Reordenamiento, resistencias y posibilidades en la argentina dispersa

Nunca se vuelve atrás. La vida es un proceso continuo de nacimiento y destrucción. Y los procesos históricos han demostrado que el propio antagonismo de clases predispone cambios. Dependerá de las condiciones en que se encuentren los actores en juego y de los factores externos, el tipo de cambio que se producirá. En las siguientes líneas intentaré aportar a dichos puntos, poniendo énfasis en el movimiento obrero, por considerarlo clave para dinamizar nuestra realidad actual.

 

Si dijéramos que el día es la careta

Desde hace más de seis meses estamos gobernados directamente por un bloque histórico compuesto por la oligarquía más ortodoxa de Argentina. Un grupo de empresarios, terratenientes y financistas, el poder económico concentrado, logró acceder al control del Estado por vía electoral sin proscripciones ni procedimientos fraudulentos, con escasa mediación del poder político. Este acontecimiento que significa un puñal en la historia de las clases populares argentinas, demostró el límite exacto del “capitalismo en serio”, así como las serias relaciones de complicidad de las cúpulas. Lo cual se enmarca en la crisis de los “progresismos” de América Latina.

Luego de devaluar la moneda y abrir un nuevo proceso inflacionario que supera el 40% interanual, luego de aumentar más del 400% las tarifas de los servicios domésticos, de aumentar abruptamente los servicios públicos, de dar vía libre al aumento de precios de todos los bienes de consumo, de cerrar paritarias por debajo del 30%, de reducir al mínimo las políticas estatales vinculadas a la seguridad social, de invitar al presidente estadounidense un 24 de Marzo, de festejar junto al rey de España el aniversario de nuestra Independencia: ¿Cómo explicar que la bronca no irrumpa en el escenario político y que la protesta social sea muy sectorial y paralizada?

Son muchos los factores que nos tienen acorralados. Pero a algunos los considero más centrales que otros para pensar qué nos trajo hasta aquí e inferir así cómo podemos timonear los próximos cambios, para que la felicidad sea de las mayorías.

En primer término hay que dar cuenta de que el panorama económico ha cambiado, el  precio y la demanda internacional de los bienes primarios que sustentan nuestra renta nacional ha caído hace tiempo ( 2008, baja de precio del petróleo inducida por EEUU y consiguiente derrumbe del precio de los recursos primarios ). Acontecimiento que encorsetó la cintura del pasado gobierno, que supo aprovechar -a media máquina- el alza de precios para dinamizar la economía nacional a través del subsidio a la producción y el incentivo al consumo, y que a la par permitió llevar a cabo políticas sociales que atendieran a los sectores marginados, pobres y medios. De este modo el gobierno kirchnerista, mientras duró la bonanza, supo brindar altos niveles de ingresos a las burguesías terrateniente, industrial y financiera, y en paralelo dio aire a un pueblo que venía castigado por un neoliberalismo feroz.

La caída de ingresos por la venta de granos llevó al gobierno a tomar algunas medidas anticíclicas, para que el ajuste no impacte con tanta dureza en los/as trabajadores/as. Al mismo tiempo aumentaban los roces con el conjunto de la burguesía que vio reducidas sus ganancias y modificado su histórico hábito de tomar las decisiones fundamentales sin debatir con ningún otro sector. De modo que ese gobierno, molesto en discurso, sofocante en simbología contra hegemónica y ambiguo en política económica ya no servía para la nueva etapa.

De allí la derechización del mapa político, la elección entre dos liberales y el triunfo del peor. Y así la batería de medidas económicas neoliberales, que benefician al bloque de poder económico concentrado y transnacionalizado en detrimento de las grandes mayorías.

 

Algo de sabiduría por llorar derrotas

Este proceso recién sintetizado, da cuenta de una sociedad que obtuvo mejoras en sus condiciones de vida, que amplió su capacidad de consumo y por consiguiente fue y es parte de una cultura consumista difícil de contener. Porque el consumo genera más consumo. La distribución no garantiza en absoluto la concientización. De modo que la sociedad tuvo mayor nivel adquisitivo pero no fue inducida a desarrollar mayores niveles de conciencia.

Vemos así cómo lo económico va amalgamado a lo político. Vemos cómo el voto a la derecha, la pasividad general, la mediatización de la bronca, la contención corporal de las masas tiene una explicación multidimensional.

