Brasil. El progresismo ante su mayor desafío

Luego de doce años en el poder, el Partido de los Trabajadores puede ser desalojado por el éxito de sus políticas sociales: millones de jóvenes recién llegados al mercado de trabajo quieren seguir mejorando, cuando la economía muestra señales de estancamiento. Aunque el debate electoral está centrado en cuestiones domésticas, el resultado puede tener hondas repercusiones en la región sudamericana.

La vigorosa reacción de Dilma Rousseff durante la segunda semana de setiembre, respaldada por el carismático activismo del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, logró contener lo que parecía un imparable ascenso de la candidata del Partido Socialista (PSB), Marina Silva, que venía creciendo de forma sostenida desde el 13 de agosto, cuando se estrelló la avioneta que transportaba al candidato presidencial Eduardo Campos. Cabalgando sobre la conmoción nacional, el carisma de Marina, quien rápidamente ocupó el lugar de Campos en la chapa socialista, creció de modo exponencial en las encuestas llegando a superar a la presidenta por diez puntos en la segunda vuelta.
A principios de setiembre el escenario parecía adverso para la reelección de Dilma. Además de tener que modificar la orientación de su campaña ante la aparición de una desafiante imprevista, que se mostraba capaz de arrastrar al amplio sector de votantes que desean cambios, debía afrontar una denuncia sobre corrupción en la estatal Petrobras en un clima de estancamiento, y hasta de retroceso, de los indicadores económicos.
La reacción de la campaña del Partido de los Trabajadores (PT) fue certera y eficaz. Atacaron frontalmente a Marina en su punto más débil: haberse rodeado de banqueros y defender un programa neoliberal que incluye la autonomía del Banco Central. Los petistas también se enfocaron en las debilidades e inconsistencias de sus propuestas, así como en sus ya tradicionales y repentinos cambios de rumbo. El efecto fue inmediato. La segunda semana de setiembre registró un repunte de la presidenta y un leve retroceso de Marina, con un empate en la segunda vuelta que deja abierta la sucesión, pero ya no conforma aquel panorama catastrófico que vaticinaban las encuestas durante las dos semanas posteriores al fatal accidente aéreo.

 

Un tsunami llamado Marina
La irrupción de Marina Silva en la campaña electoral trastocó un escenario que se había mostrado estable en las dos últimas décadas. Es, en realidad, la consecuencia de cambios profundos que se fueron acumulando en la sociedad brasileña desde el ascenso de Lula al gobierno, en 2003, y que se manifestaron de modo tumultuoso en junio de 2013, cuando millones de brasileños ocuparon las calles.
Durante dos décadas la política brasileña estuvo polarizada entre el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) de Fernando Henrique Cardoso y el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula. La disputa entre tucanos y petistas dividió al país entre quienes defendían el modelo neoliberal y las privatizaciones y los que proponían cambios de fondo para salir de ese modelo.
Para comprender el fenómeno Marina hay que adentrarse en junio de 2013. Las masivas manifestaciones en casi 400 ciudades, motivadas inicialmente por el aumento del precio de los transportes pero devenidas en revuelta contra la represión policial, modificaron el mapa político del país. Junio hizo añicos la polarización PT-PSDB que era, también, un principio de orden en el escenario político. Todos los demás partidos orbitaban en torno a una de las dos siglas, ya que tenían la capacidad de imantar el campo de fuerzas políticas.
El 84% de los manifestantes no tenían preferencias partidarias, el 71% participaba por primera vez en protestas, el 53% tenían menos de 25 años y el 77% eran universitarios (1). En un país como Brasil, poco habituado a la movilización callejera, la irrupción de millones de personas en las avenidas de las grandes ciudades, no podía dejar de tener repercusiones de largo aliento.
La política de los gobiernos del PT de favorecer a los más pobres, a través del aumento sostenido del salario mínimo y de programas sociales focalizados como Bolsa Familia, creó las condiciones subjetivas de la nueva protesta social. Como sostiene Bruno Cava, escritor e investigador en el área de la teoría y filosofía del derecho, “al valorar a los pobres, al propiciar condiciones para su integración en el mercado de trabajo (formal o no), también se fortalecen las herramientas políticas, culturales, comunicativas, cuyo contra-efecto es una capacidad superior de accionar y demandar”(2).
Junio de 2013 encarnó los deseos de los 40 millones de brasileños que salieron de la pobreza, fueron incluidos a través del mercado y descubrieron la desigualdad, omnipresente en la sociedad brasileña. Para ellos, apunta Cava, “el sufrimiento diario en los autobuses, metros y trenes pasó a ser súbitamente entendido no más como resultado de un fracaso individual, sino como violencia de clase”(3).
Marina sabe surfear sobre esa ola que relama cambios. Su biografía la avala. Nació hace 56 años en el amazónico estado de Acre. Descendiente de africanos y portugueses, es hija de un seringueiro (recolector de látex) que tuvo once hijos, de los cuales sólo ocho sobrevivieron. Comenzó a trabajar a los diez años para pagar la deuda de su familia. Sufrió malaria, contaminación por mercurio y leishmaniosis. Trabajó como empleada doméstica, fue analfabeta hasta los 16 años, estudió historia y psicopedagogía.
En 1984 se afilió al PT. Fue diputada, senadora y ministra de Medio Ambiente del gobierno Lula entre 2003 y 2008. En 2010 fue candidata a la presidencia por el Partido Verde (PV) cosechando 19 millones de votos, el 19,3%, sin alcanzar la segunda vuelta. Es ambientalista defensora del “capitalismo verde”, rechaza el aborto y el casamiento gay, profesa el evangelismo integrando la Asamblea de Dios. Para las elecciones de 2014 no pudo conformar un partido propio, ya que abandonó el PV, y se presentó como candidata a vice del PSB, junto a Campos.

