones estatales, los sindicatos, etc.) cayeron en el descrédito absoluto. Esta crisis orgánica, que produce el Caracazode 1989 como enfrentamiento cúspide con miles de muertos reprimidos por el viejo Estado, estuvo abierta hasta la conformación de un nuevo bloque histórico que logró ocupar el vacío articulando aquella memoria popular: el chavismo.

Chávez inicia la “memoria corta”. Apareció por un minuto en la televisión en 1992 y con su llamado a la rendición (finalizado con aquel notable “por ahora”), ante el fracaso del golpe en Caracas, pasó a ser la figura más importante de la política venezolana. Millones se identificaron con él, no mágicamente, sino porque vino a articular un discurso, una ideología que ya estaba presente en aquellas masas de los cerros caraqueños, en conjunción con las necesidades materiales, mediando y representando a los in-representados. Ya Carlos Andrés Pérez en los 70´había hablado de nacionalizar el petróleo y distribuirlo, de un ejército popular, de una mirada sudamericana en contra de los intereses estadounidenses… Chávez apeló a esos “núcleos de buen sentido” de la sociedad venezolana, confrontando en esa estrategia con los ricos, poderosos, petroleros, estadounidenses, sifrinos, etc. Chávez fue como ellos. Redefinió así una nueva identidad social y una nueva demarcación en la sociedad venezolana, articulando las distintas memorias del pasado, y dando vida central a este sujeto mayoritario de la población venezolana. Desnudando, al decir de Therbon (1991: 15), las trincheras de defensa de la vieja hegemonía: el presentar el mundo desde la visión del dominador, el convencer de que lo que había era lo mejor, y el negar la posibilidad de la alternativa. Las tres trincheras caerían. Dice el propio Chávez:

Nosotros hemos venido liberando al Estado, porque la sociedad civil burguesa controló al Estado venezolano a su antojo, manejaban el gobierno, manejaban el poder legislativo, manejaban el poder judicial, manejaban las empresas del Estado, manejaban la banca pública, manejaban el presupuesto nacional; todo eso ellos lo han venido perdiendo, si no totalmente, esencialmente. Y ellos están ahora, replegados en los núcleos duros de la sociedad civil burguesa, utilizando de manera desesperada los reductos que le quedan de esas instituciones señaladas por Gramsci: la iglesia, los medios de comunicación y el sistema educativo. De allí la importancia de entender el tablero de juego (…) Mientras tanto a nosotros lo que nos queda es seguir conformando el nuevo bloque histórico venezolano. Hugo Chávez, discurso del 6 de junio de 2007 (cit. en Callelo, 2010: 72). […]De esa manera, en aquel momento [1992-1998] regresaba a la mente nacional la idea de la utopía política. O sea: comenzó a existir en la imaginación colectiva el deseo de un nuevo país con más justicia, más igualdad y menos corrupción. (…) Esa era mi misión: darle contenido, en la psiquis del pueblo venezolano, a la prodigiosa invención de un país posible. Tenía que crear una utopía concreta. En otras palabras: crear el mito colectivo de un futuro realizable (…) ¿No decía José Martí que las revoluciones hacen posible lo que hoy parece imposible? (cit. en Ramonet, 2013: 627).

 

Ya en el poder (del Gobierno, que no es todo el Estado ni, mucho menos, todo el Poder), el proceso de transferencia de recursos y capacidad de gestión a las organizaciones populares y la radicalización constante en las respuestas a los ataques de un imperialismo estadounidense vivo, presente y muy interesado en frenar el proceso, fue la norma. Norma por cierto contraria a la que regía el rumbo de buena parte del resto de los gobiernos progresistas de la región que apostaron al discurso neo-desarrollista y a ciertos procesos de desmovilización. Los Círculos Bolivarianos en la ciudad y en el campo, las Mesas de diálogo, el enorme despliegue de las Misiones sociales en vivienda, salud, alimentación, educación etc., que “puentearon” al Estado para llegar directamente a la gente de las barriadas estableciendo recursos para ello, fueron algunos de los preludios de la organización comunal que comenzaría a tomar forma a partir del 2009. Y allí, en las Comunas, radica lo más interesante de la revolución: la intención y el esfuerzo por “superar el estado burgués y construir uno comunal” como establece el Programa de gobierno de 2013. La autoorganización es el gran desafío, y trabajosamente las comunas siguen creciendo pese a todo, llegando a unas 1400 registradas. Esto genera si una “grieta” interna del chavismo: un sector más estatalista, nucleado en el PSUV, en las fuerzas militares, en el Estado, con la boliburguesía haciendo sus negocios, y uno más popular, de las barriadas, motoqueros, bachaqueros, pardos, más difícil de organizar y “domesticar” como a todo poder gustaría. Este es quizás el debate y la tensión más avanzada del mundo respecto de cómo construir una nueva sociedad. Debate imposible si el chavismo fuese desalojado del Gobierno, pues la represión sería feroz, como en toda contra-revolución e incluso contra-reforma, represión no solo política sino también y sobre todo social, cargada de odio, revanchismo, violenciay racismo.

