Venezuela y el agotamiento del rentismo petrolero

Tras la consolidación del bloque chavista a mediados de la década pasada, Venezuela vivió una oleada de modernización y expansión del modelo de petro-Estado desarrollista y sus males endémicos. Este avance sin precedentes  de la frontera extractiva, muestra en la actualidad las nuevas y viejas alternativas políticas que conviven en la Revolución Bolivariana. Por un lado las estructuras del antiguo modelo petrolero y, por el otro, diversas experiencias que buscan configurar un modelo más allá del rentismo.

En la segunda mitad de la década del ‘70 Juan Pablo Pérez Alfonzo, uno de los fundadores de la OPEP y muy importante político de la historia petrolera venezolana, advertía, en plena euforia del boom de los precios internacionales del crudo, el futuro colapso del modelo rentista nacional. Tildado en numerosas ocasiones de loco, denunciaba las nefastas consecuencias del “soñado desarrollismo” petrolero y la “completa paranoia de grandeza” que se desprendía de esta ilusión de riqueza. Insistía en los paradójicos efectos de una inundación de divisas, lo que en la época sería llamado el Efecto Venezuela, y en el sobredimensionamiento de los males endémicos del nuestro capitalismo rentístico.

El llamado Viernes Negro de 1983 -la gran devaluación del bolívar frente al dólar-, la crisis de la deuda y el enorme estallido social que desbordó políticamente al status quo en el país en 1989, conocido como Caracazo, daban la razón al “profeta olvidado”. Hoy en día en Venezuela sus predicciones recorren, como fantasmas, los debates y horizontes políticos nacionales, encendidos por la crisis que se vive en el país.

 

El petro-Estado desarrollista

A pesar del colapso del modelo rentista en la década de los ‘80, las huellas de la drástica transformación que sufrieron las frágiles estructuras sociopolíticas venezolanas con la implantación del modelo petrolero, y la constitución de un imaginario social de “progreso”, modernidad, riqueza y emancipación nacional en torno al crudo, siguen rigiendo las formas de lo político en el país. La aparición de Hugo Chávez en la década de los años ‘90 no sólo responde al incumplimiento de esta particular promesa de “desarrollo” para la sociedad, sino que también representa su recuperación, con una serie de importantes reformulaciones.

La apuesta política inicial de Chávez era clara: un proyecto nacional que contrarrestara al modelo neoliberal desnacionalizador y recuperara el papel del Estado desarrollista petrolero. En este sentido, era esencial una administración nacional-estatal del extractivismo, con el fin de mejorar las condiciones sociales de los más desfavorecidos e impulsar un proyecto político, que ahora sí llevaría a Venezuela al “desarrollo”. En los primeros años centra su atención en la recuperación de los deprimidos precios del petróleo y de los dominios políticos nacionales sobre la actividad general -resalta la Ley Orgánica de Hidrocarburos de 2001. Además prioriza una propuesta de política distributiva de la renta prudente y racional, antes que la búsqueda de expansión de proyectos para aumentar las cuotas extractivas, modelo que se modificará a partir de 2004.

El período que va de 1999 a 2004 se desenvuelve en medio de una intensa disputa por la hegemonía política entre el Gobierno de Chávez y su alianza popular y las viejas coaliciones de poder del país (como FEDECÁMARAS, grandes tenedores de tierra, élites tecnocráticas en PDVSA y partidos tradicionales, entre otros); las políticas oficiales estaban tocando los intereses de estos poderosos sectores. Destacan aquí, el golpe de Estado de 2002, el Paro Petrolero 2002-2003, los cortes de ruta derechistas (guarimbas) y el referéndum revocatorio en 2004.

“A partir de 2004 se acentúa no solo la política petrolera sino extractiva en general, con cuotas de ‘producción’ sin precedentes”

El triunfo del bloque nacional-popular del chavismo permite la configuración de su hegemonía política en el país, logrando imponerse en el seno de la institucionalidad estatal y de la industria petrolera, estableciendo la progresiva consolidación y fortalecimiento del petro-Estado desarrollista. Se abre así una nueva etapa de la Revolución Bolivariana. A partir de 2004, comienza a configurarse un redimensionamiento no sólo de la política petrolera nacional sino de toda la política extractiva en general. En este sentido, se proponen nuevos planes de expansión -el Plan Siembra Petrolera– que suponen grandes inversiones y ponen en el centro de la escena política un territorio emblemático de la historia petrolera venezolana: la Faja Petrolífera del Orinoco (FPO).

