Apuntes sobre la formación política en Venezuela

En una sede de Pdvsa ubicada en el campo Petrolero de Moriche, Estado de Monagas, me llamó la atención un cartel que decía: “oficina de adiestramiento”. La compañera que nos hacía de guía, Mary Ávila, la muy lúcida Gerente de Recursos y Formación de la Faja del Orinoco, nos explicó que la palabra “adiestramiento” sobrevive de la Pdvsa de la IV República. Las palabras llevan en su seno hermosos tesoros de su historia pasada. Adiestrar es una palabra que puede referirse indistintamente a animales o personas, y esto es así porque adiestrar hace referencia solamente a las capacidades intelectuales del que enseña. El otro, el que recibe el adiestramiento es un ser que interviene en el proceso educativo solo como objeto. Sus resistencias a “adiestrarse” se controlan si es un animal, con un látigo o una caricia; y si es un trabajador, con una sanción o una promesa de aumento. Al adiestrado sea animal o persona, se lo manipula con un garrote y una zanahoria.

 

Para la vieja Pdvsa, adiestrar significaba que sus trabajadores fueran más eficientes para cerrar una válvula o mirar un tablero. Que fueran mejores piezas del engranaje petrolero que no conocían en su conjunto, ni conducían.

Ese cartel sobreviviente de la IV Republica que hace referencia a la versión mas descarada  de la capacitación  dentro de un sistema capitalista, me parece pertinente para comenzar una reflexión sobre la cuestión de la formación política en Venezuela, un país donde la economía dominante todavía es capitalista, pero que ha desarrollado múltiples iniciativas desde lo político, para transitar hacia el socialismo

Discutir formación política significa discutir en primer lugar objetivos. ¿Qué es lo que nos estamos proponiendo con la experiencia formativa?

En un trazo grueso podría decirse que nos podríamos proponer dos cosas diferentes: aportar a la concientización popular para que el pueblo gobierne a partir de ir generando su propia institucionalidad; o que el pueblo este en mejores de entender y acompañar las políticas del viejo Estado dirigidas por una conducción de orientación socialista.

A partir de una experiencia de 20 meses en Venezuela (desde julio de 2013 hasta marzo de 2015) intentando desarrollar experiencias de formación política advierto que hay tres formas dominantes de abordar la cuestión. Estas formas son diferentes por los contenidos abordados pero también por la concepción metodológica utilizada.

– Se intenta capacitar en temas que permita un mejor funcionamiento de las instancias creadas (leyes comunales), de las políticas de gobierno (Plan de la Patria), de las políticas agresivas que desarrolla al imperialismo contra el país (guerra económica, posible agresión militar). En resumen: se intenta politizar al pueblo para mejorar la vinculación entre gobernantes y las organizaciones populares, para hacer más eficientes una cadena de mandos donde el gobierno conduce y el pueblo acompaña.

– Se confía en “las capacidades creadoras del pueblo” y la formación se limita a un registro de las iniciativas e inquietudes populares. En resumen: se asume la imposibilidad de promover un aporte  formativo desde el viejo Estado, salvo sistematizar experiencias.

– Se intenta aportar al empoderamiento popular recuperando los saberes existentes, promoviendo la reflexión crítica sobre la propia práctica realizada, ampliando el horizonte de debate incorporando conocimientos sobre otra experiencia realizadas en Latinoamérica y otras partes del mundo enfrentando problemas similares y conocimientos básicos sobre el funcionamiento del sistema capitalista para no reproducir sus lógicas y los debates planteados en torno a la construcción del socialismo. En resumen: se intenta aportar a que el pueblo gobierne.

Las perspectivas diferentes con que se intenta abordar el problema formativo comparten un contexto común. La formación política  no es un tema de agenda del gobierno bolivariano. Es una de las tantas preocupaciones que planteó Chávez, que quedaron para más adelante. La formación política es un problema tan grave que ni siquiera esta planteado como problema en términos prácticos. Desde lo teórico, adorna algunos discursos.

Quizás la razón de esta despreocupación es que el proceso Venezolano que ha sido brillante en muchos aspectos: liderazgo, unidad cívico-militar, geopolítica, defensa de los bienes naturales, concepto de democracia participativa, etc., en el plano de las experiencias de formación, política ha estado muy retrasado con respecto al continente. Lo que resulta paradójico habiendo tenido a  Simon Rodríguez y a Chávez. Ese retraso parece haberse resuelto con una lógica burocrática: lo que no sabemos, no existe.