Las transformaciones tuvieron dos vías: la material y la discursiva. Ambas son centrales y de grandes aportes a los pueblos y a la izquierda mundial (pues de eso se trata la izquierda). En lo discursivo, la radicalización llevó a resucitar el socialismo cuando atravesaba su peor momento histórico quizás desde que naciera, enterrado en el subsuelo de Berlín. Un socialismo de nuevo contenido, abierto, en disputa, que busca superar los desaciertos y las percepciones negativizadas del pasado. Ahí lo tienen a Chávez leyendo en vivo a Marx, a Gramsci, a Lenin, a Mao, cuestionando la burocratización stalinista desde su “Aló presidente teórico” (!), llamando a una Quinta internacional, colocando a la burguesía y al capitalismo como enemigos centrales. Un gran aporte a la emancipación humana. Se es ciego en la izquierda, cuando ciego se quiere ser. En la base material, la enumeración seria infinita, porque las carencias eran absolutas: las cadenas Mercal de alimentación (en las que yo mismo compré como turista sin presentar absolutamente nada), las 1.7 millones de viviendas, los grandes hospitales, las redes de acceso a los barrios con los teleféricos más grandes del continente, la creación de universidades (al punto de pasar de los últimos lugares a los primeros en cantidad de profesionales en la región), hasta los DNI, porque ni DNI tenían en los cerros, porque esos no eran gente para los que hoy son oposición.

Este doble proceso no puede negarse a la hora de pensar la actualidad. Y se está negando. No puede analizarse la foto sin la película, el presente sin la memoria.Tras la muerte de Chávez hubo claro una gran debacle en el plano económico. Pero ¿quién o quiénes fueron los culpables? La falacia muy repartida por las redes, de la izquierda a la derecha, de que todo mal es culpa de quien dirige el Estado, es un repetido argumento bien liberal. El chavismo, como toda revolución (o llámenle si se quiere reformas radicales) enfrentó desde su nacimiento un asedio absoluto: golpes de Estado, paro petrolero e importador, violencia constante, financiamiento injerencista a la oposición, ataque mediático que llega al paroxismo, etc. etc. Esto se agudizó desde la asunción de Maduro porque “era imposible que el chavismo resista”, era el momento de imponer la Salida. Pero el invierno no llegó. Sería de esperar que nadie culpe al bueno de San Martín por el desorden y las penurias que la gesta libertadora armó en la situación de vida del continente, ni a Fidel por el período especial con la isla bloqueada por EEUU, con la URSS desmoronada, y con todo el continente dándole la espalda (tal y como tantos hacen ahora con Venezuela). Valga señalar sí que ya desde el Pacto de Punto Fijo el consumo había crecido aceleradamente en tanto que la producción lo hacía a niveles muy inferiores, por cuanto las divisas petroleras permitieron aumentar las importaciones sin que ello redundase en una diversificación de la producción. Este problema no fue resuelto (ni originado) por el chavismo, y le dio a la oposición empresaria un arma de destrucción masiva de la economía: frenando las importaciones, desabastecen la población. López Maya lo refleja en el siguiente cuadro (2009: 57):

Entonces, como dato central: así como no se puede analizar el presente sin el pasado o los pasados que lo fraguaron, no se puede analizar un proceso mirando solo al Gobierno y el Estado, desconociendo los intereses geopolíticos, las reservas en petróleo record del país, no se puede analizar un proceso contra-hegemónico sin analizar la reacción de la hegemonía. Esto es lo que esconde la crítica, la periodística y, en algunos casos, la intelectual. Y los recursos de Gran Dorado de Venezuela son la mitad del interés geopolítico: la otra mitad es ideológica, es discursiva, es cultural, es frenar y aislar a todo proceso que no siga la hegemonía estadounidense y el ya desdeñoso sueño americano en el continente. Es evitar que cunda un ejemplo que con Chávez se les iba de las manos.