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Potencia energética

La avasallante victoria de Chávez en las elecciones presidenciales del 3 de diciembre de 2006 formaliza el devenir de este ciclo hegemónico e inaugura la estructura narrativa y programática del extractivismo de este período (2007-actualidad): la Venezuela Potencia Energética Mundial y el Socialismo del Siglo XXI. En el marco del gobierno reelecto comienza a configurarse una expansión y robustecimiento de las estructuras que componen al fortalecido petro-Estado. Una extensión de formas corporativas que van a tener incidencia determinante en los diversos ámbitos de la vida social, donde destaca una relación que se hace cada vez más burocrática entre el Estado y la base popular organizada que lo apoya.

El auge de la demanda y de los precios de las materias primas, a partir del crecimiento de China y de los BRICS en general, desde 2004 hasta 2008, supuso la captación de una cuantiosa renta por parte del Estado y, por ende, la ampliación del margen de maniobra política para los dirigentes gubernamentales. La propuesta de los dos últimos planes de desarrollo de la nación (2007-2013 y 2013-2019), en nombre de la “felicidad social”, la “independencia nacional” y salir del modelo rentista, proyectan duplicar la“producción” de tres a seis millones de barriles diarios de crudo para el año 2019 -cuatro millones provendrían de la FPO. A esto se le suman los planes de expansión minera para el país, donde destaca una faja que se encuentra al sur del río Orinoco, denominada Arco Minero de Guayana, y que se convierte en objetivo estratégico del enfoque económico del Gobierno Bolivariano.

“En la Revolución Bolivariana convergen formas novedosas de lo político, junto con esquemas, formatos y estructuras del viejo modelo rentista petrolero”.

Este nuevo horizonte extractivista repotenciado propone cuotas de extracción sin precedentes en la historia de Venezuela.[1] A contrapelo no sólo de lo que se planteara al inicio del gobierno de Chávez sino también del marco de las discusiones latinoamericanas sobre cómo salir de estos modelos extractivos y apuntar al Socialismo del siglo XXI y el Buen Vivir; e incluso de los llamados de atención globales ante la gravedad de la crisis ambiental planetaria.

La Revolución Bolivariana es un proceso histórico en el cual han convergido factores de creación y producción de formas novedosas de lo político en el país, junto con esquemas, formatos y estructuras del viejo modelo rentista petrolero. Como forma de justificación de este extractivismo 2.0, se ha recurrido a la vieja mitología política venezolana que se imbricó con la extracción petrolera desde principios del siglo pasado: la idea de “progreso”, el proyecto inconcluso de Bolívar y la misión del Estado de cumplirla, junto con el imaginario de riqueza a partir del petróleo.

La idea de ser una Potencia Energética Mundial está emparentada históricamente con lo que ofrecieran en períodos de bonanza petrolera mundial Marcos Pérez Jiménez (1948-1958) –Venezuela como primera potencia económica de América Latina– y Carlos Andrés Pérez (1974-1979) -la Gran Venezuela. La última oleada de modernización y de expansión del capitalismo rentístico (2004-2014) se ha traducido en una agudización de los males endémicos del modelo rentista extractivista. Dentro de esto podemos destacar una reprimarización de la economía; la corporatización de la organización popular; configuración de nuevos grupos de poder transnacionalizado alrededor de la captación y distribución de la renta; ampliación de la devastación ambiental y amenaza a la vida de los pueblos indígenas; además de una dependencia y vulnerabilidad sistémica, cuya expresión más sensible se encuentra en el campo alimentario.

 

El tercer impacto del Efecto Venezuela

La crisis económica global que se desarrolla desde 2008 -que tiene su correlato en el patrón energético mundial y se expresa en sendos derrumbes del precio internacional del crudo, en 2009 y 2015-, va a tener un notable impacto en los procesos de transformación social de la Revolución Bolivariana. Esto se expresa no sólo en una ralentización y estancamiento de los mismos, junto con una merma de la capacidad auto-financiadora que tenía el petro-Estado para su proyecto de modernización expansiva, sino también notables desajustes en la dinámica de acumulación y distribución en la economía nacional.

