Trabajo cooperativo y organización popular de base: los “carreros” de Córdoba van entretejiendo una “Esperanza”

“La Esperanza” no es solo el nombre de la Cooperativa de Carreros y Recicladores que agrupa a casi mil personas que habitan en algunas de las barriadas más populares (y populosas) de Córdoba, sino también la insignia, la marca de identidad, una contraseña que ha comenzado a otorgar dignidad a esas familias…

En su casa, converso con Andrada.

Mejor: en su casa en Villa La Lonja, barrio situado en la zona sur de la capital provincial, Carlos Andrada me cuenta sobre los devenires de la cooperativa de la que es presidente.

“La Esperanza” no es solo el nombre de la Cooperativa de Carreros y Recicladores que agrupa a casi mil personas que habitan en algunas de las barriadas más populares (y populosas) de Córdoba, sino también la insignia, la marca de identidad, una contraseña que ha comenzado a otorgar dignidad a esas familias (mujeres y hombres, niños, ancianos) que garantizan su sustento diario a partir de su trabajo con el carro y el caballo, y que hasta no hace tanto tiempo eran objeto de una profunda discriminación social, que no ha cesado, claro, pero que tal vez ha disminuido a partir de una serie de políticas activas que “los carreros” han elaborado desde su organización, que viene siendo una de las más dinámicas del movimiento social que en la provincia se viene haciendo escuchar más allá las campañas publicitarias (que algunos todavía se animan a llamar “campañas políticas”, aunque de política prácticamente no se hable) que marcan este año copado por numerosos actos eleccionarios.

Como expresión de unos tiempos que vienen, para bien o para mal, cambiando junto al ritmo vertiginoso de las nuevas tecnologías, Andrada es un activo partícipe de las redes sociales virtuales. Con una prosa marcada por la oralidad, orgulloso de la tarea que emprende junto a sus compañeras y compañeros, “Purruco, como lo llaman quienes lo conocen, postea a diario, a través de cuenta de facebook, las tareas que emprende, las impresiones que le van quedando de ese ir y venir permanente por la ciudad. “El Purru” se ha convertido en un dirigente social al que le preocupan no solo las necesidades de la base social que integra, sino también la de otros, la de los otros, esos invisibilizados por el poder político local y sus voceros mediáticos, en una provincia en donde el monopolio de la información hace gala de sus miradas aristocráticas y estigmatizantes para con los pobres.

“Nosotros apostamos a generar puestos de trabajo, y a combatir la persecución que desde el Estado se hace en contra de los carreros”, sintetiza Andrada, como una forma de introducir la charla.

 

El negocio de la basura

A través del cuestionado Código de Faltas, el gobierno de José Manuel De la Sota –un peronista de derecha que lleva gobernando la provincia una década y media y que a través del ex gobernador y nuevamente candidato Juan Schiaretti pretende seguir gobernándola– ha policializado la vida social de Córdoba. En la ciudad capital, el no menos de derecha intendente radical Ramón Mestre –quien se presentará nuevamente como candidato, con claras intenciones de seguir presidiendo el Municipio– sigue las mismas líneas criminalizadoras que la gestión provincial, dando cuenta del co-gobierno que rige en las tierras de la Reforma Universitaria y figuras de la talla de Agustín Tosco, Atilio López y René Salamanca, que parecen desdibujarse con el paso del tiempo. Contra esas políticas, a las que se vienen oponiendo desde hace años expresiones del movimiento social local (como el Colectivo de Jóvenes or Nuestros Derechos y FOCOF, el Frente Organizado Contra el Código de Faltas), se ha sumado en el último tiempo la voz de los carreros de “La esperanza”.

En diciembre del año pasado, la cooperativa marchó hasta la Legislatura provincial, junto con otras organizaciones sociales y políticas, para repudiar el intento de aprobación del denominado “Nuevo Código de Convivencia”, por considerarlo una nueva forma de nombrar el cuestionado Código de faltas. Los carreros –que cuentan entre sus filas con un equipo de abogados que los asesoran– argumentan que, más allá del nombre, los casos de abuso policial que se vienen sucediendo en la provincia seguirían siendo legitimados con la nueva legislación, y actividades como la de ellos, criminalizadas. Por eso alzaron su voz contra la iniciativa del oficialismo de Unión por Córdoba que, según sus palabras, viene impulsando el proyecto legislativo “de espaldas a los repudios amplios que movimientos sociales, académicos y personalidades de la cultura y la política local han manifestado”. Durante el verano, desde la cooperativa se movilizaron nuevamente, esta vez contra la gestión Mestre, para denunciar que la propuesta del Código de Convivencia Municipal, impulsada por el gobierno radical, los perjudicaba de manera directa. Es que en uno de sus artículos (el 228), el mencionado Código contempla “una gran multa económica a los vecinos que contraten los servicios de carreros para recoger poda o escombros”.  En un texto que “La Esperanza” puso a circular por las redes sociales virtuales, destacaron que esa prohibición era inconstitucional, porque viola el derecho a contratar libremente, contemplado en el artículo 14 de la Constitución Nacional y en el artículo 1137 del Código Civil, además de constituir un grave problema social, ya que deja “sin comida a familias enteras”, constituyendo “un ataque directo al bolsillo de todos los trabajadores de la ciudad, porque la alternativa que le queda a cada vecino es contratar un contenedor de una empresa privada, que por día puede llegar a costar hasta cinco veces más de lo que cuesta un viaje de carro”.

