Línea 60: en todo conflicto “la solución está en la fuerza de la acción y la organización de los compañeros”

Los trabajadores de la Línea 60 resolvieron con un triunfo la medida de fuerza sostenida durante 42 días mediando el 2015, ante los despidos y las amenazas de la empresa  Microómnibus Norte SA (Monsa). No sólo lograron romper el cerco mediático, sino golpearon también en donde más les duele a la patronal. Uno de los delegados, Iván Iza, relató la experiencia de lucha como integrante de la  agrupación Al Volante, las perspectivas y las brechas sobre las cuales trabajar en pos de una transformación social obrera y multisectorial.

 

Delegado desde 2013 y activista de antes, trabaja en la empresa desde 2003. Algunos fueron variando, pero actualmente son 11 los trabajadores que conforman el Cuerpo de Delegados, quienes ganaron las elecciones en 2005 con Al Volante. La experiencia política de sus miembros, muchos de ellos militantes del MAS y PRS, nutrió esta construcción combativa. Para esa fecha, ya llevaban tiempo intentando desplazar a la burocracia. Este proceso previo se logró a través de restablecer confianza, definir líneas de lucha, realizar charlas y debates internos, y concientización. Todo en el marco de cierta clandestinidad y en un contexto dificultoso, “como ocurre al interior de cualquier trabajo, con las precauciones propias contra la patronal y la burocracia, cuidando de  no ser descubiertos. En ningun trabajo se está en democracia, no es que vos te presentás a elecciones y todo ocurre armoniosamente”, explicó.

 

-¿Cómo es la situación actual del conflicto y de los trabajadores?

 

-Después del conflicto del año pasado, estamos bastante tranquilos. Los acercamientos que hubo con la patronal fueron producto del conflicto. No hubo más despidos, es decir, no hubo avance de la patronal. Si bien aún no cobramos todo el salario de aquellos días -según el acuerdo firmado para levantar la medida- lo consideramos un triunfo. El reclamo continuará en todos los ámbitos, laboral, sindical, ideológico. El 6 de agosto del año pasado retomamos las tareas habituales. Con relación a la denuncia de delito mientras ejercíamos nuestro derecho a huela, se determinó la ausencia del mismo, lo que no quita que en algun momento, cuando las fuerzas den -en este contexto de gobierno- vuelvan a acusarnos de delincuentes.

 

 

-El conflicto venció el cerco mediático e instaló la perspectiva del laburante más que la de la patronal, quienes hablaban de paro, ¿cómo lograron esto?

 

-No terminamos de ver, aun hoy, todas las determinaciones que ha tenido este conflicto. Fue el más duro, pero a la vez, el más rico en términos de escuela, de lucha. Hay distintos niveles de revelación del conflicto, desde las primeras discusiones que parecen muy superficiales, pero en el fondo se están discutiendo cosas muy profundas. Por ejemplo, al hablar de “burocracia”. ¿Qué es un “burócrata”?, no es un extraterrestre, es un compañero que sale de nuestro propio seno.

Hasta el rol de los medios, ésta sería la capa más alta de los niveles que estamos hablando. Dada la magnitud del conflicto que atravesamos, a los medios ya los teníamos difundiendo, tomaban el tema porque la situación era noticia, y como tal, había algo para vender, ya que se trata de mercancía. Pero faltaba instalar nuestra línea de lucha; lo que logramos en determinado momento, al revertir el discurso del paro e instalar en los medios el tema del lockout patronal; consecuente con nuestra línea política de salir a trabajar con el no cobro de boletos. Durante este proceso hubo mucho laburo de usuarios a través de una Comisión que se abrió en ese momento; intervinieron también las esposas. Pedíamos ayuda en todos lados, comíamos todos juntos, pero cocinaban los compañeros (aclara, quizás adivinando mi pregunta).

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-¿El no cobro de boleto marcó alguna diferencia?

