Sobre la victoria colectiva de Ciudad Futura

El las elecciones santafesinas del pasado 14 de junio, el Frente para la Ciudad Futura –integrado por Giros y el M26 (FPDS)– obtuvo en la ciudad de Rosario más de 80 mil votos (16%). En una campaña basada fuertemente en visibilizar la construcción territorial acumulada a lo largo de diez años, el FCF logró ingresar al Consejo Municipal 3 de los 15 miembros que lo integran. El sorpresivo desempeño triplicó así el caudal de votos obtenidos durante las elecciones primarias y se destacó ampliamente dentro de una buena elección realizada por la izquierda. Reproducimos aquí el documento elaborado por el FCF a modo de balance.

 

 

“Todo gira sobre la actitud y la estrategia, de otra forma estaremos simplemente eligiendo desde qué gueto autoimpuesto queremos vociferar con impotencia”
Owen Jones

 

 

1. La victoria colectiva en números

 

La contundencia siempre es una buena evidencia para convencer sin dejar lugar a duda, por la convicción o la energía con que irrumpe. Alterando algunas palabras, vendría a ser la fuerza o energía con que se golpea algo, como por ejemplo el tablero político donde se distribuyen las precarias y casi obsoletas formas de organización llamadas Partidos o, abstracción mediante, fuerzas políticas.

Es ahí donde los números cobran importancia, al menos para comenzar. Ciudad Futura concluyó la jornada electoral siendo la tercera fuerza de la ciudad con 87.648 votos, lo que equivale a un 16,09%, rompiendo todos los techos imaginados con un crecimiento del 366% respecto de las elecciones primarias. Cuatro veces más con solo dos meses adicionales de campaña.

Para que se entienda mejor: la cantidad de votos en la seccional 10° (Norte), por tomar un ejemplo, equivale a la totalidad de lo sembrado en las internas de 2013, el debut en las urnas. Hubo mesas de 75 votos, cuando el máximo en las PASO 2015 había sido de 25. La seccional 18°, en el Sudoeste, creció un 688%, mientras que otras zonas de la ciudad, muy distintas entre sí como las seccionales 19 (Oeste) y 21 (Sur), crecieron 655% y 518% respectivamente. Remarcar el contexto y las particularidades de estos territorios no es menor, si recordamos que se trata de una disputa con aparatos muy fuertes (el Peronismo, el Pro y el Socialismo) que conservan, hacen pie y construyen nichos, en todos los puntos cardinales de Rosario.

El dato que puede considerarse una pincelada en el alma, y que demuestra algunos valores poco visibles, pero fundamentales, es que Ciudad Futura ganó en la seccional Sub-2° (Nuevo Alberdi), la geografía que vio nacer un movimiento en 2005 y un instrumento político en 2012, que resistió la imposición de un modelo de ciudad cuyos representantes son los poderes facticos, los que siempre gobiernan independientemente del gobierno de turno (que, no por casualidad, es el mismo hace 25 años).

Ese mismo territorio, irrepresentable para cualquier opción política que piense que todo debe seguir como está, votó masivamente a su hijo prodigo y permitió ver a Ciudad Futura en el primer lugar. En la seccional 15, entre la que se encuentra Villa Moreno, consiguió el 3er lugar, superando al peronismo, en uno de sus históricos bastiones.

Ciudad Futura concluyó la jornada electoral siendo la tercera fuerza de la ciudad con 87.648 votos, lo que equivale a un 16,09%, rompiendo todos los techos imaginados con un crecimiento del 366% respecto de las elecciones primarias.

Contradiciendo a la física, Juan Monteverde dijo: “construimos una puerta por la que decidieron pasar casi 90 mil rosarinos”, demostrando que en política el vacío también es un espacio de acción. Un aprendizaje “de movimiento”, inspirado en aquella máxima zapatista que dice: “Una ventana se abrió, unos se empeñan en cerrarla de nuevo, otros en llamar a conformarse con la contemplación.

Pero otros, los más, buscan ya la forma de abrir una puerta y salir. Porque una casa sin puertas para entrar y salir, no es más que una caja negra donde la realidad se refleja siempre invertida y convence, a quienes la habitan, de que ese mundo invertido y absurdo es el único posible”.

