Del desarrollo a la autonomía: la reinvención de los territorios. El desarrollo como noción colonial

La idea de desarrollo se mantiene como un referente fuerte, incluso entre los críticos del capitalismo.  Esa idea-fuerza se presenta como si fuese natural y, por tanto, como si no tuviese una génesis histórica y un lugar de origen muy específico.  El desarrollo ganó el mundo en el contexto de la post guerra, cuando el Sr. Harry Truman, entonces Presidente de EE.UU., y el naciente Banco Mundial de Reconstrucción y Desarrollo, comenzaron a definirnos como subdesarrollados por tener una renta per cápita por debajo de US$ 100 y estar sin-capital, sin-escolaridad, sin-conocimiento, sin-tecnología, sin-urbanización. Es decir, cuando pasamos a ser analizados no por lo que éramos, sino por no ser iguales a los que nos caracterizaban como tales, quienes disponían del capital, del conocimiento, de la tecnología, del ideal urbano al que habríamos de convertirnos.

 

En fin, el desarrollo es una idea colonial en el sentido más preciso de la palabra.  Hasta los años ‘50, nadie quería desarrollar a nadie y los países europeos hablaban abiertamente de colonizar África y Asia, donde estaban sus colonias.  Incluso los primeros documentos que propusieron la creación del Banco Mundial decían explícitamente que se trataba de un banco de reconstrucción y no de desarrollo (Pereira, 2009).  Hasta mediados de los años ‘50, la cartera de inversiones del Banco Mundial fue básicamente destinada a la reconstrucción de Europa y poco o nada a las “áreas subdesarrolladas” (Truman).  Fue la ola descolonizadora desencadenada por los pueblos africanos y asiáticos en la post guerra, la que proporcionó las condiciones para que los países que perdían sus colonias reinventen esa noción colonial, que pasó a dividir el mundo entre los que eran desarrollados y los subdesarrollados, estableciendo que estos deberían seguir el modelo de aquellos.  A partir de entonces, las agencias (poco) multilaterales se encargaron de contratar científicos y técnicos para medir cuanto faltaba a los sub para que se vuelvan desarrollados y, para eso, diversas misiones y sus misioneros fueron enviados al llamado Tercer Mundo.  Así como la primera colonialidad, bajo hegemonía ibérica, se afirmó en nombre de la fe cristiana, y la segunda colonialidad, bajo hegemonía de Europa Norte Occidental, se afirmó en nombre de la fe en la ciencia -olvidando que la fe en la ciencia no es ciencia, es fe-; la tercera colonialidad, bajo hegemonía estadounidense, sobre todo en la post guerra, se afirmó en nombre de la idea del desarrollo.  Así como un día los europeos colocaron la idea de catequizar y colonizar el mundo, ahora quieren desarrollarlo, esto es, conducir a todo el mundo hacia su idea de desarrollo.  La idea es rigurosamente colonial, como se ve.

 

En Abya Yala/América somos modernos hace 500 años!

 

Es en ese contexto de descolonización de los pueblos africanos y asiáticos, sobre todo, que se propone la revolución verde1 como una revolución técnica, donde el verde de esa revolución busca vaciar la revolución roja que había ganado gran expresión con la Gran Marcha campesina en China.  El desarrollo tecnológico emergía como una bendición a la que todos tendrían derecho, teniendo a la ciencia occidental como su fuente de inspiración.  Así, con un sesgo universalista, aunque con un origen bien provinciano, el occidental, se presentaba a la ciencia occidental como una panacea, independiente de los contextos socio-geográficos específicos donde fuera a insertarse.  Incluso se nos contó una historia de las técnicas con énfasis en la Revolución Industrial del siglo XVIII europeo que debía iluminar el mundo (sic), como si estuviésemos en la edad de las tinieblas.  Olvidaron no sólo las innovaciones tecnológicas presentes cuando la conquista colonial de Abya Yala/América, inclusive el hecho de que este continente no exportaba materias primas, como se enseña en los libros, puesto que tanto el oro como la plata, que salían de Anauac y del Tawantinsuyu, al igual que el azúcar, que salía de Cuba, Haití y de Brasil, eran productos manufacturados.  No sólo el oro y la plata eran objeto de un tratamiento manufacturero con un sofisticado conocimiento de esas metalurgias ya previamente existentes, sino también el azúcar procesado en los ingenios para ser exportado.  A la época, el azúcar era el mayor commodity en circulación en el mundo y era producido aquí en Abya Yala/América con procesos manufactureros que no encontraban paralelo en el continente europeo.  Por lo tanto, si quisiéramos contar la historia del desarrollo tecnológico moderno deberíamos comenzar por todo lo que abarcó la conquista y la colonización de Abya Yala/América.  ¡Somos modernos hace 500 años!

