Bienes comunes y acumulación por desposesión

En esta exposición, el autor realiza en una genealogía del capitalismo en su fase neoliberal –caracterizado por los procesos de desposesión como nuevas formas de acumulación del capital–, sus efectos en el metabolismo de la sociedad y el rol de los movimientos populares, tanto en la resistencia como en la formulación de alternativas civilizatorias.

 

Muchas gracias por la invitación (*). Para mí es un privilegio poder estar hoy acá en  La Matanza participando de este Foro. Particularmente porque como trabajador, trabajador  docente, acompañé y apoyé la experiencia de la huelga docente de principio de año que fue sin duda para ustedes y para todos, entre otras cosas, un laboratorio de aprendizaje, que muestra que la educación no es sólo una cuestión de contenidos, sino también de prácticas colectivas, de prácticas sociales.

El tema que yo quería plantear es el de los bienes comunes y la acumulación por desposesión. Y el enfoque que quería darle a estas dos cuestiones tiene que ver con pensarlas a la luz de las formas de dominación presentes hoy en el capitalismo neoliberal y los aportes que hacen las resistencias populares en esta última década, e incluso en un período más largo. Y en ese sentido quiero centrar mi exposición en tres cuestiones.

El primero refiere a la pregunta sobre cómo fue posible la implementación de las contrareformas neoliberales en condiciones de democracia representativa, particularmente en los años 90’. Sobre ello suelen darse dos explicaciones. Una refiere al impacto de las políticas económicas e incluso al impacto de las crisis económicas: en particular la hiperinflación. Sin la hiperinflación de fines de los 80’ y principios de los 90 es inentendible el proceso de privatizaciones y desmantelamiento de conquistas sociales que promueve la “convertibilidad” de Menem-Cavallo. Pero claro, cuando vemos así las políticas económicas o las crisis económicas no las pensamos solo como procesos de concentración del ingreso y la riqueza, sino también como construcción de nueva relaciones de fuerza entre las clases sociales, entre los sectores sociales. En ese sentido, aparece una cuestión que fue mencionada hace tiempo que es la lógica política de las políticas económicas, la lógica política que se esconde detrás de las crisis económicas. En relación a esto se señala también que una de las dificultades para enfrentar la implementación de las políticas neoliberales tuvo que ver con la fragmentación estructural de las clases populares; lo que remite a los 90’ y la hiperinflación pero también a un conjunto de transformaciones que se inicia más atrás con la dictadura militar. Puede decirse que la dictadura militar supuso por un lado la unidad y homogeneización de las clases dominantes y la fragmentación y división de las clases populares. Hablamos entonces de procesos muy largos de fragmentación estructural de las clases populares como lo mencionaba Mariano en relación al modelo económico.

Pero esta fragmentación estructural tiene dimensiones  que podemos llamar “objetivas” pero también dimensiones “subjetivas”, porque supone también una fragmentación subjetiva de las clases populares. La construcción de un individualismo egoísta, individualismo negativo; la lógica de la competencia y el enfrentamiento entre los diferentes sectores populares -lo que se llama habitualmente el pobre contra pobre- no es un resultado no querido de la aplicación de la gobernabilidad capitalista, sino que es un objetivo buscado como uno de los fundamentos de la lógica de la dominación actual. Me parece que son dos cuestiones: el impacto político de las crisis y las políticas económicas por un lado; y la expresión de esta fragmentación estructural como procesos  de creciente violencia en término de las relaciones sociales, por el otro. Este individualismo negativo implica niveles crecientes de violencia; de naturalización y ejercicio de la violencia al interior de los sectores populares; que son cuestiones que no resuelve el neodesarrollismo; en tanto no resolvió la fragmentación estructural. Si uno mira la composición de la clase trabajadora hoy en su sentido más amplio en la Argentina sigue estando partida por lo menos en tres tercios: trabajadores del sector público, trabajadores del sector privado y en negro; sin hablar de las cuotas del desempleo y de los que están siendo expulsados  del mercado de trabajo. En este sentido, la actual crisis del neodesarrollismo de la que hablaba Mariano implica o promueve una nueva profundización de la fragmentación, un nuevo estimulo a la construcción subjetiva de disputas al interior de los sectores populares. Esta cuestión entonces que fue parte de la historia de la construcción larga del neoliberalismo en Argentina y sus formas de dominación, vuelve a estar hoy como desafío para los movimientos populares frente a la crisis actual.