 

2. Irrupción de una nueva fuerza y anticipación de una nueva mayoría social

 

Las elecciones del 14 de junio pueden analizarse desde múltiples miradas. Nosotros, preferimos hacer hincapié en una en particular: la irrupción de un “nosotros” que no solo se ocupa de aquellas cuestiones en las que el estado se retira, como otrora fuera su rol histórico, sino que también pretende despedir de ese estado a quienes históricamente lo ocuparon para hacer lugar a las actividades de ese “nosotros”. Un acontecimiento con mayúsculas, precedido de una campaña donde “lo político” dio clases de baile a “la política”.

Si hubo una invariante fue la fuerza de lo común, sembrando y cosechando su alternativa frente a una corporación que últimamente se dedica demasiado a tramitar el día a día en detrimento de los procesos, a surfear el poder-sobre los otros, hasta el punto de ser desbordada por un “Partido de Movimiento” que modificó el sentido común golpeando con energía el tablero político mediante una agenda basada en su construcción propia, que no es otra que la de los problemas del común. Un juego no de palabras, sino de hechos.

Es así que, desde el 2001 hasta hoy, mientras la política se retiraba paulatinamente de los asuntos que históricamente le fueron inherentes, y cuando el estado perdió su instrumento representativo, los olvidados de la infra-política se juntaron en su ausencia y decidieron comenzar a pensar y hacer.

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Mientras Rosario se convertía, en palabras del periodista Alvaro Torriglia, en una “ciudad de frontera” en la que la violencia y la corrupción forman parte de los dispositivos de disputa de una riqueza obscena, que marca la reconfiguración de territorios, espacios, negocios, instituciones, y hasta de las más mínimas normas de convivencia, también surgían un conjunto de prácticas políticas que, por su invisibilidad, pasaron inadvertidas (o fueron conscientemente ocultadas) mientras tejían su propia trama para conformar una alternativa coherente a ese modelo de ciudad. Como dice Pablo Hupert: “allí donde no está el estado y la política tradicional, nosotros politizamos nuestros problemas”.

Para Ciudad Futura, la politización de “nuestros problemas” viene acompañada por propuestas y proyectos materializados.

Un “Partido de Movimiento” modificó el sentido común golpeando con energía el tablero político mediante una agenda basada en su construcción propia, que no es otra que la de los problemas del común. Un juego no de palabras, sino de hechos.

Podemos decir que Rosario es la ciudad que anticipó procesos que luego serían replicados en otras localidades, como la burbuja inmobiliaria, la criminalidad económica y el espiral de violencia asociado. Pero también es escenario anticipado, como sostienen sus protagonistas hace años y se confirmó el 14 de junio, de una nueva mayoría social construida en la última década de manera (incomprensiblemente) autónoma. Que antes de la muerte de un modelo, nace otro que viene a desbordarlo –entiéndase: superarlo- porque trae consigo un repertorio de acción política absolutamente nuevo para ese sentido común dominante, del que forman parte todos los partidos tradicionales, de izquierda y de derecha.

 

3. Lo político y lo estatal

 

Es así como, para lograr comprender de dónde viene esta irrupción que instaló a Ciudad Futura como tercera fuerza en la ciudad provocando un reordenamiento del tablero político hay que ampliar el análisis, llevándolo más allá del ámbito estatal.

El verdadero eje de gravedad de Ciudad Futura, la columna vertebral de este proyecto, pasa por la construcción territorial autónoma . La invención, sostenimiento y desarrollo de proyectos concretos que anticipen hoy la ciudad igualitaria que imaginamos para el mañana.

Experiencias que nacen más allá de las lógicas electorales y mediáticas, pero que materializan una idea de lo político radicalmente ligada a la transformación cotidiana de la realidad.

Son estas prácticas (que denominamos “prefigurativas”, para señalar su capacidad de anticipar el tipo de experiencias que consideramos que son parte de un nuevo modelo de ciudad por venir), es ésta construcción según una lógica “de movimiento”, lo que permitió no sólo presentar un discurso distinto al de la política tradicional sino también mostrar un hacer distinto pero igualmente viable, expansivo y escalable.

La eficacia de la campaña pasó por la articulación de elementos específicos de la intervención electoral (un proceso de instalación social de candidatos; un trabajo de elaboración de un discurso renovado; un dispositivo de comunicación política tan militante como capaz de trabajar con un alto nivel de profesionalismo) en torno a una década de construcción de autonomía real en territorios diversos: escuelas, proyectos productivos, redes de consumo colaborativo, espacios culturales.