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La caída de los precios del crudo hacen más visibles los factores históricos de vulnerabilidad del capitalismo rentístico nacional, determinados por los ciclos de las materias primas. Estamos ante el tercer impacto del Efecto Venezuela -el originario, en la década del 20, y el segundo, en la de los 70-, que ha contribuido a una notable reconfiguración metabólica del ordenamiento nacional y a una severa profundización de los desequilibrios económicos propios del modelo rentista. Esto se está traduciendo en balances económicos estatales notablemente deficitarios. Al respecto es necesario resaltar que:

1.    El principal sostén financiero de Venezuela, a partir de esta crisis, es China, la cual hasta ahora ha otorgado más de US$ 46 mil millones en préstamos, pagaderos con petróleo. Esto implica que un porcentaje de la producción nacional se destina para pagar dichos préstamos y esta reposición financiera se respalda en la naturaleza “rentable” que comprende el territorio nacional, en el extractivismo a futuro;

2.    Más allá de los factores coyunturales que determinan la dinámica de la crisis en la actualidad, desde hace unos 30-40 años (con el Viernes Negro como clara referencia), los pilares de la sociedad rentista venezolana comenzaron a resquebrajarse, iniciando un período de desequilibrios estructurales que, con grados de severidad variables, se ha mantenido permanentemente hasta nuestros días. Luego de casi 100 años del inicio de la explotación masiva de petróleo en el país, el modelo capitalista rentista muestra claros síntomas de agotamiento estructural, y, a nuestro juicio, es insostenible en el tiempo. El tercer impacto del Efecto Venezuela se desarrolla sobre este proceso histórico;

3.    Sin embargo, esta situación crítica no responde sólo a un problema de gestión política, o de estructuras caducas. Las actuales formas de caotización del orden sociopolítico y económico venezolano -desquiciamiento de la economía, metástasis de la corrupción, generalización de diversas formas de violencia, ampliación de redes informales de poder territorial, entre otras- también están muy vinculadas con los diversos dispositivos de guerra de baja intensidad que se desarrollan en el país, en el marco de intensas disputas geopolíticas en todo el planeta entre el bloque global de los EEUU-UE, por un lado, y el de China y Rusia, por el otro. Recordemos la Orden Ejecutiva de Obama de fecha 9/03/2015 donde señala a Venezuela como una “amenaza inusual para su seguridad interna”.

Estos dispositivos bélicos no pueden ser leídos únicamente como una confrontación gobierno-oposición, dado que existen diversos entramados que operan y se conectan con sectores de lo público. Hay numerosos actores implicados, y estos disputan territorio rural y urbano, generando diversas formas de economía -en el marco de la llamada “guerra económica”-; se apropian de bienes comunes, permean instituciones sociales y públicas[2], y atraviesan los propios imaginarios y subjetividades sociales, creando nuevas identificaciones políticas y sociabilidades que atentan contra el tejido social configurado en la Revolución Bolivariana.

En los últimos años, las disputas políticas en Venezuela han estado muy permeadas por operaciones masivas de extracción de bienes de consumo, e incluso de producción, en formas de contrabando, que en buena medida están motorizados por grupos delincuenciales. Según el presidente Nicolás Maduro “entre 30% y 40% de los productos del mercado nacional son desviados a Colombia por el contrabando” (El Universal, 12/08/2014), y quien fuera vicepresidente para el Área Económica, Rafael Ramírez, afirmaba que el contrabando de gasolina a Colombia se traducía en una pérdida para el Estado de 100 mil barriles diarios de petróleo (Venezolana de Televisión, 16/12/2013).

La creciente estructuración de redes delincuenciales ha tenido un severo impacto en los circuitos económicos del capitalismo rentístico nacional, en la medida en la que intensifica la necesidad de divisas y productos importados propia del modelo rentista, lo cual presiona al Estado a un mayor endeudamiento externo para solventar los déficits, al aumento de sus cuotas extractivas (en la FPO, en minería), y/o a la flexibilización de las políticas petroleras nacionalistas y de su soberanía territorial respecto a las empresas multinacionales.