A pesar de estas negaciones comentaba que el tema formativo intenta abordarse desde distintas formas. Trataré de desarrollar el trazo grueso de esas miradas

 

Politizar y capacitar al pueblo para que pueda acompañar a un  gobierno con objetivos socialista

Una vez Eduardo Galeano dijo que el no creía en la autoproclamación de Israel como pueblo elegido. No creía en los pueblos elegidos, pero si tuviera que elegir a uno, elegiría a Cuba que tiene el pueblo más bueno del mundo.

He estado dos veces en Cuba con diferencia de 20 años, en 1993 y 2013. Comparto la opinión de Galeano. Y desde compartir esa certeza ya tengo un primer argumento para discutir con algunos turistas de mi país que reconocen que el pueblo es muy bueno, pero afirman que el sistema político es una porquería. Lo primero que les digo  es que un sistema político que puede ofrecer como resultados un pueblo culto, solidario, sensible y de gran humanidad, no puede ser tan malo.

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Desde esa introducción quisiera valorar la orientación de la  formación política realizada con la intencionalidad de politizar y capacitar al pueblo para que pueda acompañar a un  gobierno con objetivos socialistas que encuentra en Cuba un magnífico ejemplo, al menos en sus versiones mas tradicionales.

En esa orientación formativa no es difícil advertir sus luces y sombras. Tiene las ventajas de ser un sistema con capacidad de masificarse, trabajando con  un ejercito de facilitadores-reproductores de contenidos enlatados: Powers Pointe, películas, publicaciones, cursos tipo, etc.  Tiene la desventaja de contener rasgos capitalistas en particular desde su metodología de “transferencia de conocimientos”. No hay dialogo de saberes, ni saldos en el empoderamiento formativo

Advertimos la presencia de rasgos capitalistas porque su concepción metodológica, su pedagogía,  es muy similar a la de la educación formal, bancaria y también la que utiliza cualquier empresario  capacitando a sus trabajadores para que se sientan parte de los objetivos de la empresa, y desarrollen mas eficientemente su tarea.

La formación política está directamente relacionada a la organización popular.

Desde la mirada estatal, en Venezuela, se inscribe en la siguiente secuencia:

Primero la ley (de cooperativas o comunal), después la organización (porque si no se organizan no hay recursos) y después la formación (para que se aprendan bien la ley y aprendan a organizarse mejor). Y si no están lo suficientemente organizados, no hay formación.

La formación es un aditamento, un agregado que permite un mejor entendimiento, una mejor comprensión política de las decisiones de gobierno y a generar militancia para que las acompañe.. Desde esa lógica la formación contribuye a combatir “la apatía popular” y a evitar comprobaciones  desagradables como que en los centros de votación donde el 80 % son trabajadores de Pdvsa que ganan sueldos excelentes gane la oposición, o que en urbanismos entregados a personas muy pobres, los escuálidos saquen más votos que los tolerables.

Como la formación es el último paso de una secuencia, le sucede lo mismo que le pasa a todas las cosas que quedan para lo último. Se cumple cuando se puede, cuando sobra tiempo, cuando no hay ninguna urgencia coyuntural que atender. En los años 2013-2014, fallecimiento de Chávez, guarimbas, guerra económica y abortado golpe de Estado no hubo tiempo para hacer formación política.

 

Subestimar la formación política en nombre de la reivindicación de “los poderes creadores del pueblo”

Desde esta mirada el propio pueblo resuelve espontáneamente su proceso formativo. Las iniciativas formativas en todo caso presupone una subestimación de la conciencia popular y se reduce a un intento de manipular, encuadrar y subordinar a “los poderes creadores del pueblo” por parte de burócratas del Estado burgués o por partidos de izquierda con concepciones elitistas y euro céntricas. Alguno agregaran” y los argentinos y brasileños  de los Talleres Mariategui, que vinieron a Venezuela a descubrir el agua tibia”.

El chavismo popular se parece mucho al peronismo de base por eso podemos reconocer algunas polémicas.

Cuando se produjo el 17 de octubre de 1945 la oligarquía y la izquierda ilustrada pro-europea coincidieron en que se trataba de un “aluvión zoológico”, en una masa informe manipulada por un caudillo populista.

