La Ley del Terror en Brasil

“El mal que hacen los hombres perdura”
Iron Maiden

El terror en Brasil existió y existe. Es cotidiano y efectivo. En el enorme territorio del samba, la cachaça y el fútbol conviven una  increíble variedad de culturas. El brasileño es un pueblo sacrificado y alegre que nunca sufrió un atentado terrorista en toda su historia. Históricamente el terror es organizado por los de arriba, y se expresa en aquellos actos sistemáticos planificados desde los escritorios del poder del estado y de los grandes medios de comunicados, ayer y hoy.

 

Actualmente el congreso brasileño está discutiendo un proyecto de ley antiterrorista. Se trata del PLC n° 101/2015, creado por el Poder Ejecutivo (Gobierno Dilma -PT-). Después de ser aprobado en junio con carácter de urgencia por la cámara de diputados, fue recientemente modificado por el senado después de un extenso debate. Este no es el primer intento de crear una ley que tipifique específicamente el crimen de terrorismo en Brasil y como el texto fue modificado, tendrá que ser debatido nuevamente en la cámara de diputados. Entre las modificaciones, fue retirado un párrafo que intentaba dar un resguardo a los movimientos sociales algo que da lugar para nuevas expresiones de resistencia.

La presión internacional, los mega-eventos como las próximas olimpiadas y el mundial pasado, el temor frente a los rumores de la presencia de algunos militantes del Estado Islámico en territorio nacional, son argumentos ampliamente divulgados entre quienes intentan justificar este refuerzo legislativo de la estructura represiva del estado. Se intenta garantizar el sucesivamente renovado lema fundacional de la república: “Orden y progreso”. Más que nada, en esta etapa política, existe una motivación principal para el poder que transcurre la crisis provocada por los límites del neo-desarrollismo: Perseguir a los movimientos sociales.

El 11 de septiembre de 2001, marcado por los ataques terroristas en las torres gemelas y en el Pentágono, es un día que cambiará profundamente la historia. Para los EEUU aparece un enemigo difuso y escurridizo, (que fue construido y alimentado por el mismo poder imperial) que le da la oportunidad de lanzar una nueva etapa de política internacional. En este contexto el “Sheriff del planeta” anuncia la “guerra contra el terrorismo.” El discurso de Bush al mundo era muy claro: “o están con nosotros o están con el terrorismo”. La Ley antiterrorista es una exigencia imperial. Para ser más efectivo el imperio encomendó a la tarea al GAFI (grupo de acción financiera), el organismo internacional creado en 1989 contra el lavado de dinero del narcotráfico, que en 2001 cambia su función. Es el organismo encargado de presionar y monitorear la creación y aplicación de esa legislación en los diversos países.

En la última década, fueron surgiendo similares estructuras legislativas en los diferentes estados latinoamericanos, más allá de las tendencias políticas de sus gobiernos de turno: Chile, Paraguay, Bolivia, Guatemala, Ecuador, México, El Salvador, Honduras, Argentina, Colombia son algunos de los países que pueden ejemplificar esa similitud en la legislación antiterrorista. Están basadas en un texto amplio y ambiguo dejando abierta la interpretación. Coinciden también en su aplicación contra los movimientos sociales, judicializando y criminalizando la protesta social, más allá del carácter progresista o conservador de su gobierno. La ley que está en discusión en el congreso Brasileño define el terrorismo como, “atentar contra la  persona, mediante violencia ou grave amenaza, motivado por extremismo político, intolerancia religiosa o prejuicio racial, étnico, de gênero o xenófobo, con el objetivo de provocar pánico generalizado”.

Las 49 diversas recomendaciones de parte del GAFI, unificadas en el 2012, constituyen “el marco básico de lucha contra el blanqueo de capitales y fueron diseñadas para una aplicación universal. Abarcan el sistema jurídico penal y policial, el sistema financiero y su reglamentación, y la cooperación internacional”según su sitio oficial. Lamentablemente allí no se incluye el lavado de dinero a través de iglesias evangélicas que además del miedo al infierno (muchas veces vinculado a las reglas extremamente conservadoras de vida impuestas al pertenecer) promueven un cierto tipo de terror organizado.  Si así fuera, el actual presidente del senado brasilero, Eduardo Cunha (terrorista), estaría claramente enmarcado en esa práctica de financiamiento al terror.

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Desde hace 22 años se discute la creación de una ley antiterrorista en Brasil el contexto actual presenta una oportunidad mayor que la última vez que fue discutido un Proyecto de Ley (PL). Previo a la copa del mundo, durante las movilizaciones en el 2013 de movimientos sociales, la resistencia a la ley era mucho era mucho mayor y el proyecto fue encajonado. En las últimas elecciones (octubre de 2014) quedó conformado el congreso más conservador de los últimos tiempos. A pesar del triunfo de la coalición que encabeza el Partido de los Trabajadores, el plan de gobierno implementado es de corte neoliberal, con fuerte recorte de presupuesto en educación, salud, y con una creciente pérdida de derechos y puestos de trabajo. El partido que realmente detenta el poder en esta nueva etapa es el PMDB, presente en los gobiernos brasileños de diversa índole durante las últimas décadas. Es el ejecutivo (Presidenta Dilma) quien presenta el nuevo Proyecto de Ley antiterrorista en el congreso, poco tiempo después del último, y polémico, viaje a EEUU donde se reunió con el insólitamente nombrado Premio Nobel de la Paz, Obama. La Guerra contra el terror necesitaba de una estructura legislativa más fuerte en gigante país de América del Sur.

