Karl Marx y los orígenes del marxismo: conferencia

Con este diálogo nos plantearemos, de forma detenida y por partes, lo que podríamos entender como un acercamiento a la raíz del marxismo. Seguramente algunos de los presentes deben saber que hay distintas corrientes marxistas y que, en algunos casos, entre éstas hay discrepancias, polémicas, e incluso, posiciones bastante confrontacionales donde se pierde la perspectiva de las cosas. En efecto, se acusan entre sí de ser antimarxistas por un problema dogmático–doctrinal o sencillamente de interpretaciones históricas y/o de la realidad distintas.

El Centro de Investigaciones Sociales (CIS) se ha propuesto contribuir a la creación de un espacio que de lugar a un debate plural, profundo, sistemático y de auto aprendizaje. Necesitamos aprender unos de otros y replantear nuestras certezas para poder avanzar.

El objetivo de la conversación y discusión no es definir qué es el marxismo porque creemos que excede a las capacidades de casi cualquier persona en este país pero, además, nuestra finalidad es rastrear vetas, elementos claves sobre esta doctrina desde donde se ha llamado a esta conversación: “Karl Marx y los orígenes del marxismo”. Haremos una reflexión sobre la importancia de esa época histórica y de un pensador crítico alemán del siglo XIX.

Mencionaré algunos aspectos biográficos de Marx para luego reflexionar entorno a ciertas influencias habidas sobre este importante y polémico escritor crítico, militante revolucionario, y así desembocar en dos cosas fundamentales: primero, hacer una aproximación a su principal obra, El Capital, publicada en 1867; segundo, conocer determinados elementos de lo que podríamos llamar el “núcleo central” de su pensamiento, que puedan lanzar anclas hacia diferentes aspectos puntuales. Un tema importante a tratar, que pudiéramos tachar como su “proyecto político”, abordaría temas de partido, política, Estado, etcétera. Sin embargo, es necesario antes introducirnos en la discusión sobre su método, el idealismo, materialismo, y finalmente, sobre su concepción de la historia, clases sociales, los temas de enajenación, entre otros.

En otras ocasiones he planteado la invitación a que podamos retomar la discusión sobre Marx y el marxismo así como conformar un nuevo grupo de lectura de El Capital. Por este motivo una buena parte de la exposición girará alrededor de El Capital.

Marx y su época

 

Cuando nos sumergimos en la vida de Karl Marx inmediatamente notamos que su obra está muy influenciada por el proceso histórico vivido en Europa en aquellos años. El propio Manifiesto del Partido Comunista (1848), será escrito y publicado al calor de las luchas revolucionarias europeas del año ’48, episodio que suele pasarse por alto aún cuando tuvo alcances continentales.

Marx nace el 5 de mayo de 1818 y muere el 14 de marzo de 1883. Su pueblo natal es Tréveris, en la Prusia Renana, región conservadora y compleja, por tanto haré una descripción que ayude a entender la discusión política, teórica y metodológica respecto a esta cuestión de su biografía, atendiendo los debates sobre ciertas influencias para luego entrar al tema de El Capital.

Es necesario apuntar que el debate en torno al socialismo comienza bastante antes del nacimiento de Marx, con los planteamientos desarrollados por los socialistas utópicos que serían Fourier, Owen, Cabet, Tomas Moro, etcétera. En algunos casos plantearán sendas críticas a la revolución francesa pues para aquellos la libertad, igualdad, fraternidad prometidas por los revolucionarios, quedaron pospuestas.

Marx crece bajo ese ambiente y se gradúa a los 23 años con una tesis filosófica en la Universidad de Berlín. Esta etapa de su vida es de singular importancia porque aunque previamente ingresa a estudiar derecho en la Universidad de Bonn, su traslado a Berlín le permitirá  reflexionar y formarse en conjunto con el grupo de la izquierda hegeliana o  hegelianos de izquierda, donde destacan Bruno Bauer y Max Stirner. De esta agrupación saldría después buena parte del anarquismo europeo, en particular de Stirner.

En esta época el joven Marx escribe una carta a su padre (1837), que nosotros la hemos publicado –hace tiempo sacábamos unos textitos sobre los orígenes del marxismo–, en que reflexiona respecto a temas metodológicos, teóricos y políticos. Pero, además, escribe muchos poemas a quien pocos años después sería su esposa, Jenny de Westfalia, dedicando otro tiempo a terminar una novela humorística intitulada:  Escorpión y Félix. En 1841, cuando escribe su tesis doctoral, señala: “nosotros preferimos seguir el mito de los dioses a ser esclavos del lado de los físicos”, planteando un debate sobre la cuestión metodológica de la dialéctica, el cientificismo, etc. La tesis doctoral se intitulará: Diferencia de la naturaleza en Demócrito y Epicuro.

Primeros escritos y actividad política

 

Ese mismo año Feuerbach publica su libro: La esencia del cristianismo, que influyó a tal punto en Marx que después –en conjunto con Engels– se declara feuerbachiano entusiasta. El joven Marx se forma sobre una importante base hegeliana. Aunque estudia derecho, acaba haciendo una tesis doctoral en filosofía.

En 1843, Feuerbach publica otro texto llamado: Principios de la filosofía del porvenir, que también influye mucho en el joven alemán que para entonces dedica parte de su tiempo a una intensa actividad intelectual expresada en la fundación de múltiples órganos de prensa – uno de los más importantes fue La Gaceta del Rin– alrededor de un grupo que podríamos caracterizar como una mezcla de burgueses radicales y hegelianos de izquierda. Por supuesto que son censurados en distintas ocasiones hasta que el gobierno prusiano clausura en forma definitiva La Gaceta del Rin (1843)  gestándose una especie de hervidero. (No nos olvidemos de que está preparándose el proceso revolucionario que va a estallar en 1848; seis años antes Marx empieza a estudiar economía, dejando de manifiesto sus nuevos conocimientos en dos artículos publicados en la prensa de entonces: El robo de leña y La situación de los viticultores del Valle de Mosela; aunque  es necesario precisar que hasta no conocer a Engels poco se interesaba por los temas económicos).

En 1843 se casa con Jenny de Westfalia y prontamente intentan reabrir un grupo activista que se concentraba alrededor de la revista Los anales franco alemanes, publicada en París a causa de la censura prusiana. Esta nueva empresa sólo da a luz un número, sin embargo, le permitirá a Marx conocer a Arnold Rouge y otras gentes que serán muy importantes en todo su trabajo teórico y en su activismo político. Ahí es donde poco a poco va planteando la idea de la crítica despiadada de todo lo existente, la crítica de las armas, empezando a apelar a las masas y al proletariado. En aquellos años escribirá: Introducción a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel,  La cuestión judía, textos imprescindibles para acercarnos a los orígenes del marxismo.

En su exilio en Francia conoce a Engels, y escriben fragmentos de lo que después sería la Crítica a la economía política. Empiezan a trabajar el texto inconcluso: los Manuscritos económico–filosóficos, a los que no dieron real importancia. El gran biógrafo de Marx, Franz Mhering, decía que era “un texto sin importancia”.  Ochenta años después –Lenin, por ejemplo, desconoció ese texto– los manuscritos revolucionarán el marxismo en las décadas del ’30 y ’40, cobrando notable vigencia hasta hoy. Personalmente estimo que ese material sí habría que leerlo a fondo porque es el momento en el que Marx empieza a aprender realmente a debatir y a sistematizar los temas económicos desde un punto de vista filosófico pero, también, desde una construcción de teoría económica.

Otro texto de esa etapa es: La sagrada familia, en el que hace una fuerte crítica a las visiones de la historia como teleología, como visión teleológica lineal y como visión abstracta. En ella plantea la idea de que “la historia no hace nada, la historia no es un ser abstracto, son los hombres de carne y hueso los que hacen historia”.