Todos proyectos concretos y funcionando. Fue esta centralidad del HACER lo que terminó resultando una clave fundamental para el crecimiento de la adhesión por parte de una gran mayoría de los votantes de Ciudad Futura.

 

 

4. Prácticas prefigurativas y conflictos de la ciudad fragmentada

 

Una de las virtudes principales que caracterizan a todo el proceso de construcción previa de la victoria colectiva de Ciudad Futura consiste en transformar problemas y luchas locales (a veces difíciles de apreciar desde una posición externa a los mismos) en una escala diferente de perspectivas analíticas y políticas. Es decir, hacerlos visibles y políticamente interesantes más allá de sus fronteras. Desde la lucha por la tierra, la ordenanza del Ya basta! que prohibió la creación de barrios privados, o la resistencia al desalojo del último tambo de la ciudad, hasta las 35 marchas sucesivas y el acampe frente a los tribunales provinciales en el histórico juicio del triple crimen de Villa Moreno.

Significó también remarcar que las categorías tradicionales son absolutamente simplistas para captar las complejidades de los desarrollos desiguales en las ciudades del siglo XXI.

En los días primaverales de 2012, cuando Ciudad Futura inicia el camino de construcción de un instrumento político, ubica a la Revolución Urbana como su corazón. Así como en el mundo de la investigación se habla de “áreas de vacancia” cuando existen problemas desconocidos o poco estudiados, Ciudad Futura se decidió a llenar un vacío más que importante para este siglo, un área de vacancia política: la ausencia de la ciudad en los procesos de cambio regional. Se preguntó por los motivos, y salió a proponer vías de cambio.

Explicado rápida y sencillamente: la política tradicional regaló el terreno de la ciudad a las corporaciones económicas que necesitan de ellas para materializar sus utopías. Dejó que fueran blancos geográficos para la creación de zonas empresariales, reducción de impuestos locales, impulso de negocios público-privados y una batería de iniciativas que, con el estado municipal acompañando, movilizan espacios de la ciudad para el crecimiento económico de una elite (en su mayoría local) que ocupa y produce esos espacios, como lo ha hecho siempre para sobrevivir. El neoliberalismo realmente existente es también aquel que opera en escala local, haciendo que los gobiernos municipales (independientemente de la orientación política o de la coyuntura nacional) se ajusten al cortoplacismo de la ganancia empresarial, la desregulación e incluso la exacerbación de los conflictos territoriales, sólo para “atraer inversiones”. Ni qué hablar de las mutaciones impredecibles que significa construir una ciudad según los intereses privados. Todos los problemas que esta versión local del neoliberalismo genera se resuelven geográficamente, como el narcotráfico, donde mueren los que no consumen.

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Entonces, la mayoría de los individuos libres y autónomos que defienden sus intereses en la sociedad civil no son ciudadanos, por la simple razón de que no pueden participar políticamente en la actividad del estado. Y todos los sectores políticos aportaron a esa versión restringida de la política.

Pero probablemente haya cambios que están floreciendo, y la sociedad del siglo XXI reclame ya no tanto la propiedad sino el acceso igualitario a plataformas de circulación, vivienda, educación y productividad mediante su participación activa en las decisiones. A veces lo hará organizadamente y en otras ocasiones manifestará su disconformidad a través de la emergencia de problemáticas irrepresentables. Entonces, vuelve la pregunta: ¿Esta clase política puede brindar esa posibilidad, teniendo en cuenta que para ello debería empezar por asemejarse más a esa sociedad que la interpela poniendo el cuerpo? Si algo nos enseñó el 2001 y sus años posteriores es que la institucionalidad, es decir la resolución de problemas a través de los dispositivos estatales, ya no se estructura alrededor de la representación. Si bien los cambios a nivel latinoamericano demuestran que la política puede autonomizarse relativamente del capital, también es cierto que sus mecanismos de representación e identidad montados hace décadas, son obsoletos. Partidos, sindicatos, escuelas, perdieron su capacidad de organizar la vida de una sociedad. Ni qué decir de la capacidad de estos como formadores de subjetividad ciudadana, o la posibilidad de que compitan con la publicidad y las redes virtuales. ¿Cómo responde LA política ante eso? Con la gestión ad-hoc y punto por punto, que resuelve efímeramente la imposibilidad de representar y patea hacia adelante cualquier acontecimiento como si fuera un boomerang. Los medios de comunicación ayudan bastante y dan forma a ese círculo vicioso.