-La medida está inspirada en el levantamiento de molinetes del subte, como experiencia más cercana. Como medida de fuerza ya estuvo instalada en los 80 con la UTA. Esta medida es fuerte por varias razones. El Estado pertenece a la clase dominante, por lo tanto, es una garantía del empresariado, no es un intermediario ni un mediador; pero los compañeros confían en esas instancias porque resulta ser una esperanza: “A ver si éstos nos solucionan el problema”. Sin embargo, se sabe que la solución no está allí sino en la fuerza. En la fuerza de la acción y la organización de los compañeros. Cuando se vence a la patronal es porque hay fuerza, y como se vence a la patronal, se vence al Estado. El sindicato tampoco quiere el no cobro del boleto; en realidad, está en contra de cualquier medida de fuerza, pero con ésta en particular ve un ribete político profundo, y entonces lo combate. El no cobro de boleto tiene una potencia importante con  la participación de la gente, que es otro/a trabajador/a. Pero su valor recae no sólo en lo económico -afecta en menor medida debido al subsidio-, sino en el hecho concreto de que la toma de decisiones respecto de la organización de la empresa está en manos del trabajador y no de la patronal. A este nivel de concientización y unidad -que incluyó un debate interno interesante, previo al conflicto, sobre en qué medida afectaría ello a una empresa subsidiada-, se llega a lo largo de una trayectoria de lucha que implica organizarse más allá de todas las circunstancias, y con creatividad; con charlas, formación, debates, y difusión a través de un boletín.

 

Enseñanzas de lucha

 

-Sobre las enseñanzas que ha dejado este proceso, ¿qué nos podés decir?

-Por un lado, que no se puede separar la vida sindical de la familiar. Eso es mentira, tu vida es tu vida, está compuesta de todas esas cosas, de cuando estás abajo de la palmera leyendo algo, o cuando estás en medio del combate, o cuando estás en tu casa tomando mate, todo es lo mismo. Se veía claramente durante el conflicto la relación con la familia, la necesidad de cada tanto irse a dormir a casa; los debates surgidos allí, miedos a que el conflicto se ponga cada vez más denso, “me gustaria que no estes ahí”, tensiones. Además en el trabajo te amenazan.

 

-¿Qué dimensiones adquiere ese miedo?

-El miedo lo tenemos todos, son miedos reales y son reales en la sociedad. Quizás quienes tenemos una experiencia de organización y conocemos el poder de la unidad y lo que puede conseguirse con ello lo manejamos de otra manera. Porque igual peleás con el miedo, el miedo está, te subís al ring con el miedo, no te queda otra, porque tomaste la decisión. La cosa es no bajarse del ring. Resulta muy complejo encontrar una respuesta de por qué razón una persona se sube al ring y no se baja -aun con miedo a todo-, y otra persona se quiere bajar. La diferencia la hace la lucha, pero aún así, bien en el fondo no le podemos encontrar un fundamento a la lucha, si le buscás un fundamento filosófico creo que no habría. Si le preguntás a un militatnte, te va a decir que es la lucha contra el capital, pero, ¿es el fundamento último? No, es una decisión, vos decidís: quiero combatir esto, y otro decide tomar cerveza. Yo, por supuesto, lo combato para que el tipo esté en la línea combatiendo también; querés una pelea por la conciencia. No creo que vayamos a hacer la revolución ni que la revolución la vea mi hija de 9 años, pero la revolución se hace hoy. La lucha por la libertad es cada día que das el paso. Te van a cagar a golpes a vos y a todas las generaciones que vengan adelante, pero vas a dejar algo, no sabés qué va a pasar después, todo está en movimiento.

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-¿Se han planteado tareas a futuro?

-Seguimos con la organización, sumar a todos los compañeros que se fueron, desde las bases hasta el más formado. El tema es cómo se hace. Faltan cosas todavía, hay que remar bastante. En este momento no estamos teniendo reuniones, el conflicto dejó un saldo en ese sentido, se triunfó, pero dejó un agotamiento que considero habitual, en casi todas las personas y en los lugares de laburo en donde hay un conflicto de esta magnitud. Hay necesidad de tomar un respiro, acomodar algunas cosas. Además, si la 60 fuera una organizacion social, su misma estructura brindaría la contención necesaria sin salir del tema ni del lugar, pero la 60 es el lugar de laburo. ¿Cómo lograr esta contención colectiva dentro del lugar de laburo, y evitar así el agotamiento posterior al triunfo del conflicto? Salieron algunas ideas básicas del plenario posconflicto, pero a nivel personal considero necesario profundizar aun más, ya que no se logró colectivizar, lo cual tiene que ver con un problema de la epoca. Pienso que, en términos generales, se resuelve con un espacio estructurado de contención y organización que incluya una síntesis y balance. Más allá de que cada uno hace el propio. En el caso particular de nuestro conflicto, es necesario ver errores, qué falto e identificar lo que podría haberse hecho antes del conflicto.