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En general estos fenómenos a escala nacional se han agudizado a partir de la muerte del presidente Chávez en 2013, abriendo un período de gran incertidumbre, que plantea las dudas sobre la posibilidad de mantener los niveles de acumulación creciente para responder al nuevo salto modernizador y a las expectativas de vida que se han configurado en su seno. Esto le exige al Estado un gasto público y una inversión social en expansión que no parece poder sostener en el tiempo bajo estas condiciones.

 

Horizontes

Un complejo período de crisis e incertidumbre como los que se viven en el país debe también ser reconocido como tiempos de oportunidades para construir alternativas radicalmente diferentes a los modos de vida configurados históricamente en el capitalismo rentístico nacional. Pero esto no ocurre por inercia, sino brota y se expande a partir de las luchas sociales desde abajo. Mismas luchas que constituyeron el escenario de la Revolución Bolivariana,  desde el Caracazo en 1989 hasta la victoria política sobre la oposición en 2004.

Dada la intensificación de las disputas políticas internas, la disfuncionalidad del modelo rentista petrolero, y la sensación generalizada de pérdida de referentes políticos en el país, se ha generado un nuevo escenario productivo, desde abajo, a partir de debates, prácticas y experimentaciones que impulsan formas cooperativo-populares en el campo de las organizaciones sociales, que ganan fuerza propia, que intentan pensarse más allá del gobierno nacional, pero que además persiguen configurarse un entorno de subsistencia y autogestión. Estas formas, poco articuladas entre sí, probablemente vulnerables, y solapadas por los discursos oficiales y de los partidos políticos de la oposición nacional, existen y representan una potencia política con una historia de lucha reciente de las que, a nuestro juicio, se desprenden mayores niveles de definición y conciencia.

Representan no sólo una posibilidad de resistencia ante fuerzas restauradoras, sino la forma social que puede configurar un modelo más allá del capitalismo rentístico. Quedan abiertas múltiples interrogantes, como la de la posibilidad de reconfiguración de un proyecto popular contrahegemónico de amplia escala. Probablemente vendrán situaciones que pondrán a prueba la fortaleza de estos tejidos comunitarios.

 

Notas

*Emiliano Teran Mantovani es sociólogo e investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Venezuela) y hace parte de Oilwatch Latinoamérica. Este artículo es una adelanto de la nueva edición de Fractura Expuesta.

[1] A pesar de la meta de alcanzar los 6 millones de barriles diarios para 2019 o 2021 parece tremendamente cuesta arriba, desde que se “nacionalizó” la FPO en 2007, las cuotas de extracción en este territorio han aumentado de 513.000 b/d a 1.429.600 para 2014. El “potencial de producción de crudo” en Venezuela sigue estando alrededor de los 3 millones barriles diarios (3.296.900 en 2014). (PDVSA, s/d y PDVSA, 2014: 45).

[2] Por ejemplo, a principios de febrero detuvieron al director ejecutivo de Producción de Pdvsa Occidente, vinculado a diversos hechos de corrupción, entre ellos el contrabando de gasolina hacia Colombia; y a fines de marzo, PDVSA anunciaba que un grupo comando armado saboteó instalaciones petroleras en Monagas (Últimas Noticias, 02/02/2015  y Correo del Orinoco, 15/03/2015).

 

Fuentes consultadas

Banco Central de Venezuela. Informe Económico 2012.

Correo del Orinoco, 29/03/2015. Grupo comando armado saboteó instalaciones petroleras de PDVSA en Monagas.

El Universal, 20/04/2015. Venezuela recibe 5.000 millones de dólares por préstamo de China.

—  (12/08/2014). Maduro: “Entre 30% y 40% de productos del mercado nacional son desviados.

FAO (2014). Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en América Latina y el Caribe.

PDVSA (s/d). Empresas Mixtas en la Faja Petrolífera del Orinoco. Sitio web oficial.

— (2014). Informe de gestión anual 2014.

Últimas Noticias (02/02/2015). Detienen a director ejecutivo de Producción de Pdvsa Occidente por corrupción.

Venezolana de Televisión (16/12/2013). Rafael Ramírez: El precio de la gasolina es una discusión que tenemos que dar.

 

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