Como vemos, hay todo un hervidero de ideas entre sus 18 y sus 23 años, cuando acaba su tesis doctoral; o sea, desde finales de la década del ‘30 hasta 1844. Es la época en que debatirá sobre las ideas de Feuerbach, Hegel, dando inicio a sus estudios en temas económicos, los que no abandonará hasta su muerte.

Por presiones del gobierno prusiano, en 1845, junto a su familia es expulsado de París, debiendo residir en Bruselas. Les cierran los periódicos, la revista y en Bruselas empiezan una nueva campaña de agitación. Unos años después se afilian a una sociedad de propaganda clandestina que llegó a llamarse La Liga de los comunistas, encargada de realizar el II Congreso de Comunistas en Londres, instancia de donde emana la publicación del Manifiesto del Partido Comunista, en febrero de 1848, año en que estalla la revolución europea. Marx tiene 30 años y producto de su agitación política será expulsado de Bélgica.

La revolución del ‘48 encuentra a Engels participando de las barricadas,  hay textos muy lindos sobre la estrategia militar que siguieron los revolucionarios en esa revolución. Pero, de regreso en París, tras el fracaso de la misma, ambos amigos son convocados por los tribunales como presuntos responsables de la insurgencia, serán perseguidos para, finalmente, ser expulsados del territorio francés en mayo de 1849. De todas formas se las arreglan para regresar a la capital francesa y participar en todas las manifestaciones de apoyo a la gente que estaba siendo perseguida, encarcelada o fusilada. En junio del mismo año son expulsados nuevamente de Francia. La familia Marx se trasladará a vivir a Londres, pasando el resto de sus vidas en el país británico.

 

 

 

Marx en Londres

 

Es necesario hacer un paréntesis sobre los mencionados episodios porque siempre se nos pretende mostrar a un Marx estudiando en el Museo Británico (hay que decir que iba ahí porque era pobre, sacaba extractos de los libros porque no los podía comprar, hay miles de páginas extractadas por Marx que nadie ha leído y se encuentran microfilmadas en el Instituto Nacional de Estudios Sociales de Ámsterdam), ocultándonos esa faceta de Marx como un hombre que siempre está articulando la reflexión con la actividad política, con la práctica revolucionaria.

En todo el proceso de lucha revolucionaria Karl y Jenny tienen seis hijos, de los cuales tres sobreviven –las tres mujeres–, los otros mueren tempranamente y de forma muy dramática. Puntualizo esto porque la familia Marx vive en una precariedad absoluta, hay momentos en que no disponen de recursos siquiera para atender a las enfermedades que le suscitan al propio Karl en las décadas del ’50, ’60 y ’70, pues padecía de forunculosis, entre otras cosas.

Después de la revolución del ‘48, sobreviene en Europa una ola reaccionaria intensa. Tras años de vida en Londres, no es sino hasta el año 1858 que comienzan a resurgir los movimientos democráticos. Así en 1863 se sucede la insurrección polaca, en la que la militancia europea apoyaba la independencia de ese país. En 1861 es abolida la servidumbre en Rusia, y en general, a partir de la década del sesenta se destarán una serie de hechos políticos de importancia.

En esos mismos años comienza a plantearse una estrategia de unificación de la izquierda que culminará con la fundación, en Londres, de la Asociación Internacional de los Trabajadores, en 1864. La actividad de Marx fue muy importante en este cometido. Los padres del marxismo procuran unir a casi todas las tendencias revolucionarias que habían sido perseguidas, particularmente a Masini, Proudhon, Bakunin, los tradeunionistas y La Salle. Este episodio es digno de reflexionar porque acaba en una relación muy compleja, de ásperos debates –casi antagónicos–, entre los mencionados personajes y corrientes. Les doy sólo un ejemplo: cuando Marx publica el Manifiesto se sorprende de que su primera traducción hacia otra lengua la estuviera haciendo Bakunin, que era su archi–enemigo político. Asimismo, cuando publica El Capital, esperaba que su primera traducción fuera al francés o al inglés –porque lo publica en alemán–, sin embargo, la primera traducción la hacen los rusos. En vida, después de publicar El Capital, empezaron a aparecer muchos resúmenes del libro siendo la más apreciada por Marx el que hiciera el anarquista italiano Carlos Cafiero.

Pero el grado de debate y de profundidad en la capacidad de articular el movimiento en la AIT partía de la base de que lo más importante era no mantener posiciones sectarias, doctrinarias, conservadoras. Obviamente persistía un debate muy profundo. No era que Marx estuviera de acuerdo con Masini, Proudhon o Bakunin. De hecho, Cafiero después rompe con Marx, etc. En la AIT intenta fortalecer relaciones complejas, relaciones con los anarquistas italianos, con los populistas rusos, etc. En  El Capital, por ejemplo, califica a Chernichevsky  como: “ese gran sabio ruso”. Chernichevsky, un populista ruso que con los años los bolcheviques combatirán por considerarlo una expresión de la pequeña burguesía. No obstante, los debates de aquella época nos muestran la intención de un hombre, crítico del siglo XIX, centrado en tratar de no crear sectas doctrinarias intrascendentes que se atrincheren en una especie de certezas estrechas que construyen feligresías.

 

Marx y el comunismo

 

Como hemos hablado de la publicación del Manifiesto, a continuación quisiera señalarles algunos elementos más de debate, teóricos y políticos.

En el Manifiesto, de manera clara, Marx  dice: “los comunistas no intentamos adecuar el mundo a los descubrimientos o invenciones de tal o cual reformador del mundo”. En efecto, el tema de fondo de toda esa gran militancia era la articulación de una capacidad de movilización real, material, sobre todo fuera del doctrinarismo sectario. Esa es una idea fundamental. De hecho la idea del comunismo o la idea de los comunistas la plantea también en esa visión absolutamente anti sectaria en que dice [reitero]: “los comunistas no intentamos adecuar el mundo a los descubrimientos o inventos de tal o cual reformador del mundo”, agregando: “el comunismo solamente es la superación del orden de cosas existente que se despliega ante nuestros ojos”. Por lo tanto el papel de los comunistas sería apoyar, potenciar y catalizar el proceso de trastrocamiento radical del  orden existente. No es que más bien organizaremos el mundo como se le ocurrió a Marx, Trotsky, Rosa Luxemburgo, Stalin o Mao. Y digo eso deliberadamente para que justamente nos pongamos a pensar en la importancia de los orígenes y la fundación del marxismo como una corriente política mundial.

Como hemos podido ver la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT) representará un gran paso para el avance de la organización obrera, sin embargo, ya en 1876 entrará en crisis y su vida apenas alcanzará a extenderse por poco más de una década.

La Segunda Internacional será fundada por Engels en 1889 y se proyectará hasta 1914, cediendo lugar a la Tercera Internacional, comandada por Lenin y el Partido Comunista (b), en 1919. Estas tres experiencias son muy importantes de discutir en términos de proceso histórico, construcción teórica y de militancia de todo el conjunto. Antes de la Primera Internacional, en la Asociación Internacional del Trabajo, es cuando se detonan los debates en los que estamos enfrascados hasta hoy: el anarquismo (con Proudhon, Bakunin); tendencias más auto determinativas y autogestionarias que se mueven entre un cierto anarquismo y posiciones del marxismo; el marxismo mismo, que acoge en su seno posiciones reformistas (Bernstein, Kautsky), etc. Con ese trasfondo político Marx trabaja concienzudamente en la cuestión de la independencia de Polonia y la revolución española  de 1854. Se interesa por aprender el idioma español y años más tarde hará un ejercicio similar con el ruso en su intención de que en el tomo tercero de El Capital la tierra de los zares jugara lo que Ingraterra en el tomo primero.  Durante la década del cincuenta escribirá para el New York Daily Tribune una serie de artículos muy atingentes a nuestra realidad, abarcando temas referidos a la comunidad en Perú, las aldeas en Escocia, comunas en Rusia, y otras experiencias en Arabia, Egipto, Turquía, Persia, China, Argelia, las Islas Jónicas, los Balcanes, España, etc. Es un momento muy fecundo de producción y apertura a procesos históricos y políticos del mundo entero.

