Pensar la alternativa. Animarnos a soñar y a construir otra cosa…

Charlando con los compañerxs en estas últimas semanas coincidíamos que las salas de maestrxs y profesorxs son un hervidero. Docentes hablando sobre las noticias,  denunciando  aumentos de servicios, despidos,  ver por la tele revoleo de bolsos y valijas con dólares, conventos con bóvedas como los bancos,  cuentas en paraísos fiscales, blanqueo,  el Papa y la Iglesia. ¿Cómo también la Iglesia? Y si…

Llegó el segundo semestre tan promocionado, cuando tendríamos que estar inundados por la lluvia de inversiones que iban a venir si cambiaba el gobierno, la realidad nos abofetea todos los días con una lluvia de tarifazos, que aunque esperados por todos, no dejan de pegarnos en los bolsillos.

El tiempo

¿Será por eso la introspección de algunxs compañerxs que votaron por el cambio? ¿Qué pasará por sus cabezas? Hay mucha reflexión pero nadie firma cheques en blanco.

Es posible que todavía prime el darle un poco más de tiempo al nuevo gobierno. Ver si hay mejoras, “la esperanza es lo último que se pierde”, dice uno por ahí. Pienso, “Es muy rápido para reconocer que uno se equivocó” o tal vez peor, “¿y si no, quién?”.

Tiempo, más tiempo. Pregunto a todos: ¿pero todos tenemos el mismo tiempo de aguante? ¿Y los que  estaban trabajando en negro con sueldos mínimos ya desde el gobierno anterior?, ¿Y los que estaban bajo la línea de la pobreza, con canastas básicas inalcanzables? ¿Cómo estarán ahora los “invisibles”, los que ningún índice tenía en cuenta?

Los empresarios en el gobierno, quieren que el Estado, “su” Estado en términos de clase, funcione como una fábrica. Hay que bajar costos, aumentar la productividad. ¿Los derechos de los trabajadores? Eso, lo arreglan con el sindicato traidor, siempre listo para acordar con el gobierno de turno, sea del color que sea. Una mano lava la otra.

Necesitan tiempo, nos piden tiempo. La paradoja es que Macri consigue más tiempo cada vez que aparecen más noticias – y pruebas –  del robo descarado de la anterior administración K.  “Se aprovecharon del Estado para  enriquecerse”, dice un profe, mientras se toma un café.

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Entró tanta plata en la época de las vacas gordas de la soja a casi 500 dólares la tonelada,  que alcanzó para distribuir entre el pueblo, mejorando sus condiciones de vida a corto plazo, para el “consumo feliz”,  pagarle millones de dólares al FMI, que los empresarios y bancos volvieran a ganar como en la década del ´90 y hubo tanto, que alcanzó hasta para que los miembros del gobierno se pudieran comprar campos, inmuebles y hoteles.

Toda esa plata, en las bóvedas de los de arriba. Me pregunto y les pregunto: ¿Perdimos la oportunidad de utilizarla en vivienda, salud y educación?

Todavía no están claras las responsabilidades, pero en un régimen presidencialista, centralizador como pocos en las últimas décadas, muchos sospechamos en dónde estaba la cabeza del armado de toda esa estructura mafiosa para robarnos lo que era de todos. Se llama cleptocracia. Según la Real Academia, “es el sistema de gobierno en el que prima el interés por el enriquecimiento propio a costa de los bienes públicos”.

 

 

Volver…

Y los compañeros que honestamente creían – o creen – en el proyecto nacional y popular, están muy silenciosos. El golpe es muy duro.

Algunos, como no hay mejor defensa que un buen ataque,  dicen “Macri también robó, tiene cuentas no declaradas en un paraíso fiscal”, “Todos roban, si vos llegas ahí arriba, también robas”, “Si, no te voy a negar que hubo corrupción, es evidente, pero vos no me podes negar todo lo que le dio el kirchnerismo a las clases populares”, en un remedo menemista actualizado del “roban pero hacen” Nac & Pop.