Según ellos ese acto de rebelión no había expresado conciencia política, demandas postergadas, identificación de otro proyecto de país posible, identidad de clase y de raza,  contenidos culturales populares, etc.

A esa intelectualidad de izquierda con cabeza pro-europea le contestó una intelectualidad nacional cuyos más claros exponentes fueron Arturo Jauretche, Scalabrini Ortiz, Armando Discepolo que provenían del nacionalismo,  Hernández Arregui, pensado marxista y Jorge Abelardo Ramos de extracción trotskista.

Fueron ellos los que defendiendo al pueblo contribuyeron al mito de que la conciencia popular era inoxidable. Debo reconocer que no pude menos que adherir y disfrutar de sus comentarios en esas polémicas. Pero la vida nos conduce a caminos inesperados.

En el año 73 ingrese a trabajar como obrero en el Frigorífico Swift de Berisso, es decir a la propia cuna del peronismo. Porque el 17 de octubre arrancó en Berisso y porque los   que Vivian en Berisso trabajaban mayoritariamente en el frigorífico, era su centro político. Y entre aquellos obreros del frigorífico había dos versiones sobre el 17 de octubre de 1945. La mayoritaria era que había sido organizado por Perón y Evita. La minoritaria era que había sido una movilización en apoyo a Perón, pero el General no había tenido nada que ver y tampoco Evita. La versión minoritaria la sostenían los pocos viejos que quedaban que habían participado efectivamente el 17 de octubre.

Cuando preguntaba por quienes había tenido responsabilidad del golpe militar del 55 que derrocó a Perón, la respuesta era unánime. “Fue nuestra culpa, nosotros nos abusamos del gobierno”. Estoy hablando de obreros que hacen un trabajo duro. El supuesto  “abuso” era que habían comido clandestinamente mucha carne, que habían pedido aumentos, o que habían reclamado en exceso sus derechos amparándose en la nueva legislación sindical.

Estas dos posturas fuertemente arraigadas en la conciencia popular de obreros industriales ubicados en la cuna del peronismo desconocían  mayoritariamente que ellos  habían sido los sujetos creadores del 17 de octubre de 1945, pero si se atribuían haber sido los sujetos responsables de la caída del peronismo.

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Hoy la investigación histórica ha demostrado que los pocos viejos que quedaban en el frigorífico  y que habían participado en el 17 de octubre tenían razón. Perón y Evita no tuvieron ninguna participación en la organización de esa rebelión popular. Sobre la caída del peronismo, no será difícil acordar que la responsabilidad fue de la oligarquía y el imperialismo.

Como advierte Ester Pérez en la conciencia popular también hay “palabra oprimida”, están infiltradas ideas que pertenecen al capitalismo. No hay más que hacer un repaso de los refranes populares para ilustrar la cuestión. Algunos como “muchas manos en el plato dejan el caldo morado” son profundamente reaccionarios.

Es un poco duro decirlo pero buena parte de los intelectuales nacionales tampoco conocían profundamente a los trabajadores. En la Argentina, la gran excepción fue John William Cooke.

La idea de la conciencia popular como algo inoxidable y permanente era una certeza indiscutible para la militancia peronista de izquierda en los años 70. Las pruebas eran contundentes: ese pueblo había hecho el 17 de octubre, protagonizado las realizaciones de 10 años de gobierno,  había mantenido 18 años de resistencia desde el llano a pesar de la proscripción y la represión, simpatizaba mayoritariamente con las organizaciones armadas, habían realizado grandes rebeliones populares como los Cordobazos, los Rosariazos y los Tucumanazos y después con las banderas de La Patria Socialista, .protagonizaba gigantescas movilizaciones por la vuelta de Perón..

El diagnostico de Cooke de que el peronismo era un gigante invertebrado y miope parecía excesivamente pesimista. . No se podía decir que era miope un pueblo que tenia  la conciencia revolucionaria que lo conduciría inexorablemente hacia el socialismo.

No fue menor la confusión que produjo el efímero gobierno de Perón (73-74), ni el impacto del genocidio provocado por el golpe militar del 76, ni de la desindustrialización que provocó la dictadura.  Son cuestiones que seguramente dañan la conciencia popular. Pero todo eso junto no alcanza para explicar que ese mismo pueblo revolucionario de los 70 votó en 1989 a Carlos Menem y lo reeligió cuando había asumido descarnadamente su neoliberalismo  en 1995. Algunos de mis compañeros más cercanos del frigorífico lo votaron a Menem las dos veces.