En 1867 se publica El Capital. Hay varios textos que apuntan a la idea de que a partir de 1869 hay en Marx toda una profundización y viraje en cuanto a algunas de sus teorías –sobre todo en 1873–, época de la segunda edición de aquel texto y, de manera muy especial, en la época de la Comuna de París en 1871. Entre sus principales escritos de aquella época destaca: La guerra civil en Francia, en que reflexiona sobre la forma al fin descubierta de la emancipación humana, social.

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Un segundo paréntesis. Marx sólo logra publicar el tomo primero de El Capital. Por su parte, Engels quería intentar publicar en uno o dos años el segundo tomo, tarea que materializa recién en 1885. El tercer tomo será publicado por su yerno, Paul Lafargue, y su hija Laura, en 1899.

La relación de sus manuscritos y lo que estaba planificado por Marx como: Teorías sobre la plusvalía o los  Aporte a la historia económica serán publicadas por Kautsky en 1918; esto es lo que viene a ser el cuarto tomo de El Capital. En resumen, en vida de Marx sólo fue publicado el primer tomo.

Otro episodio que concentra su atención es la guerra ruso–turca, ya que es a partir de ésta en que establece estrecho contacto con los marxistas rusos, adentrándose en las cuestiones de ese país y abriendo la posibilidad de que la revolución estallara por oriente. Hay dos o tres libros muy buenos a ese respecto, uno se llama: El Marx tardío y la vía rusa, de  Teodor Shanin, y donde se explica en forma sistemática que no era que Marx creyó siempre que la revolución iba a venir por Alemania, Francia o Inglaterra. Esa modificación de concepciones surge después de aquella conflagración y queda expresada en los textos sobre la comuna rural rusa que datan de 1881.

En 1881 muere Jenny de Westfalia y un año más tarde la hija mayor del matrimonio, Jenny Marx. Esta situación le afecta mucho a Marx, un hombre de familia, quien fallece  el 14 de marzo de 1883.  En su última época escribe textos notables, un libro de Enrique Dussel revisa en detalle este periodo, se intitula: El último Marx. Acabaría aquí con los datos biográficos.

 

Influencias en el pensamiento de Marx

 

Hay que preguntarse qué temas son influyentes en Marx. Tal vez tenemos que romper las imágenes fijas que tenemos de él. Por ejemplo, Hegel es muy significativo en su pensamiento, pero también hay reflexiones y discusiones en torno a Schelling. A estos habría que sumarle algunas ideas de Holderlin, un connotado poeta alemán. Pero, incluso Kant es fuente del pensamiento marxiano. Coletti y De la Volpe, que son marxistas anti hegelianos, plantean que en realidad Marx es una suma de Aristóteles, Galileo, Hume y Kant, agregando a Rousseau.

Con el tiempo, numerosos escritores y políticos han inventado una suerte de dinastía de Marx, lo que refleja que en el mundo no estamos reflexionando a fondo. A esto se debe nuestro interés por retomar ciertos debates para abrirnos un poco la cabeza y tratar de esclarecer a Marx y los orígenes del marxismo. Pero, ¿cuáles son los orígenes del marxismo?, ¿cuál es la relación entre Marx y Holderin, Kant, Schelling, Fichte?

Es conocida la gran influencia que las ideas de Hegel ejercieron en el joven Marx y vamos a discutir un poco al respecto. Otras interpretaciones son las hechas por Althusser y Plejanov –el viejo maestro ruso de Lenin–. El primero sostiene que Marx era un Spinoza revivido, idea retomada por Toni Negri. Además, en el libro Para leer El Capital, Althusser sostiene que la idea de objetos del conocimiento u objetos reales vienen en realidad de la filosofía de Spinoza. Por su parte, explícitamente, Plejanov señala: “el marxismo es una variedad de espinozismo”. La visión que Marx se forma de este último resulta curiosa porque cuando intercambia correspondencia con Vera Zasulich –sobre todo para hablar de la comuna rural– le habla de “los marxistas rusos”,  a lo que la revolucionaria rusa menciona a Plejanov, recibiendo por respuesta de Marx: “yo no conozco a ninguno de esos marxistas que me estas mencionando”, incluyendo Plejanov. Y agrega: “yo conozco a Danielson, a Hersen, a Chernichevsky”, personas a las que consideraba muy valiosas.

Lefebvre y Goldmann, renombrados marxistas del siglo XX,  consideraban que Marx tenía una visión schelliniana de las cosas y que estaba muy marcado por Pascal. En un texto sobre Pascal y Marx el sociólogo francés Pierre Bourdieu afirma que el viejo alemán se reclamaba pascaliano. También Adorno y Horkheimer, destacados representantes de la Escuela de Frankfurt, valoraban mucho la relación entre Schelling y Marx. Y, Herbert Marcuse, otro importante representante de la mencionada escuela, confirmaba esa influencia especial de Schiller. El comunista italiano Antonio Gramsci notará una influencia de Maquiavelo en la obra marxiana.

Georg Lukács, el gran teórico marxista húngaro, en el libro Conciencia y lucha de clases indica que Nietzsche no compatibilizaba en lo absoluto con el marxismo pero que tanto Adorno, Sartre, Marcuse y Althusser lo tenían como un filósofo muy importante para reflexionar ciertos temas. Incluso se da el debate sobre el existencialismo que plantea Merleau Ponty, Sartre, es decir, una gran discusión que tenemos que estudiar a profundidad para decir algo interesante e inteligente sobre esos temas. Pero sólo los posiciono hasta donde más o menos conozco para tratar de reconstruir esta escisión.

Una cuestión que merece ser atendida es la de Freud y el psicoanálisis,  abordados más de una vez en las discusiones del marxismo en los años ‘40, ‘50 y ‘60. Como testimonio de esta relación están las obras del importante psicoanalista marxista Wilhelm Reich, o las del marxista argentino León Rozitchner, quien dijera a sus compatriotas cuando los sucesos de Malvinas: “ustedes están locos, como van a ir a apoyar la aventura militarista de Malvinas”, en una época en que no pocos marxistas eran prácticamente nacionalistas y militaristas. Rozitchner era un psicoanalista sumamente importante y con esto no pretendo decir que haya que ser psicoanalista, o leer todo Schelling, sólo quisiera expresar que Marx es mucho más de lo que nos imaginamos y en algunas cosas mucho menos también.

Es material de discusión el supuesto eurocentrismo de la teoría de Marx, como lo es su concepción lineal de la historia. Tampoco se puede obviar el dato de que el joven Marx se estaba formando para dar clases de teología. En el libro de Dussel, Las metáforas teológicas de Marx, se deja constancia que antes de que Marx sentenciara que: “la religión es el opio del pueblo”, había pronunciado otra frase muy bonita que dice: “en realidad la filosofía no se opone a la religión, la supera en su realidad ilusoria.”

Expongo lo anterior porque siempre tachamos a Marx o de militante ortodoxo, heterodoxo, sin intentar armar la complejidad de su pensamiento. Por ejemplo, el debate sobre la religión cobró trascendencia dentro de las filas bolcheviques, dando pie a que algunos sectores sectarios gritaran a voz en cuello que para ser bolchevique se tenía que ser ateo. A contracorriente Lenin les contestaba: “si aquí todo el mundo es creyente, cómo vamos a hacer una secta de ateos, intrascendente”. Eso no quiere decir que ciertos elementos y funciones de la religión sean profundamente conservadores, patriarcales y reaccionarios, una cosa no quita la otra. Lo que quiero plantearles es una constelación de elementos para que retomemos una investigación seria de Marx. La importancia en su obra de poetas como Holderlin, Goethe o Heine, no pueden ser obviadas. Lukács creía que Heine y Goethe eran muy importantes en la formación de Marx, pero también lo creían Adorno y Marcuse. Modestamente pienso que ese debate debe ser revivido de una forma mucho más sistemática y sin tanto apasionamiento. Debemos dejar de lado los “yo odio a todos los marxistas hegelianos” o “a los althusserianos”, para darnos a la tarea de reconstruir rigurosamente los orígenes del marxismo y los distintos caminos por los que se fue enrumbando el pensamiento marxista.