Hoy nos encontramos con un pueblo de bolsillo ajustado, avasallado en derechos y desorientado respecto del devenir. Que va resistiendo en diversos ámbitos de la vida social con niveles bajos de efectividad. Esto se ve en la lucha contra los despidos en el sector estatal y privado, en la implementación de paritarias extorsivas, ante el cierre de programas sociales, ante la mayor entrega de los recursos naturales, las nuevas bases militares norteamericanas y el aumento de legislaciones represivas.

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En estos primeros seis meses las acciones defensivas fueron diversas pero no se ha logrado romper con el manto de pasividad instalado. Crece el sector medio crítico a este gobierno como así el descontento de los sectores más pobres, pero la bronca no ha logrado convertirse en golpe fuerte. La indignación está mediatizada, queda poco para la experiencia corporal y confrontativa.

Se juega a la defensiva y se espera que la respuesta venga de arriba, de “los políticos”. La conflictividad se da en las calles, en los barrios y espacios de laburo, pero a la hora de buscar soluciones se le reza a los diputados para que voten a favor de las mayorías. Hay un sentido común instalado de que el juego decisivo se da allí, desconociendo el propio protagonismo.

Esta situación tiene su correlato con nuestra historia reciente, donde la gran rebelión popular que dio lugar al estallido del 2001 fue apaciguada a través de la institucionalización de la vida política reforzando la democracia burguesa. La democracia participativa que se comenzaba a gestar por aquellas épocas fue neutralizada en masa. Y se reformuló nuevamente la delegación de soberanía popular en la representatividad institucional como el modo legítimo de hacer política.

Este síntoma expectante, se ve enrarecido ante las múltiples divisiones del bloque kirchnerista, la eficiente función desmovilizadora de las burocracias sindicales  y la escasa popularidad de las expresiones de izquierda. No hay una referencia política clara para encauzar la resistencia. Los amplios sectores críticos hoy no encuentran un liderazgo nítido que los enmarque y oriente, no hay para ellos un encuadre institucional activo como si lo hubo en la etapa pasada. No hay pronóstico cerrado cuando hasta las propias fuerzas ponen en duda el liderazgo de Cristina Fernández. Se abre así una pelea por quien liderará políticamente la conflictividad social y quién la podrá capitalizar luego electoralmente. A su vez, se abre un nuevo desafío para el activismo que supera el debate electoral y sedimenta uno más estratégico: cómo generar procesos participativos que vuelquen el protagonismo hacia los sectores populares, para que seamos motor y timón de la historia.

 

Hay una sombra para cada luz

Hoy la derecha gobernante, esta Ceocracia, a pesar de controlar el poder económico, el poder judicial y el poder mediático, debe negociar con las cúpulas sindicales para que garanticen mecanismos de contención. Para que el pueblo empobrecido no transforme el descontento en una ofensiva.

Esto ha sido evidente tras el juego planteado por las CGTs. Que luego de realizar una movilización de 300 mil trabajadores/as en apoyo a la “ley anti despidos” suavizaron el veto de Mauricio Macri prometiendo otro tipo de medidas que nunca llegaron. Negocian sin tanta necesidad de golpear. Hasta el viejo metalúrgico estaría un tanto ofendido. Ni defensores de los intereses de los trabajadores, ni mediadores entre el empresariado, el estado y los trabajadores: son un órgano más de la patronal.

Por su parte, las CTAs no han estado escindidas del dinamismo político, la alianza Yasky – Micheli alineada al sector progresista del kirchnerismo intenta capitalizar una resistencia  sin confrontación directa. Luego de participar el 29 de Abril (convocatoria de las CGTs) donde prometieron agudizar las medidas de lucha si se vetaba el proyecto de ley, el 2 de Junio convocaron a un cese de tareas y movilizaron a una Plaza de Mayo que quedó grande. Esta alianza defensiva que viene perdiendo gremios, demostró su escasa capacidad de movilización y su debilitamiento. Así el rol de mediador entre la patronal y los trabajadores que supieron cumplir, ya no es suficiente.

De este modo nos encontramos con un pueblo trabajador que en los últimos meses ha sumado más de 4 millones de pobres y  no cuenta con herramientas reivindicativas eficientes. Hallamos jetones que nos comunican las medidas por televisión. No hay lugar para la deliberación y la toma de decisiones desde las bases. Lo cual retroalimenta al sistema, alejando al pueblo del protagonismo y fortaleciendo la decisión desde arriba.

