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Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

Chavismo por argentin@s – Presentación

Este trabajo de la compañera Isabel Rauber que presentamos a continuación forma parte del libro Chavismo por argentin@s que será publicado en los próximos meses por la editorial El perro y la rana de Caracas en coedición con el IEALC (Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires). Periódicamente Contrahegemoníaweb, publicará una selección de trabajos que forman parte de este libro.

El libro reúne trabajos sobre el “chavismo” producidos por autores y autoras de Argentina. Vale aclarar que ellos y ellas, oportunamente, recibieron una sola pregunta directriz: ¿qué es el chavismo? Lo que tendrán el lector y la lectora en sus manos es un conjunto de ensayos que intentan avanzar en una respuesta inicial y provisoria a ese interrogante.

Todos ellos y todas ellas, con sus coincidencias y sus diferencias, son intelectuales de un perfil muy particular. Más allá de la inserción académica de algunos y algunas, se trata de militantes populares, y desde esa condición se aproximan a la Revolución Bolivariana. Aportan sus experiencias y subjetividades, no sólo con afanes analíticos, sino buscando desentrañar claves que orienten la praxis popular. Queremos destacar el esfuerzo de cooperación político-intelectual, tan poco usual en nuestro medio, que expresa este libro.

Con la muerte del Comandante, el chavismo perdió su principal sujeto político y su manantial de sentido más importante y prolífico. Ahora se trata de conocer y comprender su legado para producir un sujeto colectivo chavista aún más potente y con capacidad de generar nuevos sentidos emancipadores. Se trata de reproducir esos manantiales se sentido.

La relación de los argentinos y las argentinas con la Venezuela bolivariana, tiene una larga historia. Incluso tiene una extensa y rica “prehistoria” en la que no cabe detenerse aquí. Podríamos decir que esta relación nace poco después de la rebelión del 4 de febrero de 1992, con la aparición pública del Comandante Hugo Chávez Frías.

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Con el correr de los años, el interés de muchos argentinos y muchas argentinas por el proceso histórico venezolano iniciado con el 4-F se fue incrementando. Algunos y algunas entraron y salieron, subieron en las primeras estaciones y bajaron en alguna intermedia. Otros y otras quedaron prendados desde el inicio o se sumaron más tarde para seguir todo el recorrido y llegar hasta aquí. No podían faltar los aventureros de la peor catadura, figuras desarraigadas, ideólogos en disponibilidad. Pero esos, por suerte, fueron los menos. La depuradora radicalización del proceso revolucionario los fue corriendo. Los espacios para conspiradores y oportunistas se constriñeron cuando la Revolución Bolivariana asumió el objetivo de superar el capitalismo y construir una democracia socialista sustentada en el poder popular.

Luego, el chavismo fue consolidando su condición de “política internacional” de signo antiimperialista y socialista. La principal a nivel mundial en su género y en esta época; la que realizó el aporte más significativo para cambiar la correlación de fuerzas en la región, más allá de lo que pueda opinarse sobre sus aspectos puntuales. Entonces, la intelectualidad y la militancia popular de Argentina, de Nuestra América, del mundo periférico (y del no periférico también), se vieron inmersas en las coordenadas contenedoras de esa política y tuvieron que dar cuenta de ella.

Se ha dicho que Argentina es un país de revolucionarios sin revolución y que Venezuela es un país de revolución sin revolucionarios. Se ha dicho también, en una jerga empresarial, que en Venezuela el ingreso está por encima de la capacidad gerencial y que en la Argentina suele darse la situación inversa. Emir Sader dijo en el año 2007 que el único “intelectual político” de Venezuela era Hugo Chávez. Todas estas afirmaciones, y otras del mismo tenor, son absolutamente injustas pero refieren a realidades concretas signadas por un grado de desproporción demasiado evidente.

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En Argentina además de militantes populares, hay organizaciones populares, movimientos sociales y lucha de clases. En Venezuela además de organizaciones populares, movimientos sociales, lucha de clases y un gobierno popular, hay militantes populares e “intelectuales políticos”. Ocurre que las tradiciones políticas y los procesos internos son bien distintos y las tareas que se imponen para los revolucionarios y las revolucionarias son diferentes.

Durante el siglo XX, aún en el contexto neoliberal, Argentina, acumuló una masa crítica de intelectuales, profesionales, hombres y mujeres de la cultura muy importante. La contra-cara de ese proceso fue la consolidación de una clase dominante relativamente coherente y conciente de sus intereses, que según las circunstancias históricas ha sido capaz de contrarrestar las impugnaciones desde abajo con un alto grado de centralización de la violencia o desarrollando una inusual capacidad hegemónica.

En la Venezuela bolivariana, el horizonte de la construcción del socialismo bolivariano, y las iniciativas de un gobierno popular generan déficit de militancia popular. ¿Podría ser de otro modo cuando se trata de construir el poder popular y el socialismo de las comunas? Un proceso de esas características exige la politización del conjunto de la sociedad civil popular.

Durante el siglo XX, Venezuela, no logró acumular la misma “masa crítica” que la Argentina. En contraposición, su clase dominante fue mucho más débil e inconciente. La burguesía venezolana suele ser definida como una lumpenburguesía. No fue capaz de ejercer un control férreo sobre los aparatos de coerción y jamás desarrolló alguna capacidad hegemónica. El “transformismo” de los intelectuales tiene en Venezuela marcos mucho más acotados que en la Argentina.

En ambos casos se producen situaciones desproporcionadas. Allí radica una de las causas de la mutua fascinación. Podríamos mencionar muchas más, pero responden a otras coordenadas de atracción cuya explicación nos exigiría un extenso desarrollo.

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Sin dudas, desde hace más de una década, la praxis desplegada por la revolución bolivariana hace que Venezuela viva su momento histórico más fulgente, apasionante y creativo. Un momento “auténtico”. Argentina marcha por otros carriles, más allá del folklore y de una narrativa nacional-popular que resulta excesiva respecto de las realizaciones concretas. Venezuela está ascendiendo por una senda antiimperialista, anticapitalista, socialista, a la cima de un pico histórico. La realidad es prolífica para los revolucionarios y las revolucionarias. Argentina retoza en la meseta de la gobernabilidad burguesa y en la relativa estabilidad de un modelo neo-desarrollista y moderadamente redistributivo. Con un alto grado de aquietamiento de la confrontación social, la realidad, para los revolucionarios y las revolucionarias, se asemeja a un océano de mercurio. Por ahora.

En Venezuela se desarrolla el experimento político-social más relevante de nuestro tiempo. Un experimento revolucionario o, por lo menos, lo más parecido a eso. Es lógico el interés de la militancia popular revolucionaria de todo el mundo.

Esperamos que estos trabajos contribuyan a una definición del chavismo en clave popular revolucionaria, que aporten a la generación de recursos ideológicos. Confiamos en que puedan ser una buena contribución argentina, crítica y comprometida, a la disputa por el sentido del chavismo.

Deseamos también que estos trabajos resulten de interés para la militancia popular argentina. Que sirvan para encontrar el camino hacia la construcción de una fuerza social y política con arraigo popular y horizonte socialista.

Asimismo, aspiramos a que el pueblo trabajador de Venezuela encuentre en esta compilación un espejo en el cual reflejarse y redescubrirse como vanguardia de la humanidad.

 

Miguel Mazzeo

Lanús Oeste, Provincia de Buenos Aires, Argentina, junio  de 2015.

 

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