Mención aparte merecen los científicos que sirvieron de fuente al pensamiento marxiano. Es bastante desconocida la petición que le hiciera Marx, en señal de admiración, a Charles Darwin para que escribiera el prólogo de El Capital. En este texto  abundan las citas a Darwin, Goethe, Lamarck, que en realidad es el verdadero fundador de la visión evolucionista que Darwin toma y aplica a la evolución de las especies. Pero, además de valorar la ciencia y a los científicos contemporáneos, hace lo suyo con los aportes realizados por obreros, destinatarios de su más importante obra, “he escrito El Capital para los obreros, de una forma popular”. Entre estos últimos destacan, Diedzsin –un obrero que escribía sobre temas de educación, dialéctica, etc.–, y el propio obrero germano Wilhelm Wolff, a quién Marx dedicara el primer tomo del mentado libro.

Sobre los temas del discurso científico, en varios trabajo ha quedado constancia de la importancia dada a la crítica a Locke, Hobbes, Descartes, Comte, etc., pero, sobre todo a Demócrito, Hume, Heráclito, Epicuro. Como dije, su tesis doctoral es sobre Demócrito y Epicuro.

Tal vez debamos mencionar que otro tema de reflexión metodológico es la idea que plantea que en realidad el materialismo en Marx era un materialismo no determinista, tesis esgrimida en un pequeño texto de John Bellamy Foster. Además, era un materialismo no determinista inspirado en la visión y el estudio de Epicuro, que también era materialista. Los invito a leer la tesis doctoral de Marx. Epicuro era casi un materialista hedonista. Se dice que cuando iba a morir pide que le den una copa de vino, se recuesta en su bañera y muere. El suyo no es ese materialismo de Diderot, mecanicista, burgués. La idea de la lucha de clases surge de ese materialismo para justificar y potenciar la revolución francesa, incluso la revolución de Cromwell en Inglaterra, etc. Entonces acá hay toda una cuestión muy compleja de influencias reciprocas. Por eso diría que para superar esta visión eurocéntrica de que el marxismo es la combinación del socialismo francés, la economía política inglesa y la filosofía alemana debemos rastrear y seguir en detalle los debates de la época. Otro ejemplo: la influencia en Marx, sobre todo de los rusos y los italianos, cuando surgen en 1877 los estudios antropológicos y de la prehistoria. En las cartas a Vera Zasulich,  Marx plantea que H. L. Morgan está descubriendo lo que él mismo había descubierto, que las sociedades comunitarias podrían pasar directamente hacia formas de organización comunistas sin pasar por el capitalismo.

Pienso que la visión del “valor”, que es central en el tomo I y en el capítulo I, está basada en la obra de un economista italiano que se llama Ferdinando Galiani, citado cientos de veces en El Capital y que señala, en 1803 –quince años antes de que nazca Marx– la idea de que el valor es una relación entre personas. Ese es el núcleo de la teoría del valor de Marx. También están citados otro grupo de gentes: Adam Smith, en la idea de comunidades originarias; Ricardo, Petty, Stuart, con los temas de maquinaria y tecnología, la crítica de la teoría de la abstinencia, etc.; Spinoza, Aristóteles. El propio Shakespeare, el escritor favorito de Marx, está citado numerosas veces en El Capital, especialmente en la parte en que analiza el dinero: “dos almas anidan en el cuerpo.” Frase que me parece es de Macbeth.

 

El Capital y las clases sociales

 

Ahora nos adentraremos en El Capital. Lo que muchas veces hace Marx en su obra es tomar ciertos conceptos, vaciarlos de ciertos contenidos e incorporar en una matriz desestructurada otros contenidos. Por ejemplo, la idea de “fuerzas productivas” la toma de Georg Friedrich List, que era un economista relativamente conservador. La “teoría del valor–trabajo” la adquiere de Petty y Ricardo, especialmente de un texto de Ricardo de 1817. La idea de “valor de cambio” y “valor de uso” la transforma de la idea de los mercantilistas, sobre todo Montchrétien –que en realidad era un poeta que se plantea estos temas y se involucra en temas de economía–. Su “teoría de la renta” es muy similar a la “teoría de la renta de Ricardo”, aunque profundamente modificada en función a superar sus visiones, que él llamaba fetichistas y, digamos así, encubridoras de la realidad. La “ley general de la acumulación capitalista”, otro de los temas centrales, la obtiene de Fourier, que era economista. Y la idea de la “acumulación originaria del capital” prácticamente la saca de Adam Smith. En relación a esto un amigo decía: “somos como enanos parados en hombros de gigantes y por eso es que podemos ver más allá.” Hay gigantes que han ido construyendo un conjunto de capacidades para dar cuenta de la realidad de forma crítica que son asimiladas profundamente. De hecho Aristóteles es citado por Marx para desarrollar la idea de la “forma dineraria” o la “forma del equivalente” o la “forma del valor”. Este pensador griego casi siempre está siendo citado en El Capital, texto que constituye una danza muy interesante de poetas, filósofos griegos, obreros de esa época, intelectuales, economistas y filósofos.

Finalmente se deja notar la presencia de lo que podríamos llamar la periferia del capitalismo de esa época: italianos, españoles, rusos, inclusive los cubanos. El cubano Paul Lafargue termina casándose con su hija Laura y escribe el sugerente libro: El derecho al ocio. En definitiva, debemos dejar a un lado esa visión eurocéntrica y academicista de Marx. No escribe El Capital para que lo lean los grandes académicos y, además, deja plasmada de manera notable las  influencias de su época, en particular, las décadas del sesenta y setenta. Pero, ¿por qué es importante lo señalado?, ¿cómo se ha presentado al marxismo?

De alguna forma tenía ciertos elementos eurocéntricos pero debemos ver hasta dónde, cómo y cuándo supera uno ciertos aspectos. Engels, en 1878, plantea lo que se ha presentado como las tres partes integrantes del marxismo. Esa es una concepción del mundo como fórmula y un problema delicado del marxismo. Las mismas ideas son  repetidas por Karl Kautsky en 1907 y después Lenin escribe un folleto en 1913 aludiendo a los mismos puntos. Las tres fuentes forman la trilogía europea, es decir,  el arquetipo del marxismo como lo más moderno de las tres partes de Europa, y del mundo, más importantes: el socialismo francés, la filosofía alemana y la economía política inglesa. Supuestamente el marxismo es la síntesis de todo eso pero la verdad es que el marxismo no es eso. Por supuesto, tendríamos que ser muy ignorantes para no valorar la importancia de esas tres fuentes. Además, entre los mismos socialistas utópicos había quienes eran mucho más importantes que los franceses y que no son citados, por ejemplo, Robert Owen, de origen inglés. Con esto quiero recalcar que hay que dejar a un lado de esa visión, que yo caracterizaría como una “concepción del mundo como fórmula”. La fórmula como arquetipo de las tres partes del mundo que importan: los ingleses, los franceses y los alemanes. El propio Hegel en su libro Introducción a la filosofía de la historia expone que: “España, Francia, son más el norte de África que Europa, estrictamente”, ignorando la primera gran modernidad europea encabezada por Portugal y España, con todo lo bueno o malo que pudo haber sido. Enrique Dussel, en alguna ocasión ha sentenciado: “Cortés fue el primer hombre moderno.” España y Portugal fueron las primeras burocracias modernas occidentales y cuando Habermas y el resto los teóricos están haciendo historias de la modernidad desechan la centralidad de la colonización americana y la importancia de estos primeros centros burocráticos modernos.