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El segundo comentario que quiero hacer se propone articular estas ideas de la fragmentación estructural y la construcción subjetiva de enfrentamiento al interior de las clases populares, con la acumulación de capital. Porque una de las novedades que trae este capitalismo neoliberal es que no solo va a recurrir a la acumulación en base a la explotación de los trabajadores -la plusvalía- sino que también va a dar un lugar importante a otras formas de acumulación del capital que se han llamado “acumulación por despojo” o “acumulación por desposesión”. ¿Qué significa la acumulación por desposesión? Refiere a los procesos de apropiación privada de bienes, servicios, territorios, relaciones sociales que estaban por fuera del mercado; o sea que no eran mercancía. En este sentido refiere a bienes y servicios, territorios, relaciones sociales, conquistas sociales muy diversos. Por ejemplo, a los bienes naturales que mal llamamos “recursos naturales”, como los que hablaba Mariano antes, e incluso a aquellos que no habían sido objeto hasta ahora de la explotación capitalista; por ejemplo los hidrocarburos no convencionales en base al fracking que ahora son incorporados a la lógica del capital, de la mercancía, de la mercantilización. Pero no solo supone incorporar bienes, territorios, relaciones sociales que siempre estuvieron por fuera de la lógica del mercado, sino también mercantilizar algunas relaciones sociales, bienes, servicios que producto de la lucha popular, producto de la lucha obrera y popular de casi un siglo, particularmente de segunda mitad del siglo XX habían dejado de estar bajo el control del mercado. Y acá nos referimos también, entre otras cosas, al tema de la educación y la salud pública. Y a todo un conjunto de conquistas sociales obtenidas en el marco del capitalismo de la segunda mitad del siglo XX que fueron también fruto de la presión del movimiento obrero y los sectores populares y contribuyeron no sólo a su disciplinamiento sino también a su constitución colectiva. Ernest Mandel, por ejemplo, se refería a este proceso como una conquista en el aumento de nivel objetivo de la solidaridad de clase.  Acá también opera la acumulación por desposesión o por despojo, se trata también de transformar o apropiarse de estos derechos, instituciones, servicios y convertirlos en mercancía. Bueno es lo que vivimos en términos de las política de privatización o de precarización que tuvieron tanta centralidad en la década del 90’ y que tienen -bajo otras formas-  también su centralidad en la actualidad.

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¿Cuál son las consecuencias de esta acumulación por despojo? Mencionemos la que nos convoca hoy. Esta diversidad de lógicas de acumulación (por despojo y en base al trabajo asalariado), y las propias lógicas diversas de la acumulación por desposesión, supone o promueve niveles crecientes de fragmentación entre los sectores afectados y dificultades particulares en relación a las posibilidades de construcción de las lógicas de articulación de las clases subalternas. Hay una vinculación entonces entre estas formas de acumulación del capital, y de aquella basada en el despojo en particular, y la promoción o producción de la fragmentación objetiva y subjetiva de las clases populares. Bien, este es el  segundo comentario que quería hacer.

El tercero remite a la pregunta sobre cuáles son los aportes que en relación a esta cuestión pordemos retomar de la experiencia de los movimientos populares que vienen batallando contra estas políticas y tratando de construir alternativas particularmente ricas en América latina en la última década. La experiencia de las luchas populares que tienen una concentración especifica desde fines de los  90’ hasta la actualidad en América Latina ha sido extremadamente intensa en la confrontación contra la aplicación de la acumulación por despojo.  Si en los años 90’ en relación a las  privatizaciones -y el desmantelamiento de la educación y la salud pública- supuso una revitalización de la discusión y entendimiento de lo público mas allá de su forma estatal en términos sociales; el ciclo de luchas posterior recupera en parte esta discusión incorporando una nueva noción -la de bienes comunes naturales y sociales- que viene fundamentalmente de los movimientos socio territoriales (indígenas, campesinos, urbanos) surgidos particularmente frente al extractivismo exportador. Noción que tiene sin embargo interpelaciones mucho más amplias porque, me parece, aporta herramientas importantes para enfrentar estas lógicas de acumulación por despojo.