O sea, a todo el resto de plataformas públicas estatales y no estatales, la ciudad les queda grande, no pueden representar lo irrepresentable. ¿Qué es lo irrepresentable? Los problemas del común, que deben resolverse en común, que no pueden ser “envueltos”, deglutidos ni tramitados con los mecanismos de la política tradicional. Las víctimas de violencia, los cientos de miles de “inquilinos”, los que ocupan tierras, y muchísimos más (casi todos los que se nos ocurran). Los sujetos emergentes de un modelo de ciudad construido a imagen y semejanza de unos pocos poderes privados. El conflicto de Nuevo Alberdi es irrepresentable, como también lo fue el reclamo por justicia del triple crimen de Villa Moreno.

Para Ciudad Futura el mascarón de proa que dirige la nave es entender a la política como el arte de facilitar el encuentro y la construcción de otras formas de vida que construyan un sujeto colectivo potente. Retomar el discurso crítico, sí, pero desde las realidades que lo hacen necesario, para no volver a convertirlo en una pose más. Por eso, la vanguardia del instrumento político del siglo XXI es la prefiguración, los proyectos estratégicos (como la Cadena Láctea La Resistencia o la Ética en nuevo Alberdi, el Distrito 7, o el Bachillerato Popular de barrio Tablada), la construcción de un modelo de ciudad propio, la elaboración de esas plataformas hechas para traducir lo ideológico a lo material, y lo material a lo afectivo. Afectivo en el sentido de algo que afecta a otros, los emociona, los acerca, les permite no sólo analizar la política sino vivirla, reconocerse en el espacio y, lo más importante, decidir sobre él. Esto es lo que no capta la izquierda tradicional. No es sólo consigna, no es sólo “enseñar”. En el fondo, “la gente” sabe cuáles son sus problemas, y por eso la clase política repite hasta el hartazgo la frase “resolverle los problemas a la gente”. El problema es que “la gente” tampoco piensa que eso se soluciona con política, y no por tibieza, sino porque la imagen que les devuelve el espejo al pronunciar esa palabra se asocia con todos los valores negativos más conocidos.

Ciudad futura funciona como un espejo distinto, un contra-ejemplo, un instrumento veraz y no trucado que muestra la realidad, pero que invita a traspasarla (siguiendo otra metáfora bastante real que utilizaba el escritor español Vázquez Montalban al referirse a los zapatistas). Desbordarla y construir una alternativa, atravesar el espejo, hacer una propuesta, trascender la posición crítica e hipercrítica y plantear otra cosa. Ir más allá, romper el espejo y convertirlo en un prisma distinto que nos permita ver como debe ser una sociedad igualitaria en el siglo XXI, y fundamentalmente como se generaliza, se multiplica ese horizonte, que no es otra cosa que como se lo apropian los ciudadanos y ciudadanas.

Para Ciudad Futura el mascarón de proa que dirige la nave es entender a la política como el arte de facilitar el encuentro y la construcción de otras formas de vida que construyan un sujeto colectivo potente.

Ciudad Futura se propone todo eso. Fusiona lo más organizado de un movimiento social con lo más espontáneo de una sociedad que fluye por sí sola. Transforma la publicidad en conversación, las consignas en ideas, los “asesores” en inteligencia colectiva, las audiencias en sujetos activos, y las escenografías de gente tradicionales de los actos en cuerpos movilizados por causas políticas que se viven y se sienten. También se da el lujo de discutir públicamente el financiamiento de la política ante el odioso interrogante de #QuienLosBanca. “¿Quién hizo la campaña, quién la conduce?” se preguntan atónitos, por izquierda y derecha, los que sólo hablan el lenguaje del poder, como si fuera la única manera posible de ganar.

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Y por último, construye tres expresiones, tres caras, tres candidatos que muestran lo más esencial del proyecto político: radicales con sonrisa, y con un estilo que despierta la confianza y el optimismo, que contagia a quien lo mira y escucha, y cuyo “liderazgo” consiste en que han fundido sus voces con las de su entorno, en insistir en que su responsabilidad allí es “hacer las cosas para ganar, no para quedar bien”, como dicen los vecina-listas madrileños.