Así vislumbramos dos tipos de centrales, una de burocracia fuerte y otra de burocracia débil. Ambas más preocupadas por mantener su lugar en la escena que por ganar las disputas. Ambas gestoras de luchas de un día que gradúan la bravura para que no las desborde.

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Por otro lado, hay que mencionar al sector de la CTA Autónoma representada por Cachorro Godoy que se desliga de Micheli y su pequeño contingente verde. Este sector vinculado con Victor De Genaro (Unidad Popular) y con base en ATE, parece estar decidido a mantener una central “independiente”  pero sin voluntad de abrir sus puertas a nuevos componentes.

De este panorama se desprenden varios problemas para la clase trabajadora. Uno refiere a que la unidad proclamada no significa mayor cohesión para luchar sino que está más vinculada a una reacción ante el reordenamiento de las burguesías.  De modo, que la unificación de las centrales no se convierte en un hecho positivo en sí. Y de ningún modo sintetiza la unidad del movimiento obrero.

Estas reunificaciones tienden a ajustar las filas del movimiento, a ordenar los disensos, para apuntalar así a una masa que responda a las decisiones de la dirigencia. Lo cual es un hecho perjudicial para los/as trabajadores/as: amenaza la pluralidad, acota aún más las posibilidades deliberativas de las bases y pauta como opciones la subordinación o el aislamiento.

Esta situación se ve reforzada por el fallo de la Corte Suprema que sentenció que sólo se permitirán las huelgas convocadas por  las organizaciones gremiales reconocidas por el Estado. De este modo, gremios, cuerpos de delegados y comisiones internas quedarían subsumidos a la decisión de las cúpulas, perdiendo poder de convocatoria y organización.

Para una mayor comprensión debemos sumar la disputa abierta en el campo peronista. Donde el PJ parece ser nuevamente el centro de gravitación de las fuerzas que planifican un recambio ordenado al gobierno macrista.

Al pronto alejamiento de intendentes y gobernadores del Frente Para la Victoria ahora se suma el Movimiento Evita, que halló en el caso de corrupción del ex secretario de Comercio una salida “progresista” y “prolija” del armado. Así es cómo diversos actores trabajan sobre un espacio que permita presentarse como alternativa “posible” al gobierno actual con pies en el PJ y arraigo en la CGT (para ese entonces unificada) desligándose de Cristina. Allí figuras como la de J. C. Shmid regulando la balanza entre los gremios de la CGTs juega un papel central para la estabilidad política que demandaría el nuevo escenario.

Este secretario general de Dragado y Balizamiento que supo abrir el acto del 29 de Abril, hace pocos días en una entrevista realizada por el Chino Navarro (Mov. Evita) planteó que ante la crisis económica actual, los despidos y el tarifazo era necesario unir gestión, protesta social con síntesis política, síntesis que permita derrotar a este gobierno en las urnas. Lo cual resume una perspectiva de construcción donde se garantiza el status quo del capital, donde se prevé domar la conflictividad cual perro de caza.

Es en esta coyuntura donde el Pacto de San Antonio de Padua encaja a medida. Esta mesa de funcionarios (mayormente del PJ) guiada por el Papa Francisco, a la que se sumó el Movimiento Evita (al irse del FpV) conjuga la “lucha contra el narcotráfico”, “la defensa de la familia”, “el rechazo al aborto” con la “lucha contra el hambre”. Concordando ejes políticos y sociales conservadores, alineados a una disputa de orden mundial.

Vemos así cómoel peronismo se va juntando en pos de generar una alternativa institucional que enfrente al macrismo sin modificar el patrón de acumulación. Pareciera una construcción de pobres y ricos para garantizar los intereses culturales y materiales de los ricos. Donde es posible reagrupar desde Massa hasta el Evita pasando por Randazzo y Gioja, en esto que podría denominarse “peronismo para la pacificación”.

En tanto, la CTA Yasky – Micheli brinda su apoyo a Cristina Fernández, quien ha perdido núcleos de apoyo pero sigue siendo la gran referencia política de la oposición.  Sin hacer un balance crítico de la etapa pasada, Nuevo Encuentro y La Campora acompañan ese proceso con un sesgo contemplativo.

 

Paraíso de los olvidados, que sopla algún pecado más

Ahora bien, este panorama demanda al movimiento popular que lucha por un país justo e igualitario, lucidez e iniciativa propia. Porque subordinar el proyecto de liberación a estos poderes totalizantes puede ser una tentación para emerger rápido pero no así una verdadera solución a los problemas estructurales de nuestro país.  Esto amerita una estrategia compleja que no niegue el poder, que pueda jugar desde y con los actores presentes, sin rifarse ni perder la bravura, constituyendo un proyecto popular con voluntad de mayorías. Lo cual implica de lleno a los sectores trabajadores.