¿Qué se entiende entonces por estos bienes comunes? Bueno, claramente la idea de bien común o de bienes comunes refiere a un conjunto de bienes, relaciones sociales, territorios, formas de ser, formas de vivir, formas de producir que están por fuera del mercado, que no son mercancías, que no están subordinadas a la lógica del lucro y de la apropiación privada que conlleva -directa o indirectamente- su integración al ciclo de la gran propiedad capitalista y la valorización mundial. Pero la noción de “bien común” refiere a dos campos más que no deben olvidarse. Uno que refiere también, como ya analizamos en el comentario anterior, a aquellos bienes, servicios, relaciones sociales, forma de gestión, forma de vida, que en algún monento en el  pasado estuvieron por fuera de la valorización capitalista y la forma mercancía. Pero también a aquellos que debieran estar por fuera del mercado. Refiere así a un proyecto hacia el futuro, un proyecto inscripto en un horizonte alternativo emancipatorio que pone en discusión incluso aquello que parecía neutralizado en términos de su incorporación y valorización en las relaciones mercantiles.

En este sentido, es claro que por “común” se refiere a formas de propiedad no privada, no mercantiles; y aparece acá toda una variedad de posibilidades: público estatal, comunitaria, social, cooperativa, etc. Pero la idea de lo “común” en la práctica y programática de los movimientos populares latinoamericanos no solo significa tipos de propiedad, sino que tiene además otras dos dimensiones que resultan fundamentales. Por un lado, la cuestión de su uso; es decir, para que sirven esos bienes comunes, que se hace con ellos. Ello incorpora la idea de que son comunes porque deben servir a la comunidad, repone la idea de que es necesario pensarlos en términos de sus valores de uso, en particular referencia a las mayorías sociales y los sectores populares; y no como mercancía o valores de cambio. Y una tercera dimensión que  tiene que ver con la forma de gestión. En este sentido lo “común” refiere a formas de gestión comunes; es decir comunitarias, participativas, efectivamente democráticas, autogestionarias.

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O sea, en la práctica y programática de los movimientos populares, la noción de “bienes comunes” va mucho más allá del aspecto importante de cuestionamiento de la lógica de la acumulación por desposesión de cáracter defensivo. Implica también un desafío de pensar nuevas formas de organizar la vida social, más allá de la lógica de la mercancía  y del afán de lucro privado.

Creo que estas tres cuestiones que he planteado refieren a los desafíos que afrontan  los movimientos populares en la Argentina y Nuestra América. Uno de estos grandes desafíos ha sido -y sigue siendo- el de construir las articulaciones entre las lógicas de resistencia a la acumulación por despojo y la resistencia a la explotación en base al trabajo asalariado. Lógicas distintas pero estrechamente entrelazadas; complementarias en términos del capital, y simultáneas en su afectación sobre los sectores populares. Sin embargo, las formas de dominio del capitalismo neoliberal implica construirlas como diferentes, como opuestas, como excluyentes, como contradictorias; como un momento en la producción y promoción de la fragmentación de las clases subalternas. Por contrapartida, la emergencia y luchas del movimiento popular se basó en encontrar las formas de articulación de las resistencias a estas diversas formas de acumulación. Así parece indicarlo la experiencia de los años 90’ en la Argentina; por ejemplo, donde las resistencias sindicales importantes no pudieron construir estos puentes la ofensiva del neoliberalismo capitalista avanzó más profundamente; por el contrario, en aquellos lugares donde las resistencias de los trabajadores se articularon en proyectos más amplios, más allá de la propia frontera  sindical, articulando las luchas contra las privatizaciones desde el cuestionamiento a los efectos múltiples de las diversas lógicas de acumulación, las resistencias fueron más efectivas, como por ejemplo en la defensa de la educación pública.

Por otra parte, en los últimos años, las potentes resistencias locales a la implementación o  profundización del modelo extractivo exportador (la megaminería, el agronegocio con la soja transgéncia y las fumigaciones tóxicas, la explotación hidrocarburífera de convencionales y no convencionales, etc.) en la medida que no pudieron articularse con las luchas y percepciones de los sectores populares urbanos, de los trabajadores, encontraron limites en su capacidad de bloquear la profundización del extractivismo. Estas lecciones están planteadas hoy como desafíos, porque la crisis del neodesarrollismo -que en tanto crisis es también ofensiva del capital, del ajuste- implica la búsqueda de la profundización simultanea de la acumulación por despojo y de la explotación del trabajo. Y, por contrapartida, plantea la pregunta de cómo responder a esta producción sistémica de fragmentación de los sectores populares; es decir, de cómo construir los marcos vitales y complejos de articulación entre los diferentes sujetos que requiere una resistencia que sea efectiva y capaz también de avanzar en alternativas.

 

(*) Este texto es la transcripción de la intervención en el 5to. Foro Permanente de Educación de La Matanza. El autor integra el Grupo de Estudios sobre América Latina y El Caribe (GEAL).

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