La identidad peronista en disputa entre 1945 y 1976, fue capturada por sectores burgueses del movimiento, que después de la rebelión popular de 2001 exhibieron su cara progresista y con las elecciones de este año, con Scioli, volverán a ser social-liberales.

¿Puede suceder algo parecido con el chavismo? Sugerirlo, ya es una herejía.

Francamente creo que quienes en nombre de defender los “poderes creadores del pueblo”, subestiman la necesidad de la formación política, y desechan  síntesis y conclusiones de otras experiencias populares, de otras “creaciones populares” que por una combinación de soberbia e ignorancia no pueden identificar, son funcionales a estas derivas negativas posibles.

 

Problematizar la conciencia popular, promover la reflexión crítica de las prácticas

La  formación política que promueve una concepción dialéctica  reivindica los  poderes creadores  del pueblo y la conciencia popular adquirida, pero la problematiza, promoviendo, en el pedazo de pueblo que podemos convocar, que desarrolle sus reflexiones críticas, que  haga sus propias síntesis y que sistematice sus propias conclusiones. Intenta aportar a que sea el propio pueblo quien se apodere de las herramientas que permiten problematizar y sintetizar y que sea capaz de recrearlas, criticarlas y mejorarlas para avanzar en el proceso formativo. Su intencionalidad es contribuir a deslastrar ”la palabra oprimida” para que las capacidades del pueblo se expresen con toda su potencialidad.

La formación política desde una concepción dialéctica es producto de una larga reflexión y acumulado de experiencias populares que enlazan a Simon Rodríguez con Pablo Freire; a las comunidades cristianas de base de muchos países latinoamericanos, con los “Sin tierra” de Brasil, los piqueteros argentinos y la joven generación  hija de la Revolución cubana.

Nuestra humilde experiencia formativa en Venezuela, que esta avalada por unos cuantos años de organización popular en nuestro país está inscripta en esa tradición. Somos parte del recorrido de organizaciones populares que, después de años de no contemplar la cuestión formativa, se autocriticaron de su carencia y descubriendo un acumulado teórico se identificaron con su concepción metodológica y se hicieron parte de ese camino y esa búsqueda.

Desde esa trayectoria nos resulta natural cuestionar la secuencia organización –formación  instalada por el viejo Estado en Venezuela, para afirmar que lo primero es  la lucha, la práctica y la conciencia popular ( si hay aportes formativos que ayudan a problematizarla y sintetizarla mucho mejor) , después la organización y después las leyes. Y para coincidir con Chávez que lo mas importante no son las leyes, ni las estructuras organizativas sino el “espíritu de las comunas”.

También nuestra experiencia nos advierte de que si queremos escuchar lo que realmente piensa el pedazo de pueblo al que nos vinculamos hay que evadir dos círculos tramposos. El primero es el de reunirnos siempre con los mismos: una militancia abnegada pero agotada y manoseada que siendo parte de torbellinos locales termina desligada de su comunidad. El segundo círculo tramposo es el de un primer discurso políticamente correcto que acompaña las primeras conversaciones que mantenemos con  la mayoría de los militantes populares, discurso politico donde predominan más las consignas que contenidos. Esos círculos se rompen cuando se amplían las convocatorias, por ejemplo cuando se va a una asamblea de base, o cuando se transitan cursos largos y los participantes empiezan a entrar en confianza y se largan a opinar sin reparos. No se limitan a repetir consignas políticamente correctas, plantean sus dudas y certezas, sus críticas y reflexiones.

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Planteadas nuestras diferencia con el enfoque estatal se entienden  las dificultades  para  acordar en temas prácticos. A modo de ejemplo la discusión sobre la duración de los cursos, sobre su aterrizamiento en el territorio  que hemos mantenido con funcionarios.

Esas discusiones  no las hemos mantenido con los   participantes de cursos largos, por el contrario ellos promovieron reproducir la realización de cursos largos. Nadie en ningún curso se planteó la cuestión del aterrizamiento porque si el tema tratado era el proceso de la Unidad Popular en Chile, los compas podían aterrizar sin dificultades las problemáticas comunes, sacar conclusiones y enseñanzas pertinentes. Quienes plantean problemas de aterrizajes creen, en el fondo, que el pueblo es estúpido.