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Somos modernos sí, pero el lado olvidado de la modernidad, esto es, el lado colonial que, todavía, le es constitutivo.  Europa, hasta la conquista de Abya Yala/América en 1492, no tenía la centralidad que pasó a tener después de incorporar este continente.  A la época, “orientar” indicaba el camino acertado a seguir, esto es, el Oriente.  La conquista de Abya Yala/América proporcionó a Europa las condiciones de posibilidad para que se convierta en el centro geopolítico, geocultural y geoeconómico del mundo.  De hecho, no se comprende la centralidad de Europa sin su lado colonial que, así, cumple un papel protagónico en la constitución del sistema mundo moderno-colonial que nos habita hasta hoy.  La modernidad desde su primer momento fue colonial.  Hacer monocultivos extensivos, esto es, en latifundios, fue una innovación tecnológica que tuvo su lugar en el mundo colonial y, para eso, fue necesario el trabajo esclavo puesto que nadie espontáneamente hace monocultivo.  El monocultivo es una técnica que sólo tiene sentido cuando se produce no para sí mismo, sino para otro, aún más cuando se lo hace en grandes extensiones territoriales.  La técnica se muestra, así, parte de las relaciones sociales y de poder.  Los ingenios de azúcar molían la caña proveniente de los latifundios de monocultivo bajo la mano santa del látigo en la espalda de los esclavos, tal como hoy los latifundios empresariales de monocultivos de soja o de caña operan bajo la tecnología de la Monsanto.  Cuando decimos la mano santa del látigo de los señores en la espalda de los esclavos no lo hacemos como si fuese una figura de retórica simplemente, puesto que la Iglesia a la vez que cuidaba del alma de los indígenas, aunque con ambigüedad, bendecía la esclavitud.

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La reinvención de los territorios

 

El “desenvolvimento” (desarrollo2), entre los muchos significados que encierra, contiene uno muy especial que se refiere a su no “envolvimento” (envoltura) con los lugares y las regiones en sus singularidades.  Hubo un autor, Walter Rostow, que llegó a caracterizar el momento exacto en que un país o una región se desarrollaban como take off; o sea, una metáfora de la aviación para señalar el momento del despegue.  Desarrollar es despegar y, así, el “desenvolvimento” es también “des-envolvimento” en el sentido preciso de romper el “envolvimento” (environment, del inglés), de privar a quienes son de lo local, a quienes son de una determinada región o de un determinado territorio, el poder de definir su propio destino, de concebir su propio ambiente.  En ese sentido, “des-envolver” es desterritorializar.  Sus raíces pertenecen a la tradición liberal que, por ello, da tanta importancia al derecho de ir y venir, y no da ninguna atención al derecho de quedarse, al derecho de permanecer que, en el fondo, es el derecho de territorializarse por sí mismo, en su differentia specifica.  Por ello, es importante constatar que la crisis del desarrollo viene junto con el debate acerca del territorio y de las territorialidades (Oporto-Gonçalves, 2001).  Es un debate por el ambiente, por el “envolvimento”, por la reapropiación social de la naturaleza (Leff, 2006).  Y ya no se trata de un debate de cada cual en defensa de su propio territorio (Diaz-Polanco, 2004), puesto que el “desenvolvimento” al “des-envolver”-se (despegar) de cada contexto sociogeográfico específico, comprometió a cada uno con el destino de todos, al poner en peligro la propia supervivencia del planeta y de las especies.