 

En la calle Resistencia contra Terror

En las manifestaciones de calle en Brasil, los que violan derechos no son los manifestantes. Un estudio que analiza 740 manifestaciones (enero de 2014 hasta julio de 2015) contó 849 detenciones arbitrarias y diversas violaciones de derechos humanos.

En algunos territorios brasileros, el crimen de terrorismo sigue siendo cometido por el estado. En el complejo de favelas de la Mare, en Rio de Janeiro, durante un acto contra el aumento del pasaje, la Policía Militar masacró 9 personas en la calle San Jorge. Frente a la resistencia, La presidenta Dilma declara el decreto de Garantía de Ley y Orden en La Maré. El 31 de marzo, exactamente 50 años después de declarado el último  y prolongado Golpe de estado en Brasil, los militaresinvaden la favela.

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“El terrorismo son las fuerzas del estado hoy en las favelas de todo Brasil” Decía un profesor en el acto del pasado 15 de octubre a dos años en que las profesoras fueron brutalmente reprimidas en Cinelândia, centro de Rio de Janeiro. Los ejemplos, como emblemas, son múltiples: la desaparición de Amarildo en la Rocinha, Rio de Janeiro, la masacre de Osasco en São Paulo, o la muerte del  niño Eduardo en el Complejo del Alemán (Rio de Janeiro). La lista de muertos por este terror en las favelas es interminable, y lleva a que la policía brasileña tenga números récord en asesinatos, Anistia Internacional realizó un informe minucioso en este año.

En el último mes, el torturador Curió confesó impunemente y sin arrepentimiento, las terribles crueldades cometidas en nombre del estado brasileño durante silenciosamente cruel dictadura militar que duró 21 años. Otro torturador, Ustra, murió impune tranquilamente en su casa. Hijos y Nietos de víctimas del terror de estado en Brasil luchan por Memoria, Verdad y Justicia, y se preguntan cotidianamente porqué este estado ‘cede’ frente a la presión internacional de determinados organismos  y permanece indiferente frente a la resolución sobre el “Caso Gomes Lund vs. estado Brasilero” sobre la Guerrilla de Araguaia, a través de la cual, el estado Brasilero es llamado a retirar la amnistía a los militares y avanzar en políticas de justicia de transición. La impunidad del terrorismo de estado es la base para la propagación del terror hoy.

Varios movimientos sociales han coincidido en divulgar comunicados de conjunto o escribir cartas abiertas. La resistencia a la ley antiterrorista va creciendo en diferentes actos, palestras en universidades, actividades públicas, etc. En las declaraciones de los militantes se encuentra mucha claridad y conciencia:

“No hay profesor, ni médicos para cada 55 habitantes. Hoy en La Maré si hay 1 agente de seguridad por cada 55 habitantes de La Maré.”  Una joven militante social de La Maré, en una Clase pública sobre la Ley Antiterrorista.

“Pacificación, un carajo! Esto es una guerra. Ellos no están en nuestros territorios para hacernos el bien. Me cansé de ver correr la sangre de mis hermanos trabajadores en el barrio. La policía no puede convivir con el favelado, en algún momento alguien va a morir, y yo no quiero dejar que sean mis vecinos.” Expresaba un habitante del complejo del Alemão en el acto del 15 de octubre .

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En tiempos en que se produjeron sucesivos robos en las playas del centro de Rio, repetidos hasta el cansancio por la Rede globo[1], para generar terror en la población e identificar al culpable: El Joven negro de la periferia: Varios grupos organizaron una actividad en las playas con un carácter profundamente popular: Un joven negro, declaraba “Hay mucha gente que no va a retroceder. La lucha no comenzó ayer y no va a terminar ahora. Nuestra resistencia es desde la esclavitud (…) es necesario apropiarse de la calle porque es un espacio nuestro, donde creamos desde nuestra cultura, la resistencia”. Militante que participó del Farofaço del 4 de octubre, en respuesta a la criminalización de los jóvenes negros y su exclusión de las playas de la elite de Rio.

 

¿Y la autonomía de los pueblos?

El dominio internacional del capital no respeta la autonomía de los pueblos. En el juego político planteado por esta democracia representativa se plantea siempre una polarización entre dos opciones. La ley antiterrorista constituye una estructura legislativa que garantiza la relación de fuerzas existente, cristalizando la enorme desigualdad en el uso de la fuerza para la construcción de hegemonía Progresistas, o conservadores, los estados han ido adoptando la medida. Y las leyes antiterroristas fueron aplicadas a los movimientos de resistencia. La Resistencia es el corazón del pueblo que latió durante toda la historia en nuestro continente.

Porque en la lucha de clases que dinamiza la historia. Algunas veces los que somos mas, debemos plantarnos duramente. Alguna vez será necesario abrirle la mano al patrón para que distribuya las riquezas que los trabajadores generamos. Y no por eso seremos terroristas. Justamente lo que divulgamos es la solidaridad. El miedo, el robo, la muerte, es lo que alimenta al capital. Los que luchamos desde abajo condenamos la indiferencia, es la perfección del egoísmo.

Los movimientos nuevos, los que protagonizaron las confusas movilizaciones de junio de 2013, y los que resistieron a un proceso de burocratización o de cooptación en la etapa anterior, tendrán un nuevo obstáculo si se aprueba este Proyecto de Ley. Algunas acciones policiales que ya están siendo practicadas, como las prisiones preventivas, serán legitimadas por esta ley. Así lleva a desmovilizar corriendo el eje de las luchas populares para defender determinadas figuras perseguidas, en lugar de masificar las luchas por justas reivindicaciones de la clase.

Las convocatorias a las resistencias están abiertas en todo Brasil, en el resto América Latina está la muestra de que es necesario resistir el avance de esta ley.

 

Fuente: http://upsidedownworld.org/ (16/11/2015)

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