Ciudad Futura comenzó a construir un instrumento que funciona como un puente entre pasado-presente y futuro, la confrontación entre el hombre viejo y el hombre nuevo, el entendimiento de cosmovisiones diferentes, heterogéneas, múltiples.

Le dice adiós a las formas cerradas, a lo previsible y a lo más y menos querido de la costumbre. Tira el puente y sale a multiplicar, a buscar a los hombres y mujeres que lo crucen. Porque, como decía

Cortázar: aunque se tenga el deseo de tenderlo y sea hacia algo y desde algo, no es verdaderamente puente mientras los hombres no lo crucen: “un puente es un hombre cruzando un puente”.

 

5. 2015 / 2019. Por dentro y por fuera. Bloque de concejales y movimientos

 

La dinámica política de los próximos cuatro años presentará, por tanto, este mismo proceso de articulación entre partido y movimiento pero en un plano de mucha mayor apertura y complejidad: se tratará de construir un ensamble entre los procesos de auto-organización social que puedan generarse en toda la ciudad y el bloque de concejales de Ciudad Futura como instancia de ocupación del Estado no menor a la hora de definir las votaciones en el Concejo.

Hablamos, en ese sentido, de articular en términos de potencia de transformación de la ciudad, el adentro del Concejo con el afuera. Ciudad Futura podrá funcionar como ese nexo entre la sociedad en movimiento y el bloque de concejales. Este es el modo en el cual la capacidad de incidencia de los tres ediles de Ciudad Futura puede llegar a incrementarse superlativamente si en el afuera hay una base social organizada, construyendo alternativas autónomas y reclamando que el Estado sostenga y potencie dichas experiencias prefigurativas.

La participación en comisiones y sesiones, la construcción de acuerdos con otras fuerzas en función de lograr aprobar determinadas iniciativas y demás procedimientos que forman parte del repertorio habitual del concejal en ejercicio tomarán un valor diferente al quedar subsumidas en este proceso de desarrollo más amplio, signado por los modos de construcción movimiento social.

En palabras de Juan Monteverde: “Somos muy claros en qué es lo que queremos: como ya pasamos la discusión de la unidad de la izquierda, ahora se va a discutir cómo se construye un gran frente para ganarle al socialismo dentro de cuatro años. Por eso planteamos esto de construir una nueva mayoría social, que no es un rejunte de siglas sino trasladar los debates, sacarlos del Concejo y ver cuántos de esos 100 mil votos los podemos organizar y convertir en militancia.

Hicimos todo este camino para mostrar que había otra forma de ser de izquierda en el siglo XXI y la discusión que se viene, con los debates que impulsemos, con la movilización que generemos, es si nos queremos quedar en ser la izquierda o queremos ser la mayoría. Claramente queremos ser la mayoría.”

Esta dinámica de expansividad y desborde es la que permite pensar en la construcción de una nueva mayoría que apoye y se implique en un proyecto en condiciones de disputar el gobierno municipal en el próximo período

 

6. 2019: La disputa que viene. La derecha del siglo XXI, el socialismo del siglo XXI y la pugna entre modelos de ciudad

 

Entendemos que estamos asistiendo al agotamiento de la hegemonía “socialista” en la ciudad de Rosario. 2015 fue el inicio del fin. Y sobre el vacío abierto por este agotamiento se abre la disputa en la que está en juego no sólo el gobierno municipal sino algo muchísimo más importante: los modelos de ciudad desde donde se va a pensar y transformar Rosario en las próximas décadas.

El PRO intentará reemplazar al socialismo, afianzando una aproximación “securitaria” al Estado desde la cual toda problemática (desde vivienda hasta poda y escamonda) es subsumida y repensada desde el paradigma de la seguridad. Y profundizando aún más, si cabe, la entrega del desarrollo urbano a los sectores más concentrados del mercado.

Esto convierte en tarea central la construcción prefigurativa de otro modelo de ciudad, que tenga capacidad de interpelar a una mayoría social. Un nuevo modelo de ciudad que amplíe y consolide la esfera pública, tanto estatal como no estatal.

Las formas de esta disputa recién comienzan a poder atisbarse. Pero la estrategia propia viene construyéndose de forma anticipada desde hace años: la combinación del desarrollo de proyectos prefigurativos contundentes con un modo de ocupación política del Estado que entienda que ni “sin el Estado” ni “sólo con el Estado” va a ser posible que esta ciudad tome la forma de nuestros sueños.

 

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