A continuación quisiera hacer una digresión. De manera sucinta me referiré a otro de los textos claves del joven Marx, una carta que le escribiera a su padre cuando tenía 18 años. En ella le plantea una reflexión sobre cuestiones metodológicas, sentenciando: “el concepto es el mediador entre la esencia y la forma.” Esta idea la va a mantener casi toda su vida. Las primeras caracterizaciones críticas para la construcción de la idea de las clases sociales están ahí, posteriormente reaparece esta concepción en la Critica de la filosofía del derecho de Hegel. En esta última obra empieza a hacer los primeros esbozos de la idea de clases sociales, hablando de “una clase radicalmente esclavizada”, tomando como eje el tema de la dominación, es decir, no es una visión ni jurídica, ni economicista de las clases. Agrega luego que “estrictamente ya no es una clase”. Prosigue, “un estado social que es la desaparición de todo estado social”, refiriéndose a la idea de una lumpenización de la sociedad. En El Capital será más claro: el obrero, el trabajador, será capital variable. Aquí sostendrá que el obrero no va a ser revolucionario por excelencia  y que sólo cuando lucha para negarse como capital variable se convierte en revolucionario, lo que es totalmente distinto a sostener que el obrero es revolucionario por excelencia. Por excelencia el obrero es capital variable. Hay unas frases de Marx en esa época reaccionaria que les planteo, de 1848 hasta los 60, donde dice “esta clase obrera inglesa, son una mezcla de ovejas (…), la clase obrera es revolucionaria o no es nada.” Citas donde justamente el principio de constitución de las clases es el fundamento ontológico de la lucha: si no hay lucha, la clase no es nada, es puro capital variable, la lucha ha de hacerse colectivamente para negarse como ser enajenado. La cuarta caracterización habla de un “sufrimiento universal que conduce a una carencia universal.” Ese es un elemento de caracterización de clase. Frantz Fanon, el gran teórico de la descolonización, en la década del sesenta va a retomar un poco estas ideas en su ya célebre libro Los condenados de la Tierra. Quinto elemento, “la injusticia puramente”. Hay que fijarse en que está haciendo unas caracterizaciones, vuelvo a insistir, no jurídicas, no propietaristas. Sexto elemento, “son el pretexto humano y no histórico.” Son las premisas para un séptimo punto, premisas universales de contradicciones con el orden público. En este último señala que los obreros “están totalmente aniquilados.”

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Destaco estos elementos porque generalmente el marxismo en Bolivia, presume que el campesino de Chachacoma que no tiene ni dos surcos, como tiene propiedad, es un pequeño burgués. No se toma en cuenta ni su trayectoria histórica, ni su condición cultural, ni nada. El problema es que esas visiones jurídicas y propietaristas de la clase nos llevan a ese tipo de aberraciones. En este caso pienso que Marx diría que en realidad un comunario de Chachacoma, incluso si tiene propiedad, aunque sean dos hectáreas, es un productor directo, indirectamente subsumido al capital y, por lo tanto, está más se acerca más al proletariado que a la pequeña burguesía. Así debe entenderse el cómo se va planteando la construcción de la idea de las clases sociales. Primero, el principio ontológico de la lucha para la construcción de las clases. No es que existen las clases y después se ponen a pelear en un ring como los boxeadores. Las clases se constituyen en la lucha o no se constituyen. En síntesis, Marx escribe a los 18 años la carta a su padre, a los 23 su tesis doctoral, a los 24 la Critica a la filosofía del derecho de Hegel –yo les he estado leyendo su introducción–,   La Gaceta del Rin, Los anales franco– alemanes, y a los 25 La cuestión judía y Los manuscritos económico–filosóficos.

A continuación voy a introducir unos pocos elementos que tal vez sirvan para los que quieren entrar a estudiar El Capital con mayor rigurosidad.

Lo primero es acordar que en toda esa época, de Miseria de la filosofía, El Manifiesto del Partido Comunista, Trabajo asalariado, El Capital, etc., Marx está precisando tres temas fundamentales y los tres son económicos: primero, el de la “teoría del dinero”, segundo, la “teoría de la renta” de Ricardo, y tercero, la “teoría especifica de la ganancia”. Justamente, en 1848, ya está planteándose la “teoría de la plusvalía”, desarrollada en los borradores de El Capital. ¿Por qué es esto importante? Porque Karl Marx tenía un método que hoy, con el desarrollo de la informática, internet, facebook y otras redes sociales, pudiera resultar incomprensible. Y es que Marx redactaba sus textos de una forma en la que era absolutamente imposible publicarlos. Los borradores de El Capital son dos o tres tomos de 1000 páginas, textos que iba reescribiendo. Él le llamaba a eso el “método de investigación”. Como he dicho anteriormente, por ejemplo, la “teoría de la plusvalía” está ya planteada a modo de esbozos en los primeros borradores de El Capital, de los años 1848 y 1849. Pero estos borradores los retoma en su exilio en Londres, en 1850, extractando cincuenta y dos obras de distintos economistas. Al año siguiente envía una carta a Engels diciendo que podía comenzar a redactar. Ahora, ¿cuál es la importancia del plan de investigación de El Capital?

Desde el año 1852 hasta  1856, Marx se dedicó a una profunda sistematización de la literatura económica moderna para,  finalmente en 1858, después de diez años de trabajo, escribir lo que estrictamente corresponde a los borradores de El Capital, también conocidos como los Grundrisse. De esos manuscritos es que el año 1859 reelabora y publica su famoso texto Contribución a la crítica de la economía política. Entonces, nos encontramos con que en el año 1857 diseña un plan que no prospera, la idea de escribir tres grandes libros sobre Inglaterra, Alemania y Francia, como parte del estudio de la crisis europea de esos años, incluso quería introducir a Estados Unidos. Por tanto, podemos distinguir dos grandes planes para El Capital, el ya mencionado, en  1857,  y un segundo y definitivo en 1865. Hay ocho años de experimentación entre uno y otro.

El plan de 1857 comprendía seis grandes libros: 1° El Capital; 2° De la propiedad de la tierra; 3° Del trabajo asalariado; 4° El Estado; 5° Comercio exterior; 6° Mercado mundial. Este plan lo mantiene hasta el final de su vida, aunque sólo logra escribir una pequeña parte del primer libro.

Como vemos, de los seis libros que quería hacer sólo puede publicar el tomo I del primer libro, ya que el tomo II y III no los logra publicar, como tampoco los libros restantes. Puede sostenerse entonces que El Capital en realidad es un libro incompleto. Por supuesto el tomo I es el que está mejor redactado ya que, personalmente, escribe y reescribe, en cinco o seis oportunidades, sus ciento y tantas páginas. Pero el tomo II nunca lo vio y el tomo III menos.

Si ustedes ven los ocho volúmenes que hay en la editorial Siglo XXI pueden pensar que igualmente es un libro incompleto. Por ejemplo, cuando se está planteando el concepto de “clases sociales” en realidad el editor extracta de un borrador de Marx media página. Engels hace lo que puede, pero lamentablemente tenemos que decir a estas alturas que era muy difícil rearmar lo que Marx estaba tratando de hacer. Pero, además de estar incompleto, El Capital es un libro abierto en el sentido de que, como diría Zavaleta, hay ciertas cosas que él sólo plantea en términos de reducir el margen de incertidumbre respecto a ciertas cosas. Marx no va a demostrar la teoría general del valor emocional, del valor de la vida y del valor del mundo y del valor de cambio, es decir, hace una “teoría del valor” en términos de “valor de uso” y “valor de cambio”, no una teoría general del valor, y es que probablemente no se pueda hacer. Hay ciertos aspectos fundamentales y grandes debates que se han dado en este sentido con Rosa Luxemburgo y otros, que se podrían replantear y discutir. Tal vez uno de los textos más importantes sea el de Isaak Rubin: Ensayo sobre la teoría marxista del valor, autor que penosamente muere prisionero en la Rusia de los años treinta.