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Para los carreros, la explicación es sencilla: lo que viene sucediendo es que ellos, junto a otros sectores pobres de la ciudad (como quienes ocupan tierras para construir viviendas, fenómeno que se ha extendido en los últimos dos años), se han convertido en el “chivo expiatorio” de sectores sociales cuya pulsión conservadora se encuentra en clara sintonía con el poder político local. “Los políticos se meten con nosotros porque estamos afectando un negocio que ha comenzado a dejar importantes ganancias a empresas que son amigas de los gobernantes”, expresa Andrada en diálogo con este cronista. Desde “La Esperanza” sostienen que el “ataque” contra los carreros responde a “los negocios que tiene el intendente Mestre con empresas privadas, como en el caso de POL S.R.L”, denunciada por ellos mismos porque no cumplen con la tarea de limpieza tal como deberían (utilizando los “Predios de Carga y Descarga” autorizados por la Municipalidad). Por otra parte, los carreros aseguran que son un eslabón fundamental para el reciclado y medio ambiente de la ciudad. “No somos nosotros quienes generamos la basura, sino por el contrario, somos quienes la tomamos para reintroducirla como materiales aún utilizables”.

 

Mafalda en el siglo XXI

Desde los sectores denominados “proteccionistas” (protegen las condiciones de vida de los animales), como la Fundación Sin estribos, han sido frecuentes las críticas –muchas de una dureza inusitada– lanzada contra los carreros de la ciudad de Córdoba. De allí que en uno de sus “posteos” de Facebook, la Cooperativa haya explicado a sus lectores que “jamás” osarían comparar “un caballo con un vehículo”. “De ninguna manera”, agrega Andrada, y explica que el caballo es para ellos “un compañero”.

Los carreros también argumentan respecto de sus vínculos con el animal: el caballo –dicen– es “el corazón de nuestras familias, el que alimenta nuestros hijos y el que, al mirarnos, nos ve tal como somos, sin vueltas”. De allí que les resulte absurdo compararlos con un vehículo. “Mucho menos con esos que proliferan y hacen hervir el asfalto, esos que andan a mil en hora pico, apurados, sin tiempo, alienados, llevando con ellos la civilización a quién sabe dónde, esos que muchas veces funcionan más como armas mortales que como transporte, esos que contaminan con ruido, humo y gases, esos que arruinan el ambiente, ese ambiente que hoy señalan como razón para sacarnos de la calle”, rematan.

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No está de más recordarle a los lectores de esta revista que, a diferencia de lo que sucedió en la Ciudad de Buenos Aires, donde los “carreros” perdieron la batalla hace años, en Córdoba aún es una disputa con final incierto. Por supuesto, la presión del proteccionismo, los empresarios que se benefician del negocio de la basura y el “microfascismo” que ha calado hondo en determinadas franjas sociales, hacen que el conflicto se libre sobre un escenario ampliamente desfavorable. Sobre todo si se tiene en cuenta que, como alguna vez señaló Mafalda, muchos creen que el problema no es que haya pobres, sino que éstos circulen por el centro de la ciudad.

 

Trabajar en carro… No es delito

En los últimos meses, “La Esperanza” ha logrado firmar con la Secretaría de Ambiente y Subsecretaría de Desarrollo Social de la Municipalidad de Córdoba un convenio por becas de trabajo. Esto significa que los carreros socios de esta cooperativa le prestan un servicio a la Municipalidad por el que reciben un pago mensual. En el marco de este convenio los carreros han realizado trabajos de desmalezado, recolección y limpieza en calles, plazas, baldíos y basurales de distintos barrios. “El municipio no previó que este dinero no llega a cubrir el sueldo mínimo vital y móvil, y menos aún llega a la mitad del valor estimado de la canasta básica alimentaria por lo que cada carrero además, debe realizar changas para sumar a sus ingresos”, subrayan los integrantes de esta Cooperativa, en referencia a los $2.500 mensuales que cobran en conceptos de “becas”. Ellos, además, insisten en que son quienes están pensando una “verdadera política de ambiente”, acorde con los tiempos y ritmos que se viven. “Tenemos que lograr que los gobiernos intervengan con políticas públicas serias, donde podamos desarrollar una real consciencia sobre la clasificación, separación y reutilización de la materia de residuo”, insiste Andrada. De allí que, desde “La Esperanza”, sostengan que es de vital importancia replantear el tema de los basurales y el enterramiento indiscriminado y compulsivo de basura que hace la Municipalidad de Córdoba.