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Hacia el fin del consentimiento pasivo
Ruy Braga, sociólogo y profesor en la Universidad de São Paulo (USP), asegura que la hegemonía lulista se sostiene sobre dos pilares. Por un lado, “el consentimiento activo de las direcciones de los movimientos sociales, con los sindicalistas al frente, que se instalaron en el aparato del estado y en los fondos de pensiones de las empresas estatales”. Por otro lado, “en el consentimiento pasivo de las clases subalternas que, seducidas por las políticas públicas redistributivas implementadas por el gobierno federal, permanecieron junto lado del Partido de los Trabajadores”(4).
Mientras los trabajadores organizados realizan huelgas pero mantienen su apoyo al gobierno, existe “una masa de unos 40 millones de ciudadanos formada por jóvenes de entre 16 y 33 años, más escolarizada que la generación anterior, que percibe una renta individual similar a la de sus pares, pero se desgarra de la hegemonía lulista, acercándose a Marina Silva”(5). Siete de cada diez estudiaron más que sus padres, el 65% trabajan y el 40% concilian trabajo y estudio.
Ironía de la vida, llegan al mercado de trabajo cuando la economía se desacelera y la posibilidad de mejoras se complica; rechazan el modelo actual aunque reconocen que mejoró su situación. Apuestan por Marina porque es la defensora de “cambios”, aunque su gobierno sería más neoliberal que el de Dilma. “Los jóvenes trabajadores que viven entre un empleo sin futuro y una facultad particular nocturna de baja calidad, quieren aquello que el actual sistema no es capaz de darles, esto es, una ampliación de sus derechos sociales”, concluye Braga.
Dos grandes cambios en el escenario socio-político: el primero, es que Marina tiene capacidad de arrastrar electores de izquierda y a la vez de la derecha tradicional que desea derrotar al PT(6). El segundo, es su capacidad de disputar con el lulismo el consentimiento pasivo de los subalternos. Puede ser el fin de la “hegemonía al revés”, concepto acuñado por el sociólogo Chico de Oliveira, que remite al hecho de que en Brasil las clases dominantes “se dejan conducir políticamente por los dominados”, a condición de que no poner en cuestión la explotación capitalista(7).

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Los movimientos hacen su juego
La Plenaria de los Movimientos Sociales emitió un comunicado de 22 puntos en el que demanda la reforma del sistema político, al que considera rehén del poder económico, la democratización de los medios y de la educación, entre los más destacados. La central de trabajadores (CUT), el movimiento sin tierra (MST) y la unión de estudiantes (UNE) son algunas de las firmas más destacadas(8). Aunque no se pronuncian a favor de ningún candidato, desde su formación, tres décadas atrás, giran en torno al PT.
Los movimientos más activos en junio de 2013 muestran otras preferencias. Lucas Oliveira del Movimiento Passe Livre (MPL), señala que “ninguno de los tres principales candidatos apoya la tarifa cero (en el transporte) ni tienen propuestas para reducir el precio del billete”. El MPL defiende la movilización permanente, “no cree en la vía institucional, de arriba hacia abajo. Si creyéramos en ella, estaríamos contribuyendo a construir alguna candidatura. Y no estamos haciendo eso”(9).
El Movimiento de Trabajadores Sin Techo (MTST) emitió un contundente comunicado en defensa de vivienda libre y reforma urbana. “En nuestra presión sobre el Estado, en sus diversos niveles, no nos guiamos por quién esté en el gobierno. Tenemos rigurosa autonomía en relación a cualquier partido político y esencialmente ante cualquier gobierno”(10). Los sin techo agregan que sus demandas “se construyen con lucha y organización popular” y no a través de las instituciones. El texto finaliza: “Reafirmamos que nuestro camino no es la participación en las campañas electorales”. “Nuestro voto es el poder popular”.
El movimiento más importante de Brasil, el MST, destacó que “el poder del capital secuestra la política y las instituciones públicas, impidiendo las transformaciones políticas y económicas que interesan al pueblo brasileño”(11). Luego de detallar un conjunto de demandas hasta ahora incumplidas, finaliza con su compromiso de “luchar de forma permanente, en defensa y construcción de la Reforma Agraria Popular y de una sociedad socialista”. El movimiento ocupó la hacienda de un senador y candidato a gobernador de Ceará, miembro del PMDB, aliado del gobierno, mostrando que la movilización no se detendrá tampoco en el período electoral.