En resumen, de los seis libros del plan original sólo logra publicar una tercera parte del primero. Los manuscritos que se conservan están agrupados más o menos así: unos corresponden al periodo de 1851–1856, parte de ellos han sido publicados en los años ochenta como Crítica a la tecnología; un segundo grupo, correspondiente al periodo de 1857–1858, contiene las Notas de lectura, publicadas en tres tomos como parte de los Grundrisse, también de forma póstuma; un tercer conjunto de manuscritos, correspondientes al periodo 1861–1863, comprendían veintitrés cuadernos de los cuales extrae Karl Kautsky los fragmentos que publicaría como: Teoría de la plusvalía, en el tomo III de El Capital. A esto hay que sumarle una cantidad enorme de textos que no han sido publicados ni nadie ha leído hasta hoy. Entre los años 1865 y 1883 hay un conjunto más reducido de manuscritos.  Ahí están, por ejemplo, las Glosas a Wagner o Las Estadísticas rusas, también el conjunto de Cartas a Vera Zasulich, etc.

En resumen, tenemos un orden configurado del siguiente modo: los manuscritos de 1851– 1853 corresponden al tomo I de El Capital; los de 1861–1863 son extraídos para editar el tomo II; los de 1863–1865 proveen del material necesario para el tomo III. Los primeros tienen, aproximadamente, mil páginas que nadie ha leído; los segundos,  otros tres tomos de mil páginas; los terceros, unos seis o siete tomos, también de mil páginas cada uno. En total hay alrededor de once tomos de unas mil páginas cada uno que contienen manuscritos hasta ahora desconocidos, o al menos, inéditos. Marx estaba intentando darle orden a ese material, por ejemplo, una pequeña parte estaba destinada a entrar en el segundo libro que era La propiedad de la Tierra, pero como nunca se publica decide incorporar parte de ese material al final del tomo I. Este tomo  tratas sobre la producción del capital; el tomo II sobre la circulación del capital; el tomo III sobre la reproducción general del capital.

Lo que pretendo señalar con esto es la enorme cantidad de material producido por Marx. Aún hoy contamos con once tomos de mil páginas hasta ahora inéditas. Los propios Manuscritos económico–filosóficos, que revolucionaron el marxismo, fueron publicados en los años ’30 y ’40 del siglo XX. A causa de la segunda guerra mundial no se leyeron demasiado y no es hasta el periodo de posguerra, en las décadas del ‘50 y ‘60, que vienen realmente a ser utilizados como fuentes que revolucionan el marxismo. Es por esto que uno se pregunta cuánto material queda por conocerse, cuántos elementos teóricos, económicos, debates, continúan inéditos. Hasta el propio Mehring, el gran biógrafo de Marx, menciona los Manuscritos económico–filosóficos, “habían unos textos como manuscritos de economía y filosofía pero que no eran de interés.” Se los subestimaba. Mehring no les dio importancia como para publicarlos. Debemos convenir que hay una enorme cantidad de material elaborado por Karl Marx que no son públicos. Sobre esto quisiera plantear algunos temas claves. Primero voy a ir avanzando ciertas hipótesis de trabajo.

 

El marxismo

 

En primer lugar, preguntaría: ¿qué es el marxismo? Avanzaría dos o tres aproximaciones que juntas podrían darnos una idea. Podemos decir que el marxismo es esencialmente una práctica vinculada o centrada en comprender la lucha de clases, las contradicciones que subyacen a toda sociedad. ¿Por qué es importante eso? Porque la mayoría de las veces que ustedes discutan, reflexionen o hablen con alguien sobre el marxismo, les van a decir que es un método de análisis de la realidad en función de una articulación de teoría y práctica. Por tanto, lo primero que debe  tenerse presente es que el marxismo es una práctica que por supuesto contempla elementos de metodología y por esta razón podría, como consecuencia de la unión de ambas, acabar por constituirse, como dijera Sartre, en “la filosofía insuperable de nuestra época.” Mientras nuestra época no pase el nivel de la pre historia –porque para Marx las sociedades de clase siguen siendo pre historia–, hasta que no entremos en una sociedad donde no haya clases, el marxismo es la filosofía insuperable de nuestra época.

Continuando con la presentación de determinas hipótesis que nos llevan a comprender qué es el marxismo, en aras de superar visiones doctrinaria y dogmáticas, cabría agregar que, además de ser la filosofía insuperable de nuestra época se caracteriza por esa apertura a la catalización y potenciamiento de la superación del orden de cosas existente  y no a la referencia teórica, académica o doctrinaria, respecto a la realidad. Cuando los marxistas alemanes, muy dogmáticos se acercan a Marx para decirle “somos marxistas”, éste de inmediato les responde “lo único que yo sé es que yo no soy marxista.” Había una alusión demasiado centrada en el individuo, lo que quita potencia crítica y construye cultos conservadores, en detrimento a la necesidad central del trastrocamiento del orden existente, idea central en el pensamiento marxiano.

Otros aspectos necesarios de precisar tienen que ver con lo que podría ser el materialismo y el idealismo en el marxismo para entrar después a los temas “sujeto”, “enajenación”, “partido”, “Estado”, “historia”, etc. En el texto Las tesis sobre Feuerbach, queda claramente establecido que “el defecto fundamental de todo el materialismo anterior, incluido el de Feuerbach, es que sólo concibe las cosas, la realidad, la sensoriedad, bajo la forma de objeto de contemplación, pero no como actividad sensorial humana, no como práctica, no de un modo subjetivo, [destaco esto de «no de un modo subjetivo»]. De aquí que el lado activo fuese desarrollado por el idealismo, por oposición al materialismo, pero sólo de un modo abstracto, ya que el idealismo naturalmente no conoce la actividad real, sensorial, como tal.” Pero ¿qué nos está planteando Marx con esto? Que los materialistas no tenían la capacidad –incluido Feuerbach– ni la precisión de entender la realidad de un modo subjetivo, como actividad transformadora. Marx le reclama a Feuerbach y a los materialistas que les falta la actuación práctico–crítica. Si bien los idealistas tienen ese tipo de actuación, la tienen en abstracto, que es lo que dice la frase que acabo de leer.

Ahora, ¿por qué esta crítica marxiana es sustancial? Porque necesariamente nos remite al cuestionamiento de qué es la idea de lo idealista y de lo materialista en el marxismo. En un extracto de los Manuscritos económico–filosóficos se dice “vemos aquí hasta qué punto el naturalismo–humanismo se distingue tanto del idealismo como del materialismo y es a la vez, al mismo tiempo, la verdad que reúne a ambos.” Esas son las frases textuales de Marx. Sintetizaría eso que estoy tratando de explicarles con otra idea de Sartre, retomada Alfred Schmidt, el último representante de la Escuela de Frankfurt, en la que señala el pensador francés: “Marx critica al viejo materialismo con argumentos idealistas y al idealismo con argumentos materialistas. [Y luego] el idealismo y materialismo disipan  parejamente lo real, uno porque suprime la cosa, el otro porque suprime la subjetividad, para que la realidad se devele es preciso que un hombre luche contra ella. En una palabra, el realismo revolucionario exige igualmente la existencia del mundo y la existencia de la subjetividad, mejor aún, exige una correlación tal, entre una y otra, que no se puede concebir una subjetividad fuerte del mundo, ni un mundo que no sea  aclarado por el esfuerzo de una subjetividad transformadora.”