A pesar de este reconocimiento por parte de un sector del Estado (en este caso el Municipal, que los contrata), la situación no está fácil para los carreros. En febrero, cuando intentaron movilizarse desde los barrios periféricos hacia el centro de la ciudad, la policía de la provincia les bloqueó la salida desde los barrios, impidiendo que llegaran al centro. Como en tantos otros conflictos sociales, las corporaciones mediáticas aportaron en esa coyuntura tensa su granito de arena a la gestación de una confusión que solo es funcional al mal humor ciudadano respecto de las protestas y la incomprensión de los motivos de sus acciones. “Lamentablemente en varios medios de comunicación se tergiversa nuestra palabra, dando a entender equívocos que generan en la sociedad una falsa idea de quiénes somos y qué queremos hacer”, manifestaron los carreros a través de un comunicado de prensa, en el que además solicitaban “a los responsable de comunicar” que realmente escucharan lo que tenían para decir. “Es una gran falta de respeto, una irresponsabilidad política y profesional, pues quienes deben informar sobre la realidad, terminan creando una realidad paralela”, aludían –sin nombrarla– a la empresa Cadena 3, la más proclive a batallar contra la lucha de los trabajadores y los pobres desde las radios que manejan, las más escuchadas de la provincia.

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En ese contexto, “La Esperanza” lanzó una campaña para sumar adhesiones de la ciudadanía, en la búsqueda por contrarrestar la embestida del poder político y mediático y las ONGs proteccionistas. La iniciativa consistió en recolectar fotografías de numerosas personas que aparecían con un cartel escrito con la consigna “Trabajar en carro no es delito”. “Como trabajadores que somos y que pretendemos seguir siendo, llamamos a ustedes, vecinos y vecinas, a que comprendan esta injusta situación y sumen su voz, su corazón y su cuerpo a nuestro justo reclamo: sólo queremos poder trabajar diariamente para llevar el pan a nuestra mesa”, podía leerse en el texto que circuló por las redes sociales virtuales, y al cual adhirieron –entre otros– los músicos Raly Barrionuevo y el referente del cuarteto Carlos “La Mona” Jiménez.

 

Unidad, solidaridad, organización

Que la Cooperativa La Esperanza se viene convirtiendo en un actor social de importancia lo atestigua, entre cosas, que el pasado 2 de abril las familias carreras hayan rcibido en Villa La Lonja arzobispo de Córdoba, Monseñor Carlos Ñañez, quien celebró la misa del Jueves Santo junto a ellos y otros vecinos del lugar. “En una emotiva jornada, los miembros de esta Cooperativa pedimos por el bienestar de nuestras familias, nuestro trabajo y recordamos a los caídos en Malvinas, al conmemorarse en esa fecha el 33° aniversario del inicio de aquella nefasta guerra”, comentaron desde la cooperativa, quienes lograron un gran apoyo del Arzobispo, quien bendijo sus carros y caballos, y pidió “trabajo digno para todos los carreros”.

Por la misma fecha, los carreros organizados en la Cooperativa La Esperanza asistieron al Centro de Participación Ciudadana (CPC) del barrio Colón, para ver una función del Grupo “Zéppelin Teatro”, quienes –bajo la dirección del dramaturgo Jorge Villegas- llevaron a escena “Tosco”, la obra del dramaturgo Alejandro Finzi.

Lejos de las discusiones de cúpulas o de “acuerdos por arriba”, los carreros vienen intentando gestar, desde su organización, “unidad en la acción” que aporte a las luchas que, de manera cada vez más frecuente e intensa, se vienen produciendo en la provincia.

Con eje en la solidaridad de clase, por ejemplo, la cooperativa participó activamente en distintas jornadas que se realizaron tras las inundaciones “históricas” que se produjeron este verano en la zona de las Sierras Chicas. También han realizado colectas para los inundados, en muchos sitios abandonados por el Estado “a la buena de Dios”.

Por otra parte, los carreros han participado con trabajo voluntario en algunos de los barrios que se están construyendo a partir de las tomas de tierras impulsadas o respaldadas por el Encuentro de Organizaciones, sea construyendo tramos de viviendas, cisternas para conectar el agua potable o tendido de instalaciones eléctricas.

Como puede observarse, los carreros han construido una organización de base que interviene en conflictos reivindicativos, luchando por conquistar y ampliar derechos para su sector, pero también tejen “por abajo” relaciones con otros grupos sociales que –desde sus realidades específicas– pelean por aportar a un cambio político. Si bien estamos ante un caso específico, tal vez -parafraseando a los zapatistas-, podamos afirmar que la experiencia de “La Esperanza” es un “síntoma” de algo más grande. Algo que paso a paso, desde abajo y a la izquierda, viene gestando en Córdoba, al calor de ocupaciones de tierras, trabajo cooperativo y lucha por el reconocimiento de una juventud trabajadora que entiende la militancia como contribución a la organización popular, la necesaria para aportar a las luchas que cambien las relaciones de fuerzas y permitan avanzar en un proceso de transformaciones sociales y políticas profundas, esas que la Argentina necesita.

 

Fotos: Colectivo Manifiesto

 

*Nota publicada en la revista Sudestada/Mascaró, julio-agosto de 2015.

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