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Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

La hora de los pueblos

“Si fuéramos capaces de unirnos,
qué hermoso y qué cercano seria el futuro
Che

 

Nuestramérica asiste a una nueva encrucijada. La voracidad imperialista, que no descansa, ha definido elevar su apuesta. El objetivo es, sin más, eliminar las huellas del proceso más radical de los últimos 15 años: la Revolución Bolivariana. Toda una generación de luchadores populares entiende cabalmente que necesita del triunfo del pueblo venezolano. De derrotas sabemos mucho. De lo que implican en sangre humana, y de lo que dejan a la postre como ruinas. En este momento, el peligro es ser cómplices de ello.

Tal vez sea la prueba de fuego de esta generación. ¿Qué hubiera sido de nuestros pueblos si la contrarrevolución hubiera salido victoriosa en Girón? ¿Qué hubiera sido de Cuba?

Quienes se consideran revolucionarixs no pueden mantenerse al margen. El margen es una sutil forma de traición.

Se ha opinado mucho sobre los avances del pueblo venezolano en el periodo que abre el “Caracazo” y la victoria electoral del Comandante Hugo Chavez. Y se han señalado también y oportunamente, las debilidades del proceso. En el presente, puede resultar una estupidez seguir este derrotero.

Una encrucijada es un parteaguas: comuna o nada es mucho más que una consigna. Si el imperialismo, con sus aliados internos y regionales (sabemos que Colombia va a jugar un rol fundamental en toda injerencia militar sobre Venezuela) logran torcer el curso de la historia que el pueblo venezolano está labrando pacientemente, poco sentido tendrán los balances sobre el proceso: será un simple inventario de ruinas.

Es momento de expresar, porque así lo demanda la historia, la unidad de los pueblos de la patria grande, única forma de derrotar el fundamentalismo imperialista que viene por nosotrxs. Porque también es cierto, que no obstante la importancia que tiene Venezuela para los Estados Unidos y sus aliados en esta coyuntura, lo que realmente le eriza los pelos al imperio es el despertar de los pueblos de Nuestramérica.

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Hay que entenderlo de una vez: el zarpazo de un león agazapado es el zarpazo de un león asustado. En sus ojos se proyecta el miedo.

Miedo a la irreversibilidad del proceso bolivariano en primer lugar. Cada intentona golpista ha sido derrotada. Cada batalla electoral ha tenido al chavismo como claro vencedor. Venezuela ha demostrado que se puede ganar en terreno enemigo, al menos durante cierto tiempo. La guerra de desgaste económica, que produce grandes malestares al pueblo venezolano, no ha podido mellar la legitimidad ganada con política revolucionaria. La muerte de su principal dirigente no es la muerte de su audaz legado. Chavez vive, la lucha sigue. ¿Y si se radicalizaran sus procesos más avanzados?

Y mientras tanto, las detonaciones permanentes hacia el interior del propio chavismo no lograron quebrar el bloque histórico que componen, ni la hegemonía genuinamente lograda. Es decir, el pueblo sigue construyendo comunas, su proyecto histórico.

El miedo es de los de arriba. Porque los de abajo los vienen bailando. Son estos 15 años de derrota acumuladas con rencor los que hacen temblar el pulso del imperio. Y su pregunta es: ¿hasta cuándo?

Pero no sólo eso. Para los planes del imperio, una transición al socialismo en el siglo XXI es el peor de los ejemplos que un pueblo oprimido le puede dar a sus hermanos en el mundo. Y a no equivocarse, en Nuestramérica sí hay izquierda, todavía se habla de revolución y en el horizonte brilla la estrella socialista, que además es hoy feminista. Aunque haya quienes por moda o pragmatismo se ofusquen en negarlo, que es negarse.

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La izquierda trotskista en Argentina ha formulado hipótesis que se chocan directamente con el escenario actual y con una responsable concepción del proceso bolivariano. Como la idea de que lo que sucede en Venezuela son “autogolpes” del propio gobierno de Maduro. Siguiendo esta lógica conspirativa, el gobierno de Maduro habría sido el ideólogo de la orden ejecutiva que auspicia una intervención militar estadounidense en su propio país.

Su lugar de referencia actual, no obstante se trate de esquemas electorales o de posibles síntesis en el campo popular, obliga al FIT a expresarse con contundencia. Y de poco sirven las alocuciones de sus camaradas venezolanos de la Liga de Trabajadores Socialistas. Pues está claro que aún si se tratase de un gobierno “populista demagógico nacional popular bonapartista”, etc. una intervención imperialista sería catastrófica para todas las fuerzas populares sin distinción alguna. Y aquí no se trata de ser críticos o de relegar posiciones. Es tiempo de ablandar los dogmas.

Que la Revolución Bolivariana tiene límites es indudable. Que no ha realizado las expectativas de romper con el orden capitalista y patriarcal es indudable. Pero que esas potencialidades fueron desatadas en el pueblo con más audacia y que tienen vigencia histórica allí también es cierto. Una intervención viene a liquidar, justamente, las potencialidades. Las potencialidades son muchas: superar el estado burgués y la democracia liberal con ejercicios de autogobierno; superar el rentismo petrolero, predador y dependiente ensayando una nueva política económica con control obrero y popular y de corte socialista; auspiciar una bloque geopolítico regional basado en principios de solidaridad internacional, intercambio justo y defensa común de la soberanía de los pueblos; y fundamentalmente, vincular de manera orgánica la lucha anticapitalista con la lucha por la despatriarcalización de la sociedad, plano rezagado pero potente. En definitiva, se trata de realizar un profundo cambio cultural que no se expresa livianamente en un decreto, por más revolucionario (en los papeles) que éste pueda ser.

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Es la hora de los pueblos. “Comuna o nada” es mucho más que una consigna, es una necesidad histórica de los pueblos de Nuestramérica: la necesidad de amasar el barro del futuro con sus propias manos. Es urgente ensayar demostraciones de fuerza continentales. Es imprescindible que estemos unidos, sin mezquindades y sin sectarismo. Es prioritario en la agenda de toda fuerza política y social de izquierda hacer un llamado de solidaridad y una gran demostración de fuerzas. Y empezar a prepararse para el peor escenario. Porque tenemos que vencer.

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