Desde mi punto de vista la postura básica del marxismo no es la de un idealismo voluntarista, subjetivo, sino con principios materiales reales, principios de realidad, basamento estructural objetivo. Por lo tanto, tampoco es una especie de “materialismo vulgar” –como le llamaba Marx– que no contempla los aspectos fundamentales de la constitución y la importancia  de la praxis como algo subjetivo –tal como está en las Tesis sobre Feuerbach–. En consecuencia, comprende la capacidad de construcción subjetiva de la praxis, la importancia del sujeto, la importancia de la capacidad, de la voluntad, pero no como una abstracción general. En este punto se distancia, por ejemplo, de los textitos de metafísica y autoayuda actuales que le recomiendan a la gente ser positiva ya que con voluntad puede uno conseguir lo que quiera. El de Marx no es un materialismo vulgar, determinista, es un materialismo no determinista que viene de Epicuro, Demócrito, de los presocráticos, que se condensa en Hegel, etc. Entonces no es un materialismo vulgar ni un idealismo subjetivo sin principio de basamento material objetivo, real. Soy insistente con estas ideas porque son fuente de grande debates en relación a cómo es que podemos plantearnos la revolución. Uno de los problemas meridianos de esas discusiones ha estado en cómo armonizamos los elementos materiales estructurales con la importancia de la subjetividad y la voluntad. Hay visiones muy idealistas y voluntaristas, en el mal sentido de esas palabras, que no toman en cuenta las condiciones materiales, mientras otras, demasiado materialistas, vulgares y mecanicistas, desechan la importancia de la subjetividad, de la construcción de la voluntad.

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En nuestra América el Che decía que “fundamentalmente la revolución es un acto de consciente voluntad”, poniendo énfasis en el elemento de la voluntad y de la conciencia revolucionaria. En contraposición a esta tesis hay corrientes que son materialistas, mecanicistas y vulgares. En ellas la voluntad y el individuo no importan. Destacan el desarrollo de las fuerzas productivas, de la estructura económica, el cambio de la matriz, es decir, reducen el marxismo a una visión economicista y determinista. En relación a esta discusión Lenin, en sus Cuadernos filosóficos, apunta: “el idealismo inteligente está más cerca del materialismo inteligente que del materialismo estúpido, el idealismo objetivo, el idealismo absoluto –o sea Hegel–, todavía más, se ha acercado en zigzag y en cierta manera por una voltereta, al materialismo, en el cual se ha transformado parcialmente.”

Como se han dado cuenta, esta discusión permite comprender esa relación tan compleja entre idealismo y materialismo. Karl Marx hace una crítica materialista a los idealistas y una crítica idealista, en el sentido de la importancia de la voluntad, del sujeto, a los materialistas. A mi modo de ver, en esta discusión se condensa la sustancia del pensamiento marxiano. En los mencionados cuadernos de Lenin, el revolucionario ruso sentencia enfáticamente: “es completamente imposible entender El Capital de Marx y en especial su primer capítulo sin haber estudiado y haber entendido a fondo la lógica de Hegel. Por consiguiente hace medio siglo ninguno de los marxistas entendió a Marx.” Para Lenin, a partir de la muerte de Marx –durante medio siglo–, nadie entendió su pensamiento. En lo personal comparto el juicio de Lenin y por eso insisto en el gran desafío que tenemos de acercarnos al marxismo. Mientras el mundo está estallando en pedazos con la primera guerra mundial Lenin se aboca al estudio de la obra de Hegel, esto porque se da cuenta de que –y está siendo absolutamente tajante– “es completamente imposible entender El Capital de Marx, en especial su primer capítulo, sin haber estudiado y entendido a fondo la lógica de Hegel… por consiguiente hace medio siglo ninguno de los marxista entendió a Marx.”

Creo que en América latina nos pasa que no entendemos a Marx y el martxismo en su totalidad, por ejemplo, ni siquiera sabemos quién es Tran Duc Thao, un marxista vietnamita increíble, que trata de articular la fenomenología, Merleau Ponty, con el marxismo. Pero por nuestra veleidad decimos: ¡hay que ir a la calle a tirar piedras! Está bien, hay que ser activista, hay que ir a hacer la transformación, pero también hay que leer a Tran Duc Thao y hay que entender la lógica de Hegel. Ni siquiera sabemos mucho de la lógica de Hegel. Si queremos leer El Capital entremos en serio a su lectura. Lenin dice respecto a la Fenomenología del espíritu, “es digno de mención el hecho de que todo el capítulo sobre la idea absoluta, casi no contiene nada que sea específicamente idealista, sino que tiene por tema principal el método dialéctico. En esta obra de Hegel, la más idealista de todas, hay menos idealismo y mas materialismo que en ninguna otra, es contradictorio, pero es un hecho.”

Pero, ¿cuál es el tema? La discusión sobre el materialismo, el idealismo y el materialismo dialéctico es muy complicada, profunda y hace falta leer y reflexionar a fondo. Las dos grandes tendencias equivocadas han sido, por un lado, una especie de idealismo –en el peor sentido del término– abstracto. Una valorización abstracta sin principio de realidad de la voluntad del sujeto, etc., que,  además,  muchas veces deriva en posiciones burguesas, conservadoras, en una sobreideologización y en charlatanería. La segunda, obedece a una visión economicista, positivista, donde solamente está la necesidad de las fuerzas productivas, la estructura económica. No existe allí ni el sujeto, ni la subjetividad, ni la voluntad transformadora que Sartre  admiraba en el Che Guevara. Este filósofo francés decía que el Che Guevara era el ser humano más grande del siglo XX, y el Che, básicamente, enfatizaba la idea del “hombre nuevo”, de la voluntad en la construcción del sujeto. El Che se ponía a leer economía cuando era presidente del Banco Central para ver qué se podía hacer con la historia de la economía, él mismo describe –ahí están sus textos– como se ha vuelto marxista en la trinchera, leyendo.

El marxismo no es ni un materialismo mecanicista vulgar, ni un idealismo abstracto, voluntarista. Pero generalmente eso no está claro. Sobre todo en los manuales la tergiversación del marxismo es muy grande. Esta charla es una invitación a intentar leer El Capital, aunque es una introducción al marxismo en general. Cabe agregar que los que han leído más seriamente El Capital señalan, sobre todo Mondolfo, y también Lenin, de que lo fundamental de la ciencia en la lógica de Hegel, para decirlo en dos palabras, es la idea de tres grandes conceptos: la idea del “ser”, la idea de la “esencia” y la idea del “concepto”. Hay todo un tránsito de la una a la otra, el devenir, la existencia, la cantidad, la cualidad, todo el debate sobre la dialéctica. Una idea que sintetiza Mondolfo y Lenin es la que en El Capital en realidad el “ser” es la mercancía. Por eso Marx estaría siguiendo la metodología hegeliana a fondo. La “esencia” es la dualidad del trabajo y el “concepto” es la síntesis de múltiples determinaciones especialmente articuladas en la idea del “fetichismo de la mercancía” que, a su vez, es la base de la “Ley general del valor”, la “teoría del valor–trabajo”.

Una vez,  les cuento entre anécdotas, quedamos en que había que leer El Capital. Y pensamos que previamente había que leer Hegel. Pero para leer Hegel había que leer a los clásicos griegos y para leer a estos había que acercarse a los presocráticos. Entonces nos hemos ido a leer Heráclito, Demócrito y nunca hemos llegado ni siquiera a Hegel. También ese es un error. Está bien tener las ideas fundamentales de estos autores, quienes no han leído La Ciencia de la lógica no pueden ponerse a hablar de la “ley del valor”, etc.  Es muy complicado. Ahí en el grupo teníamos discusiones, nos resentíamos. Sustancia, magnitud, medida del valor, todas esas categorías hacen parte de una discusión muy profunda. Además, cómo entender cuando Marx nos dice, por ejemplo, “el valor es una objetividad espectral.” Las primeras críticas a Marx obedecían a ese tipo de sentencias, sus críticos le retaban: “que se ponga a estudiar en serio este tipo, son pura hegelianadas”, porque ¿qué es “objetividad espectral”?. Fíjense bien, los que están demasiado inmersos en la filosofía no ven la importancia de las categorías económicas en Marx, y los que son muy economicistas no ven la importancia de las categorías filosóficas, “fetichismo”, “enajenación”, que están presentes ahí. Es el mismo problema que sucede entre el idealismo y el materialismo. Hay gente que cree que ser materialista es ser determinista y no es eso, por lo menos en el marxismo. Y, al contrario, creen que ser idealista es ser una especie de voluntarista que no toma en cuenta el principio de realidad de las cosas.