 

Un lugar en el mundo
La economía brasileña está atravesando una situación difícil que hace más creíble el discurso de Marina. Los cuatro años del gobierno Dilma han registrado un crecimiento mediocre, que será casi nulo en 2014. Por primera vez desde la aplicación del Plan Real en 1994, el índice Gini que mide la desigualdad registró un leve retroceso y el desempleo creció por primera vez desde 2009(12).
La poderosa industria paulista está sufriendo la competencia china y el crecimiento sostenido de la exportación de commodities, en particular soja y mineral de hierro con destino asiático. Más recientemente preocupa la influencia de China en Argentina, que sigue siendo el principal mercado de la industria brasileña. Los productos brasileños representaban en 2005 el 36,4% del total de las importaciones argentinas pero cayeron a 22,5% este año, mientras las ventas de China crecieron del 5,3 al 16,2% en el mismo período(13).
No es un problema económico sino estratégico. “Pasamos de ser una periferia inquieta a una perfiferia conformista”, se queja el economista Carlos Lessa, quien fue nombrado por Lula en la presidencia del BNDES en 2003, para retirarle su confianza menos de dos años después por negarse a apoyar la política neoliberal del gobierno. Lessa sostiene que no hubo traspaso de renta de los más ricos hacia los pobres, ni cambios estructurales, pese a lo cual los tres gobiernos del PT fueron “razonablemente exitosos”(14).
Pero el eje de su crítica al progresismo petista estriba en la carencia de un proyecto de nación, inexistente desde que Fernando Collor de Mello (1990-1992) y Fernando Henrique Cardoso (1995-2002) decidieron sepultar el proyecto nacional-desarrollista del cual Getúlio Vargas fue la expresión más acabada. Marina, dice, tampoco tiene proyecto de país.
Finalmente, un triunfo de Marina tendría hondas repercusiones en la política exterior de Brasil, debilitando la integración regional. El embajador Samuel Pinheiro Guimarães, ex secretario general de la Cancillería durante los dos gobiernos de Lula, llamó la atención sobre las consecuencias del triunfo de Marina, quien auspiciaría “otro modelo de inserción internacional, que se traduce en el propósito de debilitar el Mercosur con el pretexto de hacerlo más abierto al mundo”(15).
El embajador sostiene, además, que “hay intereses de Estados Unidos que fueron perjudicados durante los gobiernos de Lula y Dilma, y es claro que el candidato que más les gustaba era Aécio Neves”. En su opinión, “en estas elecciones está en juego la vuelta de los procesos para privatizar, parcial o totalmente, las grandes empresas estatales como Petrobras, el Banco de Brasil y el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social”.
Aunque los temas internacionales tienen poca relevancia en los debates electorales, una eventual derrota de la presidenta sería un paso atrás en el proceso de integración de la región sudamericana, frenando o revirtiendo desarrollos como el Banco del Sur. Aunque también puede afectar las recientes iniciativas de los BRICS para crear una nueva arquitectura financiera global.

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Notas

1. Lincoln Secco, “As Jornadas de junho”, en Cidades Rebeldes, Boitempo, São Paulo, 2013.

2. “A esquerda e o desejo detrás do rugido da plebe”, entrevista a Buno Cava, IHUOnline, 5 de julio de 2013.

3. Idem.

4. “Desafiando a hegemonía”, Ruy Braga, Blog da Boitempo, 9 de setiembre de 2014.

5. Idem

6. Instituto Datafolha en Folha de São Paulo, 7 de setiembre de 2014.

7. Francisco de Oliveira, Ruy Braga y Cibele Rizek, Hegemonia ás avessas, Boitempo, São Paulo, 2010.

8. Brasil de Fato, 15 de setiembre de 2014.

9. Estado de São Paulo, 23 de agosto de 2014.

10. Mtst.org, 26 de agosto de 2014.

11. Mst.org, 2 de setiembre de 2014.

12. Folha de São Paulo, 18 de setiembre de 2014.

13. China amplia influencia sobre Argentina”; Folha de São Paulo, 14 de setiembre de 2014.

14. “O ideólogo da rebeldía”, Valor Económico, 12 de setiembre de 2014.

15. Carta Maior, 6 de setiembre de 2014.

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