Maduro no es Chávez, claro, pero no es un inepto que habla con pajaritos, como es presentado en Argentina; la influencia y el recorte mediático nos influye a todos, aun a esos grandes intelectuales críticos. Maduro está con Chávez dese el MBR 200 casi tres décadas atrás, fue canciller y artífice de la disputa geopolítica que llevó a la nueva OPEP, al ALBA, a la CELAC. Es un obrero (“esconde millones” dicen posteos afirmando algo que ni los diarios se atreven a escribir), tiene un gran manejo discursivo (en general pocos se han puesto en nuestro país a escuchar sus discursos sin mediaciones) que lo coloca muy por encima del 95% de los cuadros políticos del continente, y ha sabido mantener unido al chavismo contra todo pronóstico de todos los espacios.

Hoy, horrorizados, buena parte de la izquierda y toda la derecha recalcitrante exhiben el “democratómetro” para juzgar a Venezuela. Desconocen que Venezuela vivió un proceso democratizante inédito, ya desde la Constituyente de 1999, si entendemos al menos la democracia como gobierno del demos y no como un sistema de no intervención en los mercados. Desconocen las 20 elecciones realizadas en 17 años bajo absoluto monitoreo internacional como en ningún otro país. Desconocen la inclusión constitucional del poder popular. Desconocen las reformas de intervención directa que propone la constitución y se llevaron adelante contra Chávez por quizás única vez en el mundo. Desconocen las Comunas como espacios de ejercicio de democracia directa. Desconocen cómo llevó adelante la oposición el referéndum contra Maduro, con groseros errores constitucionales. Desconocen que se convoca a una nueva Constituyente de cara al pueblo, lejos de los decretazos pergeñados por Menem y Alfonsín en el Pacto de Olivos. Desconocen sobre todo que “la dictadura” está en la vereda de en frente, que un gobierno de la oposición distará tanto de la democracia como Pinochet, el gran demócrata para los norteños. Y, si nos ponemos bien a la izquierda, desconocen que ningún sistema político en el mundo prevé en sus leyes su propia aniquilación ¿Los franceses no le cortaron la cabeza a Luís?¿Simón Bolívar no hizo una Guerra? ¿Lenin y Trotsky no asaltaron el Palacio de invierno? ¿La izquierda se va a dedicara defender el parlamentarismo republicano liberal? Es una absorción del discurso hegemonizante que debemos rechazar; lo que no quita desconocer los rasgos centralistas y verticales del propio Chávez, rasgos presidencialistas presentes en todo el continente y criticados por él mismo en su discurso-testamento político conocido como “Golpe de Timón”.

Recomendamos una vez más las sencillas palabras de Enrique Dussel que aporta gran claridad para los que no arriesgan a poner el cuerpo ni las ideas. Hay que dar disputas internas, hay que seguir haciendo crecer los poderes autónomos de la comunidad frente al Gobierno y el Estado aun siendo dirigidos por la izquierda, hay que cuestionar desde la militancia, hay que cuestionar desde la academia (aunque eso no es sinónimo de académicamente serio, muchos crean que con eso basta escondiendo posicionamientos ideológicos bien subjetivos en la supuesta objetividad de la crítica); pero hay que ponderar  las causas de lo que se cuestiona, hay que tener presente todas las memorias,y hay que ser cuidadosos porque, como dice allí Dussel, la historia puede juzgarnos muy duramente por nuestras posiciones.

Declaraciones de Enrique Dussel en respuesta a la carta de intelectuales contra Venezuela:

https://www.youtube.com/watch?v=WGoDxCZPCKY&feature=youtu.be

Mauro Berengan[1]

Bibliografía Citada

 

  • LÓPEZ, Ociel (2015): Dale más gasolina: chavismo, sifrinismo y burocracia. Fundación Andrés Bello. Caracas.
  • LÓPEZ MAYA, Margarita (2009): Venezuela, el gobierno de Hugo Chávez y sus fuerzas bolivarianas. Colección Temas de la Democracia. Ed del Instituto Nacional Electoral. México DF.
  • CALLELO, Hugo (2010), “Argentina y Venezuela. Los mitos hegemónicos, violencia política yel poder de los oprimidos” en CALLELO, Hugo y NEUHAUS, Susana, compiladores: El fantasmasocialista y los mitos hegemónicos. Gramsci y Benjamin en América Latina, Herramientaediciones, Buenos Aires.
  • RAMONET, Ignacio (2013): Hugo Chávez mi primera vida, Editorial Debate, Buenos Aires.
  • THERBON, Göran (1991): La ideología del poder y el poder de la ideología. Siglo XXI.México D.F.
  • VARGAS ARENAS, Irida y SANOJA OBEDIENTE, Mario (2015): La larga marcha hacia la sociedad comunal. Ed. El Perro y la Rana. Caracas.

 

[1]Licenciado en Historia por la Universidad Nacional de Córdoba, docente e investigador. mauroberengan@gmail.com

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