 

El sujeto revolucionario

 

Finalmente paso a la idea de “sujeto revolucionario”. Tal vez voy a ir sintetizándola. La idea de sujeto revolucionario tiene muchas aristas. Ha ido construyendo, de una forma muy arraigada, la categoría famosa del proletariado. El tema del método, la dialéctica, el idealismo, eran una base central para derivar el tema de Hegel y sí habría que decir unas cuantas cosas sobre el partido, la política y el Estado, temas fundamentales en Marx. Todos ellos como elementos del proyecto político marxista. Marx tiene unas frases muy bonitas desde esta visión de militancia profundamente anti sectaria, pero también profundamente implacable en ciertos aspectos del debate teórico con Proudhon, etc. Unos planteamientos enmarcados en esta apertura a la idea de partido “en el eminente sentido histórico de la palabra.” Señala que Blanqui –que era su rival político–, era el gran líder del partido proletario de la revolución en términos estrictos de su doctrina. Es decir, a la forma de autoconstrucción de los subalternos como capacidad organizada de trastocar el orden de cosas existentes Marx le llamaba partido. Por eso tenían cabida en las organizaciones lideradas por Marx, lo mismo bakunistas, tradeunionistas, marxistas, ya que el partido no era patrimonio de nadie. Si nos damos cuenta ahí subyace la idea del partido en el sentido efímero de la palabra: los aparatos organizados, nucleados, articulados con centralismo democrático, con un centralismo más autoritario, etc. Marx veía la importancia de los dos tipos de partido, la “Liga de los Comunistas” y la “Asociación Internacional del Trabajo”, ambos disueltos.

En Feuerbach y el fin de la filosofía alemana,  Engels expone: “lo importante de la filosofía de Hegel es que no hay espacio para ‘vacas sagradas’, todo lo que existe merece perecer, lo que ayer fue necesario, ahora es un estorbo.” Aplíquenlo a sus vidas, a la política, a las estructuras sociales. Claramente, Marx veía que lo que ayer era necesario ahora es un estorbo y disuelve los partidos en el sentido efímero de la palabra. Ahí, una vez más, está el error de la gente que sólo hace énfasis en la autoorganización y en la capacidad de construcción subjetiva de los sujetos subalternos, descartando la construcción de aparatos más efectivos que faciliten capacidad más pragmática de transformación de la realidad y viceversa. Algunos  no aprecian en absoluto la importancia de la capacidad de autoorganización, del potenciamiento de los sectores subalternos y sobrestimando la construcción de un partido en el sentido efímero de la palabra: Partido Bolchevique, MAS, Liga Espartaquista, que caducan. El surgimiento de la III Internacional es el síntoma de que todos esos partidos entran en una terrible bancarrota. Todos los partidos comunistas y socialdemócratas adscritos a la II Internacional, en el marco de la primera guerra mundial, apoyan los créditos de guerra esgrimidos por los Estados–naciones para que se maten entre europeos, situación criticada por Lenin y Rosa Luxemburgo, y que les permite romper con esta internacional y fundar una nueva, la III Internacional Comunista.

Ese es un tema que no debe desligarse del problema del Estado y la política, al menos así lo señalan unos cuantos textos de Marx donde se plantean cosas como que “sólo cuando el hombre ha reconocido y  organizado sus fuerzas propias como fuerzas sociales y cuando por lo tanto no separa mas de si la fuerza social bajo la forma de fuerza política, solo entonces se lleva a cabo la emancipación humana.” Hay que comprender que en la labor política y en la construcción del partido, tanto en el sentido eminentemente histórico como en el efímero, lo central es la capacidad de ir re apropiando socialmente las capacidades políticas colectivas e individuales. Más aún, la definición de comunismo que da Marx en El Capital es la de “los productores directos organizados a escala nacional.” Esa es la revolución y el horizonte del comunismo, los productores directos, tanto campesinos, como obreros, las clases subalternas, organizadas a escala nacional y desmontando las lógicas de la propiedad privada y las relaciones de poder que los mantienen sometidos.

Es fundamental que todo lo concerniente al Estado vaya discutiéndose. El Manifiesto Comunista precisa ciertas cosas del Estado y es el único tema que es replanteado en las siguientes ediciones, reimpresiones. La  idea de que en realidad para el proceso revolucionario es central la demolición del Estado, el desmontaje de las estructuras centrales de los estados que han sido construidos como maquinarias de dominación a los sectores oprimidos. Ahí hay una lógica, una estratégica, un proyecto político.

 

La política

 

Para ir finalizando nos referiremos a la idea de política en Marx. Idea basada en la relación de lo político con lo social. István Mészáros, un viejo militante y discípulo de Lukács, en su libro Más allá del Capital, reflexiona: “por cuanto una revolución social con un alma política es una paráfrasis o un contrasentido, una revolución política con un alma social tiene un significado racional. La revolución en general, el derrocamiento del poder existente, la disolución de la vieja relación, constituye un acto político, pero el socialismo no puede ser llevado a cabo sin revolución, necesita este acto político, así como necesita destrucción y disolución, pero donde comienza su actividad de organización, donde su objetivo propio, su alma  pasa a primer plano, allí el socialismo se despoja de su manto político.”

Hay toda una idea muy atrayente de la unilateralidad de lo político respecto a lo social. De hecho, una frase del propio Mészáros dice que “la cuestión está, según Marx, en cuál de ambas es la categoría verdaderamente englobadora, ‘lo político’ o ‘lo social’.” Por supuesto que lo político hace falta, está claro. Continúa, “la forma en que está constituido la política no puede evitar el sustituir la autentica universalidad de la sociedad por su propia parcialidad sobreponiendo sus propios intereses a los de los individuos sociales y arrogándose el poder de arbitrar sobre los intereses parciales en conflicto a nombre de su propia universalidad usurpada.”

Debemos aproximarnos a la idea de la relación de comprensión de la lucha política y la lucha revolucionaria en función a estas ideas que les he ido planteando, la de partido, de la política unilateral –aunque necesaria–, y la idea de la demolición y la desintegración de las estructuras del Estado como estructura de dominación. Ese debate es profundamente interesante e inquietante sobre todo a la hora de discutir procesos como el boliviano, la revolución sandinista o la revolución cultural China, pero esas son las bases fundamentales de la discusión. Por ejemplo, cuando Engels propone la Comuna de París envía unas cartas diciendo “mejor olvídense de la antigualla de la palabra «Estado», eso va a pasar al museo, usen la vieja palabra «comuna» para referirse al semi Estado que construirían los revolucionarios.” De hecho Marx y Engels definen a la comuna como una política comunal de semi Estado y, por ejemplo, en La guerra civil en Francia el propio Marx sugiere la idea de que esta “no fue una revolución contra tal o cual forma de Estado, legitimista, constitucional, fue una revolución contra el Estado mismo.” Esta tesis es de destacar porque esa es la base fundamental sobre la que debemos plantearnos el principio de realidad de cómo hacer posible la demolición del Estado. Cuántas fases existen en el proceso boliviano o en la revolución China. Pero la gran mayoría ignora eso, tiene una visión muy politicista, en el sentido estricto, limitado, partidista, dogmático y muy estatal del marxismo.

Quisiera terminar mencionando un asunto que me gustó mucho e impulsó durante un largo tiempo en mis momentos de decisión. Es la idea que tiene Marx de la riqueza, tratada en los borradores de El Capital. He tratado de introducir ciertas categorías, me han faltado muchas, pero por  lo menos quisiera añadir que dentro de la pregunta de qué es el marxismo, es importante la idea de esta relación entre el proyecto político y el sujeto. Termino con la siguiente frase de Karl Marx: “qué es la riqueza más allá de sus formas estrechamente mercantiles, sino el intercambio universal de los goces y las fuerzas productivas de los hombres”, esa es la verdadera riqueza.

 

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