Los más nostálgicos, dicen “Volver, vamos a volver, tenemos que volver, porque con el peronismo siempre se puede negociar mejor. Éstos te pasan por arriba y ni te preguntan, porque siempre gobernaron para los ricos”.

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El bombero

Es impresionante como actúa  la memoria. Alguien dijo que la memoria es política.

Les digo, “pero si en este país, después de los militares, el único que pudo desarmar el Estado de Bienestar, el que nos garantizaba trabajo, vivienda, salud, educación y aplicar  los planes neoliberales de la década de los ´90 fue el PJ (Partido Justicialista). Ante el fracaso de Alfonsín, Menem lo hizo, ¿Se acuerdan?”. Y la Alianza, cuando no pudo manejar la crisis, tuvo que dejarle el mando una vez más el PJ, y eran  los mismos que habían apoyado las privatizaciones y el desguace del Estado.

Con muchos de éstos compañeros, honestos kirchneristas, todavía seguimos discutiendo si las conquistas fueron conseguidas por la impresionante lucha que dimos todos los argentinos, organizados y luchando en  los movimientos de desocupados, asambleas barriales y fábricas recuperadas  o fue la política del PJ, la de los Duhalde y los Kirchner, que hicieron todo lo posible para que la política saliera de las calles y se delegara en ellos, votando cado dos o cuatro años.

Una vez más, la crisis en las alturas, la crisis económica-política y social, el peronismo la encausaba dentro del sistema capitalista. Incluso, dentro del putrefacto régimen democrático, viciado por todos lados de clientelismo, punteros y votantes sólo convocados  para manifestar apoyo al proyecto, nunca  para discutir y decidir.

 

¿Balotaje de por vida?

Y entonces, ¿qué hacemos? me reclamó una compañera, que reconocía que siempre se había equivocado, aunque había votado a todos los candidatos que ganaron. ¿Cómo salir de las opciones dentro del sistema de Macri-Cambiemos o del PJ-peronismo-kirchnerismo, tome la forma que tomen?

Sólo atiné a dejar algunas preguntas. Las que nos hacemos siempre en la Fossati y las que tratamos de responder día a día, mientras soñamos y luchamos por una sociedad mejor.

¿No será hora de dejar de elegir por el mal menor? Porque cuando ayudamos a sostener lo viejo y malo conocido, nunca tenemos tiempo para construir lo nuevo.

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¿No será que la corrupción es inherente al sistema, y que lo que tenemos que hacer es pensar formas políticas, que nos permitan ir en búsqueda de otras relaciones sociales, justas, solidarias y más humanas? Porque es el capitalismo el que necesita corromper al ser humano – que no nace vil ni egoísta – para establecer relaciones de explotación  que  reproduzcan el sistema. Una sociedad, basada en la exclusión y el hambre de los que construyen todo lo que existe en ella, es una sociedad por definición injusta y corrupta.

 

¿No será que la base del problema es que nos olvidamos que este sistema, el sistema capitalista, se basa en la explotación de una clase sobre otra? Y si esto es así, los que trabajamos y vivimos de nuestro trabajo porqué razón elegiríamos para que conduzcan nuestros destinos a los representantes de la clase que nos explota.

 

Al final leí en la sala de profes una cita del politólogo Juan Carlos Monedero:

 

“En el enfado de la ciudadanía hay mucho de rabia contra los excesos del sistema, no contra el sistema. Eso hace ser muy vocinglero y bramar contra los gobernantes. Pero a la hora de la verdad, te das cuenta de que no tienes demasiados argumentos contra los que pensabas que desprecias y que tampoco tienes claro cuál es el modelo alternativo.”

 

Es hora de ponernos a pensar y construir una alternativa que nos saque del eterno balotaje de la política de los de arriba, de las elites, de las castas, la calesita de elegir siempre por el mal menor. La tarea es urgente, debe ser desde abajo y a la izquierda y que apunte a un verdadero cambio social.

 

 Boletín nº9 del Movimiento  político-pedagógico-sindical  Florencia Fossati

 

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