Los problemas que ha tenido nuestra experiencia formativa,  la tuvo el MST de Brasil cuando intentó desarrollar formación sistemática, la tendrá el Luther King o cualquier grupo venezolano o latinoamericano que se plantee impulsar  una formación para el empoderamiento popular.

Apelando a una mirada mas amplia advertimos que los problemas que enfrenta una propuesta formativa que se proponga empoderar al pueblo desde espacios institucionales, no es un conflicto acotado a la formación.

El marco mas general de estos debates es que la lógica estatal no promueve empoderar al pueblo. Promueve  encuadrar al pueblo y mejorar la eficiencia de las correa de trasmisión gobierno-pueblo, “acallar los peos”,  romper “la apatía”,   tratar de resolver el problema de la falta cuadros medios o buenos funcionarios,  etc. Razona desde una lógica fragmentaria. A modo de ejemplo: los problemas de las Comunas, de la vanguardia de la organización popular del proceso bolivariano,  son del Ministerio de Comunas.

Una orientación formativa que promueva problematizar la conciencia popular y promover la reflexión crítica de las prácticas tiene incompatibilidades manifiestas con la posibilidad de ser promovida desde espacios institucionales. Circunstancias muy particulares de apoyo politico desde la cúspide de una estructura vertical como las que vivimos  en Comunas en el periodo junio 2013, setiembre de 2014, son  excepcionales.

Una estrategia de continuidad de esos procesos no debe partir de la excepcionalidad, sino de de la normalidad  y en esas  circunstancias más frecuentes  los apoyos para desarrollar el trabajo formativo deben buscarse en las comunas y los movimientos sociales comprometidos con la organización popular

 

Algunas conclusiones

La  ausencia de una práctica sistemática de  formación politica ha sido uno de los puntos más débiles del proceso bolivariano. Esa debilidad fue disimulada en vida de Chavez por sus innegables condiciones de formador y por su decisión de utilizar espacios masivos para aportar al desarrollo de la conciencia popular. Todos los discursos de Chavez incluyen elementos formativos, pero hubo actividades como los Aló teóricos que se centraban exclusivamente en esa tarea.

Debe considerarse también que la conciencia popular ha contado con un aliado inesperado e  inestimable en la torpeza de la oligarquía y la derecha criolla.  Esa torpeza se expresa en su escasa capacidad `para confundir y manipular políticamente al pueblo y una manifiesta obsesión por exhibir  han crudamente su mezquindad, su violencia terrorista, incoherencia, su vocación antidemocrática, su racismo, su insensibilidad social y  su ejercicio permanente de la mentira.

El discurso de Carmona en su efímero gobierno de abril de 2002 es una muestra muy ilustrativa de esa torpeza.

El decreto de Obama declarando a  Venezuela amenaza contra la seguridad de Estados Unidos, se inscribe en esa trayectoria de torpezas, que terminan siendo funcionales al esclarecimiento de la conciencia popular. Con ese decreto Estados Unidos demuestra que para invadir a un país puede mentir descaradamente, emitir declaraciones políticas absurdas, irresponsables y carentes de argumentos.

La ausencia de Chavez y la fragilidad que supone contar a los errores ajenos como aporte formativo, debería ser valorada correctamente, para no avalar falsas interpretaciones. La formación política es una debilidad importante del proceso bolivariano. Debilidad disimulada, pero existente con todas sus consecuencias.

La carencia se agrava porque no solo se trata de resistir, sino de avanzar en un camino de transición socialista.

Planteado el problema es indudable que la tarea formativa debe ser abordada. La lucha de los pueblos latinoamericanos y las más avanzadas reflexiones pedagógicas que se expresan en lo que  Oscar Jara Holiday  denomina Concepción Metodológica Dialéctica proporciona  formidables herramientas para trabajar masivamente en esa dirección. Si esta perspectiva no es abordada, una formación masiva, aún desde una pedagogía bancaria de “transferencia de conocimientos”  puede ofrecer mejores resultados que regodearse en “las capacidades creadoras del pueblo” para no hacer nada o trabajar en forma inconstante o desordenada, negándose a asumir un papel activo que aporte al desarrollo de la conciencia popular.

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