Venezuela: lo que viene

EEUU ha dado el primer paso, ha construido un marco jurídico para justificar una intervención directa. La gravedad del momento exige mantener abiertos todos los canales de participación y protagonismo popular para que la potencialidad del pueblo pueda expresarse en toda su magnitud. Aún gestionado desde las mejores intenciones, el viejo Estado es impotente para enfrentar los desafíos planteados. Sin protagonismo popular la batalla está perdida.

 

Las caras de preocupación que mostraba el presidente Maduro y funcionarios del alto gobierno bolivariano al conocerse el decreto de Obama que calificaba a Venezuela como una “extraordinaria e inusual amenaza” contra la seguridad interna de Estados Unidos, parecen haberse relajado

Hay datos positivos que avalan que los ánimos se hayan tranquilizados.

Después de una semana con pocas declaraciones (Ecuador, Bolivia), algunos silencios sugestivos y algunas declaraciones francamente desgraciadas (Uruguay), los cancilleres de UNASUR emitieron un buen documento (ver) que reafirma la autodeterminación de los pueblos, la búsqueda de caminos constitucionales para resolver los conflictos internos y, lo más importante, pide la derogación del decreto injerencista.

El gobierno también puede sumar a su favor un fuerte apoyo de Rusia que se sumó a sus ejercicios militares; una tibia posición de China, pero que proviniendo de la primera economía mundial tiene su peso; una posición de respaldo de los no alineados y una buena reunión de Petrocaribe. La posición de la Unión Europea podía haber sido peor. Si bien ha manifiesta su preocupación por la situación interna de Venezuela, decide no plegarse a las medidas sancionatorias. Demasiado caro le ha salido acompañar a EEUU en sus sanciones a Rusia.

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Frente a la Cumbre de las Américas a realizarse en Panamá en abril, el panorama que enfrenta EEUU es sombrío. Su iniciativa sobre un posible descongelamiento del bloqueo a Cuba no ha tenido los resultados esperados. EEUU estará un poco más aislada que en la última cumbre.

En el plano interno el dato mas saliente ha sido la respuesta del pueblo venezolano a la agresión imperialista. Hay un repudio masivo que se expresa en el aumento de la movilización donde volvió a aparecer el chavismo duro, los más pobres, los no institucionalizados; en el creciente alistamiento en las milicias populares; y en algunas encuestas que indican que el 92% de la población rechaza una invasión extranjera.

Frente a este panorama la oposición ha quedado acorralada, sin política, entrampada en la sospecha cada vez más extendida de que más que una fuerza de oposición con un proyecto para el país, son una oficina de intereses extranjeros. Han perdido las calles y se han quedado sin argumentos en el debate callejero. Además de sifrinos y oligarcas, son traidores a la Patria.

Todas estas buenas noticias no deberían avalar el triunfalismo.

El dato objetivo es que EEUU ha dado el primer paso, ha construido un marco jurídico para justificar una intervención directa.

EEUU es un imperio en decadencia pero que retrocede agresivamente. El gobierno de Obama es un gobierno débil, un pata quebrada, y esta en juego cómo se quiere despedir el pseudoprogresismo demócrata del gobierno. Eso lo hace sumamente imprevisible. En estas dos debilidades anida la peligrosidad de EEUU y la gravedad del decreto de Obama.

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Caracterizado ese asunto, comparto la opinión de los que piensan que no habrá una invasión directa en los próximos meses. Hay condiciones que todavía no están dadas en el interior de EEUU, y en el país elegido como blanco.

Lo más probable es que se siga profundizando la estrategia de desgaste a partir de la guerra económica, donde el imperio y sus aliados se han anotado triunfos generando molestias en la población e incentivando las acciones paramilitares donde se combinan actos terroristas con la promoción de la delincuencia común.

Un diputado de la oposición manifestó en la última sesión de la Asamblea Nacional que prefería una esclavitud, pero tranquila. Ese es el objetivo a lograr en la conciencia de la sociedad venezolana. Que una parte importante de su población este dispuesta a cambiar soberanía por anaqueles llenos y menos inseguridad. Hoy están lejos de alcanzar ese objetivo, pero seguirán trabajando en esa dirección.

El chavismo ha cerrado filas frente a la amenaza, pero la unidad necesaria no debe evitar la reflexión autocrítica. Aún gestionado desde las mejores intenciones, el viejo Estado es impotente para enfrentar los desafíos planteados. Sin protagonismo popular la batalla está perdida.

Como ocurrió con el golpe de 2002, los cimbronazos de la derecha y el imperio contribuyen a volver a las fuentes del chavismo, y a plantear las grandes disyuntivas. El pueblo vuelve a convocarse para enfrentar al imperio. El presidente Maduro, tan subestimado como Chávez, ha dado muestras de su valentía y su lucidez política.

La gravedad del momento exige mantener abiertos todos los canales de participación y protagonismo popular para que la potencialidad del pueblo pueda expresarse en toda su magnitud.

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La revolución bolivariana será protagonizada por el pueblo o no será.

 

 

Fuente: http://www.lahaine.org

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