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Mientras la indignación y la bronca van en aumento, crece la necesidad de generar formas de organización desde las bases, que puedan construir un sindicalismo democrático y combativo. Para ello no basta con generar experiencias de lucha, habrá que ir a disputar gremio por gremio,  pelea que deberá darse en base a experiencias de autoorganización. En este contexto romper con los “seguidismos”, fomentar la participación, realizar lecturas críticas, ir ganando espacios en los sindicatos y proponer nuevos parece ser una tarea indispensable. Tan preciso como coordinar los diversos gremios, juntas internas, cuerpos de delegados que no acuerden con los lineamientos monolíticos de las burocracias. Sin una coordinación que supere las facciones y el izquierdismo, toda divergencia de lo hegemónico será aislada y/o anulada por las cúpulas y la persecución gubernamental.

¿Cómo generar entonces una opción para los/as trabajadores/as donde no se negocie su pellejo?

Construir una resistencia-ofensiva que supere en los hechos a las burocracias sindicales parece ser la guía. Coordinar con otros sectores del pueblo sin purismos y con acuerdos claros, una posibilidad.  Conjugando insurrección con institucionalidad, construir poder popular desde los múltiples sectores, apostando a un proyecto político que no se encierre.  Allí emerge el territorio como posible articulador.

En nuestra historia hay múltiples huellas de cómo las bases han superado los esquemas de las dirigencias, como fue la Huelga de Inquilinos de 1907, o la actividad entre el ´55 y el ´58 de los comandos y juntas internas que golpearon de lleno a la “Revolución Libertadora” abriendo así una senda de conflictividad y empoderamiento para los años venideros (Resistencia Peronista). Las Juntas Internas de delegados y las “Coordinadoras Interfabriles” de los ’70. O bien, el movimiento de trabajadores desocupados de la década del ´90, que sembró nuevos modos de organización. Todos estos fueron procesos que surgieron en coyunturas donde las estructuras sindicales no viabilizaban el caudal de demandas populares.

Quizás en esta nueva etapa haya que ocuparse de construir, desde la conflictividad, poder popular sin escindir de las instituciones pero sin subsumirse a ellas, sin permitir que éstas neutralicen el accionar popular, con autonomía, sin flojera.

En este contexto, el gran sector de la economía popular, de los sub ocupados, de las cooperativas barriales puede convertirse en un actor activo. De algún modo, tienen la chance de retrucar la historia que dejó el gran movimiento piquetero. Ante el engrosamiento de sus filas por la drástica pérdida de trabajo formal e informal se presenta la posibilidad de ser parte de una ofensiva popular conjunta.

Vemos entonces, como las resistencias dispersas no cuentan con una dirección, la puja se está dando en los diversos ámbitos. La falta de una referencia clara para el amplio y plural sector social anti macrista abre nuevas posibilidades, hay un nuevo margen de acción para las organizaciones del movimiento popular que luchan contra el capitalismo. Es allí donde el protagonismo de las bases debe tener lugar. A la par que lidiamos con la coerción estatal, debemos desafiar el rodeo de las burocracias y hacernos espacio. Ante el avasallamiento de nuestros derechos, proponer la lucha por sobre la gestión, ante la subordinación, iniciativa política. En defensa de la soberanía nacional, por la soberanía política y económica popular.

En este andar, la lucha librada por los/as trabajadores/as de Tierra del Fuego, la recuperación del periódico Tiempo Argentino, la disputa paritaria de los aceiteros, la organización que se ha generado contra los tarifazos en diversas localidades del país, son muestras férreas de cómo nuestro pueblo no se deja someter. A su vez, contamos con cientos de colectivos a lo largo y ancho de nuestro territorio, que constituyen la fuerza organizativa acumulada.

El revanchismo de la oligarquía ha generado siempre nuevos movimientos en el campo popular, ha pautado nuevas condiciones para crear participación y construir proyectos contra hegemónicos. Se pone a prueba, entonces, la maduración organizativa de las clases populares. Ningún pueblo se ha bañado dos veces en el agua de un mismo río… en esta  nueva etapa, la fuerza y la creatividad de la masa puede ser protagonista.

 

 

(*) Delegado y Congresal UTE-CTERA. Militante de CP Juana Azurduy

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