 

No en vano, la actual crisis por la que pasa la humanidad es la crisis del éxito de su revolución que, tal como Prometeo, se hizo por el control del fuego, por la revolución energética fósil, la Revolución (en las relaciones sociales y de poder) Industrial.  Fue la generalización del uso de la energía fósil (carbón y petróleo) que permitió no sólo que la energía (en física, capacidad de realizar trabajo) transformase la materia (en física, trabajo) y, así, hizo posible que la materia transformada en cualquier lugar del mundo con el uso de máquinas a vapor pudiese ser transportada a cualquier lugar del mundo con el uso de la máquina de vapor adaptada a los medios de transporte y, así, que proporcione una transformación de la materia en proporciones jamás vistas en toda la historia del planeta, “des-envolvendo”-se (despegándose) de cualquier lugar a la vez que “envolvía” a todos en su “desenvolvimento” (desarrollo).  Con eso, el “desenvolvimento des-envolveu-se” (despegó) y se olvidó de las leyes de la termodinámica, del principio de entropía.  El calentamiento global es la expresión del éxito de un desarrollo que perdió el sentido de su “envolvimento”.  Hubo un tiempo en que se llegó a saludar la llegada del desarrollo con sus locomotoras, llamadas en Brasil cariñosamente como “María Humareda”.

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He ahí la razón de ser de las luchas por la reapropiación social de la naturaleza (Leff), de las luchas por territorios, por sentidos de estar en la tierra, en fin, por territorialidades.  Los pueblos indígenas y los diferentes campesinos tienen un papel estratégico al protagonizar luchas en defensa del agua, del aire, de la tierra y de la vida.  Así como los últimos 30/40 años fueron los 30/40 años más devastadores de la historia humana, cuando hubo la mayor ola de expropiación indígena-campesina que des-ruralizó y sub-urbanizó por todas partes, fue también en estos 30/40 años que la humanidad tomó conocimiento de su carácter planetario y que emergieron por todas partes movimientos que luchan por territorios en su diversidad (territorialidades) y, así, ponen en el orden del día el derecho a la igualdad en la diferencia (Oporto-Gonçalves, 2001).  Por encima del “desenvolvimento”, autonomía.  Autonomía significa en griego, darse las propias normas, en fin, tener el control de su destino.  Autonomía es, entonces, recuperar el control sobre nuestros destinos y, de este modo, es, rigurosamente, lo otro de “des-envolvimento”.  Y, no olvidemos, tal y como todo ser vivo, toda autonomía tiene que tener poros, aperturas para relacionarse con el otro en condiciones de igualdad sin que la autonomía se pierda.  (Traducción ALAI)

 

Bibliografía

 

Díaz-Polanco, H. El Canon Snorry. UACM, Ciudad de México, 2004.

 

Escobar, A. La invención del Tercer Mundo: construcción y desconstrucción del desarrollo. Barcelona: Grupo Editorial Norma, 1996.

 

Esteva, G. Desenvolvimento. En: Sachs, W. Dicionário do Desenvolvimento: Guia para o Conhecimento como Poder. Petrópolis, Vozes, 2000.

 

Leff, E. Racionalidade ambiental: a reapropriação social da natureza. Civilização Brasileira, Rio de Janeiro, 2006.

Pereira, J. M. M. O Banco Mundial como ator político, intelectual e financeiro (1944-2008). Tese de Doutorado, Universidade Federal Fluminense, Niterói, 2009.

 

Porto-Gonçalves, C.W. Da Geografia às geo-grafias: um mundo em busca de novas territorialidades. En: Ceceña, A.E. y Sader, E. (comps) La Guerra Infinita: hegemonía y terror mundial. Buenos Aires, Clacso, 2001.

 

Porto-Gonçalves, C.W. Geo-grafias: movimientos sociales, nuevas territorialidades e sustentabilidad. México, Siglo XXI, 2001.

 

Porto-Gonçales, C.W. Abya Yala, o des-cobrimento da América. En: http://otrosbicentenarios.blogspot.com/2009/01/abya-yala-o-descobrimento…

 

Sachs, W. Dicionário do Desenvolvimento: Guia para o Conhecimento como Poder. Petrópolis, Vozes, 2000.

 

 

– Carlos Walter Porto-Gonçalves, geógrafo brasileño, es docente en la Universidad Federal Fluminense (Brasil). Colabora con diversos movimientos sociales, como el MST y la Comisión Pastoral de la Tierra.

 

1) En fin de cuentas, ¿por qué una revolución técnica tendría que tener un color? El rojo era ideológico, mientras el verde, técnico. Obviamente, no fueron los colores como tal que se colorearon con estos valores.

 

2) NDLT: En portugués, “desenvolvimento” significa desarrollo, mientras que “envolvimiento” significa envoltura, involucramiento o enredo. Por la connotación que le da el autor a los términos, mantenemos ambas palabras en dicho idioma.

 

http://www.alainet.org/es/active/38112

 

 

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