 

-¿Por ejemplo?

-Con relación a temas que me surgen respecto de la intervención del usuario, que como te dije, es otro trabajador. Lo pongo así, nosotros ya veníamos viendo que el no cobro de boleto era una línea importante a tomar; porque en su momento una cámara resolvió que la medida era válida debido a que se trataba de actividad sindical. Esto fue un aporte a la lucha, es decir, teniendo el aval legal -que nos ocupamos de enmarcar y colgar en nuestro lugar de laburo-, y observando esta medida como herramienta importante de presión, podríamos haber sido previsores y haber preparado una comisión especial que ante condiciones de posibilidad de conflicto ya estuviera organizada. Me refiero a identificar pros y contras en un balance profundo, que en mi opinion, falta aún realizar. Nos encontramos en un perídodo de relajación y autoorganización, a la vez que buscamos intentar articular con otras luchas como aceiteros, por ejemplo.

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-¿Están construyendo un frente de unidad del movimiento obrero?

-Se está intentando armar con otros sectores, pero por ahora se están juntando las cabezas nomás. Sin embargo, y esto me parece importante, aún no es posible apoyar con paro a otros sectores,  la 60 no puede parar por otros sectores, el ferrocarril no puede parar por los metalúrgicos, y la empresa metalúrgica no puede parar por  otro conflicto. Sobre eso hay que trabajar, establecer puntos de acuerdo respecto de la situación precaria y los distintos frentes de lucha. Los compañeros de EMFER también tuvieron una lucha impecable, extraordinaria, cuando pelaron por los 400 trabajadores que quedaron en la calle. Otro ejemplo de lucha coordinada y en solidaridad ocurrió en San Luis, durante un conflicto el año pasado en el marco de las paritarias, por la paralización de las negociaciones y en reclamo de un piso más alto. En aquel momento pararon las fabricas de abrasivos Tyrolit y Black & Decker, distantes 100 km una de otra. Esta ultima levanta la medida de fuerza cuando sus trabajadores reciben el aumento. En Tyrolit, en cambio, no les dieron nada y encima despidieron a 18 compañeros. Inmediatamente, Black & Decker para nuevamente en solidaridad con aquélla. El conflicto recrudece, paran el parque industrial de San Luis, hacen un par de acciones fuertes y triunfan. Les dan un porcentaje de aumento por arriba de las paritarias y reincorporan a los compañeros, es un ejemplo. Ejemlo que podríamos escuchar de las coordinadoras de los setenta, pero no ahora.

Esto acá, en Capital, no pasa. los compañeros de otros conflictos se acercan y apoyan, pero no tenemos la capacidad de parar la fábrica por un conflicto que no es el propio; no porque no querramos, sino porque no hay nivel de conciencia suficiente, por un lado, y porque también es cierto que en provincia, con el ejemplo de San Luis, las relaciones se dan de forma distinta que en Capital. Por ello, no me parece suficiente que sólo nos pronunciemos, que se junten los capos, y nada más. Me pregunto de qué manera, y que sea efectivo, podemos dar una vuelta hacia la clase y que las bases tomen un mínimo protagonismo en algo, en donde se dé el cruce de trabajadores ocupados con trabajadores desocupados. Hay problemas legítimos que se deberían encauzar y llevar a las últimas consecuencias. En estos conflictos, como el de la 60, o los que nombré, la militancia registra una totalidad triunfalista teñida sólo por el éxito; sin embargo el militante debería estar viendo otras cosas, como la gente que se arrimaba a ambas cabecera, o al puente, y que entró en relacion directa con los trabajadores. O los trabajadores que fueron votantes de Macri, o la relación de maltrato que existe con los pasajeros, que en definitiva son pares trabajadores. Estas son brechas con las que se debe trabajar; un horizonte de lucha, el sujeto y sujeta trabajador, ¿qué clase de trabajador somos?

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